EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
En la foto de cabecera se ve al Recreativo que se enfrentó al Gimnástico de Valencia en el campo madrileño de El Parral, 21 de febrero de 1934. De pie: Sosa, Herranz, Calderón, Luque, Itarte, Carrera, Victorio y Tabales; agachados: Gomar, Morales y Tomé.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



martes, 1 de mayo de 2018

UNA TEMPORADA DE RÉCORD



Recorte de Ideal sobre el partido amistoso homenaje a Millán y González

Homenaje a Millán y González. Campanal granadinista
            La primera mitad de la temporada 1943-44 fue mala para el Granada, situado en puesto de descenso durante casi todo su desarrollo. Pero la segunda vuelta del campeonato del cuadro que entrenaba el húngaro Esteban Platko fue muy buena y a su término quedó el equipo rojiblanco octavo, logrando así la que fue su mejor clasificación histórica durante los 28 años que transcurrieron hasta que en 1972 otro Granada muy distinto y dirigido por Joseíto consiguiera acabar la liga en sexta posición (hazaña que repitió dos años después, en 1974), aunque, en honor a la verdad, este récord clasificatorio de 1944 ya había logrado igualarlo en 1969 el Granada de Marcel Domingo, que también consiguió un octavo puesto.
                La excelente clasificación final granadinista había que agradecerla en gran parte a la que fue pareja rojiblanca de moda, sobre todo para la prensa madrileña, la que formaban dos futbolistas en magnífica forma, Marín y Trompi, que componían el ala derecha del ataque rojiblanco y merecieron de algún medio el apelativo de “el ala jamón”. Pero, sin desmerecer a los anteriores, mucho más que a ningún otro habría que agradecer el excelente final de temporada a otra pareja también en gran forma y también con bastante predicamento para la prensa nacional, la eterna defensa del granada de la década de los cuarenta: Millán y González. Escartín en su prestigiosa columna dijo de ellos «Aquí no hay medio de sacar un jugador de regularidad y es que fueron dos los hombres con idénticos méritos y sería injusto dar uno solo» (…) «Duros, rápidos, compenetradísimos, cerraron a cal y canto la puerta de Floro y no puede extrañarnos que el Sevilla -y algún club más- piense en los dos jóvenes y excelentes zagueros».  Efectivamente, cada final de temporada sonaban los dos nombres como inminente traspaso a algún club más poderoso, pero lo cierto es que ambos permanecieron en el Granada temporada tras temporada hasta ser muchos años (hasta que Lina batió su récord ya en 1990 y los relegó al segundo y tercer puesto) primero y segundo respectivamente en el ranking de futbolistas con más partidos de rojiblanco en toda la historia del club.
                Suficientes méritos había acumulado la pareja para merecer un homenaje, pero es que además, al tratarse de los futbolistas más cotizados de la plantilla y para evitar que nos dejaran, seducidos por ofertas poderosas, un método para mejorarles económicamente era organizar un amistoso en el que la taquilla se la repartieran los dos. Así la directiva de Becerra Entrambasaguas se puso manos a la obra y nada más acabar el campeonato y aprovechando que la Copa del Generalísimo no empezaría para los rojiblancos hasta tres semanas después, organizó un partido homenaje al dúo, a disputar frente a una selección de futbolistas de equipos andaluces, contando también con César y Campanal que actuarían reforzando al Granada, aunque al final sólo vino el stuka Campanal.

 En su época de portero del Madrid de antes de la guerra ya tuvo Alberty oportunidad de conocer de cerca al granítico Guillermo Campanal

El partido se celebró el miércoles 19 de abril de 1944 con arbitraje del ex recreativista Eloy y con una gran entrada. El Granada alineó a: Floro; Millán, González; Ramos (después Sosa), Segura (medio malagueño ya retirado que había pertenecido al Sevilla y que en varias ocasiones estuvo en Los Cármenes a prueba sin que llegara nunca a fichar), Sierra; Marín, Safont, Campanal, Leal y Mas. Trompi, con fractura de clavícula que se produjo -al parecer- en una riña callejera la víspera del encuentro, no pudo intervenir. Por la selección andaluza jugaron: Busto (del Sevilla); Soler (Sevilla), Benítez (el ex granadinista, en esos momentos en el Málaga); Alconero (del Sevilla), Virgós (del Málaga y posteriormente del Barcelona), Mateo (Sevilla); Mesa (ex granadinista que actuaba en el Málaga), Arza (Sevilla), Roldán (del Betis), Bescós (del Betis) y Emilio (del Málaga). Varios de los sevillistas eran o habían sido internacionales. Ganó el Granada 3-2 y nadie se aburrió pues los intervinientes no sestearon y ofrecieron un bonito fútbol y un entusiasmo que no suele darse en los amistosos.
Campanal, que para muchos hinchas granadinistas llegó a encarnar la personificación del mal al acusarlo -sin fundamento- de ser el responsable de la muerte del portero Alberty, olvidado ya el viejo contencioso con la afición, fue el mejor rojiblanco y marcó el definitivo 3-2 con uno de sus cañonazos rompe redes. Suya fue la copa que se entregó al futbolista que más destacara en el amistoso.

Ricardo Martín Campos arropado por los asistentes a su cena homenaje
Homenaje a Ricardo Martín Campos

Y de homenaje en homenaje. El domingo 23 de abril de 1944, en los salones del hotel Alhambra Palace, organizada por el Granada CF y por las peñas deportivas, tuvo lugar una cena homenaje al presidente honorario del club Ricardo Martín Campos, propulsor del fútbol en nuestra ciudad, como comenta Patria, directivo desde el segundo año de vida del club, 1932, y presidente del Granada desde pocos días antes de que empezara la Guerra Civil (cuando nadie quería saber nada del Recreativo y éste estuvo a punto de correr la misma suerte que la República) y hasta el mes de noviembre de 1943, esta misma temporada, cuando dimitió por no poder soportar las injurias que a grito pelado le lanzaban los exaltados de siempre haciéndolo responsable de un mal resultado futbolístico. 
Al acto asistieron más de cien socios y también las autoridades locales y la directiva en pleno. A los postres el homenajeado tomó la palabra e hizo un recorrido por toda la historia del club, del que él había sido protagonista casi desde primera hora. Tuvo un recuerdo especial para los modestos fundadores y su gran mérito de haber construido, prácticamente sin medios, el primer campo de fútbol, el de las Tablas, en la calle Concepción Arenal. También tuvo palabras de recuerdo para determinados futbolistas y entrenadores que dejaron huella, como Manolo Valderrama, Victoriano Santos y Julio Alberty, de quien dijo que había salvado al Granada del descenso a segunda en 1942 y pidió se le concediera sepultura a perpetuidad, a lo que contestó el alcalde Antonio Gallego Burín, en la intervención que cerró el acto, accediendo a la propuesta de Martín Campos y decretando que la tumba de Alberty en el cementerio de San José sería para siempre del llorado portero húngaro.

Alberty volaba. Aquí está la prueba
 Superado el Ceuta en Copa

A finales de abril de 1944 la temporada todavía no había terminado. Faltaba jugar la Copa del Generalísimo, que en primera eliminatoria, XVI, emparejó al Granada con el Ceuta, de Segunda División, el mismo rival que eliminó a los rojiblancos la temporada pasada en la primera ronda, con aquella paliza de 5-0 en el partido de ida en tierra africana. Los nuestros, que una semana antes habían asegurado la permanencia en Primera ganando la promoción al Valladolid, entre celebraciones y francachelas se habían olvidado de la copa y así les fue.
                Esta vez no hubo sorpresa, aunque a punto estuvo de haberla ya que en la ida, en Ceuta, ganaban los locales 3-0 a poco de iniciarse la segunda mitad, pero los granadinistas consiguieron empatar a tres goles, el primero del debutante Melul, y dejar encarrilada la eliminatoria, que acabó de resolverse favorablemente para el Granada en Los Cármenes, donde vencieron los rojiblancos 2-1 una semana más tarde, pasando así a VIII.


