EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



viernes, 22 de septiembre de 2017

URÍA, EL HOMBRE ADOQUÍN

El Granada 1942-43 en cromos


“Amistoso” en La Rosaleda
 El domingo anterior al comienzo de la liga 42-43 juega el Granada un “amistoso” en La Rosaleda, devolución de la visita del Málaga a Los Cármenes de una semana antes. Desde hacía un año el eterno rival ya no se llamaba Malacitano sino CD Málaga, estrenando denominación a la vez que un campo nuevo, La Rosaleda, que vino a sustituir al muy vetusto de los Baños del Carmen, escenario de aquellos legendarios y fragorosos Malacitano-Recreativo de los años de la República, pero el acto oficial de la inauguración del estadio había tenido lugar apenas dos semanas antes de la disputa de este poco amistoso match, que tanto se pareció a los de antaño en lo belicoso de su desarrollo. También andaban por entonces los boquerones celebrando otro estreno, el de sus colores blanquiazules, recién adoptados como oficiales.  Desde entonces La Rosaleda es el principal recinto deportivo de la Costa del Sol, término turístico que por aquellos años era desconocido. Por cierto, el nombre de Costa del Sol fue pensado en principio por aquel a quien se le ocurrió, un almeriense, para aplicarlo sólo al litoral de Almería, y es un topónimo que hasta los años 70 designaba a toda la costa mediterránea andaluza.
Los rojiblancos salieron derrotados 4-1 en un partido muy bronco en el que Bonet resultó expulsado y hasta cuatro granadinistas terminaron magullados, a destacar la lesión del portero Pérez antes del descanso, que obligó a González a ocupar la meta ante la ausencia de suplente, y así llegaron tres de los cuatro goles malagueños. Lo de menos era el resultado, no así las consecuencias que para el equipo trajeron las lesiones, propiciadas, según la prensa granadina, por la excesiva dureza de los locales. Gárate, Leal, Nicola y Pérez quedaron inutilizados de cara al primer partido de liga, justo el siguiente domingo, a los que se unía el fichaje estrella, Mas, también lesionado pero desde el amistoso contra el Málaga que se jugó en Granada. 

Maolico Hincha sobre el amistoso de Málaga

La amnesia de Uría
El domingo 27 de septiembre echa a andar la liga 42-43 con el Coruña como primer rival y en Los Cármenes, donde para poder acceder a las gradas será necesario exhibir el correspondiente emblema de Auxilio Social puesto que este domingo ha sido declarado como de cuestación pública. Como el año pasado, se intentó aplazar el partido para que no coincidiera con la procesión de la Virgen de las Angustias, pero, igual que entonces, la liga empezó para el Granada el domingo último de septiembre, así que se fijó para las tres de la tarde el comienzo del encuentro, una hora a la que en Granada suele hacer un calor importante en estas calendas. Con una alineación improvisada ante las varias bajas por las lesiones de Málaga, el Granada ofreció un partido bastante malo y cayó derrotado 1-2.
                Pero no fue el gran calor que se sufrió ni la derrota lo más destacable de aquel partido, sino la insólita conducta del jugador granadinista Uría, que se desentendió del juego desde los primeros compases y se dedicó a deambular por el terreno sin rumbo, golpeando el balón cuando le llegaba a la buena de Dios y para donde saliera, según cuentan las crónicas.
Fernández de Burgos en Ideal dice: «Muy difícil será a Uría rehabilitarse ante la afición granadina. No tuvo el pudor de fingir una lesión para retirarse sino que permaneció hasta casi el final del partido en el terreno con el aparente propósito de demostrar al público que no jugaba porque no quería».

El hombre adoquín

                La parroquia granadinista que llenaba el estadio, del estupor ante la rarísima conducta de Uría pasó a la furia, por lo que el míster Bru optó por situar al “hombre adoquín” (Saucedo en Patria) en el extremo, donde al menos no estorbara a sus compañeros, y por último tuvo que retirarlo ya bien avanzada la segunda parte y terminar el partido jugando con sólo diez para evitar un más que probable linchamiento (el delantero no quería salir, tuvo Paco Bru que sacarlo a empujones como quien dice). Que sepamos, nunca, ni en Granada ni en ningún otro sitio, ha ocurrido algo similar a este show de Uría.
                La cosa, como es fácil de imaginar trajo bastante cola. La primera consecuencia fue la sanción impuesta por la directiva al jugador de media mensualidad, y al mismo tiempo se puso el asunto en conocimiento de la Federación Sur por si hubiera lugar a otro tipo de acciones. Por otra parte se encargó al doctor Tamayo, médico del club, el examen a fondo del jugador ya que éste alegó que había sufrido un ataque de amnesia y que no creía estar en un campo de fútbol, terminando de sacarlo de sus casillas los gritos de ira del público.
                A los pocos días Patria publicó un extracto de una carta remitida a un amigo murciano por el propio Uría en la que decía que estaba decidido a abandonar el fútbol y que aún no podía comprender lo que le pasó, «Parecía como si el terreno hubiera estado enfangado y los pies se me clavaran. No podía materialmente moverme. Ni siquiera oía los gritos del público.»
Varias semanas después otra vez Patria recogía un reportaje publicado en el diario Sevilla en el que el doctor Tamayo decía que Uría no sufrió ningún ataque de amnesia ni cualquier otro trastorno físico o síquico, sino que «…quien debe responderle y aclararle este peliagudo asunto es algún señor de la directiva». En el mismo reportaje, el periodista sevillano habla a continuación con Paco Cristiá, secretario técnico, quien dice que lo de Uría no era sino un caso de rebeldía en pleno juego; según Cristiá, Uría había fichado por deseo de un directivo influyente y en contra de la opinión de los demás, y era tanta la influencia de ese directivo que en los mismos vestuarios antes del Granada-Coruña el designado por Paco Bru para actuar de delantero centro hubo de cederle el camisolín a Uría. Continúa Cristiá diciendo que el jugador, muy nervioso, no consiguió al principio dar una en el clavo, y que las grandes protestas de la hinchada fueron las que le hicieron comportarse como lo hizo. Se cerraba el reportaje con el intento de entrevista al propio Uría, pero sin conseguir que éste diera su versión.

Maolico ve así el show de Uría

                El reportaje de Patria no sentó nada bien a la directiva. Por el acta de la reunión de la junta, celebrada en el Parador de San Francisco el 26 de octubre de 1942, sabemos que el club preparaba un comunicado oficial desmintiendo todo lo publicado por el diario Sevilla. En esa reunión Paco Cristiá dijo que él nunca había hablado con el periodista sevillano y el doctor Tamayo afirmó que tampoco conocía a ese señor. Lo cierto es que si ese comunicado oficial del club llegó a hacerse público, del mismo no tenemos noticia, y la cosa se dejó estar sin que llegara el granadinismo a conocer las verdaderas causas de la extravagancia futbolera que presenció en la primera jornada de la liga 42-43.
El goleador vasco Severiano Uría había sido largamente pretendido por nuestro club desde los años de la República, cuando cada vez que venía a Los Cármenes enrolado en el Murcia dejaba impresionada a la parroquia con sus chupinazos y marcando goles de dos en dos o de tres en tres. Ya estaba en la treintena y no era el de entonces, y seguramente de no ser por las bajas que causó el partido de Málaga no habría jugado aquella tarde, pero con su inaudita actuación entró por derecho propio a encabezar para siempre el amplio ranking de fichajes granadinistas que salen por completo ranas. Ya sólo jugó Uría otro partido oficial vestido de rojiblanco, fue casi dos meses después de su show de Los Cármenes, en Oviedo, donde perdimos 4-2 y donde no repitió el numerito y estuvo voluntarioso según las crónicas. Pero no fue dado de baja y en Granada permaneció hasta el cumplimiento de su contrato, que expiraba en junio de 1943, y la directiva no quiso cederlo en unión de Gárate al Huelva, que en enero solicitó a ambos como refuerzo para disputar fase de ascenso a segunda. Los aficionados granadinistas pudieron verlo actuar en varios amistosos que se celebraron (en algunos jugó de defensa) y en ellos no volvió a dar que hablar, y al cumplir su contrato al finalizar esta temporada dejó de pertenecer al club. 

El Granada que derrotó 3-1 al Celta. De pie Pérez, Marín, Millán, Mas, Nicola y Leal; agachados: Sierra, Conde, Trompi, González y Maside

Buen comienzo liguero
A pesar de que el primer partido acabó en derrota, no fue malo el inicio de liga del Granada. En la segunda jornada los rojiblancos se trajeron una victoria 2-3 de Torrero, campo del Zaragoza, un recién ascendido. Para Zaragoza ya se pudo contar con el portero Pérez y el delantero Nicola pero todavía no pudo jugar Mas y el míster Bru no quiso repetir en el extremo izquierdo con Muñoz, que había jugado frente al Coruña, y su sorprendente sustituto fue el “rebelde” Alejandro, quien con su boinilla marcó el gol que deshacía el empate a dos, el de la victoria, a poco del final. La tercera jornada fue un nuevo triunfo, y éste por goleada, 6-2 en Los Cármenes a otro recién ascendido, el Betis. Mas debutó y fue uno de los destacados y autor de uno de los goles. Las dos victorias consecutivas colocaron al Granada quinto clasificado.
                Ya en la cuarta jornada, en Castellón, se rozó el empate en una gran segunda parte, pero caímos derrotados 3-2, aunque dando muy buena imagen, según las crónicas que de allí llegaron. A destacar la gran actuación del pequeño gran Trompi en La Plana, ovacionado por el público castellonense.
                Continuaron las buenas actuaciones rojiblancas con una nueva victoria en la quinta jornada, 3-1 sobre el Celta. En la víspera, todos los integrantes de la expedición gallega, acompañados por algunos directivos y por Millán y varios granadinistas más, giraron visita a la tumba de Alberty, muy querido también en Vigo, y dejaron una corona funeraria. La gran actuación de Paco Mas, autor de dos goles, fue lo más destacable del partido frente al Celta. Y también es reseñable que, una vez más, el fiero defensa vasco celtista, Deva (el que junto a Euskalduna formaba una trinchera salvaje, que decía Martinenc en los tiempos heroicos del Once Fantasma), mereció las censuras de los plumillas locales por su contundencia. El partido, muy emocionante y de buen juego, lo ganaban los gallegos hasta bien entrada la segunda parte, pero el Granada a base de entusiasmo se quedó con los dos puntos. 

