EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



miércoles, 9 de agosto de 2017

FIN DE TEMPORADA 41-42

 Los Cármenes en tarde de partido con un aguador y su burro en primer plano
    
Ficha Pérez
El 10 de abril de 1942, al lado mismo de la noticia donde se da cuenta de la muerte de Alberty el día anterior, informa la prensa que el portero canario Pérez, del Alicante (el Hércules), recién descendido a segunda, está en Granada para fichar. Desde la visita del Granada a Alicante en la penúltima jornada de liga habían existido negociaciones con el guardameta, que hacía algo más de un año consiguió alinearse en un partido amistoso con la selección en Portugal. Dos días después fichaba como rojiblanco por la presente temporada, de la que quedaba por disputar la Copa, más toda la temporada siguiente. El reciente fichaje se estrenó defendiendo la portería rojiblanca en una mini gira por el Marruecos español que llevó a los nuestros a Ceuta y Tetuán. Contábamos como porteros en esos momentos además de con Floro y Pérez, también con Martí, fichado a principio de temporada pero inédito a causa de una larga enfermedad de la que ya estaba repuesto.   
   
Copa del Generalísimo
La Copa del Generalísimo empieza a disputarse a finales de abril. El primer rival, en XVI, es el Málaga, que ya no se llama Malacitano y milita en segunda. Desde la temporada 1933-34, cada año las directivas de los dos clubes habían esperado como agua de mayo el partido que enfrentara a los eternos rivales y volviera a llenar las gradas (y las arcas), pero el ascenso a primera del Granada había acabado con lo que era el mayor aliciente tanto para Málaga como para Granada. Mire usted por dónde el torneo del KO vino a restituir esa sana costumbre. Así, para viajar a Málaga se fletó un tren botijo por Educación y Descanso, al mejor estilo de aquellos accidentados partidos de los tiempos de la República, y unos quinientos paisanos vieron en La Rosaleda (inaugurado sólo seis meses atrás), a reventar, cómo un Granada muy superior ganaba 2-4 y dejaba encarrilada la eliminatoria con tres goles de César, que ya alcanzaba la cifra de 26. El portero Pérez debutó en partido oficial y tuvo una buena actuación.
                Para la vuelta, la expedición malaguista en la previa hizo una visita a la tumba de Alberty, donde dejó una corona funeraria. Y ya en el partido, disputado el día de la Cruz de 1942, el Granada volvió a vencer, 2-1, y se clasificó para VIII. Fue un encuentro bastante soso y al que no asistieron demasiados espectadores, así que poco se pareció a los de los años treinta. El más destacado fue González, que reaparecía al lesionarse Millán en la ida.

El portero internacional Pérez, fichado para suplir al llorado Alberty 
        
Liz agrede a Cirre
La crónica en el diario Patria del partido de vuelta frente al Málaga, firmada por José Cirre, no sentó bien a Liz. En dicha crónica no se nombra al extremo ni una sola vez fuera de la relación de los once rojiblancos que disputaron el partido, pero incide el gacetillero en que determinados jugadores se reservan y dejan en manos de otros el trabajo sucio, buscando sólo su lucimiento personal. Liz debió de sentirse aludido y ni corto ni perezoso buscó y agredió a Cirre. Por esa razón fue detenido y no viajó a Oviedo para la siguiente eliminatoria de Copa. Para el partido de vuelta frente al Oviedo en Los Cármenes ya si jugó Liz, pero las crónicas de los dos diarios se limitan a nombrarlo sólo en la alineación granadinista.     
                Por su parte, el periodista José Cirre, que desde la marcha de José Zubeldia había estado todo el año encargado de la sección deportiva en Patria y era la firma habitual de las crónicas de los partidos del Granada e incluso se había desplazado alguna vez con el equipo, ya no volvió a dedicarse a temas deportivos y fue sustituido por Daniel Saucedo Aranda. En números posteriores del diario del Movimiento podremos encontrar colaboraciones con su firma sobre temas culturales y de información general.   