 Esteban Platko en sus tiempos del Valladolid. Consiguió al frente del Granada su mejor puesto en Primera División entre 1944 y 1972



Triunfo en Chamartín
En octavos de Copa tocó enfrentarse al R. Madrid, que había terminado la liga justo un puesto por encima del Granada, el 7º, con dos puntos más. La ida fue en Los Cármenes y acabó como empezó, esto es, 0-0. El árbitro del partido, el asturiano Fombona, que esta misma temporada había perjudicado al Granada en su partido de San Mamés, según las crónicas volvió a perjudicarlo y tuvo buena parte de la culpa de que no se moviera el marcador al anular un gol del Granada conseguido por Safont para convertirlo en penalti por mano de un defensor madridista que vio sólo Fombona; lanzada por González la máxima pena, su disparo salió fuera. El partido acabó entre el enfado hacia el árbitro de la afición y sobre el terreno cayeron algunos proyectiles dirigidos al trencilla. El Granada fue multado días después con 750 ptas. por lanzamiento de piedras desde las gradas.
Parecía que en ésta y en la temporada anterior se había convertido en tradición siempre que el Granada se enfrentaba al Madrid que el partido terminara en empate y que los rojiblancos merecieran y tuvieran muy al alcance de la mano una victoria que al final se escapaba. Así acababa de ocurrir en el partido de la ida en Los Cármenes. Pero en la vuelta, en Chamartín, el Granada en un gran partido -otro más- del trío Floro-Millán-González consiguió una victoria, 0-2 (Nicola y Safont), que supuso romper esa mala costumbre y pasar a IV.

 El Granada que empató sin goles con el R.Madrid en Los Cármenes: Marín, Melul, Floro, Millán, Mas, Safont y Sosa; con Leal, González, Conde (en su último `partido oficial como granadinista) y Sierra

Esta gran victoria granadinista no se puede catalogar como sorpresa ya que, como hemos visto, el Madrid por entonces estaba todavía lejos de ser el súper equipo que todo lo gana y en la liga terminó sólo un puesto por encima de los nuestros, pero ahí queda para la historia la primera vez que el Granada se traía de Madrid una victoria. Victoria que se produjo con todas las de la ley, muy merecidamente, según resalta el redactor del diario Pueblo, Nivardo Pina, que firma la crónica para Patria. Y eso que jugamos sin el ala derecha “jamón” completa (como este mismo reportero ya la elogiara), la que formaban Marín y Trompi, porque el veterano extremo estaba lesionado (en su lugar jugó García), pero el pequeño y genial Trompi, con un gran vendaje sujetándole la clavícula y que reaparecía después del incidente callejero que lo tuvo un mes ausente, volvió a maravillar a propios y extraños con sus fintas y asistencias hasta el punto de que en Marca se dice de él que es el Monchín Triana de los tiempos actuales. Curiosamente, la temporada pasada, después del Coruña 2 Granada 2, también la prensa gallega hizo la misma comparación.
El Granada, en recuerdo de la pedrea de la ida en Los Cármenes, fue recibido en Chamartín con una formidable pita, según destacan las crónicas. Pero si el recibimiento fue hostil, la despedida fue de órdago, aunque esto ya no lo reflejan las crónicas sino que lo dice el secretario técnico Paco Cristiá en declaraciones a Patria algunos días después. Cuenta Cristiá que en Madrid los blancos practicaron más de la cuenta el juego subterráneo dejando sangrantes a Millán y Sosa, y contusos a Sierra, Nicola y Melito, y que la fuerza pública tuvo que proteger la salida del campo madrileño del ómnibus granadinista entre una incesante lluvia de piedras. Sobre la causa de ese apedreamiento circula una anécdota con pocos visos de ser cierta, según la cual la culpa la habría tenido Trompi, que además de buen futbolista era también algo chuleta, quien habría provocado al respetable mofándose de los presentes al recorrer la banda mirando con sorna al tendido y haciendo el gesto de fumarse un puro.
Toda la prensa madrileña reconoció que el Granada estuvo bastante mejor que el R. Madrid y que su victoria fue muy justa. Algunos incluso dicen que pudo ser más amplia. También hay unanimidad en resaltar, por encima de todo, la gran calidad futbolera del dúo Milán-González.

La victoria del Granada en Chamartín vista por Marca. A la izquierda, González, Nicola y Floro, felices tras eliminar al Madrid
                          
El At. Bilbao pone fin a una temporada récord
Al día siguiente de la victoria en Chamartín se conoció el rival copero en cuartos de final, el Atlético de Bilbao. Ése era su nombre en aquellos tiempos, nada de Athletic, que no es palabra de la lengua del imperio. En la liga recién terminada no había estado demasiado bien y su clasificación (por detrás del Granada a un punto) había sido mediocre, pero seguía siendo el actual campeón de Copa, título que revalidaría este mismo año. Y también seguía contando con numerosos futbolistas internacionales o que lo serían en breve: Lezama, Arqueta, Oceja, Bertol, Nando, Iriondo, Zarra, Panizo y Gainza, por citar sólo a los que jugaron la tarde copera en la que los rojiblancos (el Bilbao jugó de blanco) comparecieron en San Mamés; de los once, leones sólo el medio Celaya y el delantero Escudero nunca alcanzaron la internacionalidad.
                Como la ida era en San Mamés, la expedición rojiblanca no volvió a Granada desde Madrid sino que viajó hasta Miranda de Ebro, Burgos, y allí permaneció hasta la tarde anterior al partido, el sábado 27 de mayo. Pero en Bilbao quedó la eliminatoria más que resuelta al encajar el Granada un concluyente 6-1 pese a que el trío Floro-Millán-González volvió a ser lo mejor del equipo. En la vuelta, Los Cármenes, 4 de junio, un solitario gol de Nicola sirvió para que por primera vez en su historia el Granada, vestido de azul, derrotara al equipo vasco. Así terminaba la temporada oficial para los rojiblancos.

El camarada José Ibáñez Martín inaugura el nuevo edificio de la Facultad de Medicina el 9 de junio de 1944

Copa Corpus
El año anterior no hubo Copa Granada, pero en 1944 volvieron a programarse, como parte de los festejos, partidos amistosos en Los Cármenes para las fiestas del Corpus, en este caso bajo la denominación Copa Corpus 1944, y con un trofeo para el ganador donado por el Ayuntamiento.
                Como vimos, recientemente el Granada y el Sevilla habían limado sus diferencias, es decir, habían olvidado las peleas y desencuentros que habían caracterizado todos sus enfrentamientos desde que el Granada subió a Primera División. Para continuar esa luna de miel, qué mejor rival para un amistoso que el primer equipo andaluz, que además acababa de completar una magnífica liga en la que había quedado tercero, sólo superado por el Valencia (el campeón) y el At. Aviación.
La Copa Granada o Copa Corpus consistió en dos partidos en Los Cármenes frente al Sevilla, cuidando que su celebración no coincidiera con alguna corrida de toros, viernes y sábado de la primera semana de fiestas. El primero se jugó el 9 de junio, el mismo día en que el camarada ministro de Educación Nacional, José Ibáñez Martín, inauguraba oficialmente el «imponente edificio de la nueva facultad de medicina» (Patria) en la avenida de Madrid, mientras en las costas de Normandía se decidía la II Guerra Mundial. Bajo la lluvia y ante escasísimo público, nuestro equipo, muy apático, fue ampliamente derrotado 3-8 por el Sevilla (0-5 al descanso), que apenas tuvo que esforzarse. Al día siguiente un Granada bastante más entonado derrotó 3-1 al Sevilla, pero la copa en juego fue para los forasteros.  

El Granada tiene nuevo presidente a partir de mediados de junio: Juan Diego Pérez de Haro 
        
Pérez de Haro por Becerra Entrambasaguas
Antes de estar totalmente finiquitada la temporada 1943-44, a mediados de junio y cuando menos se esperaba, presenta su dimisión Becerra Entrambasaguas por motivos particulares. En entrevista a Patria de poco más de un mes antes nada había dejado traslucir e incluso muy recientemente se había producido una pequeña remodelación de su junta directiva. En esa entrevista aseguró a Saucedo que el club no traspasaría a ninguna de sus estrellas (se rumoreaba que Millán lo tenía hecho con el Sevilla)  y que para la siguiente temporada sólo ficharían un medio centro y un interior, porque el poderío económico rojiblanco no daba para más.
Nunca Becerra dio muestras de encontrarse muy a gusto en el cargo de presidente, pero las penurias económicas rojiblancas parece que fueron las que finalmente le decidieron a salir del Granada. En la entrevista para Patria Becerra dice que la situación económica no es tan preocupante para añadir a continuación que un equipo de Primera División necesita  más de esos apenas 2.000 socios con que cuenta el Granada, cuyas aportaciones mensuales, poco más de 21.000 ptas., no llegan para pagar las 24.000 de cada nómina. Y todo agravado porque, como viene siendo habitual, al terminar cada temporada la mayoría de los socios se dan de baja y dejan de abonar sus cuotas para volver a darse de alta en septiembre, al inicio de la siguiente temporada, práctica con la que se intenta acabar exigiendo a esos falsos nuevos socios el pago de las cuotas de julio y agosto, de lo contrario no se admitirá su alta. A estas alturas la losa del club se estima que anda ya cercana a las 300.000 ptas., una cifra muy preocupante aunque hoy parezca carecer de importancia.
 A Becerra le sucedió en el cargo el vicepresidente Juan Diego Pérez de Haro. Al formarse la nueva directiva entraron al club personas llamadas a tener gran protagonismo en el futuro, como Juan Alonso Roda y Luis Rivas Gálvez. En sus primeras declaraciones a la prensa se reafirmó en la intención de su predecesor de no traspasar a ninguno de los futbolistas cotizados, y su primera decisión deportiva fue dar la baja a los veteranos Euskalduna y Conde.