Así se las gastaba el defensa céltico Deva

Victoriano Santos
También en la víspera del Granada-Celta llega la noticia de que Victoriano Santos, el míster del ascenso a Primera, se encuentra gravemente enfermo y sin medios económicos.
Victoriano de Santos Troya fue un magnífico medio que jugó en el Barcelona, el  At. Madrid y el Valencia de antes de la guerra. A los plumillas antiguos les gustaba mucho eso de poner algún nombre rimbombante a las líneas de jugadores que destacaban en algún sentido, y así el paso de Victoriano Santos por el At. Madrid aún hoy es recordado por haber formado en una  media con denominación propia, la de “los tres mosqueteros”, junto a Ordóñez y Arteaga. Hay en la historia colchonera otra media que también es recordada con ese mismo nombre de los tres mosqueteros, quizás más famosa esta segunda, pero es ya de los 40, del Atlético Aviación, y la integraban Gabilondo, Germán y Machín. Después de la guerra y ya muy veterano jugó Santos en el Recreativo de la 39-40 para en la siguiente temporada, la 40-41, retirarse del fútbol activo y ocupar el banquillo recreativista (ya granadinista) con notable éxito porque condujo a nuestro equipo a máxima categoría por primera vez en su historia. Después del ascenso no le faltaron buenas ofertas y así se convirtió en míster del Sevilla, pero no pudo terminar la temporada 41-42 al manifestársele la enfermedad. Una enfermedad que lo había postrado en cama los últimos seis meses y que además lo había dejado al borde de la indigencia.
La directiva donó 1.000 ptas. para ayudar a Santos y los jugadores cedieron la prima ganada por la victoria sobre el Celta (100 por cabeza), para Santos una mitad y la otra para Muñoz, baja en la plantilla. José María Muñoz Cansinos, cordobés de Posadas, había fichado la temporada anterior en la que sólo llegó a alinearse en tres encuentros, y en la presente había disputado la primera jornada, mereciendo muy malas críticas (según Saucedo en Patria, Muñoz fue una nulidad). Acababa de causar baja al concedérsele la libertad a petición propia y marcharse a entrenar al Electromecánica de Córdoba.
                A finales de febrero de 1943, a los 36 años y víctima de un cáncer de estómago, murió Victoriano Santos. Los jugadores del Granada jugaron su partido frente al Oviedo en Los Cármenes luciendo lazos de luto en su memoria.   

    
Vapuleados en Vallecas
Después de ganar al Celta, el Granada era quinto y el optimismo crecía entre la hinchada porque, excepto el primer partido, cuando lo de Uría ante el Coruña, en que casi hubo que improvisar un once por las numerosas lesiones, lo demás que se había visto había dejado muy buen sabor de boca. Además el siguiente partido era en casa del colista, el otrora todopoderoso At. Aviación, que de luchar las tres temporadas anteriores por la liga (de las que ganó dos), en las cinco jornadas ya disputadas de la 42-43 había obtenido otras tantas derrotas y andaba descolgado en el fondo de la tabla y con cero puntos.     
Paco Bru, quizás por única vez en toda la temporada, tenía muy claro el once que debía comparecer en Vallecas, donde actuaba como local el cuadro colchonero mientras terminaba de reconstruirse el Metropolitano. Jugarían los mismos que derrotaron al Celta y que a punto estuvieron una semana antes de traerse algo positivo de Castellón: Pérez; Millán, González; Maside, Conde, Sierra; Marín, Trompi, Nicola, Leal y Mas. Pero lo que ocurrió fue que esos mismos once no carburaron en absoluto y el Granada salió vapuleado de su visita a Madrid, 7-1 (el At. Aviación hizo en este partido más goles que en los cinco anteriores).
Las crónicas hablan de una pésima actuación granadinista, en especial del portero Pérez, que se tragó varios goles, pero también de González y Maside. Los tres perdieron la titularidad de cara a siguientes compromisos.

Recorte de Marca en el que aparecen los vapuleados en Vallecas

Racha negativa
La derrota en Madrid supuso la primera de una racha muy negativa. De los siguientes doce puntos en juego, seis jornadas, sólo conseguirá el Granada uno, y de la quinta posición en la tabla pasará al 12º, tercero por la cola y en puesto de promoción. Y ya desde la jornada nueve hasta el final de la liga ésa será la posición que ininterrumpidamente ocupará el Granada, sólo por encima de Zaragoza y Betis, que descenderán de forma automática.
                La séptima jornada, la única de las seis de la mala racha en la que no se perdió, arrojó un empate a dos frente al Español en Los Cármenes. Fue un gran partido sólo empañado por la pésima actuación del árbitro Laso, quien, según Fernández de Burgos en Ideal, ignoró dos claros penaltis en el área catalana y permitió todo tipo de brusquedades a los españolistas, que lesionaron a cuatro de los nuestros, Leal, Nicola, Marín y Conde (este último tuvo que abandonar el terreno). El árbitro Laso fue agredido por el hincha Francisco Calvente Olmo, el cual fue sancionado por el gobernador civil a no asistir más a Los Cármenes en todo lo que quedaba de temporada, permaneciendo detenido cada vez que hubiera partido, según informa Ideal.
                Las siguientes cuatro jornadas fueron derrotas: 4-2 en Oviedo, 1-3 frente al Bilbao en casa, 3-2 en Nervión e idéntico resultado en Mestalla.

Chiste de Miranda en Ideal tras el palizón frente al At. Aviación

La anécdota surgió cuando para recibir a los bilbaínos en Los Cármenes se dijo que la segunda equipación, camiseta blanca, traía mala suerte. Y es que el presidente Ricardo Martín Campos era muy supersticioso según quienes lo conocieron y nada quería saber de merengues. Hay que señalar que muy curiosamente ése -“Merengue”- era el mote con el que su señor padre, Ricardo Martín Flores, era conocido en toda Granada, por ser propietario de la confitería Los Alpes, en la calle Reyes Católicos esquina a Príncipe, y es de suponer que el alias lo heredaría el hijo. Pero a Martín Campos parece que no le gustaba nada el merengue, al menos el de las indumentarias deportivas, y decía que siempre que el Granada vestía de blanco el resultado era la derrota, así que ese partido lo jugó el Granada con las camisetas rojas prestadas por un equipo pujante por entonces en el fútbol modesto local, el Unión Calasancia, pero se ve que tampoco así se pudo alejar el gafe y una derrota 1-3 fue el resultado. También se puede considerar anecdótico el puesto que ocupó Marín en este partido, en el que actuó de delantero centro, posición en la que fueron constantes las probaturas en estos primeros compases de la temporada hasta que finalmente Nicola se consolide en la punta de ataque.    
En la visita al Sevilla volvió a repetirse algo de lo ocurrido la última vez que los dos mismos rivales se vieron las caras, la temporada anterior en Los Cármenes, cuando Campanal tuvo numerosos y violentos choques con el portero granadinista Alberty, en su último partido en Granada (algunos sacaron la conclusión de que aquellos aparatosos choques del stuka con el húngaro fueron la verdadera causa de la muerte de Alberty); en esta ocasión el portero rojiblanco era Martí, titular desde el 7-1 del At. Aviación y, según Patria, los encontronazos contra el ariete sevillano le causaron una lesión interna en un ojo que le impidió la plena visión; a pesar de todo, Martí fue el mejor de un Granada al que poco le faltó para puntuar.

El “stuka” Campanal en un picado sobre Martí

Más fichajes
Jugadas ya las diez primeras jornadas está el Granada en puesto de promoción (que ya no abandonará hasta terminar la liga) y se siguen buscando refuerzos. Vienen a prueba varios futbolistas  con la carta de libertad, pero el único que ficha es el valenciano Aparicio, extremo izquierdo e interior cumplidor que permanecerá en el Granada ésta y las siguientes tres temporadas, aunque nunca acabará de ser plenamente titular. Probó también el medio gallego Neira, que no convenció en esta ocasión pero que meses después acabará fichando por nuestro equipo para la recta final de esta liga.
                También fichó ya a finales de diciembre Gaspar Rubio tras ofrecerse a la directiva (ya lo hizo la temporada anterior, pero entonces teníamos a César) y estar algunas jornadas a prueba. Es un re-fichaje. Recordemos que tres temporadas atrás el mago fue pieza clave en el todavía Recreativo de la 39-40 que con Valderrama en el banquillo sólo perdió un partido (de 14) y estuvo hasta el último minuto con aspiraciones de meterse en liguilla de ascenso a primera en estrecha lucha con el Cádiz, que fue el que acabó campeón. Después de su gran temporada se fue al Murcia, debutante en Primera División, y en esos momentos se encontraba sin equipo a sus casi 36 años.