 José Cirre Jiménez, periodista de Patria y escritor
    
Lorenzo Tamayo presidente de honor
Entre medias de los dos partidos frente al Málaga, en sesión celebrada por la directiva el 28 de abril, se acordó nombrar, por aclamación, presidente de honor del Granada CF al general Lorenzo Tamayo Orellana, en esos momentos director general de Reclutamiento y Personal, «... personalidad relevante que ha seguido con todo cariño y mayor entusiasmo la trayectoria deportiva del Granada», dice la nota del club. Este militar del arma de Infantería era natural de Murcia, pero llevaba varios años en Granada, donde tomó parte en el golpe de estado de julio de 1936 y en la sanguinaria represión posterior, cuando tenía el grado de teniente coronel en el regimiento Lepanto 5. Posteriormente había ocupado el cargo de presidente de la Diputación en plena guerra.
                En la misma junta el presidente Ricardo Martín Campos puso su cargo a disposición de la Federación Sur, la cual días más tarde lo ratificó en el cargo.

 General Lorenzo Tamayo Orellana, presidente de honor del Granada CF          

Cóctel Trompi
En Oviedo, rival en octavos de Copa, que tenía todavía pendiente disputar la promoción por la permanencia en división de honor (acabó salvando la categoría frente al Sabadell, ya en el mes de junio), el Granada obtuvo un empate a un tanto en un partido sin apenas historia en el que los rojiblancos fueron mejores y merecieron la victoria.
                El triunfador del viaje a Oviedo fue Trompi, ya por entonces muy popular no sólo en nuestra tierra. Según la crónica del partido en Ideal, que firma Segoma, un periodista local, los granadinistas fueron acosados por enjambres de chiquillos a la caza de autógrafos, y el más popular de todos fue «el dinámico Trompi», autor del gol granadino, «…que lleva la pelota atada a la bota y la vista puesta en el compañero desmarcado». Fue tan bueno su trabajo en el partido que hasta en un bar de la capital asturiana se creó, invitando a su degustación, un cock-tail al que se bautizó con el nombre de Trompi.                
El partido de vuelta frente al Oviedo fue casi un trámite y el Granada se impuso 4-0. Los asturianos, que habían dado ya por perdida la eliminatoria y sólo pensaban en su partido de promoción, se presentaron en Granada con un equipo por completo reserva y con algún juvenil. Ideal dice que el asturiano fue un equipo indigno hasta para segunda. No jugó César, sancionado por un acto de indisciplina en el desplazamiento a Asturias, pero reaparecieron Liz, ya perdonado, y Sosa, recuperado tras larga lesión y que actuando como delantero centro consiguió tres goles.

 El gran Trompi
   
El Valencia en IV de final
Una vez superado el Oviedo, el Granada está en IV de Copa del Generalísimo y su rival es el flamante campeón de liga y todavía vigente campeón de copa, el Valencia. Es uno de los mejores equipos che de su historia, el de la “delantera eléctrica” (Epi, Amadeo, Mundo, Asensi y Gorostiza), integrado por varios internacionales. El primer partido es en Los Cármenes y a Granada ha llegado una expedición valencianista en la que vienen varios elementos con protagonismo en la historia rojiblanca años después, uno como jugador, Igoa, y tres como entrenadores: el portero Eizaguirre, el medio izquierda Lelé y el defensa Álvaro (aunque éste, lesionado, finalmente se quedó en Valencia). El que no ha venido es su entrenador Encinas, que se bajó en la estación de Linares-Baeza y en un despiste se le escapó el tren y allá se quedó, en mangas de camisa hasta el expreso del día siguiente.
En un sensacional partido, el mejor de toda la temporada, según Fernández de Burgos en Ideal, el Granada derrotó al campeón de liga y copa 3-1. Esta vez no pudo acusarse a los rojiblancos de desgana, todo lo contrario, y a pesar de jugar con uno menos por lesión de César dieron una exhibición de pundonor y apabullaron en la segunda parte a todo un bicampeón que se había adelantado en el marcador. El tanteo, suficientemente amplio, hizo que muchos empezaran a soñar con altas metas coperas. Pero el sueño duró sólo la semana previa a la devolución de visita a Valencia. En Mestalla, en partido presidido por el Jalifa del Marruecos español, los locales enrabietados por la lección de humildad recibida en Los Cármenes, no dieron opción alguna y vencieron 5-0. Así, a finales de mayo, acabó la temporada oficial del Granada 1941-42.