En la Acera del Casino se construyen nuevos quioscos

Sigue la remodelación urbana
            Siguen incansables las obras de mejora y remodelación del centro de la ciudad y fruto de ello es la aparición de unos armatostes en construcción en plena Acera del Casino que por estar vallados y por su escaso tamaño han dado lugar a todo tipo de especulaciones sobre qué cosa será la que se está levantando invadiendo un espacio público. A primera vista se diría que lo que se construye son unos modernos mingitorios. Algunos dicen que se trata de unas nuevas garitas de fielato, para cobrar consumos a todos los transeúntes. Y no faltan quienes afirman que no son otra cosa sino entradas a la bóveda del Darro para ser ésta utilizada como refugio antiaéreo cuando dentro de poco los aliados se dirijan contra la patria una vez liquiden a los alemanes.
                Pero nada de eso. Se trata de unos quioscos hechos de obra, a los que se quiere dar cierto aire andaluz, con sus tejas verdes y blancas en los caballetes de sus tejados a cuatro aguas, y su destino inicial es que sirvan para la venta de flores. La sección La Calle, en la última página de Ideal de 5 de mayo, desvela el secreto. Sólo uno se conserva en la actualidad aunque es utilizado para una función distinta  a aquella primera para la que fue construido.

El refugio de la Sociedad Sierra Nevada en el paraje conocido como Llanos de Otero en una imagen anterior a la Guerra Civil. Esta era la zona preferida por los primeros esquiadores
 Prolongación del ferrocarril a Sierra Nevada
La prolongación del trazado del tranvía de la Sierra era una vieja reivindicación granadina. Por fin Ideal y Patria de 13 de mayo de 1944 dan a conocer que el jefe provincial del Movimiento y gobernador civil, camarada José María Fontana, recién regresado de Madrid, ha comunicado a la prensa que ya hay consignación presupuestaria firmada por el ministro de Obras Públicas, camarada Alfonso Peña Boeuf, por lo que el ferrocarril a Sierra Nevada, que pertenece al Estado desde que fuera incautado por la República en 1932, en breve va a ser prolongado desde la desembocadura del Maitena, actual estación terminal, hasta el barranco de San Juan, con dos paradas más, una en el Charcón y otra ya, final de trayecto, en el propio barranco. Serán tres kilómetros y medio de nuevo trazado con ocho túneles y tres puentes. El gobernador civil Fontana aparece como gran impulsor de estas interesantísimas mejoras largamente reivindicadas.
Y no queda ahí la cosa sino que desde el barranco de San Juan está prevista la construcción de un funicular o teleférico, un transbordador aún en proyecto, que ascienda hasta el albergue de la sociedad Sierra Nevada en los llanos de Otero, muy cerca de la Hoya de la Mora y los peñones de San Francisco, a 2.200 metros de altitud, salvando un desnivel de algo más de 1.000 metros. Al mismo tiempo se proyecta la repoblación forestal de la vertiente atlántica de Sierra Nevada, con una actuación que afecta a casi 5.000 hectáreas de terreno y que dará trabajo a más de 800 obreros durante siete años.

El tranvía de la Sierra con dos jardineras en su parada al comienzo de Carretera de la Sierra, listo para partir
Como sabemos, la prolongación de la vía sí se hizo, ya en 1947, pero el funicular nunca se convirtió en realidad. En 1945 fue elaborado el anteproyecto que daría forma a la cosa. Un año después, se publicaron las bases y se celebró el concurso para su construcción (que quedó desierto). Nuevo salto temporal que nos lleva a 1951, fecha en la que el Consejo de Ministros autoriza el proyecto y aprueba su presupuesto. Pero a pesar de todas esas bendiciones legales, aquel funicular o ferrocarril aéreo se perdió en algún pliegue del espacio-tiempo y de él nunca más se supo. Un misterio. Como resulta que años después la estación de esquí se construyó lejos de la zona donde debería llegar el funicular y en otra vertiente, la idea del transbordador y el mismo tranvía serrano fueron quedando cada vez más olvidados. Hasta hoy. Recientemente vio la luz un proyecto de funicular que desde la capital llegue a Pradollano, pero parece difícil que vaya a obtener los necesarios beneplácitos por su impacto ambiental. O eso dicen. En cualquier caso, si se llegara a hacer algún día (día muy lejano teniendo en cuenta que en Granada es tradición que las obras de infraestructura duren cuatro veces más que en cualquier otro lugar) nada tendría que ver este nuevo funicular con aquel otro de los cuarenta que no pasó de proyecto.

                La misma desaparición del llorado tranvía de la Sierra en 1974 -no hace falta decirlo- fue un grave error para una economía tan dependiente del turismo como es la granadina. Imaginemos si se hubiesen conservado tranvía y funicular y llegado hasta los tiempos actuales. Su peso en oro valdría su rendimiento turístico, además de prestar un gran servicio a uno de los pilares de la economía provincial como es Sierra Nevada.

Horario del tranvía de la Sierra en los primeros años cuarenta

domingo, 15 de abril de 2018

HISTÓRICA CLASIFICACIÓN

 Portada de Marca con el empate rojiblanco en el Metropolitano


El primer positivo
            La jornada 23 de la liga 43-44 llevaba al Granada al Metropolitano, sede del poderoso At. Aviación y escenario de sendas derrotas, la última por goleada, en las dos visitas precedentes. La gran diferencia con las citas anteriores era que en esta ocasión no se temía nada a lo que pudiera pasar porque el Granada comparecía cómodamente clasificado en novena posición, con cinco puntos sobre los puestos de promoción y siete sobre los de descenso directo cuando sólo faltaban cuatro jornadas para concluir el campeonato. La ventaja sobre promoción y descenso se redujo en un punto, pero los rojiblancos no se volvieron de vacío logrando un empate sin goles. Y es que este Granada había llegado a la fase decisiva de la liga en un magnífico momento de juego y de forma física y logró así prolongar su extraordinaria racha de ya cinco encuentros sin perder. E incluso pudo el Granada haberse traído los dos puntos, según Saucedo, de no ser porque hubo que improvisar el delantero centro, puesto en el que actuó Sosa por lesión de Nicola, y el canario no estuvo afortunado ya que lo suyo fue siempre la brega en el medio campo, y no hacer de ariete. Lo más destacado fue la sensacional actuación de la cobertura, Millán y -sobre todo- González, aunque la prensa madrileña se queja de su excesiva dureza.
                Es un empate doblemente histórico. Por primera vez el Granada lograba puntuar en la casa de este grande, más grande entonces que ahora. Y es así mismo histórico porque también por primera vez el Granada conseguía abrir su cuenta de positivos (uno) jugando en división de honor, un punto positivo que duró exactamente sólo una semana, la que transcurrió entre el 19 de marzo de 1944, cuando se jugó en el Metropilitano, y el domingo siguiente, 26, en que el Castellón arrancó un empate en Los Cármenes, pero positivo a fin de cuentas cuando lo normal de las estancias del Granada en máxima categoría es que se pase toda la liga cargado de negativos. Para ver otra vez al Granada con positivos en Primera habrá que dar un salto en el tiempo hasta la temporada 1959-60, cuando venció 0-2 precisamente en el mismo escenario, el estadio Metropolitano, al ya por entonces At. Madrid y ostentó durante una jornada dos positivos en su casillero. El At. Aviación, a falta de cuatro jornadas, marchaba segundo clasificado, a seis puntos del Valencia, y eran escasas sus posibilidades de darle caza. Quizás por eso el partido de los colchoneros fue malo.   