El último fichaje, Aparicio, flanqueado por Nicola y Sosa

Victoria ante el Madrid
 Aparicio debutó con buen pie, en la jornada 12 frente al Madrid en Los Cármenes, partido que acabó en victoria granadinista 1-0, gol de Marín, del que la prensa madrileña no paraba de lamentarse de haberlo dejado escapar por ser ya muy veterano cuando precisamente ahora estaba en el que quizás fuera el mejor momento de su carrera, comenta algún plumilla del Foro.
Así terminaba la pésima racha de seis partidos de resultados negativos. Los dos puntos no sirvieron para subir algún puesto en la clasificación pero sí para acercarse a sólo uno del equipo merengue que, a pesar de contar con varios internacionales, aquella temporada estuvo toda la liga luchando por no descender y acabó en el puesto 10º de la clasificación, a un punto de la promoción. En la historia del R. Madrid, sólo la temporada 47-48 en la que acabó 11º fue más negativa que esta 42-43, la segunda peor de su gran palmarés.    

El “viejo” Luis Marín, en el mejor momento de su carrera    
                  
Mariano y el Fascio
La victoria ante el Madrid se produjo en un momento oportuno, justo antes del parón navideño previsto para que el equipo que la prensa presentaba como Aviación Española se enfrentara en un amistoso con su homónimo de uno de los pocos amigos que a España le quedaban por entonces, la Italia de Mussolini. La preparación de este partido fue tratada como un auténtico choque de selecciones nacionales, pero por nuestro país el equipo que jugó fue el titular del Atlético Aviación, de Madrid (antes y después de estos años de nacionalsindicalismo Atlético de Madrid), por entonces en la mitad de la tabla. Se jugó en Vallecas el 20 de diciembre de 1942 y vencieron los locales 6-2 con arbitraje de Escartín. Presidiendo el acto estuvieron los generales Galarza y Millán Astray, y el embajador italiano, y en los prolegómenos fueron interpretados los respectivos himnos nacionales y los del Fascio y Falange.
                En aquel At. Aviación jugaba de delantero centro Mariano Uceda Valdevira, Mariano de nombre deportivo, de veinte años y natural de Beas de Segura, Jaén, que en la temporada anterior en un amistoso en Los Cármenes frente al Olímpica Jienense, su equipo en esos momentos, causó muy buena impresión y fue ofrecido al Granada, que no quiso ficharlo. Bien que hubo de lamentarlo, y más en esta temporada de tantas probaturas en la punta de ataque. Fue el máximo goleador del equipo aviador esta temporada, con 18 tantos, y después de dos temporadas como colchonero completó una carrera de primera división jugando en el Sevilla, el Racing de Santander y el Osasuna, aunque ya no volvió a marcar tantos goles.

 Muere el último cofrade del Avellano
 José Ruiz de Almodóvar, el último representante que quedaba con vida de la mítica Cofradía del Avellano, murió en Granada el 17 de diciembre de 1942.
                Ruiz de Almodóvar era un excelente pintor especializado en el retrato al pastel del que se conservan muy numerosos y variados trabajos, a destacar la galería de rectores que puede verse en el Rectorado de nuestra Universidad. También fue autor del más famoso retrato de Ganivet. De su arte dijo Marino Antequera que sus cualidades principales eran su maravillosa desenvoltura en la manera de tratar la forma y su vigor en el colorido.

Ángel Ganivet retratado por José Ruiz de Almodóvar

En aquella atípica cofradía de intelectuales granadinos agüistas que fundara Ganivet a finales del siglo XIX, José Ruiz de Almodóvar respondía al alias de “El Ciprés” y, como pintor y cofrade que era, fue uno de los ilustradores del Libro de Granada, obra colectiva en la que también participaron otros miembros de la cofradía: su hermano Gabriel Ruiz de Almodóvar (alias Perico el Moro), Matías Méndez Vellido (alias Feliciano Miranda) o Nicolás María López (Antón del Sauce), además del líder y alma indiscutible de aquellas veladas, Ángel Ganivet (Pío Cid). Nicolás María López escribió años después sobre la famosa Cofradía del Avellano, a la que definió como un grupo de amigos que se reunían en tertulia en torno a la fuente del mismo nombre y conversaban sobre los más variados temas, unos muy serios y otros no tanto, y en la que exponía cada uno sus últimas creaciones artísticas, literarias o poéticas. A ese grupo de amigos pertenecían, además de los ya citados, otros señalados intelectuales granadinos: Antonio J. Afán de Rivera, Melchor Almagro, Paco Seco de Lucena, Rafael Gago y más. Desde el café Colón, en la esquina de Puerta Real con Mesones (donde después estuvo la librería Costales) se dirigían calle Reyes y Carrera del Darro arriba hasta el paseo de los Tristes, donde era obligatorio un descanso antes de cruzar el puente del Aljibillo y enfilar el camino del Avellano. La muerte de Ganivet en 1898 significó también la defunción de la tertulia, y así quedó inconcluso e inédito el segundo Libro de Granada, que ya se preparaba.
En torno a la fuente del Avellano tenían por costumbre reunirse estos modernistas cofrades granadinos, y entre cháchara y cháchara sobre lo divino y lo humano, cuentan que se refrescaban bebiendo a morro de la famosa fuente, que por entonces todavía no se había secado, al contrario, mantenía un buen caudal que abastecía a la numerosa flotilla de aguadores con burro que tanto pulularon por Granada hasta no hace demasiados años. Aficionados al hada verde o absenta, como tantos intelectuales y artistas contemporáneos suyos, no parece que lo fueran, que la bohemia no era lo suyo. Pero seguramente tampoco se conformarían con la sobriedad del líquido elemento como único ídem que trasegar. Francisco Izquierdo en su libro Granada Fingida dice que, según testimonios de la época, en aquellas tenidas avellanísticas cada contertulio consumía un litro de vino de la Costa y un jarro de orujo de Diezma, y que nada de tertulia agüista («cisma fontanero apadrinado por Ganivet», dice Izquierdo con su característico humor), sino que allí se agarraban, jóvenes y viejos, sus buenas jumeras para regresar a la ciudad a las tantas dando tumbos por aquellos parajes.
Dipsómanos o abstemios  -no entraremos en la cuestión-, lo que sí queremos resaltar es la abundancia en esta Granada nuestra de excepcionales tertulias que han pasado a la historia como viveros de artistas y literatos de primer orden. Como ésta del Avellano, y como antes lo fue aquella de La Cuerda (con Pedro Antonio de Alarcón y Manuel Fernández y González como cabezas visibles) y después lo sería la del Rinconcillo de Federico García Lorca.

El Libro de Granada, obra colectiva de la Cofradía del Avellano       
                
El Gordo
La Navidad de 1942 en Granada fue de las de recordar por siempre para ochocientas familias granadinas a las que la suerte vino a remediarles un invierno especialmente frío y hambriento como fue el de 42-43. El Gordo de la lotería cayó en el número 9.029, vendido íntegro en nuestra tierra, en la administración 5, de Puerta Real. Las dos series de los billetes (15 kilos cada uno) dejaron la fabulosa cantidad de 30 millones de pesetas, muy repartidos en participaciones máximas de 15 pesetas. Hacía 73 años (desde 1869) que no caía el gordo en Granada, donde se celebró por todo lo alto y hasta la banda municipal recorrió el centro interpretando pasacalles. Era la tercera vez en la historia que la suerte navideña caía en Granada: 1855, y 1869 son los precedentes, y después ha vuelto a caer el Gordo en Granada en 1961, 1986, 1997, 2002 y 2012, aunque no íntegro en todas esas ocasiones.



                Los más beneficiados fueron los socios y empleados del Centro Artístico y la propia asociación cultural granadina, que de esa forma este año pudo organizar una cabalgata de Reyes más lucida y surtida de lo habitual. Los dos billetes fueron adquiridos por su tesorero, Fernando Peramos Paniza, el cual refirió a Patria la anécdota de que acudió a la administración de lotería buscando dos números que sumaran 21 y no se dio cuenta hasta días después de que uno de ellos, el 9.029, el del Gordo, lo que suma es 20, pero ya no quiso devolverlo. La misma anécdota (un error involuntario es el que en definitiva trae la suerte) pero contada de otra manera se puede leer en Ideal; según el diario católico, lo que Peramos buscaba eran números que sumaran 20, no 21.
                Quien más ganó fue el secretario del Centro Artístico, Ruperto Martínez Riobóo, con la mareante cifra para la época de 1.600.000 ptas, de dos vigésimos y alguna participación que llevaba, un fortunón teniendo en cuenta que el sueldo medio de un trabajador estaba por entonces en torno a las 3.000 ptas anuales. Varias personas con alguna vinculación con la historia del Granada también sacaron tajada: el ex presidente recreativista Gabriel Morcillo ganó 112.500 de las 15 que jugaba, y el presidente Ricardo Martín Campos obtuvo 35.000 pesetazas de las 4 que invirtió en una participación; los hermanos Romero de la Cruz (Indalecio e Inocencio), ex directivos, se embolsaron 225.000 ptas por barba; el fotógrafo de Ideal Manuel Torres Molina se llevó 75.000, lo mismo que Antonio Prieto, de la librería Prieto en calle Mesones, padre y abuelo de ilustres periodistas deportivos locales. Y como quien parte y reparte también se lleva alguna parte, que dice el dicho, 37.500 del ala se embolsó el encargado de distribuir las papeletas entre los socios del Centro Artístico Literario y Científico, Plácido Mendoza Ramírez, conserje de la entidad próximo a la jubilación, que invirtió un duro en el 9.029 y cuya vinculación con la historia rojiblanca le viene de ser el padre de otro Plácido Mendoza, de la Fuente de segundo apellido, quien en 1932 diseñó el glorioso escudo en forma de bala que, con ligeros retoques de colores y siglas, es en la actualidad el del GCF.