 Cartel publicitario de la División Azul
   
Hinchas divisionarios
«Frente de Rusia, 22-4-42.- Señor don Ricardo Martín Campos. Distinguido y apreciado señor: ¡Viva España! ¡Viva Alemania! ¡Viva el Granada C. de F. y su presidente! Con estas frases tan sencillas, pero emotivas, le saludan desde las frías y áridas estepas rusas los voluntarios granadinos, complaciéndose en felicitarle por su gran labor llevada a cabo en favor de nuestro Club, así como su decisión y acierto. No sabe con qué alegría tan grande devoramos los periódicos cuando logramos alcanzar uno y en cualquier descanso de la lucha, resguardados en alguna zanja o montículo, leemos con la avidez propia del buen aficionado, las victorias de nuestro equipo, que ha sabido colocarse en un buen puesto y mantenerse en la División de honor». […] «Nada más: le envían un saludo cariñoso y un abrazo de todos los granadinos encuadrados en la honrosa División Azul y en nombre de todos, Jesús García Linares, Cabo de Artillería. ¡Y viva nuestro Granada C. de F.!».
Es un extracto de la carta recibida en el club a finales de mayo, en vísperas del partido de ida frente al Valencia, y que publicó Ideal. En ella unos granadinos combatientes en el frente ruso felicitan al presidente por el éxito de haber logrado la permanencia en Primera División. La directiva decidió remitirles a estos hinchas granadinos en uniforme de la Wehrmacht fotografías del equipo firmadas por todos los jugadores así como diarios locales de todos los lunes y los martes.

 Paco Bru en una colección de cromos

“Novias” para Paco Bru
Paco Bru fue siempre un técnico “de cartel”, como le denominó Fernández de Burgos, y más después de la extraordinaria campaña completada al frente de un recién ascendido, debutante y candidato a cenicienta como era el Granada. Por eso, antes de jugarse la vuelta en Valencia se recibieron en el club -por separado- peticiones tanto del Murcia como del Sabadell, los dos segundas que todavía tenían pendiente jugar sus partidos de promoción de ascenso frente a Barcelona y Oviedo respectivamente, para que el técnico granadinista se encargara de su preparación. Bru tenía todavía otra temporada de contrato, así que el club respondió en sentido negativo a estas peticiones.                                
  
Campeón de Andalucía, Extremadura y Murcia
El mismo día que el Granada y el Valencia jugaban en Los Cármenes, otro equipo granadino pero mucho más modesto y aficionado, el de Educación y Descanso, se proclamaba campeón de Andalucía, Extremadura y Murcia al vencer 4-0 al Cáceres en el sevillano campo de Nervión. Jugaron: Martí; Alfonso, Sebastián; Montoro, Juanele, Fattore; Villanueva, Sierra, Miguelín, Jesús Osorio y Pareja. Como vemos hay en la formación un granadinista, el portero Martí, único profesional, y también algún ex como Osorio. Por otra parte, hay otros que pertenecieron al desmantelado equipo rojiblanco amateur: Fattore, Miguelín, Pareja. Como campeón regional le tocó ir a la fase nacional, en la que alcanzó semifinales del llamado Campeonato de Productores, y donde cayó eliminado a mediados de junio por el equipo de Vizcaya, 6-0 en Chamartín.