    Reportaje fotográfico de Marca sobre el At. Aviación 0 Granada 0         
    
El Castellón se lleva el positivo
Para recibir al Castellón en la siguiente jornada, ya la antepenúltima, volvían las bajas por lesión a cebarse con el equipo. Millán, Safont y Sosa no pudieron jugar, en su lugar se alinearon el canterano Díaz (en el único partido de liga en que vistió de rojiblanco), Conde y Aparicio; los tres llevaban muchas jornadas inactivos. Quizás por esas ausencias el partido del Granada fue bastante malo y el Castellón logró un empate a un tanto, volando así el único positivo con que contábamos.
                Saucedo en Patria, para explicar el insulso partido del Granada, hace referencia a un mal [sic] de fondo que existiría larvado en el seno de la plantilla. Fernández de Burgos en Ideal dice que la primera parte fue de tercera regional. Lo peor es que se perdió la oportunidad de dejar matemáticamente asegurada la permanencia ya que el Granada con sus 24 puntos quedaba definitivamente fuera de los puestos de descenso, pero todavía podía meterse en problemas porque ya sólo sacaba tres puntos al primero de los situados en zona de promoción y quedaban todavía dos jornadas.

El portero Martí


Martí al Betis


Desde hacía tres años, desde la 41-42, pertenecía al Granada el guardameta catalán Martí, fichado muy joven, con apenas 19 años. En su primera temporada sólo se alineó en algún amistoso porque una enfermedad le mantuvo de baja muchos meses. En la anterior, la 42-43, sí jugó un total de quince partidos oficiales, alternándose con Floro y con Pérez, y dejando la impresión de que ciertos fallos podrían corregirse por ser todavía muy joven. En la presente temporada se mantenía inédito, tan sólo había intervenido en amistosos al tener que residir fuera de Granada por estar cumpliendo el servicio militar, pero a mediados de marzo había vuelto licenciado a la disciplina rojiblanca.
                A primeros de abril el Betis, de segunda pero todavía con posibilidades de ascenso (que no consiguió), se dirigió al Granada solicitando la cesión de Martí para disputar los dos partidos que le faltaban para terminar la liga, por haberse lesionado su titular Paquillo. El Granada accedió a la petición bética y a Sevilla se marchó el que seguía siendo promesa de buen guardameta.                                  
                               
Derrota en Casa Rabia y vuelta a la zozobra
La penúltima jornada tocaba visitar Casa Rabia para jugar con el rival directo que era el Español, por debajo en la clasificación a tres puntos y ocupando la primera de las plazas que obligaban a disputar promoción para salvar la categoría. Para viajar a Barcelona nuevamente estaba el equipo diezmado por las lesiones e incluso se anunció que, ante la posible baja de Marín, Millán actuaría de interior derecho pasando Trompi al extremo y ocupando Sosa nuevamente la punta del adelante por la nueva ausencia de Nicola. Pero finalmente ni Millán ni Marín pudieron entrar en convocatoria, y en otro mal partido los rojiblancos fueron derrotados, 2-0. La ausencia de Millán volvió a doler más de la cuenta ya que su sustituto, el veterano Euskalduna en su único partido oficial de rojiblanco, lento y pesado, fracasó y tuvo la culpa de al menos uno de los goles. Lo mejor fue la gran actuación de Floro, que hasta detuvo un penalti, y por él no fue mayor la derrota. Todas las crónicas destacan al pequeño guardameta rojiblanco, que fue ovacionado en varias ocasiones por el respetable, unas reseñas –las forasteras- que vuelven a señalar que el Granada destacó más por su juego excesivamente duro, casi marrullero, que por sus virtudes futboleras («leñazo y tente tieso», que dice Mundo Deportivo). La crónica de Ideal, que firma Zubeldia como siempre que por estos años jugaban los rojiblancos en Barcelona, se inicia con un encendido y entrañable elogio del pequeño gran Florito y sus narizotas (todavía hay portero, dice el plumilla granadino-catalán).

El Granada que cayó derrotado 2-0 en el campo del Español: De pie: Floro, Safont, Mas, Aparicio, Trompi, Melito y Ramos; agachados: Sosa, Sierra, González y Euskalduna
La permanencia en Primera se había dado por lograda desde hacía varias jornadas, pero la derrota en Barcelona vino a complicarla. Sólo quedaba ya por jugarse la última jornada. Del descenso directo estábamos a salvo, pero el perder frente al Español supuso quedar a sólo un punto del primero de los puestos de promoción que ocupaba el Sabadell, empatado con el Español, así que el Granada estaba obligado a no dejarse sorprender en la última jornada en Los Cármenes. Lo positivo era que el rival que quedaba era el farolillo rojo y ya descendido desde hacía al menos cuatro domingos Celta de Vigo, muy descolgado y que en toda la temporada había ganado sólo dos partidos.  

El pequeño gran Florito. Todavía hay portero para rato
                                           
Paliza en Sans
El viaje a Barcelona sirvió también para saldar una deuda, la que tenía el Granada contraída con el Sans (hoy Sants), de categoría regional, desde el fichaje a principios de temporada del extremo García, que pertenecía a este club. La expedición rojiblanca no volvió inmediatamente sino que se quedó en Barcelona y el martes 4 de abril, en el campo de la calle Galileo (hoy Galileu), disputó un amistoso siendo estrepitosamente derrotado 7-0. La única crónica de que disponemos, del diario barcelonés Mundo Deportivo, dice que los de regional parecían los rojiblancos, y que los nuestros hicieron poco honor a su prestigio de profesionales: «Tumbáronse a la bartola y a ¡vivir!, y uno tras otro fueron entrando por su meta siete goles como siete soles».
En el Granada actuaron a prueba -y no gustaron nada- el defensa Bayo (sustituido en la segunda parte por otro a prueba, un tal Gros), que después ficharía por el Sabadell, y el delantero muy veterano Rocasolano, que había pertenecido al Betis antes de la guerra, pero el resto, excepto el portero Casafont y el interior Leal, eran los mismos que dos días antes habían jugado en Sarriá, por lo que no tiene justificación la paliza, y es que los rojiblancos actuaron paseándose por el campo barcelonés, siempre según la crónica.

El delantero hispano-marroquí Melul

 
Ficha Melul
Cuando en la floja primera vuelta el Granada buscaba incesantemente refuerzos y vinieron varios a prueba, pretendió probar también a un delantero que había gustado desde la eliminatoria copera de la temporada anterior frente al Ceuta, Melul era su nombre y era hispano-marroquí, pero no pudo ser observado porque su club no lo autorizó. Ahora acababa de quedar libre en el Ceuta y se había ofrecido al Granada, así que por fin vino y se sometió a prueba, quedando fichado. No obstante, sólo será utilizado en tres partidos de Copa.
                                                  
 Récord de clasificación
Con concentración previa en un hotel de la Alhambra, como en anteriores y también cruciales ocasiones, el Granada preparó a conciencia el partido frente al Celta, sin confiarse a pesar de la mala situación de los gallegos, que fueron toda la liga colistas y estaban ya descendidos, pero seguían contando con jugadores de valía.
                Curiosamente el Granada terminó la temporada como la empezó, es decir, venciendo en Los Cármenes por el resultado de 5-2 y, también como en aquella ocasión (frente al Oviedo), jugando mal según las crónicas a pesar de lo abultado de la victoria. Recuperados Marín y Millán, ante medio aforo en Los Cármenes, el Granada no lo tuvo nada fácil ante el Celta a pesar del resultado. Se adelantaron los rojiblancos 2-0 pero antes del descanso dos remates del futuro granadinista Pahíño (empezando una sensacional carrera que lo llevaría años después al Madrid y a la selección) significaron el 2-2 en el marcador y el sufrimiento en la afición. En la segunda mitad el Granada se vio obligado a poner mucha más intensidad y así pudo hacerse con los dos puntos, pero el 4-2 que daba tranquilidad tardó mucho en llegar. Después de todo hasta la derrota hubiera servido para eludir la promoción porque el Español perdió en su visita al At. Aviación.