Empleados del Centro Artístico rodean al lotero que vendió el Gordo



domingo, 3 de septiembre de 2017

EL NARANJO DE ALBERTY Y EL GASÓGENO


 Vista aérea de Los Cármenes a principios de los años cuarenta. Algo ha cambiado la zona
    
Fichajes 42-43
Para afrontar la segunda temporada del Granada en primera, a mediados de julio de 1942 se dan a conocer dos fichajes: Mas y Nicola. Los dos son catalanes y por ambos ha habido que pagar, aunque la cantidad no la indica la prensa. Son dos magníficos refuerzos que pertenecerán a nuestro equipo varias temporadas y dejarán un buen recuerdo.
El primero, extremo izquierdo, se puede considerar un fichaje de sensación. Viene del Español y se rumoreó que podía ir al Barcelona, pero Martín Campos, Cristiá y Bru, de viaje en tierras catalanas se lo traen para Granada; Paco Mas, 26 años, viene a suplir a Camilo Liz, que no quiso renovar, y será efectivamente un acertado fichaje que pertenecerá a nuestro equipo las próximas diez temporadas y también se sentará en el banquillo del primer equipo y del filial.                   
                Por el segundo, Juan Nicola, ha habido que pagar al Barcelona la misma cantidad que el club culé desembolsó hace sólo unas semanas al Ferrol, de segunda, donde venía jugando y marcando goles en abundancia este delantero centro de 26 años, y se dice que nos hemos adelantado al Español, el Zaragoza y el Castellón. El Granada quería nuevamente a César, cosa a la que se ha negado el Barcelona, pero a cambio ha facilitado la llegada de Nicola, que jugará en el Granada las siguientes tres temporadas y parte de la cuarta, y en ese tiempo sus 48 goles lo convertirán en el sexto de la clasificación de máximos realizadores de toda la historia rojiblanca y tercero si nos referimos exclusivamente a partidos de Primera División, sólo superado por El Arabi y Porta, o sea, hasta hace bien poco era el segundo de esta lista.
                Antes de terminar la temporada anterior ya se había concretado otro fichaje, el de Leal, interior izquierdo que venía del Mallorca y que en el Granada fue titular esta temporada y a la siguiente jugó poco. Y otros más llegarán antes de comenzar la temporada, pero serán futbolistas con los que apenas se contará, como el defensa Camoto, del Alicante, y el medio canario Mújica, del Hércules, que fichó por el Granada cuando ya tenía apalabrado ser el entrenador del Eldense para esta misma temporada.    

  Dos nuevos fichajes para la 42-43: Mas y Nicola 
                           
Millán se resiste
Igual que el año pasado y el anterior en fechas agosteñas, hay caso Millán. El defensa se muestra remiso a renovar porque parece que ahora es el Málaga el que le ha hecho una buena oferta. Finalmente, mejorado económicamente, Millán renovó su compromiso a finales de agosto, después de presentada la nueva plantilla y comenzados ya los entrenamientos.
                Mientras el granadinismo andaba inquieto ante la posibilidad de perder a uno de sus ídolos, a principios de agosto en la sección de deportes de Ideal se publicó un reportaje veraniego localizado en el rebalaje almuñequero, donde pasaban sus vacaciones Millán y el entrenador recién vuelto de Barcelona, Paco Bru, y se ilustraba la noticia con una foto en la que aparece el míster, caña de pescar en ristre, que desde una barca le echa el anzuelo a Pepe Millán mientras éste se da un chapuzón y no quiere picar, todo bajo el título «Bru trata de “pescar” a Millán». Lo anecdótico es que la foto está censurada y así de la fornida anatomía de Bru sólo podemos apreciar una mínima parte de su torso, el resto ha sido suprimido. Y es que el católico diario granadino, velando por la integridad moral de sus lectores, ha aplicado la autocensura y de un tosco tijeretazo ha recatado de miradas libidinosas la piel desnuda del míster rojiblanco.    

Bru quiere pescar a Millán
                
Casos Alejandro y Sosa
También hubo caso Alejandro, pero éste ocurrió ya en septiembre, pocos días antes de empezar la liga. El veterano defensa de la boina, a pesar de haber ya renovado, protestando porque no le daban lo prometido se marchó de Granada en plenos entrenamientos y se fue a Madrid. Tras varios días de ausencia el Granada decidió declararlo en rebeldía, pero volvió justo antes de empezar la liga. De todas formas, en la presente temporada no contó demasiado para Bru, que sólo lo alineó en nueve encuentros.
                Por otra parte, Sosa, igual que la temporada pasada, tardó bastante en incorporarse por tener todavía pendiente alguna obligación militar. El club recurrió al recientemente nombrado presidente de honor, general Tamayo Orellana, director general de Reclutamiento y Personal, para que éste gestionara su vuelta, pero sin resultados. Cuando se estudiaba declararlo en rebeldía volvió por fin ya bien entrado noviembre. Este año no pudo ser utilizado hasta la jornada nueve.

Martín
También en agosto y después de varios amistosos a prueba, ficha un joven delantero de 21 años, granadino de nacimiento, que viene de jugar (sólo un partido) en el recién descendido a Segunda Hércules. Se trata de Juan Martín López, Martín de nombre deportivo. En nuestro equipo permanecerá nada más que esta temporada 42-43 y no llegará a disputar ni un solo minuto en partido oficial, alineándose en algunos amistosos e iniciando después una carrera que lo llevará a militar en distintos equipos de segunda o tercera. Nueve años después, en enero de 1951, volveremos a saber de él porque fue una de las tres víctimas mortales de un accidente sufrido por el autobús del Melilla que viajaba a Valencia para embarcar hasta Mallorca; en Loja chocaron contra un camión cargado de alcachofas y Martín, otro jugador, Mamblona de nombre, más el masajista del club norteafricano, Manuel Salvador, resultaron muertos.

 Juan Martín López, otro fichaje
     
Sin César…
Cubrir la ausencia del gran César es lo que más preocupa al míster Bru y a la directiva que preside Ricardo Martín Campos, y así a mediados de agosto ficha un nuevo delantero centro. Con Nicola y Martín ya es el tercero. O el cuarto, porque Leal, interior fichado antes de terminar la temporada anterior también va a ser alineado en bastantes ocasiones como 9.
Se dice que es un gran acierto el nuevo fichaje porque se trata de Uría, que aunque ya anda por los treinta siempre se caracterizó por su facilidad goleadora, un futbolista pretendido por nuestro equipo desde incluso antes de la guerra, cuando tantas veces vino a jugar a las Tablas y a Los Cármenes (siempre marcaba) enrolado en el Murcia. Efectivamente, parecía un buen fichaje, sin embargo salió rana por completo y protagonizó la situación más insólita que se pueda haber vivido en Granada (y posiblemente en cualquier campo de fútbol del mundo) en la primera jornada de esta misma liga, apenas un mes después de su fichaje, cuando dijo haber padecido un ataque de amnesia y se desentendió por completo del juego hasta que hubo que quitarlo.
Y aún faltaba una nueva incorporación de otro delantero centro, Gaspar Rubio, que volvió con la temporada ya muy avanzada. Lo cierto es que a pesar de tantas incorporaciones de delanteros, suplir al gran César fue algo que no se consiguió.

Y otro más, Uría
                           
Suben las cuotas
Los entrenamientos empiezan el 21 de agosto. En esos momentos se llevan gastadas 100.000 ptas. entre fichajes y renovaciones, y la deuda del club asciende a 350.000 ptas, así que suben otra vez las cuotas mensuales de los socios (21 tribuna caballero y 15 señora o niño; 12 preferencia caballero, 10 señora y 7,50 niño). Recordemos que por entonces y hasta bastantes años después, los socios mayoritarios del club lo eran en función de las cuotas mensuales que debían abonar. Eran los llamados socios de número, los únicos que con arreglo a los primeros estatutos tenían voz y voto en las asambleas. Andando el tiempo, lo que venía siendo la norma se convirtió en la excepción y pasaron a ser mayoritarios los llamados socios protectores, es decir, los que pagaban su abono de una sola vez y para toda la temporada, desapareciendo de hecho los socios de número. También se acordó la subida del precio de las entradas.
En la misma reunión de la junta directiva, celebrada en el domicilio de Reyes Católicos de Martín Campos, se decide nombrar conserje del campo de Los Cármenes al ex recreativista Antonio Bombillar, que la última temporada ha entrenado al Antequerano. En ese cargo permanecerá Bombillar hasta su jubilación en 1977.

Paco Bru, el entrenador del puro
La foto (sin firma del reportero gráfico que la hizo, aunque casi todas las de Patria solían ser por entonces de Torres Díaz) la publicó Patria el 9 de septiembre de 1942. ¿Hace falta aclarar que estamos en otros tiempos y por tanto dominan otros usos y costumbres? Paco Bru en "indumentaria deportiva", con una camisola rojiblanca de aquellas abiertas y abotonadas colocada sobre su ropa de calle, incluida la corbata que asoma por arriba, a la vez que se fuma su buen puro pisa el terreno de Los Cármenes y se ocupa personalmente de la preparación técnica y física del guardameta Pérez. La fotografía se comenta por sí sola.  