  Equipo aficionado de Educación y Descanso de Granada. El portero es Martí, perteneciente a la primera plantilla granadinista, y el segundo agachado por la izquierda es Jesús Osorio, un ex
   
Copa Granada 1942
A principios de junio en Granada estamos en Corpus y, como desde hace bastantes años, otra vez se programan dentro de los festejos sendos partidos amistosos en Los Cármenes. Una nueva edición de la llamada  Copa Granada (precedente del Trofeo Granada de los 70), a dilucidar frente al Betis, que acababa de ascender a Primera División. El Granada y el Betis disputarán dos partidos, que se celebrarán en homenaje a los voluntarios de la División Azul.
                Al primer partido asistió muy poco personal y con arbitraje del ex recreativista Morales y debut del guardameta Martí, el Granada presentó un once con todos los suplentes y ganó 5-0. Al día siguiente, sábado de feria (ni viernes ni sábado había corridas programadas), con algo más de público, nuevo triunfo granadino, 1-0 en esta ocasión a pesar de que actuaron más titulares que en el anterior. El alcalde Gallego Burín entregó a César como capitán la copa donada por el Ayuntamiento.

Movimiento en la plantilla
Cara a la temporada venidera, a mediados de junio de 1942 están retenidos o con contrato en vigor: Pérez, Floro, Martí, Millán, González, Alejandro, Maside, Sosa, Bonet, Conde, Sierra, Marín, Gárate, Trompi y Muñoz. Benítez, Bachiller y Liz han cumplido contrato, pero se quiere llegar a acuerdo con Liz. También se pretende que siga  César, pero el Barcelona no quiere ante la magnífica liga y sus 23 goles (3 más en Copa), que le han dejado segundo en la clasificación de goleadores, a cuatro del valencianista Mundo y empatado con Alday, del Madrid. Cholín por su parte se retira y se marcha a su Tolosa.

Cartel propagandístico de la OND fascista
    
Dopolavoro                            
La víspera del partido de vuelta contra el Oviedo en Copa del Generalísimo recibíamos una visita  todo lo ilustre que podía ésta ser en aquellos años de amistad estrecha con la Italia de Mussolini. Procedente de Córdoba, el sábado día 16 llegó a Granada una legación de la OND (Opera Nazionale Dopolavoro) con su secretario general al frente, Celso María Garatti, y acompañado de un séquito de al menos siete jerarcas más de la cosa dopolavorista, todos ellos con sus camisas negras y sus altas botas, de visita turística en España invitados por la Delegación Nacional de Educación y Descanso.
La Dopolavoro (“después del trabajo”) era una organización de tiempo libre creada en 1925 por el régimen de Mussolini para proporcionar a los trabajadores actividades de ocio y deportivas y ayuda asistencial, a la vez que adoctrinamiento hacia una visión fascista de la vida en su conjunto. A su imagen y semejanza nació años después en Alemania la nazi Kraft durch Freude (“fuerza a través de la alegría”). Y como en el caso de otras varias organizaciones azul mahón creadas en España tras la guerra, también el régimen nacionalsindicalista quiso tener una organización por el estilo y así nació la Obra Sindical de Educación y Descanso (Alegría y Descanso en sus comienzos), cuyos objetivos eran similares a sus equivalentes de los países amigos. De unas y otras organizaciones se puede decir que constituían la cara más amable de los respectivos regímenes dictatoriales que las alumbraron, quizás por esa razón tanto la organización de tiempo libre italiana como su homóloga española sobrevivieron a los respectivos regímenes bajo cuya égida nacieron, ya sin aquel componente de adoctrinamiento de sus primeros años pero conservando bajo otras denominaciones lo esencial, lo que era más apreciado y a la vez la mejor labor social que cumplían, la de facilitar viajes y vacaciones a las clases populares promoviendo excursiones y alojamientos en su red de albergues y residencias asequibles a las economías más débiles.
Los invitados italianos fueron recibidos y acompañados en su estancia granadina por jerarcas falangistas locales, y de su mano estuvieron en la Alhambra, donde firmaron en el libro de oro de visitantes ilustres, contando para su visita con las explicaciones del arquitecto conservador, Francisco Prieto Moreno. Después estuvieron en la Cruz de los Caídos, a la entrada de la carretera de la Sierra y, seguidos de cerca por una patulea de mozalbetes, se dieron un garbeo por las principales calles granadinas para subir al Sacromonte a ver las cuevas. Posteriormente fueron recibidos en el Ayuntamiento por el alcalde Gallego Burín al son de la Giovinezza (el himno del partido fascista italiano), interpretado por la Banda Municipal y cantado por todos en posición de firmes y brazo en alto, y fueron agasajados con un vino de honor. Por la noche asistieron a un sarao en el hotel Washington Irving, donde se hospedaban, a cargo de la zambra de la Capitana, comenta la noticia de Patria. Al día siguiente por la mañana temprano visitaron la Capilla Real e inmediatamente salieron para Málaga a continuar con su visita oficial.
A la vez que estos jerarcas fascistas hacían turismo por España, en el norte de África otros italianos menos afortunados asistían al inicio del derrumbe del Eje Berlín-Roma en El Alamein, donde cosechaban su primera gran derrota a manos de los aliados. A partir de estos momentos ya todo van a ser varapalos para alemanes e italianos en la II GM.