Permanencia conseguida y récord de clasificación con la victoria ante el Celta
                El Español y el Coruña fueron finalmente los promocionistas aunque ambos lograron la permanencia a partido único frente al Alcoyano y el Constancia de Inca respectivamente. Real Sociedad acompañó al Celta en el descenso.
                Los jugadores del Celta se emplearon a fondo a pesar de no tener ya nada que hacer, y es que -se dijo- llevaban 2.000 ptas. por barba de prima ofrecida por el Español y el Sabadell. Y quien más a fondo se empleó fue el viejo conocido defensa céltico Deva (el mismo que formaba la trinchera salvaje -que decía Martinenc- del Sevilla de antes de la guerra junto al granadinista Euskalduna) en la que fue su última aparición por Granada, donde siempre se significó por sus expeditivos métodos defensivos; resulta que después de haber repartido a diestro a siniestro a todo rojiblanco que encontraba, como era su costumbre, cercano al final protagonizó un incidente con el público por el que fue expulsado y que ocurrió más o menos de la siguiente forma: el defensa del Celta se disponía a sacar de puerta y el público coreaba su carrera hacía el balón tal que así: ¡eeeeeeh! (o eso cuentan las crónicas de este partido), por lo que en lugar de dar una patada al balón se frenaba y volvía a su posición inicial; nuevo amague de saque y nuevo coro del público, y otra vez Deva que se frena y no pone en juego el balón; así varias veces hasta que el árbitro murciano Moreno Almagro, debutante en Los Cármenes, le urge para que ponga en juego el esférico, y como el defensa discute con el trencilla éste acaba expulsándolo. Cuando esto ocurría ya estaba el partido resuelto a favor del Granada por lo que el incidente no tuvo más valor que el de quedar como anécdota. Nunca más volvió por Los Cármenes este veterano defensa (que llegó en una ocasión a vestir la camiseta del Granada a préstamo del Sevilla en un amistoso del Corpus de 1936), que siempre que actuó en Granada destacó como contumaz “leñador”. Pero todavía faltaba una última ocasión en que jugaría Deva frente a los rojiblancos, y sería un año después, en el neutral Metropolitano, enfrentándose los dos mismos oponentes de este último partido de la liga 43-44 y con la primera en juego.                             
Con los dos puntos de la victoria frente al Celta, el Granada acabó la liga en octava posición, 26 puntos, sin positivos ni negativos, y completó la que durante veintiocho años (1972, sexto) fue su mejor clasificación histórica. A un arranque de liga malo y una primera vuelta en puesto de descenso, lo que obligó al míster a cambiar su innovador sistema de la WM, la segunda vuelta granadinista fue bastante buena y en ella sólo perdió tres encuentros. Platko se ganó así la renovación, que todos vieron con agrado.

Una mala primera vuelta pero una sensacional segunda mitad de liga en este gráfico que publicó Patria

 
 Sangre en el burdel
El mismo día que el Castellón se llevaba de Los Cármenes el único positivo con que contábamos, 26 de marzo de 1944, ocurrió en Granada uno de esos sucesos que conmocionan y dan mucho que hablar a la población.
                En primera página de Patria del lunes 27 de marzo (por un error, en esa primera página del diario del Movimiento aparece como fecha «domingo 26 de marzo de 1944») se da cuenta de la muerte en acto de servicio del inspector de la Brigada Político-Social Julio Romero Funes, en lucha con una banda de atracadores. Según se cuenta en páginas interiores, por una confidencia, la policía sitió una casa de la placeta Piedra Santa (un burdel) donde se encontraban reunidos cuatro presuntos maquis en compañía de «mujeres de mala nota», instándoles a que se entregaran, pero en lugar de hacerlo respondieron éstos a tiro limpio y en la balacera resultaron muertos tres de los reclamados y el cuarto herido (murió días después en el hospital de San Juan de Dios), los cuatro con antecedentes por militancia en organizaciones izquierdistas y por distintos delitos de atraco y atentado. Romero Funes, que dirigía el operativo, gravemente herido, también murió horas después en el hospital.                                      
                El suceso es una de las acciones que se atribuyen falsamente a la famosa partida guerrillera de los hermanos Quero, que en la Granada de posguerra estuvieron activos hasta casi los años cincuenta. A estas alturas de 1944 los hermanos Quero, atípicos guerrilleros antifranquistas puesto que su ámbito de actuación fue preferentemente urbano, habían alcanzado la categoría de mito local y boca a boca se le atribuían innumerables hazañas que le conferían cierto halo romántico de bandoleros que robaban a los poderosos para distribuirlo entre los pobres. Sus actuaciones se circunscribían a Granada capital y pueblos cercanos y, aunque la prensa no daba noticias de sus golpes, toda Granada sabía de su audacia puesta de manifiesto en diversos atracos y secuestros realizados a plena luz del día que habían incrementado su fama de proscritos invulnerables a la acción policial. A la vez, también circulaban sobre los Quero infinidad de episodios y anécdotas, muchas de ellas más producto de la imaginación popular que de otra cosa: que si se paseaban por el centro de la ciudad sin adoptar precaución alguna y sin importarles ser reconocidos; que si una vez dejaron una propina de 500 ptas. (un dineral por entonces) en un restaurante donde almorzaron, y una nota en la que se leía «aquí estuvieron los Quero». Así, con frecuencia se le atribuían a la partida de los Quero acciones que en realidad no habían cometido, como la ocurrida unos meses antes, en octubre de 1943, en la que la víctima fue el presidente del Recreativo Granada entre 1932 y 1934, el pintor Gabriel Morcillo, a quien unos desconocidos armados secuestraron cerca de Quéntar, donde tenía propiedades, y no lo liberaron hasta que recibieron la suma de 22.000 ptas. Parece ser que este secuestro fue obra de la partida del también famoso Yatero, que actuaba preferentemente por aquella zona.

El inspector Julio Romero Funes, muerto en lucha contra la guerrilla

La muerte del inspector Romero  Funes es también otro suceso atribuido falsamente a los Quero. Lo que ocurrió en la placeta de Piedra Santa fue protagonizado por miembros de otras partidas de maquis de las que también actuaban en Granada y que se refugiaban en las sierras cercanas, que habían acudido a un prostíbulo a correrse una juerga y fueron delatados. Al parecer, eran de la partida de Antonio Velázquez Murillo, de Güéjar-Sierra, un antiguo componente de la cuadrilla de los Quero, de la que se escindió para formar la suya propia.
Al entierro de Romero Funes, efectuado al día siguiente partiendo desde la sede recién estrenada del Gobierno Civil en la Gran Vía, con el comercio cerrado por orden del gobernador y con la ciudad paralizada, acudió una gran multitud de personas y no faltó la banda municipal, que cerraba el cortejo. El Granada CF costeó una corona fúnebre. Para paliar la situación en que quedaron los cinco huérfanos de corta edad que dejó el policía fallecido se abrieron varias suscripciones populares y durante meses se publicaron en la prensa los nombres de los aportadores y el importe de sus donativos. El Granada CF contribuyó con 250 ptas.
                Aparte y aunque la prensa –obviamente- nada dice de esto, el finado inspector Romero Funes se había significado en Granada en la feroz represión que los sublevados desencadenaron en 1936 contra cualquiera que oliera aun de lejos a rojo durante los tres años de guerra y en los de la primera posguerra, y había formado parte de las tristemente célebres escuadras negras falangistas que al mando del  comandante Valdés, de quien era Romero su mano derecha, dieron el ”paseo” a no pocos inocentes. Incluso algunos autores también le atribuyen parte de responsabilidad en la muerte de García Lorca.



domingo, 1 de abril de 2018

GRAN SEGUNDA VUELTA ROJIBLANCA 43-44

 Floro; Millán González; Sosa, Melito, Ramos; Marín, Trompi, Nicola, Safont y Mas, la alineación titular del Granada de la segunda vuelta 1943-44