Paco Bru en “indumentaria deportiva” entrena al meta Pérez

     
El naranjo de Alberty
La llorada muerte del húngaro Alberty, todavía muy reciente, vuelve al candelero cuando a mediados de septiembre publica Patria un reportaje en el que informa del acuerdo de la junta directiva por el que en Los Cármenes se va a fijar una inscripción y se va a plantar un naranjo en memoria del guardameta, tal como en carta a los diarios proponía un aficionado en abril, a los pocos días de su muerte. Ahora la iniciativa ha partido del míster Bru que hace un llamamiento a la generosidad popular y propone la apertura de tres cuentas (en la secretaría del club, en Ideal y en Patria) donde todo aquel que quiera aportar algo pueda hacerlo, con objeto de financiar los gastos que se originen, y si alcanzara se vería la posibilidad de colocar un busto con la efigie del magiar, similar al que existe en San Mamés a la memoria de Pichichi. Todo se colocaría en la explanada de acceso a vestuarios.
                No sabemos si es que la generosidad de los hinchas granadinos no dio para lo necesario (como tantas veces ha ocurrido en la historia rojiblanca cuando se ha recurrido a la magnanimidad hinchística) o qué fue lo que ocurrió, pero ni de la inscripción ni del naranjo de Alberty, ni mucho menos del busto, nunca más volvió a hablarse.

Autobús a gasógeno
La reunión de la junta directiva del Granada que decretó la subida de las cuotas de los socios y el precio de las entradas, también acordó estudiar la posibilidad de conseguir los servicios de un autobús a gasógeno para los desplazamientos del equipo.

  Un autobús a gasógeno repostando

  
                Estábamos en 1942 y había una guerra mundial,  y aunque en España eran muy pocos los vehículos a motor en comparación con los que hay en la actualidad, la gasolina era un bien escasísimo. Para suplir la ausencia de combustible líquido la solución era el gasógeno, un artefacto, especie de fogón de castañera, incorporado a las carrocerías o como remolque en coches, camiones, autobuses y hasta motos, y que consistía en una caldera que se nutría con leña, carbón, cáscaras de almendra o cualquier material quemable, para derivar hacia los cilindros de los motores previamente adaptados los gases que la combustión producía y así ir tirando como buenamente se podía. Con este sustitutivo de la gasolina funcionaron en aquellos años de todo tipo de escaseces muchos vehículos de motor por todo el territorio nacional. En la abundante literatura que hay disponible sobre la dura vida en la España de la primera posguerra es fácil encontrar pasajes sobre el gasógeno, convertido junto a las cartillas de racionamiento, el piojo verde, el estraperlo, el pan negro y las enormes colas de abastos, en uno de los iconos de aquella triste época. Del gasógeno se recuerdan más que nada los humos negrísimos y pestilentes, y el hollín y los ruidos de cafetera que producían los coches que lo usaban, así como su marcha de tortuga asmática, de manera que la menor cuesta arriba en cualquier trayecto obligaba en no pocas ocasiones a echar pie a tierra a los viajeros, de tan pobre como era el poder calorífico que del invento se conseguía.
                En la prensa de la época se lee que la idea de implantar en España la utilización de gasógenos para hacer frente a la escasez de gasolina también fue una ocurrencia del mismísimo Franco (¡es que estaba en todo el Caudillo!), dando la impresión de que su excelencia fue el inventor del ingenioso hallazgo, pero no se trata de un invento español y ya se usaron gasógenos en varios países europeos tras la Gran Guerra o 1ª GM.
Durante unos años fue su uso obligatorio. Existían marcas y patentes españolas de cierto prestigio y que funcionaron más o menos bien, pero a la vez también surgieron infinidad de cacharros fabricados en cualquier taller por “aficionados” con la suficiente maña como para incorporar una caldera a un coche, pero también con bastante desconocimiento acerca de la quisicosa y su correcta instalación, con la consecuencia a menudo de la ruina total en la mecánica del vehículo, cuando éste no salía ardiendo a las primeras de cambio.



Los futbolistas profesionales de por entonces, tampoco los de máxima categoría como los de nuestro Granada, sin estar mal pagados nunca ganaron ni siquiera una cincuentava parte (proporcionalmente) de lo que hoy se lleva cualquiera del montón de Primera. Además, nunca viajaron en jet privado. Lo normal era que los desplazamientos al norte de la Península se hicieran en vagones desvencijados de tercera y en trenes que podían tardar día y medio en llegar a su destino, sentados en asientos de dura tabla o de pie largas horas si el transporte iba atestado. Para cuando no se usaba el ferrocarril, en desplazamientos por lo general sin salir de Andalucía (esta temporada 42-43 sólo eran del calendario del GCF el Betis y el Sevilla, el resto de rivales eran todos de Madrid hacia arriba, pero hubo varios amistosos en Málaga, Jaén o Linares), el medio de transporte era el autobús a gasógeno, y ahí podemos imaginarnos a nuestros héroes rojiblancos en cualquier repecho de los muchos que abundan en la geografía penibética, teniendo reiteradamente que echar pie a tierra y empujar a la cafetera que les servía de transporte. El contraste de ayer a hoy es bestial.

Aumento de la oferta cultural y de ocio
El 5 de agosto de 1942, en función patrocinada por la Asociación de la Prensa, se inauguró el cine Aliatar, situado en lo que entonces se llamaba plaza de San Antón. La entrada de la calle Recogidas por Puerta Real, desde el hotel Victoria y hasta pasado el convento de San Antón, era entonces una plaza (en realidad un ensanche), y la calle Recogidas propiamente dicha empezaba en ese punto y terminaba en la casa de los Patos, directamente en las primeras huertas de la Vega, apenas cien metros más abajo, y era Recogidas tan estrecha como las otras calles del barrio de la Magdalena a las que es paralela.

Plaza de San Antón hacia 1904
    
                Para la ocasión se exhibió la película de producción nacional “Escuadrilla”, cinta que se enmarca en el llamado cine patriótico propio de la época, dirigida por Antonio Román y en la que Alfredo Mayo, Luchy Soto y José Nieto forman un triángulo amoroso con la Guerra Civil de fondo. Se puede decir que los estrenos, tanto del local como del film, fueron un acontecimiento social; la película estuvo más de un mes en cartel y el nuevo cine se convirtió enseguida en el preferido del público ya que el Aliatar, con su fachada neobarroca y su decoración art decó, similar al Callao de Madrid, era lo último de lo último en cinemas, y ni el Nacional ni el Olympia ni el Cervantes, los que ya existían en Granada, podían hacerle sombra en cuestión de confort y modernidad, con su anfiteatro tapizado en terciopelo y perfectamente climatizado. El arquitecto Francisco Prieto Moreno fue el padre de la criatura.
                Durante el verano también funcionó como cine al aire libre la vieja plaza de toros del Triunfo, y ya en abril de 1943 empezó a construirse en la plaza de Aliatar del Albaicín un nuevo local al que se bautizó como Albayzín Cinema, el primer cine de barrio que hubo en Granada.   

 Tranvía urbano en San Antón con el cine Aliatar de fondo    
                                                     
Muere Fidel Fernández
El 19 de septiembre de 1942 moría en Granada a los 51 años de edad, víctima de una insuficiencia hepática que él mismo se diagnosticó, el doctor Fidel Fernández Martínez, y al día siguiente era enterrado en la más estricta intimidad y sin ningún tipo de actos solemnes por expreso deseo suyo.
Aparte de eminente médico internista con más de trescientos títulos publicados sobre distintas materias científicas, también fue Fidel Fernández un notable literato que dejó para la posteridad varios ensayos, muy bien documentados y amenos, sobre temas y personajes históricos granadinos e infinidad de artículos periodísticos (que firmaba con el seudónimo de ”Asclepios” o “Doctor Penibético”) en diarios de toda España sobre su Granada, a la que consideraba «una dilatación de mi propia familia».                                         
                Gran amante del penibetismo y miembro que fue de los míticos Diez Amigos Limited, es muy de destacar en esa producción literaria su gran obra divulgativa sobre nuestra sierra, el libro publicado en 1931 que lleva como título “Sierra Nevada”, obra de culto en cuestión de temas granadinos a pesar de todos los años transcurridos.

 Portada del libro “Sierra Nevada”


                En los primeros meses de la guerra había sido nombrado por la autoridad militar delegado de Bellas Artes, con el cometido de velar por la conservación, custodia y vigilancia de la Alhambra y otros monumentos granadinos, en sustitución del depurado arquitecto Leopoldo Torres Balbás, muy señalado por la derecha granadina y al que, para su suerte, el pronunciamiento militar le pilló lejos de Granada y así pudo sobrevivir («… estábamos hartos de las genialidades del señor Torres Balbás, que no debe volver por aquí.», se lee en la revista Granada Gráfica de octubre de 1936, como comentario de cierre a la propia noticia del nombramiento).
Fidel Fernández, como delegado de Bellas Artes ordenó la demolición del hotel Siete Suelos, que tapaba la vista de la famosa torre y puerta alhambreña del mismo nombre. También fue el responsable de la colocación de la lápida en la plaza de los Aljibes  a la memoria del cabo de inválidos José García, que salvó de la ruina el monumento durante los años de la dominación francesa. Al mismo tiempo reconstruyó las cruces desperdigadas por la ciudad que habían sido derribadas e inició la restauración de algunos de los templos quemados (por los marxistas, dicen los dos diarios locales) durante los revueltos años de la República, e impulsó la repoblación forestal y adecentamiento del que se llamó Parque de Invierno, recuperado así para la ciudad.
                Murió joven Fidel Fernández, un intelectual sin más adscripción ideológica conocida que la de su granadinismo (en su sentido amplio, no exclusivamente futbolero; entre sus aficiones no se contaba el balompié). Su temprana muerte impidió sumar más títulos a su muy interesante producción literaria.