Una de las primeras etiquetas de la marca

Habrá cerveza
Los italianos de las camisas negras estuvieron sólo un día en Granada y vieron -cómo no- la Alhambra, pero no les dio tiempo de saborear y brindar con otra Alhambra, la cerveza granadina por excelencia desde 1926. Justo cuando partían para otros destinos peninsulares, 17 de mayo de 1942, la prensa anunciaba que a partir de ese mismo día volvía a venderse cerveza en Granada, ausente desde el otoño. Según la noticia, gracias a la iniciativa del mismísimo Franco -a la autarquía por barras y mostradores- en plena guerra (1937), empezó a cosecharse lúpulo en La Coruña buscando la autosuficiencia también en la producción de esta planta trepadora de la familia de las cannabáceas, desconocida por estos pagos e imprescindible para la fabricación de la cerveza. Hasta hace nada todo el lúpulo que se consumía en España tenía que ser importado. Ya no, pero su producción sigue siendo muy escasa, lo que unido a que las cosechas de cebada fueron raquíticas dio como resultado que la mayoría de las fábricas de cerveza españolas, casi una por provincia, hayan tenido que estar varios meses paradas. Habrá cerveza Alhambra a partir de ahora, pero sin hacerse muchas ilusiones porque será sólo por unos meses, mientras pasan los calores.
Por un reportaje de reciente aparición que firma Gabriel Pozo Felguera en El Independiente de Granada, hemos conocido que la actual y granadinísima cerveza Alhambra no es la primera que existió con ese mismo nombre. En 1884 nació otra cerveza granadina también de marca comercial Alhambra, con fábrica enclavada en la calle Jardines, que tuvo una vida efímera. Sin duda, no pudo competir con los gustos dominantes finiseculares, mucho más querenciados con los caldos de uva en sus distintas variedades o con los refrescos que más gustaban a nuestros tatarabuelos, la horchata, la zarzaparrilla y el agua de cebada, y al poco tiempo dejó de fabricarse esta cerveza granatensis pionera.
La cervecera La Alhambra SA, que tomó el relevo de aquella primitiva de finales del XIX, se gestó en 1925, pero fue en febrero de 1926 cuando el francés-catalán Carlos Bouvard y el vasco Antonio Knorr fundaron ante notario la nueva sociedad y suscribieron la mayoría de sus acciones, y para finales del otoño de ese mismo año, navidades blancas ya que cayó una gran nevada, pudieron los granadinos saborear la nueva cerveza. En el Defensor de 19 de diciembre de 1926 aparece en primera página que acaba de ser inaugurada la fábrica en un acto al que concurrieron las autoridades civiles y eclesiásticas y que terminó con piscolabis y degustación del producto.