¿Trompi al R. Madrid?
Al comienzo de la segunda vuelta 43-44, después de una buena racha de tres victorias seguidas que sacaron al Granada de los puestos de descenso, truncada por una derrota en Oviedo en el primer partido de la segunda ronda, la siguiente jornada, la quince, se saldó con una nueva victoria rojiblanca, 2-1 sobre el Sabadell, debutante en máxima categoría y que marchaba en la tabla inmediatamente después del Granada aunque empatado a puntos. La diferencia con los anteriores partidos fue que pareció haberse agotado el buen juego y el entusiasmo, y al Granada le costó muchísimo trabajo hacerse con los dos puntos en un partido muy malo y aburrido (Saucedo en Patria confiesa que se durmió) a pesar de que desde los diez minutos los catalanes actuaron en inferioridad por lesión de su jugador Navarro. Con esta victoria la distancia con los puestos de descenso aumentó a cinco puntos.
            El siguiente rival, el Madrid, igual que la temporada pasada era también hogaño de “nuestra liga” -quién lo diría-, situado en la clasificación en el puesto inmediatamente anterior al Granada, octavo, a dos puntos. Los rojiblancos repitieron en Chamartín el resultado de la última vez que allí comparecieron, empate a dos goles (el mismo resultado del partido de la primera vuelta en Los Cármenes), y como si de un deja vu se tratara, igual que ocurrió en los dos choques anteriores entre los mismos equipos, también ahora el Granada mereció (y pudo) haber ganado el partido si no hubiera sido por un gol muy a última hora de los blancos que determinó la igualada final. La diferencia con los dos últimos partidos frente a los blancos fue que en esta ocasión no se pudo culpar al árbitro del empate madridista.
Justo a partir de esta fecha, el periódico Patria empezó a lanzar diariamente dos ediciones, mañana y tarde, y pasó a publicarse también los lunes, con un amplio contenido de información futbolera. En la sección de deportes del lunes 24 de enero de 1944 se lee en letras grandes: «El Gr recuperó en Chamartín el punto que arrebató Cruella», es el titular de Patria de la crónica del partido en Madrid, en alusión a lo que ocurrió en la primera vuelta en Los Cármenes, cuando el veterano árbitro Cruella anuló al Granada el tanto que le hubiera dado la victoria frente al Madrid. Ideal por su parte, ya el martes 25, abre su crónica con: «El Granada perdió un punto en Chamartín», y añade que los rojiblancos fueron superiores al Madrid en clase, fondo y entusiasmo. Para la prensa madrileña (ningún plumilla local viajaba), durante gran parte de los noventa minutos sólo existió un equipo, el Granada, pero las lesiones de Millán, González, Sosa y, sobre todo Conde (que ya sólo pudo jugar dos partidos más en toda la temporada) dejaron a los nuestros a merced de los locales, que lograron el empate a falta de sólo tres minutos para el final. De esta forma conseguía el Granada dejar a cero su cuenta de negativos, que llegó a estar en -5 después de la derrota en Los Cármenes frente al At. Aviación, seis jornadas atrás.

 Recorte de Marca sobre el R. Madrid 2 Granada 2

Nuevamente Marín y, sobre todo, Trompi estuvieron sensacionales y también nuevamente la prensa madrileña volvió a lamentar haberlos dejado marchar, haciéndolo extensivo a Sierra, otro ex madridista y también destacado. Así leemos en Pueblo que “el Trompi” «…es un artista genial. Subir con el cuero en los pies en regates llenos de gracia y soltura, servirlo a derecha e izquierda y tirar, todo eso hizo el fenomenal interior». Para Hoja del Lunes de Madrid, Trompi fue la figura del encuentro, el mejor de los 22. Para otros medios  Trompi no tiene nada que envidiar a auténticas figuras míticas del fútbol español como Luis Regueiro y Chus Alonso.
En Patria el propio Trompi, en entrevista con Saucedo, manifiesta que en Madrid le dijeron al finalizar el partido que la directiva merengue, que desde el comienzo de esta misma temporada presidía Santiago Bernabéu, ya había decidido ficharlo para la temporada siguiente. Su fichaje por el Madrid podría haber sido el broche de oro de una carrera futbolera sobresaliente como la del Trompi, por entonces en lo mejor de toda su trayectoria, pero nada se concretó y el pequeño y genial jugador, a pesar de su gran calidad y su enorme popularidad en todo el país, permanecerá en el Granada prácticamente toda su carrera, hasta 1950.

Trompi visto por López Sancho

 
Recaudación récord frente al Bilbao
Para el siguiente partido, visita a Los Cármenes del At. Bilbao, la directiva decretó día del club. Era el vigente campeón de liga y copa, pero con prácticamente la misma plantilla de la anterior, esta temporada no pudo repetir el doblete y aunque terminó revalidando su título de campeón de Copa del Generalísimo, anduvo toda la liga en puestos medios de la clasificación para acabar 10º, dos plazas por detrás del Granada. El buen momento granadinista unido a que en aquellos años el Bilbao era el equipo preferido de casi todas las aficiones de España, aseguraban el lleno en Los Cármenes.
                El Granada, vestido de camiseta azul con cuello blanco, consiguió un empate sin goles ante el Athletic  que supo a victoria en un partido muy bien jugado por los dos contendientes. Según la prensa fue el mejor partido del Granada en todo lo que iba de liga, pero -el  único pero- le faltó contundencia en el remate y además el portero bilbaíno Barrie estuvo sensacional y lo paró todo. La lesión de Conde en el anterior partido dio por fin ocasión de debutar a Melito, lesionado desde la pretemporada e inédito todavía, que junto a Sierra fue el mejor del Granada y que le hace escribir a Saucedo en Patria que en los medios, una línea soberbia, hubo viril energía, entusiasmado con los pases largos y precisos del canario, recuperado por completo de su lesión e importantísimo refuerzo del Granada para lo que quedaba de liga. El estadio se llenó a reventar y la recaudación fue de récord, 100.000 ptas., cifra por entonces muy sustanciosa.

 Melito, importante refuerzo en el centro del campo para la segunda vuelta

Entre el público asistió el míster de las dos temporadas anteriores, Paco Bru, a la sazón entrenador del Málaga, de Tercera División, para el que el Granada mereció la victoria. Y en el palco presidencial estuvo presenciando el partido José Antonio Elola Olaso, de visita oficial en nuestra tierra, Delegado Nacional del Frente de Juventudes, cargo en el que había sustituido al legitimista Sancho Dávila, y que ocuparía hasta 1955, cuando en un homenaje en el Escorial a José Antonio Primo de Rivera en el aniversario de su muerte surgió de entre las miles de camisas azules el grito anónimo «¡No queremos reyes idiotas!», dirigido al Generalísimo, acto de insubordinación que hizo rodar algunas cabezas de jerarcas de la cosa azul Mahón, entre ellas la del muy franquista Elola.

 Fontana (a la izquierda), gobernador civil, y Elola Olaso, delegado del Frente de Juventudes, en el palco presidencial de Los Cármenes

 
Magnífica segunda vuelta
Ahora tocaba visitar al líder destacado, el Valencia, que acabaría ganando la liga. En Mestalla el Granada, muy inferior a los locales, sólo pudo cosechar una concluyente derrota 3-0 jugando bastante mal, según las crónicas. Lo bueno fue que ya sólo perdería el Granada un partido más de los nueve que faltaban, en una segunda vuelta sensacional y que le llevará a conseguir al final su mejor clasificación histórica por los siguientes 28 años. 
                Una racha de cuatro partidos sin perder (tres victorias y un empate) vino a continuación y dejó prácticamente asegurada la permanencia del Granada en máxima categoría. La primera victoria de esa racha es de las de recordar siempre pues fue otro extraordinario partido de los rojiblancos y llegó frente al Barcelona en Los Cármenes (2-0), segundo clasificado a la estela del Valencia, aunque ya a cuatro puntos de los ches. El Granada jugó con más entusiasmo y rapidez que sus oponentes (un fútbol “rápido y profundo” y sin florituras, que dice Saucedo en Patria), guardando su área y lanzando veloces contras que se tradujeron en los dos goles de Marín y Nicola, para lo cual resultó fundamental la recuperación de otro hombre básico en su plantilla: Paco Mas volvía a ocupar la banda izquierda, ausente por lesión desde pretemporada, desde los amistosos en el campo del Europa en agosto. Un pase medido suyo supuso el segundo gol rojiblanco. Con Mas y Melito resultó muy reforzado y fue otro, mucho mejor, el Granada de la segunda vuelta 43-44. 
El añorado César es uno de los culés destacados en las crónicas de aquel partido, aunque no marcó gracias al excelente trabajo defensivo de González y Millán. Sin embargo, en las declaraciones pospartido que recoge Patria, el míster azulgrana Nogués lo acusa de no querer rendir en Granada «por los motivos que fueren», y añade que le ha impuesto al ex granadinista una sanción económica por bajo rendimiento.
Siete jornadas faltaban por jugarse y el Granada había llegado a la fase decisiva en magnífico estado de forma. De esta manera la salida a La Coruña de la siguiente jornada supuso borrar el único punto negativo que arrastraba desde la visita del Bilbao y alcanzar un empate a dos goles que tenía que haber sido una nueva victoria pero un gol en propia puerta de González impidió traerse los dos puntos. Para Hoja del Lunes de La Coruña, Marín, a sus 37  largos, corre como hace veinte años y le da al balón mejor que entonces.