El doctor Fidel Fernández Martínez



miércoles, 9 de agosto de 2017

FIN DE TEMPORADA 41-42

 Los Cármenes en tarde de partido con un aguador y su burro en primer plano
    
Ficha Pérez
El 10 de abril de 1942, al lado mismo de la noticia donde se da cuenta de la muerte de Alberty el día anterior, informa la prensa que el portero canario Pérez, del Alicante (el Hércules), recién descendido a segunda, está en Granada para fichar. Desde la visita del Granada a Alicante en la penúltima jornada de liga habían existido negociaciones con el guardameta, que hacía algo más de un año consiguió alinearse en un partido amistoso con la selección en Portugal. Dos días después fichaba como rojiblanco por la presente temporada, de la que quedaba por disputar la Copa, más toda la temporada siguiente. El reciente fichaje se estrenó defendiendo la portería rojiblanca en una mini gira por el Marruecos español que llevó a los nuestros a Ceuta y Tetuán. Contábamos como porteros en esos momentos además de con Floro y Pérez, también con Martí, fichado a principio de temporada pero inédito a causa de una larga enfermedad de la que ya estaba repuesto.   
   
Copa del Generalísimo
La Copa del Generalísimo empieza a disputarse a finales de abril. El primer rival, en XVI, es el Málaga, que ya no se llama Malacitano y milita en segunda. Desde la temporada 1933-34, cada año las directivas de los dos clubes habían esperado como agua de mayo el partido que enfrentara a los eternos rivales y volviera a llenar las gradas (y las arcas), pero el ascenso a primera del Granada había acabado con lo que era el mayor aliciente tanto para Málaga como para Granada. Mire usted por dónde el torneo del KO vino a restituir esa sana costumbre. Así, para viajar a Málaga se fletó un tren botijo por Educación y Descanso, al mejor estilo de aquellos accidentados partidos de los tiempos de la República, y unos quinientos paisanos vieron en La Rosaleda (inaugurado sólo seis meses atrás), a reventar, cómo un Granada muy superior ganaba 2-4 y dejaba encarrilada la eliminatoria con tres goles de César, que ya alcanzaba la cifra de 26. El portero Pérez debutó en partido oficial y tuvo una buena actuación.
                Para la vuelta, la expedición malaguista en la previa hizo una visita a la tumba de Alberty, donde dejó una corona funeraria. Y ya en el partido, disputado el día de la Cruz de 1942, el Granada volvió a vencer, 2-1, y se clasificó para VIII. Fue un encuentro bastante soso y al que no asistieron demasiados espectadores, así que poco se pareció a los de los años treinta. El más destacado fue González, que reaparecía al lesionarse Millán en la ida.

El portero internacional Pérez, fichado para suplir al llorado Alberty 
        
Liz agrede a Cirre
La crónica en el diario Patria del partido de vuelta frente al Málaga, firmada por José Cirre, no sentó bien a Liz. En dicha crónica no se nombra al extremo ni una sola vez fuera de la relación de los once rojiblancos que disputaron el partido, pero incide el gacetillero en que determinados jugadores se reservan y dejan en manos de otros el trabajo sucio, buscando sólo su lucimiento personal. Liz debió de sentirse aludido y ni corto ni perezoso buscó y agredió a Cirre. Por esa razón fue detenido y no viajó a Oviedo para la siguiente eliminatoria de Copa. Para el partido de vuelta frente al Oviedo en Los Cármenes ya si jugó Liz, pero las crónicas de los dos diarios se limitan a nombrarlo sólo en la alineación granadinista.     
                Por su parte, el periodista José Cirre, que desde la marcha de José Zubeldia había estado todo el año encargado de la sección deportiva en Patria y era la firma habitual de las crónicas de los partidos del Granada e incluso se había desplazado alguna vez con el equipo, ya no volvió a dedicarse a temas deportivos y fue sustituido por Daniel Saucedo Aranda. En números posteriores del diario del Movimiento podremos encontrar colaboraciones con su firma sobre temas culturales y de información general.   

 José Cirre Jiménez, periodista de Patria y escritor
    
Lorenzo Tamayo presidente de honor
Entre medias de los dos partidos frente al Málaga, en sesión celebrada por la directiva el 28 de abril, se acordó nombrar, por aclamación, presidente de honor del Granada CF al general Lorenzo Tamayo Orellana, en esos momentos director general de Reclutamiento y Personal, «... personalidad relevante que ha seguido con todo cariño y mayor entusiasmo la trayectoria deportiva del Granada», dice la nota del club. Este militar del arma de Infantería era natural de Murcia, pero llevaba varios años en Granada, donde tomó parte en el golpe de estado de julio de 1936 y en la sanguinaria represión posterior, cuando tenía el grado de teniente coronel en el regimiento Lepanto 5. Posteriormente había ocupado el cargo de presidente de la Diputación en plena guerra.
                En la misma junta el presidente Ricardo Martín Campos puso su cargo a disposición de la Federación Sur, la cual días más tarde lo ratificó en el cargo.

 General Lorenzo Tamayo Orellana, presidente de honor del Granada CF          

Cóctel Trompi
En Oviedo, rival en octavos de Copa, que tenía todavía pendiente disputar la promoción por la permanencia en división de honor (acabó salvando la categoría frente al Sabadell, ya en el mes de junio), el Granada obtuvo un empate a un tanto en un partido sin apenas historia en el que los rojiblancos fueron mejores y merecieron la victoria.
                El triunfador del viaje a Oviedo fue Trompi, ya por entonces muy popular no sólo en nuestra tierra. Según la crónica del partido en Ideal, que firma Segoma, un periodista local, los granadinistas fueron acosados por enjambres de chiquillos a la caza de autógrafos, y el más popular de todos fue «el dinámico Trompi», autor del gol granadino, «…que lleva la pelota atada a la bota y la vista puesta en el compañero desmarcado». Fue tan bueno su trabajo en el partido que hasta en un bar de la capital asturiana se creó, invitando a su degustación, un cock-tail al que se bautizó con el nombre de Trompi.                
El partido de vuelta frente al Oviedo fue casi un trámite y el Granada se impuso 4-0. Los asturianos, que habían dado ya por perdida la eliminatoria y sólo pensaban en su partido de promoción, se presentaron en Granada con un equipo por completo reserva y con algún juvenil. Ideal dice que el asturiano fue un equipo indigno hasta para segunda. No jugó César, sancionado por un acto de indisciplina en el desplazamiento a Asturias, pero reaparecieron Liz, ya perdonado, y Sosa, recuperado tras larga lesión y que actuando como delantero centro consiguió tres goles.

 El gran Trompi
   
El Valencia en IV de final
Una vez superado el Oviedo, el Granada está en IV de Copa del Generalísimo y su rival es el flamante campeón de liga y todavía vigente campeón de copa, el Valencia. Es uno de los mejores equipos che de su historia, el de la “delantera eléctrica” (Epi, Amadeo, Mundo, Asensi y Gorostiza), integrado por varios internacionales. El primer partido es en Los Cármenes y a Granada ha llegado una expedición valencianista en la que vienen varios elementos con protagonismo en la historia rojiblanca años después, uno como jugador, Igoa, y tres como entrenadores: el portero Eizaguirre, el medio izquierda Lelé y el defensa Álvaro (aunque éste, lesionado, finalmente se quedó en Valencia). El que no ha venido es su entrenador Encinas, que se bajó en la estación de Linares-Baeza y en un despiste se le escapó el tren y allá se quedó, en mangas de camisa hasta el expreso del día siguiente.
En un sensacional partido, el mejor de toda la temporada, según Fernández de Burgos en Ideal, el Granada derrotó al campeón de liga y copa 3-1. Esta vez no pudo acusarse a los rojiblancos de desgana, todo lo contrario, y a pesar de jugar con uno menos por lesión de César dieron una exhibición de pundonor y apabullaron en la segunda parte a todo un bicampeón que se había adelantado en el marcador. El tanteo, suficientemente amplio, hizo que muchos empezaran a soñar con altas metas coperas. Pero el sueño duró sólo la semana previa a la devolución de visita a Valencia. En Mestalla, en partido presidido por el Jalifa del Marruecos español, los locales enrabietados por la lección de humildad recibida en Los Cármenes, no dieron opción alguna y vencieron 5-0. Así, a finales de mayo, acabó la temporada oficial del Granada 1941-42.

 Cartel publicitario de la División Azul
   
Hinchas divisionarios
«Frente de Rusia, 22-4-42.- Señor don Ricardo Martín Campos. Distinguido y apreciado señor: ¡Viva España! ¡Viva Alemania! ¡Viva el Granada C. de F. y su presidente! Con estas frases tan sencillas, pero emotivas, le saludan desde las frías y áridas estepas rusas los voluntarios granadinos, complaciéndose en felicitarle por su gran labor llevada a cabo en favor de nuestro Club, así como su decisión y acierto. No sabe con qué alegría tan grande devoramos los periódicos cuando logramos alcanzar uno y en cualquier descanso de la lucha, resguardados en alguna zanja o montículo, leemos con la avidez propia del buen aficionado, las victorias de nuestro equipo, que ha sabido colocarse en un buen puesto y mantenerse en la División de honor». […] «Nada más: le envían un saludo cariñoso y un abrazo de todos los granadinos encuadrados en la honrosa División Azul y en nombre de todos, Jesús García Linares, Cabo de Artillería. ¡Y viva nuestro Granada C. de F.!».
Es un extracto de la carta recibida en el club a finales de mayo, en vísperas del partido de ida frente al Valencia, y que publicó Ideal. En ella unos granadinos combatientes en el frente ruso felicitan al presidente por el éxito de haber logrado la permanencia en Primera División. La directiva decidió remitirles a estos hinchas granadinos en uniforme de la Wehrmacht fotografías del equipo firmadas por todos los jugadores así como diarios locales de todos los lunes y los martes.