Antes, en septiembre y en octubre, aparecieron amplios publirreportajes en la prensa local anunciando la inminente puesta en marcha de la industria. Bajo el título «Granada cuenta ya, entre sus importantes industrias, con una de las mejores fábricas de Cerveza y Hielo de España» se dio a conocer las características de la nueva factoría y los pormenores del proceso de transformación de lo que allí se elaboraba, incidiendo en las propiedades salutíferas de la cerveza, que sigue siendo algo así como exótico para los gustos de la sociedad granadina de por entonces (hasta los años ochenta no empezó a haber en España más consumo de cerveza que de vino). Instalada la factoría en el mismo sitio en el que sigue en la actualidad, cuesta de los Cerdos o carretera del Fargue, actual avenida de Murcia, en el solar que ocupaba el desaparecido mercado de cerdos, por entonces el extrarradio, se surte del agua de la acequia de Aynadamar y de la del manantial de San Vicente, existente en ese mismo lugar, un agua de propiedades medicinales. La cerveza fabricada en Granada es la llamada “alemana” o tipo Pilsen, de fermentación baja, más clara y ligera, que tiene mucha más aceptación que la de tipo “inglés”, de fermentación alta, densa y oscura.  
En la actualidad, la cerveza granadina se diría que atraviesa uno de sus mejores momentos, a poco de cumplir un siglo de existencia, y puedes beberla en toda España e incluso en el extranjero, sobre todo su producto estrella, Alhambra 1925, la popular “milno”, prez y orgullo penibético donde los haya, que fue en definitiva la que con su oportuno invento en 1995 vino a salvar a una empresa en suspensión de pagos y a punto de fenecer.

 Una “milno” añosa

Granada 1926
La fecha de nacimiento de algo tan granadinamente significativo como la cerveza Alhambra la tomamos como excusa para dar un repaso a la Granada del otoño de 1926, porque en los tiempos del charlestón Granada atravesó el que quizás sea su mejor momento histórico en lo que respecta a la prosperidad y el empleo. No obstante, a las alturas de 1926 ya había pasado el auge de las industrias azucareras de la Vega, que iniciaban un periodo de pérdida de rentabilidad, y el cultivo de la remolacha empezaba a ceder espacio al del tabaco. Y también eran tiempos de una gran vitalidad cultural y artística hasta el punto de que para algunos autores se puede hablar de una edad de oro de la intelectualidad granadina para referirse a los años veinte.
Grandes obras civiles de infraestructuras emprendidas por el Directorio Civil de la dictadura de Primo de Rivera caracterizan también aquellos años y nuestra tierra no quería quedarse atrás, por lo que se acentuaban las ya por entonces viejas reivindicaciones granadinas demandantes de un servicio ferroviario que enlazara Granada con Motril por el sur, pasando por Lanjarón («la deliciosa y jocunda colonia veraniega») y Órgiva, y con Jaén capital por el norte, y que se terminara el ferrocarril que desde Málaga llegaba hasta Ventas de Zafarraya para que continuara hasta Láchar y Granada. Ahora mismo Granada capital lleva tres años aislada por ferrocarril con todo el mundo excepto con Almería, y no se prevé que la cosa se vaya a arreglar pronto, pero en la década de los veinte del XX no era mucho mejor la realidad ferroviaria de Granada. Es un tema que domina las primeras páginas de la prensa local, que dan cuenta de intentos de movilizaciones de las fuerzas vivas de la ciudad y de la provincia para exigir a Madrid mejoras en los ya por entonces muy vetustos servicios ferroviarios granadinos. Algunas líneas que unían Granada con las principales capitales andaluzas han sido suprimidas y en las que todavía funcionan predomina un material que se cae de viejo y sucio, y resulta que en 1926 algunos trenes penibéticos tardan más en llegar a sus destinos que en la década anterior. Pero las fuerzas vivas no lograron ponerse de acuerdo en sus reivindicaciones y al asunto se le fueron dando largas sin llegar a nada en concreto. Y así hasta hoy.
La Guerra del Rif estaba por entonces a punto de terminar. Desde el desembarco de Alhucemas, un año antes, se había reconquistado y pacificado la práctica totalidad de la superficie marroquí bajo administración española. Abdelkrim había dejado de ser para España un dolor de cabeza porque se había entregado a los franceses unos meses antes y apenas quedaban focos de resistencia de rifeños rebeldes. Por esa razón, gran parte de las fuerzas españolas trasladadas al protectorado después del Desastre de Annual eran repatriadas y devueltas a su lugar de guarnición, y así, el Regimiento de Infantería de Córdoba era recibido en triunfo por miles de granadinos el 6 de noviembre en la estación de Andaluces. Le llaman “El Sacrificado”, dice el cronista del Defensor, que describe los entusiastas vítores y el acendrado patriotismo de la escena.