 El gran Paco Mas portada del extra  de Marca

 
Marín-Trompi, pareja de moda
Después del partido en La Coruña hubo parón en la liga, aprovechado para que se jugara la primera eliminatoria de Copa del Generalísimo, que disputaban sólo los equipos de Tercera División, por lo que fue una jornada de descanso para el Granada. Muchos clubes aprovecharon para organizar amistosos, como el Madrid, en homenaje a su ex jugador Sauto, que estaba a punto de retirarse, y para dicho amistoso solicitó del Granada la cesión de la pareja granadinista de moda y en su mejor momento de forma, Marín y Trompi, a los que se unió Bachiller, al que el Gijón había dejado en libertad desde hacía un mes y que al poco fichó por el R. Madrid. El combinado merengue perdió frente al Sevilla en Chamartín 2-3 y según cuentan los diarios madrileños, lo mejor del improvisado once merengue fue el ala Marín-Trompi. Como aperitivo al amistoso se celebró un partido de viejas glorias en el que también intervino otro ex madridista y ex granadinista (ex recreativista en este caso), Fidel del Campo, que no actuó de portero sino de delantero centro.

Se firma la paz con el Sevilla
El siguiente partido de liga, ya la jornada 21 (de 26), traía al potente Sevilla a Los Cármenes a primeros de marzo de 1944. Con tiempo, más de un mes antes, a mediados de enero, el presidente Becerra envió un telegrama a su homónimo del Sevilla, marqués de Contadero, rogándole que la expedición sevillista adelantara su viaje a Granada en un día con el fin de asistir a un homenaje al club blanco que el presidente recién estrenado en el cargo había tenido la buena idea de organizar para de esta manera tratar de echar pelillos a la mar y que se olvidaran las rencillas que venían presidiendo los enfrentamientos entre los dos equipos desde hacía dos temporadas, desde que en noviembre de 1941, en el año del debut rojiblanco en máxima categoría, en Nervión, González y el stuka Berrocal tuvieron algo más que palabras, resultando expulsado el delantero sevillista, contencioso que alcanzó su punto álgido a la vuelta, cuando Alberty, en el último partido de su vida en Los Cármenes, acabó para el arrastre ante las muy duras y aparatosas entradas del sevillista Campanal, a quien erróneamente muchos hinchas rojiblancos culparon por esa causa de la muerte del gran portero húngaro poco tiempo después. Con la intención de tratar de moderar el excesivo ambiente tenso que había caracterizado los choques entre el Granada y el Sevilla de las dos temporadas anteriores y de esta misma en la ida en Sevilla, se organizaron por parte de la directiva granadina unos actos de confraternización para antes y después del partido consistentes en visitas a nuestros monumentos y una fiesta en el Alhambra Palace, actos a los que estaban también invitados el presidente de la Federación Regional Sur, Antonio Calderón, toda la directiva del Sevilla y el secretario general de la Federación Española de Fútbol, Sánchez Ocaña. 
Después de varios meses de estar prohibido, otra vez volvieron a alquilarse almohadillas de la Cruz Roja en Los Cármenes, aunque fueron pocas las vendidas porque las gradas estaban muy mojadas como para sentarse. La directiva lo comunicó a la afición en nota oficial previa al encuentro, advirtiendo de paso que aquellas personas que arrojaran almohadillas u otros objetos al terreno de juego podrían ser castigadas con internamiento en un campo de concentración, como se había dispuesto por las autoridades poco tiempo antes.

 El Sevilla FC años 40

                En medio del temporal de lluvia que venía durando ya más de una semana y que había dejado muy embarrado el terreno de Los Cármenes, el Granada logró una importante victoria, 2-1, con la que dejó casi asegurada la permanencia en Primera a falta ya de sólo cinco jornadas para el final, aumentando a cinco puntos la distancia tanto con los puestos de descenso como con los de promoción.
La anécdota del Granada-Sevilla la protagonizó el defensa sevillista Berridi, quien ingenuamente usó las dos manos dentro del área para detener el balón centrado desde la banda por Marín, por entender que había salido fuera y sin esperar a que el árbitro, Escartín, hiciera sonar su silbato. La acción del sevillista costó a su equipo un penalti en contra, pero el granadinista Sierra (que no era el que habitualmente lanzaba los penaltis), derrochando caballerosidad, envió fuera a propósito su lanzamiento desde los once metros, a pesar de que el marcador en ese momento señalaba una mínima diferencia de 2-1 a favor de los rojiblancos y faltaba poco para el final. Esto, lo de fallar adrede un penal, es algo que hoy suena a inconcebible para la hinchada de cualquier equipo, por muy meridianamente injusta que se considere su señalización y aunque se trate de un amistoso, sin embargo en aquellos años y en los anteriores era relativamente frecuente que en situaciones similares, bien motu proprio o a petición del respetable, el delantero lanzador prefiriera no aprovecharse de lo que se consideraba una injusticia. Eran otros tiempos, no cabe duda.
El árbitro de aquella tarde, el internacional y prestigioso Pedro Escartín, el mismo que acuñó aquello de Once Fantasma para referirse al Recreativo Granada de 1934, que además de trencilla era también ya por entonces considerado una autoridad en la materia de interpretación y aplicación de las reglas futboleras (era miembro de la Comisión de Reglas de la FIFA, además de columnista deportivo muy leído), como ya venía siendo tradicional cada vez que visitaba Granada, tuvo una actuación con algunos lunares de bulto, el que más el de no ver -y no conceder por tanto- un gol del Granada que hay que catalogar como “fantasma”. Con el marcador todavía a cero, en una contra rapidísima del Granada, el remate del extremo Mas traspasó la línea de gol en más de medio metro, sacando un defensa blanco el balón de dentro, pero al cuarentón Escartín, que venía jadeante y con la lengua fuera después de atravesar a la carrera todo el verde, le pilló la acción muy lejos y no vio el gol. Días después, en declaraciones a Patria reconocerá su error y pedirá perdón.
El partido comenzó con el intercambio de ramos de flores entre los capitanes González y Félix, y al terminar, los dos equipos con sus directivas en pleno más el árbitro Escartín, el presidente honorario Martín Campos, el gobernador civil y jefe provincial del Movimiento Fontana, y las autoridades federativas, se fueron a agasajarse en el hotel Alhambra Palace. Como remate presenciaron una zambra gitana.

Recorte de Ideal del Granada-Sevilla

 
Victoria ante R. Sociedad
Para dejar virtualmente asegurada la permanencia, a la siguiente jornada, nuevamente en Los Cármenes, dos puntos más cayeron en el zurrón rojiblanco, con la victoria 1-0 sobre la R. Sociedad, en lucha por huir del descenso. No obstante, no fue nada fácil la victoria ni el Granada dio sensación alguna de poder anotársela, sólo el magnífico trabajo del trío Floro-Millán-González y el acierto de Trompi, que marcó el único gol a falta de cinco minutos, impidieron el enfado final de la parroquia ante el mal partido del Granada.
                Tras disputarse esta jornada 22, Ideal publicó por primera vez las clasificaciones de Primera y Segunda haciendo indicación de los negativos o positivos de cada equipo. En la novedosa e ideal tabla vemos al Granada cómodamente clasificado en noveno lugar, el mismo que ocupaba en la realidad, y con 22 puntos y 0 (ni positivos ni negativos, único equipo de máxima categoría con esa puntuación), a cinco de los puestos de promoción y a siete de los de descenso directo cuando sólo faltaban por disputarse cuatro jornadas.   

  Sólo circula una bicicleta

Ni para un mechero
La gasolina hacía varios años que era un bien escasísimo y estaba muy racionada, pero a principios de 1944 se puede hablar de su total volatilización. En las mismas páginas de Ideal en que se muestran varias fotos de la gran victoria granadinista sobre el Barcelona, en la sección La Calle, última página, podemos ver esta foto tomada a mediodía del domingo 15 de febrero de 1944, en Puerta Real, en la que como toda muestra del tráfico rodado aparece una bicicleta. Y es que las restricciones de gasolina han alcanzado a las tres cuartas partes del parque automovilístico granadino y sólo pueden circular sin trabas los vehículos que se muevan a base de gasógeno.
A principios de febrero los periódicos publicaban una circular de la Comisaría de Carburantes líquidos en la que, apelando al espíritu patriótico de aquellos que han de sufrirlas para que las soporten con resignación, se anuncian nuevas y más drásticas restricciones en el suministro a la población civil, por culpa -dice el comunicado oficial- de las dificultades de abastecimiento y la supresión de cargas de productos petrolíferos motivados por la situación de guerra internacional. En consecuencia, queda suprimida durante el mes de febrero la circulación de turismos y motocicletas, a los que no se les facilitará cupo alguno; sólo podrán circular libremente aquellos vehículos que utilicen gasógenos. Los vehículos destinados a servicio público y a transportes sí tendrán cupo de gasolina y gas-oil, pero muy restringido respecto de lo que venía siendo habitual, circulando los taxis en días alternos según sus matrículas sean pares o impares.