 Paco Bru en una colección de cromos

“Novias” para Paco Bru
Paco Bru fue siempre un técnico “de cartel”, como le denominó Fernández de Burgos, y más después de la extraordinaria campaña completada al frente de un recién ascendido, debutante y candidato a cenicienta como era el Granada. Por eso, antes de jugarse la vuelta en Valencia se recibieron en el club -por separado- peticiones tanto del Murcia como del Sabadell, los dos segundas que todavía tenían pendiente jugar sus partidos de promoción de ascenso frente a Barcelona y Oviedo respectivamente, para que el técnico granadinista se encargara de su preparación. Bru tenía todavía otra temporada de contrato, así que el club respondió en sentido negativo a estas peticiones.                                
  
Campeón de Andalucía, Extremadura y Murcia
El mismo día que el Granada y el Valencia jugaban en Los Cármenes, otro equipo granadino pero mucho más modesto y aficionado, el de Educación y Descanso, se proclamaba campeón de Andalucía, Extremadura y Murcia al vencer 4-0 al Cáceres en el sevillano campo de Nervión. Jugaron: Martí; Alfonso, Sebastián; Montoro, Juanele, Fattore; Villanueva, Sierra, Miguelín, Jesús Osorio y Pareja. Como vemos hay en la formación un granadinista, el portero Martí, único profesional, y también algún ex como Osorio. Por otra parte, hay otros que pertenecieron al desmantelado equipo rojiblanco amateur: Fattore, Miguelín, Pareja. Como campeón regional le tocó ir a la fase nacional, en la que alcanzó semifinales del llamado Campeonato de Productores, y donde cayó eliminado a mediados de junio por el equipo de Vizcaya, 6-0 en Chamartín.

  Equipo aficionado de Educación y Descanso de Granada. El portero es Martí, perteneciente a la primera plantilla granadinista, y el segundo agachado por la izquierda es Jesús Osorio, un ex
   
Copa Granada 1942
A principios de junio en Granada estamos en Corpus y, como desde hace bastantes años, otra vez se programan dentro de los festejos sendos partidos amistosos en Los Cármenes. Una nueva edición de la llamada  Copa Granada (precedente del Trofeo Granada de los 70), a dilucidar frente al Betis, que acababa de ascender a Primera División. El Granada y el Betis disputarán dos partidos, que se celebrarán en homenaje a los voluntarios de la División Azul.
                Al primer partido asistió muy poco personal y con arbitraje del ex recreativista Morales y debut del guardameta Martí, el Granada presentó un once con todos los suplentes y ganó 5-0. Al día siguiente, sábado de feria (ni viernes ni sábado había corridas programadas), con algo más de público, nuevo triunfo granadino, 1-0 en esta ocasión a pesar de que actuaron más titulares que en el anterior. El alcalde Gallego Burín entregó a César como capitán la copa donada por el Ayuntamiento.

Movimiento en la plantilla
Cara a la temporada venidera, a mediados de junio de 1942 están retenidos o con contrato en vigor: Pérez, Floro, Martí, Millán, González, Alejandro, Maside, Sosa, Bonet, Conde, Sierra, Marín, Gárate, Trompi y Muñoz. Benítez, Bachiller y Liz han cumplido contrato, pero se quiere llegar a acuerdo con Liz. También se pretende que siga  César, pero el Barcelona no quiere ante la magnífica liga y sus 23 goles (3 más en Copa), que le han dejado segundo en la clasificación de goleadores, a cuatro del valencianista Mundo y empatado con Alday, del Madrid. Cholín por su parte se retira y se marcha a su Tolosa.

Cartel propagandístico de la OND fascista
    
Dopolavoro                            
La víspera del partido de vuelta contra el Oviedo en Copa del Generalísimo recibíamos una visita  todo lo ilustre que podía ésta ser en aquellos años de amistad estrecha con la Italia de Mussolini. Procedente de Córdoba, el sábado día 16 llegó a Granada una legación de la OND (Opera Nazionale Dopolavoro) con su secretario general al frente, Celso María Garatti, y acompañado de un séquito de al menos siete jerarcas más de la cosa dopolavorista, todos ellos con sus camisas negras y sus altas botas, de visita turística en España invitados por la Delegación Nacional de Educación y Descanso.
La Dopolavoro (“después del trabajo”) era una organización de tiempo libre creada en 1925 por el régimen de Mussolini para proporcionar a los trabajadores actividades de ocio y deportivas y ayuda asistencial, a la vez que adoctrinamiento hacia una visión fascista de la vida en su conjunto. A su imagen y semejanza nació años después en Alemania la nazi Kraft durch Freude (“fuerza a través de la alegría”). Y como en el caso de otras varias organizaciones azul mahón creadas en España tras la guerra, también el régimen nacionalsindicalista quiso tener una organización por el estilo y así nació la Obra Sindical de Educación y Descanso (Alegría y Descanso en sus comienzos), cuyos objetivos eran similares a sus equivalentes de los países amigos. De unas y otras organizaciones se puede decir que constituían la cara más amable de los respectivos regímenes dictatoriales que las alumbraron, quizás por esa razón tanto la organización de tiempo libre italiana como su homóloga española sobrevivieron a los respectivos regímenes bajo cuya égida nacieron, ya sin aquel componente de adoctrinamiento de sus primeros años pero conservando bajo otras denominaciones lo esencial, lo que era más apreciado y a la vez la mejor labor social que cumplían, la de facilitar viajes y vacaciones a las clases populares promoviendo excursiones y alojamientos en su red de albergues y residencias asequibles a las economías más débiles.
Los invitados italianos fueron recibidos y acompañados en su estancia granadina por jerarcas falangistas locales, y de su mano estuvieron en la Alhambra, donde firmaron en el libro de oro de visitantes ilustres, contando para su visita con las explicaciones del arquitecto conservador, Francisco Prieto Moreno. Después estuvieron en la Cruz de los Caídos, a la entrada de la carretera de la Sierra y, seguidos de cerca por una patulea de mozalbetes, se dieron un garbeo por las principales calles granadinas para subir al Sacromonte a ver las cuevas. Posteriormente fueron recibidos en el Ayuntamiento por el alcalde Gallego Burín al son de la Giovinezza (el himno del partido fascista italiano), interpretado por la Banda Municipal y cantado por todos en posición de firmes y brazo en alto, y fueron agasajados con un vino de honor. Por la noche asistieron a un sarao en el hotel Washington Irving, donde se hospedaban, a cargo de la zambra de la Capitana, comenta la noticia de Patria. Al día siguiente por la mañana temprano visitaron la Capilla Real e inmediatamente salieron para Málaga a continuar con su visita oficial.
A la vez que estos jerarcas fascistas hacían turismo por España, en el norte de África otros italianos menos afortunados asistían al inicio del derrumbe del Eje Berlín-Roma en El Alamein, donde cosechaban su primera gran derrota a manos de los aliados. A partir de estos momentos ya todo van a ser varapalos para alemanes e italianos en la II GM.

Una de las primeras etiquetas de la marca

Habrá cerveza
Los italianos de las camisas negras estuvieron sólo un día en Granada y vieron -cómo no- la Alhambra, pero no les dio tiempo de saborear y brindar con otra Alhambra, la cerveza granadina por excelencia desde 1926. Justo cuando partían para otros destinos peninsulares, 17 de mayo de 1942, la prensa anunciaba que a partir de ese mismo día volvía a venderse cerveza en Granada, ausente desde el otoño. Según la noticia, gracias a la iniciativa del mismísimo Franco -a la autarquía por barras y mostradores- en plena guerra (1937), empezó a cosecharse lúpulo en La Coruña buscando la autosuficiencia también en la producción de esta planta trepadora de la familia de las cannabáceas, desconocida por estos pagos e imprescindible para la fabricación de la cerveza. Hasta hace nada todo el lúpulo que se consumía en España tenía que ser importado. Ya no, pero su producción sigue siendo muy escasa, lo que unido a que las cosechas de cebada fueron raquíticas dio como resultado que la mayoría de las fábricas de cerveza españolas, casi una por provincia, hayan tenido que estar varios meses paradas. Habrá cerveza Alhambra a partir de ahora, pero sin hacerse muchas ilusiones porque será sólo por unos meses, mientras pasan los calores.
Por un reportaje de reciente aparición que firma Gabriel Pozo Felguera en El Independiente de Granada, hemos conocido que la actual y granadinísima cerveza Alhambra no es la primera que existió con ese mismo nombre. En 1884 nació otra cerveza granadina también de marca comercial Alhambra, con fábrica enclavada en la calle Jardines, que tuvo una vida efímera. Sin duda, no pudo competir con los gustos dominantes finiseculares, mucho más querenciados con los caldos de uva en sus distintas variedades o con los refrescos que más gustaban a nuestros tatarabuelos, la horchata, la zarzaparrilla y el agua de cebada, y al poco tiempo dejó de fabricarse esta cerveza granatensis pionera.
La cervecera La Alhambra SA, que tomó el relevo de aquella primitiva de finales del XIX, se gestó en 1925, pero fue en febrero de 1926 cuando el francés-catalán Carlos Bouvard y el vasco Antonio Knorr fundaron ante notario la nueva sociedad y suscribieron la mayoría de sus acciones, y para finales del otoño de ese mismo año, navidades blancas ya que cayó una gran nevada, pudieron los granadinos saborear la nueva cerveza. En el Defensor de 19 de diciembre de 1926 aparece en primera página que acaba de ser inaugurada la fábrica en un acto al que concurrieron las autoridades civiles y eclesiásticas y que terminó con piscolabis y degustación del producto.