La Isla de Cuba de calle Hileras

En la crónica negra de la ciudad era por entonces la comidilla el juicio por el que se llamó crimen de la calle Hileras. José Gómez Segovia, el inculpado, empleado de la compañía de tranvías, el 9 de enero mató de un disparo al propietario de La Isla de Cuba, un comercio de tejidos situado en la calle Hileras, Bernardo Olmedo Herrera, que era familiar suyo y con el que mantenía alguna rencilla por una supuesta herencia. El 24 de noviembre de 1926 la Audiencia condenó a Gómez Segovia a catorce años  de cárcel. Segovia fue a la trena pero no tuvo que cumplir su reclusión en el penal de Belén, antiguo convento de la calle Molinos desamortizado y convertido en lóbrega mazmorra, que acababa de ser clausurado como prisión.
Noticias futboleras apenas se encuentran en los diarios de 1926 y cuando aparecen son siempre escuetas y referidas todas a equipos ajenos por completo a la tierra. Y es que en Granada desde hace un año se puede hablar de que no hay fútbol, desde que desaparecieron los dos clubes granadinos que animaban bastante el cotarro futbolero con su rivalidad extrema, el Real España y el Real Español. Sólo existen clubes  muy modestos que ni siquiera participan en algún campeonato interprovincial ni están federados. Faltan todavía cinco años para el nacimiento del Recreativo Granada (o sea, del GCF) y por ello son los tiempos de la prehistoria futbolística en Granada. No obstante, una noticia que toca indirectamente a la historia del Granada nos llama la atención. En el Defensor de 16 de diciembre de 1926, bajo el titular “Los cacos en acción” se lee que la persona que explota el ambigú de la plaza de toros ha denunciado que le han sido sustraídas varias botellas de licores por importe de 400 ptas. Uno de los cacos, sorprendido en plena faena, huyó, pero ha sido identificado y detenido, resultando ser Juan Castillo Pérez, alias Juanele, que ha confesado el robo de 37 botellas de manzanilla que después vendió a un prostíbulo de la calle Piedra Santa. Él y su cómplice han pasado a prisión. Este Juanele no es otro que el que años después será delantero centro goleador en el Recreativo en sus tres primeras temporadas, 1931-1933.
Granada como toda España estaba sometida por entonces a una dictadura nacida de un golpe de estado (incruento, eso sí), pero nada se parecía ésta, ni en lo represivo y sanguinario ni en lo tocante al ejercicio de libertades y derechos, a la que se instauró en 1939 tras la Guerra Civil y llegó hasta mediados los años setenta. El Directorio Militar había dado paso al Directorio Civil, pero seguía sin haber elecciones ni actividad en el Congreso. Dictadura sí, pero mucho más liberal y permisiva aquella del general Primo de Rivera que la que reinó en España después de la guerra. Y en esta Granada  también se daba un florecimiento cultural sin parangón, con dos nombres propios universales como figuras más representativas.