 Viejos amigos

Nuestro país atravesaba en esos momentos por la que se llamó “batalla del wolframio”. La II Guerra Mundial seguía su curso y desde principios de 1943, España (es decir, Franco) había cambiado su posición oficial de “potencia no beligerante”, pero amiga del Eje Berlín-Roma-Tokio, por la de neutral a todos los efectos. Pero esa pretendida neutralidad, más que verdadera era un intento de lavado de cara hacia el exterior por la razón de que para entonces ya habían dejado de irle las cosas rodadas en la guerra a la que parecía invencible Alemania y se temía por la propia continuidad del Régimen en caso de ser derrotado Hitler. A pesar de su proclamada neutralidad, España (es decir, Franco), de tapadillo seguía suministrando wolframio (o tungsteno) a Alemania, mineral escaso pero abundante en Galicia y León y de gran valor estratégico, imprescindible para que las acerías alemanas pudieran seguir produciendo blindados y armamento; además todavía quedaban grandes contingentes de soldados españoles luchando en las estepas rusas encuadrados en la Wehrmacht, sin que se hubiera cumplido del todo la retirada, proclamada oficialmente, de la que se llamó División Azul; y, por si fuera poco, la Península era un nido de espías y saboteadores alemanes que disponían de carta blanca para moverse y actuar a sus anchas. Un incidente diplomático en octubre anterior, cuando el régimen franquista reconoció de facto al gobierno títere impuesto por los japoneses en Filipinas, sirvió de pretexto a Estados Unidos para decretar un nuevo embargo, más restrictivo, de petróleo a España (que se mantendrá hasta mayo) si no suprimía por completo sus exportaciones de wolframio a Alemania. Como Franco hizo caso omiso a las presiones aliadas, nuevas penalidades vinieron a unirse a las ya muchas que soportaba la población, éstas en forma de falta total de combustible, que dejó a España sin gasolina ni para un mechero de aquellos de martillo.
La controlada prensa nada informó acerca del verdadero motivo del embargo, pero sí que se sucedieron durante todo febrero los editoriales periodísticos proclamando la neutralidad de España “voluntariamente adoptada”. Finalmente, a finales de abril de 1944, haciendo de tripas corazón por lo que significaba de traición a un país amigo que tanto había ayudado al régimen y por tener que renunciar a la muy sustanciosa inyección económica que significaban las masivas exportaciones de wolframio, España (es decir, Franco), no tuvo más remedio que reducir al mínimo las ventas del mineral a Alemania y así acabó la llamada crisis del wolframio, ya en mayo.

Granada volvía a ser sede de una Capitanía General

Se crea la IX Región Militar
El 1 de marzo de 1944 nacía oficialmente la IX Región Militar, con sede en Granada y un ámbito territorial que comprendía las provincias de Granada, Málaga y Almería. 
Si nada había dicho la prensa nacional acerca de la verdadera causa de la gran carestía de combustibles del momento, mucho menos se comentó que en esta encrucijada histórica, principios de 1944, el Caudillo atravesaba por los que quizás sean los momentos más comprometidos desde su subida al poder, cuando Estados Unidos, no totalmente conforme con el embargo de petróleo a España como única medida de castigo, presionaba a sus aliados para acabar definitivamente con el Caudillo y su régimen fascista (¡perdón!, nacionalsindicalista). Algunos tratados de historia cuentan que los yanquis, como despectivamente se refería a ellos la prensa española, tenían ya más que madurado su plan para una invasión de la Península que habría de llevarse a cabo por el sur. Sólo la proximidad de otro desembarco mucho más grande e importante que se preparaba, el del día D, habría determinado la postergación del plan yanqui. Una ley orgánica de 1942 había previsto la creación de la IX Región Militar, pero la coyuntura bélica y el temor a que los USA hicieran en la piel de toro lo mismo que ya habían hecho en la bota Italiana aceleró el proceso y así, a primeros de marzo de 1944, Granada volvió a ser sede de una Capitanía General para una mejor administración de los efectivos militares y para prevenir la defensa de un posible desembarco aliado en las costas andaluzas.
Durante varios siglos, desde el mismo momento de la Reconquista, había sido Granada sede de una Capitanía General con ámbito territorial idéntico al de la recién creada IX Región: las provincias de Granada, Málaga y Almería, es decir, los territorios que formaron el histórico Reino de Granada. Su principal función fue la defensa de las costas mediterráneas andaluzas del peligro que pudiera proceder de África en forma de una nueva invasión o de incursiones de los temidos piratas berberiscos, así como ejercer mayor control sobre la importante población morisca que se quedó por estas tierras después de que Boabdil y los suyos fueran derrotados. La Capitanía creada en 1492 recayó como cargo vitalicio y heredable en Íñigo López de Mendoza, conde de Tendilla y marqués de Mondéjar. Cuatro siglos, hasta 1893 duró la Capitanía granadina, en ese año una reforma militar la suprimió. Después de la Guerra Civil, 1939, España se organizó en lo castrense con la creación de ocho Regiones Militares, quedando Granada encuadrada en la II, que incluía toda Andalucía, con sede en Sevilla. Así hasta que en 1944 se segregaron las provincias andaluzas mediterráneas constituyendo la IX Región, aunque a la recién nacida se le dio un rango de segundo orden y podía estar a su frente un general de división. Así hasta que tiempo más tarde, en 1959, su jurisdicción se amplió incluyendo también la provincia de Jaén y se dispuso que el Capitán General tenía que ser obligatoriamente teniente general, y la IX Región adquirió el mismo rango que las otras ocho.
El pleno del Ayuntamiento de 3 de marzo de 1944 acordó mandar cartas de agradecimiento al Generalísimo y al ministro del Ejército por la recuperación de esta institución que tanto peso tuvo de siempre en la vida de la ciudad.
Cuarenta años después de su creación, en 1984, una nueva organización de la defensa suprimió la Capitanía IX y Granada volvió a depender de Sevilla en lo militar.
Cuando la Capitanía general granadina fue suprimida en 1984, que sepamos, ni una sola voz de protesta se alzó entre nuestros paisanos, cosa que contrasta fuertemente con lo que ocurrió casi un siglo antes, cuando en 1886 se anunció que el gobierno central iba a suprimir la Capitanía de Granada para trasladarla a Córdoba. Todas las fuerzas vivas penibéticas finiseculares, desde el arzobispo Messeguer, pasando por el alcalde Mariano Zayas y llegando a los  representantes de todos los gremios, se movilizaron inundando de cartas y telegramas de protesta el despacho del liberal Sagasta, presidente del Consejo de Ministros (presidente del gobierno), poniendo el acento en que la supresión de la Capitanía no era sino un nuevo castigo a esta «desdichada provincia», pues estaban muy recientes el terremoto de Alhama de 1884 y la gran epidemia de cólera de apenas un año antes, que tantas vidas de paisanos se llevaron por delante. Además, el 24 de noviembre de 1886 fue un auténtico día granadino de lucha ya que cerró el comercio y una gran manifestación de 40.000 almas  recorrió toda Granada (por entonces una ciudad de apenas 70.000 habitantes) y acabó en la puerta del Ayuntamiento. Hasta una comisión de damas de la nobleza granadina marchó a Madrid a entrevistarse con la reina regente María Cristina. El caso es que pocas semanas después el gobierno de Madrid se volvía atrás y decretaba que no se suprimía la Capitanía granadina, decisión que fue festejada en nuestra tierra por todo lo alto y con repique general de campanas. Siete años duró la felicidad porque en 1893, con D. Práxedes Mateo Sagasta nuevamente de presidente por aquello del turnismo, casi con nocturnidad y alevosía, sin que nadie tuviera conocimiento de lo que se preparaba, de un día para otro se reorganizó la distribución de las fuerzas armadas en España y Granada perdió su tetracentenaria Capitanía sin que diera tiempo siquiera a organizar una mínima protesta. Sólo un editorial en el diario El Defensor de Granada criticó la decisión una vez ésta ya consumada. Por cierto que el editorial de protesta del Defensor casi le cuesta a su director y propietario, Luis Seco de Lucena, un duelo a pistola (con sus padrinos y todo) con el duque de Abrantes y marqués de Sardoal, que había sido ministro de Fomento con Alfonso XII, a quien molestaron los términos usados en el suelto del diario granadino y se tomó la cuestión como una ofensa a su honor. Por entonces todavía se resolvían a tiro limpio o con florete en un descampado estas cosas de la honra. Todo lo cuenta en primera persona Luis Seco de Lucena en su sabroso libro Mis memorias de Granada.

Dibujo de la manifestación contra la supresión de la Capitanía granadina, 24 de noviembre de 1886