Antes, en septiembre y en octubre, aparecieron amplios publirreportajes en la prensa local anunciando la inminente puesta en marcha de la industria. Bajo el título «Granada cuenta ya, entre sus importantes industrias, con una de las mejores fábricas de Cerveza y Hielo de España» se dio a conocer las características de la nueva factoría y los pormenores del proceso de transformación de lo que allí se elaboraba, incidiendo en las propiedades salutíferas de la cerveza, que sigue siendo algo así como exótico para los gustos de la sociedad granadina de por entonces (hasta los años ochenta no empezó a haber en España más consumo de cerveza que de vino). Instalada la factoría en el mismo sitio en el que sigue en la actualidad, cuesta de los Cerdos o carretera del Fargue, actual avenida de Murcia, en el solar que ocupaba el desaparecido mercado de cerdos, por entonces el extrarradio, se surte del agua de la acequia de Aynadamar y de la del manantial de San Vicente, existente en ese mismo lugar, un agua de propiedades medicinales. La cerveza fabricada en Granada es la llamada “alemana” o tipo Pilsen, de fermentación baja, más clara y ligera, que tiene mucha más aceptación que la de tipo “inglés”, de fermentación alta, densa y oscura.  
En la actualidad, la cerveza granadina se diría que atraviesa uno de sus mejores momentos, a poco de cumplir un siglo de existencia, y puedes beberla en toda España e incluso en el extranjero, sobre todo su producto estrella, Alhambra 1925, la popular “milno”, prez y orgullo penibético donde los haya, que fue en definitiva la que con su oportuno invento en 1995 vino a salvar a una empresa en suspensión de pagos y a punto de fenecer.

 Una “milno” añosa

Granada 1926
La fecha de nacimiento de algo tan granadinamente significativo como la cerveza Alhambra la tomamos como excusa para dar un repaso a la Granada del otoño de 1926, porque en los tiempos del charlestón Granada atravesó el que quizás sea su mejor momento histórico en lo que respecta a la prosperidad y el empleo. No obstante, a las alturas de 1926 ya había pasado el auge de las industrias azucareras de la Vega, que iniciaban un periodo de pérdida de rentabilidad, y el cultivo de la remolacha empezaba a ceder espacio al del tabaco. Y también eran tiempos de una gran vitalidad cultural y artística hasta el punto de que para algunos autores se puede hablar de una edad de oro de la intelectualidad granadina para referirse a los años veinte.
Grandes obras civiles de infraestructuras emprendidas por el Directorio Civil de la dictadura de Primo de Rivera caracterizan también aquellos años y nuestra tierra no quería quedarse atrás, por lo que se acentuaban las ya por entonces viejas reivindicaciones granadinas demandantes de un servicio ferroviario que enlazara Granada con Motril por el sur, pasando por Lanjarón («la deliciosa y jocunda colonia veraniega») y Órgiva, y con Jaén capital por el norte, y que se terminara el ferrocarril que desde Málaga llegaba hasta Ventas de Zafarraya para que continuara hasta Láchar y Granada. Ahora mismo Granada capital lleva tres años aislada por ferrocarril con todo el mundo excepto con Almería, y no se prevé que la cosa se vaya a arreglar pronto, pero en la década de los veinte del XX no era mucho mejor la realidad ferroviaria de Granada. Es un tema que domina las primeras páginas de la prensa local, que dan cuenta de intentos de movilizaciones de las fuerzas vivas de la ciudad y de la provincia para exigir a Madrid mejoras en los ya por entonces muy vetustos servicios ferroviarios granadinos. Algunas líneas que unían Granada con las principales capitales andaluzas han sido suprimidas y en las que todavía funcionan predomina un material que se cae de viejo y sucio, y resulta que en 1926 algunos trenes penibéticos tardan más en llegar a sus destinos que en la década anterior. Pero las fuerzas vivas no lograron ponerse de acuerdo en sus reivindicaciones y al asunto se le fueron dando largas sin llegar a nada en concreto. Y así hasta hoy.
La Guerra del Rif estaba por entonces a punto de terminar. Desde el desembarco de Alhucemas, un año antes, se había reconquistado y pacificado la práctica totalidad de la superficie marroquí bajo administración española. Abdelkrim había dejado de ser para España un dolor de cabeza porque se había entregado a los franceses unos meses antes y apenas quedaban focos de resistencia de rifeños rebeldes. Por esa razón, gran parte de las fuerzas españolas trasladadas al protectorado después del Desastre de Annual eran repatriadas y devueltas a su lugar de guarnición, y así, el Regimiento de Infantería de Córdoba era recibido en triunfo por miles de granadinos el 6 de noviembre en la estación de Andaluces. Le llaman “El Sacrificado”, dice el cronista del Defensor, que describe los entusiastas vítores y el acendrado patriotismo de la escena.

La Isla de Cuba de calle Hileras

En la crónica negra de la ciudad era por entonces la comidilla el juicio por el que se llamó crimen de la calle Hileras. José Gómez Segovia, el inculpado, empleado de la compañía de tranvías, el 9 de enero mató de un disparo al propietario de La Isla de Cuba, un comercio de tejidos situado en la calle Hileras, Bernardo Olmedo Herrera, que era familiar suyo y con el que mantenía alguna rencilla por una supuesta herencia. El 24 de noviembre de 1926 la Audiencia condenó a Gómez Segovia a catorce años  de cárcel. Segovia fue a la trena pero no tuvo que cumplir su reclusión en el penal de Belén, antiguo convento de la calle Molinos desamortizado y convertido en lóbrega mazmorra, que acababa de ser clausurado como prisión.
Noticias futboleras apenas se encuentran en los diarios de 1926 y cuando aparecen son siempre escuetas y referidas todas a equipos ajenos por completo a la tierra. Y es que en Granada desde hace un año se puede hablar de que no hay fútbol, desde que desaparecieron los dos clubes granadinos que animaban bastante el cotarro futbolero con su rivalidad extrema, el Real España y el Real Español. Sólo existen clubes  muy modestos que ni siquiera participan en algún campeonato interprovincial ni están federados. Faltan todavía cinco años para el nacimiento del Recreativo Granada (o sea, del GCF) y por ello son los tiempos de la prehistoria futbolística en Granada. No obstante, una noticia que toca indirectamente a la historia del Granada nos llama la atención. En el Defensor de 16 de diciembre de 1926, bajo el titular “Los cacos en acción” se lee que la persona que explota el ambigú de la plaza de toros ha denunciado que le han sido sustraídas varias botellas de licores por importe de 400 ptas. Uno de los cacos, sorprendido en plena faena, huyó, pero ha sido identificado y detenido, resultando ser Juan Castillo Pérez, alias Juanele, que ha confesado el robo de 37 botellas de manzanilla que después vendió a un prostíbulo de la calle Piedra Santa. Él y su cómplice han pasado a prisión. Este Juanele no es otro que el que años después será delantero centro goleador en el Recreativo en sus tres primeras temporadas, 1931-1933.
Granada como toda España estaba sometida por entonces a una dictadura nacida de un golpe de estado (incruento, eso sí), pero nada se parecía ésta, ni en lo represivo y sanguinario ni en lo tocante al ejercicio de libertades y derechos, a la que se instauró en 1939 tras la Guerra Civil y llegó hasta mediados los años setenta. El Directorio Militar había dado paso al Directorio Civil, pero seguía sin haber elecciones ni actividad en el Congreso. Dictadura sí, pero mucho más liberal y permisiva aquella del general Primo de Rivera que la que reinó en España después de la guerra. Y en esta Granada  también se daba un florecimiento cultural sin parangón, con dos nombres propios universales como figuras más representativas.

Dibujo de López Sancho sobre el Concurso de Cante Hondo de 1922. Aparecen caricaturizados, entre otros, Manuel de Falla y García Lorca
El primero es Manuel de Falla, ya por entonces una gloria nacional y a quien la prensa local llama “nuestro ilustre paisano”, que en el otoño de 1926 acaba de estrenar en Barcelona con gran éxito su Concierto para Clavecín y que a iniciativa del Ateneo granadino, presidido por Fernando de los Ríos, va ser nombrado oficialmente hijo adoptivo de Granada, donde reside desde hace siete años.
El otro es Federico García Lorca, por entonces también ya una celebridad, quien en octubre acababa de pronunciar en los salones del Ateneo una de sus más famosas conferencias, la titulada Paraíso cerrado para muchos, en homenaje al poeta del XVII Soto de Rojas. «Granada ama lo diminuto. Y en general toda Andalucía.», así comienza su discurso el universal poeta, pero añade poco después que frente a Sevilla y Málaga, ciudades con sed de aventuras que se escapan al mar, Granada, rodeada de sierras y definitivamente anclada a la tierra, sólo tiene salida por las estrellas y por eso se refugia en ella misma y usa el diminutivo, y la estética genuinamente granadina es la de las cosas diminutas y preciosistas. Lorca no lo dijo ni yo seré tan osado como para afirmar que iba implícito en su discurso, pero no puedo evitar extraer de la lectura de su famosa conferencia la idea de que en Granada lo más genuino de cuanto se hace o se hizo cuesta un chavico o tiene ese tamaño, que para el que suscribe sería el verdadero sentido del famoso topicazo aquel que no hace falta citar, y no el más conocido, el que alude a que en esta tierra abundan más que en otras los engurruñíos.
Además del Ateneo existía también en aquella Granada efervescente en lo cultural el Centro Artístico, presidido por el ingeniero Juan José Santa Cruz. Junto a cierta polémica nacional sobre la necesidad de abolir las propinas y prohibir el piropo callejero, la prensa recoge otra, más de andar por casa este otoño de 1926, entre ensalzadores y detractores de los que se consideran los dos hitos más importantes de la década en los que el protagonismo del Centro Artístico fue destacado: el concurso de cante hondo de la Alhambra en 1922 y el monumento a Ganivet del escultor Juan Cristóbal junto a la fuente del Tomate, de 1921.