Dibujo de López Sancho sobre el Concurso de Cante Hondo de 1922. Aparecen caricaturizados, entre otros, Manuel de Falla y García Lorca
El primero es Manuel de Falla, ya por entonces una gloria nacional y a quien la prensa local llama “nuestro ilustre paisano”, que en el otoño de 1926 acaba de estrenar en Barcelona con gran éxito su Concierto para Clavecín y que a iniciativa del Ateneo granadino, presidido por Fernando de los Ríos, va ser nombrado oficialmente hijo adoptivo de Granada, donde reside desde hace siete años.
El otro es Federico García Lorca, por entonces también ya una celebridad, quien en octubre acababa de pronunciar en los salones del Ateneo una de sus más famosas conferencias, la titulada Paraíso cerrado para muchos, en homenaje al poeta del XVII Soto de Rojas. «Granada ama lo diminuto. Y en general toda Andalucía.», así comienza su discurso el universal poeta, pero añade poco después que frente a Sevilla y Málaga, ciudades con sed de aventuras que se escapan al mar, Granada, rodeada de sierras y definitivamente anclada a la tierra, sólo tiene salida por las estrellas y por eso se refugia en ella misma y usa el diminutivo, y la estética genuinamente granadina es la de las cosas diminutas y preciosistas. Lorca no lo dijo ni yo seré tan osado como para afirmar que iba implícito en su discurso, pero no puedo evitar extraer de la lectura de su famosa conferencia la idea de que en Granada lo más genuino de cuanto se hace o se hizo cuesta un chavico o tiene ese tamaño, que para el que suscribe sería el verdadero sentido del famoso topicazo aquel que no hace falta citar, y no el más conocido, el que alude a que en esta tierra abundan más que en otras los engurruñíos.
Además del Ateneo existía también en aquella Granada efervescente en lo cultural el Centro Artístico, presidido por el ingeniero Juan José Santa Cruz. Junto a cierta polémica nacional sobre la necesidad de abolir las propinas y prohibir el piropo callejero, la prensa recoge otra, más de andar por casa este otoño de 1926, entre ensalzadores y detractores de los que se consideran los dos hitos más importantes de la década en los que el protagonismo del Centro Artístico fue destacado: el concurso de cante hondo de la Alhambra en 1922 y el monumento a Ganivet del escultor Juan Cristóbal junto a la fuente del Tomate, de 1925.

viernes, 7 de julio de 2017

MUERTE DE ALBERTY


Millán, Albety y González, una de las mejores coberturas de toda la historia


Batalla ante el Sevilla

Después de apalizar al Barcelona en Los Cármenes y conseguir la primera victoria lejos de Granada de máxima categoría, en La Coruña, continúan los resultados positivos, enlazando por única vez en el campeonato tres victorias consecutivas al vencer en la siguiente jornada en Los Cármenes 3-2 al Sevilla. Fue un partido muy bien jugado en la primera mitad por el Granada, que se retiró al descanso venciendo 3-0 con dos goles de Trompi de cabeza y uno en propia puerta del sevillista Ricardo, pero que en la segunda parte se convirtió en un continuo encontronazo de jugadores de uno y otro bando, con palos de los sevillanos (según la prensa local) a discreción para todos, y terminado en medio de una bronca monumental.

Para los plumillas granadinos, el culpable de lo mucho reprochable que se vio fue el árbitro Ocaña, sevillano y ex jugador del Sevilla, que permitió a los forasteros, especialmente a Campanal, Ricardo y Salustiano, repartir todo lo que quisieron. Para Cirre en Patria, Salustiano y Campanal patearon a modo a Alberty cuando estaba caído sobre el césped hasta dejarlo inútil, con una pierna que arrastraba por el suelo ante la complacencia del referí; y el colmo fue cuando con el tiempo cumplido señaló el árbitro un penalti en contra del Granada en una falta que debía haberse señalado justamente al revés, dice Cirre; el disparo desde los once metros de Félix, ante el que nada puso hacer un inmovilizado Alberty, supuso el segundo tanto sevillano, y ahí acabó el partido, en medio de un pita descomunal y una lluvia de todo tipo de objetos.

El Comité de Competición de la Federación Española de Fútbol decidió días después imponer al Granada una multa de 5.000 ptas. «…por el comportamiento agresivo y hostil del público, que lanzó piedras y almohadillas contra el árbitro a la terminación del primer tiempo y durante la segunda parte, lo que motivó la suspensión temporal del juego; y por no haber adoptado el club las medidas necesarias para impedir el lamentable espectáculo de que el árbitro no pudiera abandonar el campo sino hasta tres horas después de finalizar el partido ante el peligro de ser nuevamente agredido. Además se pasa nota a la superioridad de la improcedente intervención de una autoridad extra-deportiva que irrumpió en el terreno de juego para formular observaciones al árbitro» (al parecer, se trataba del directivo Santiago Sánchez, delegado de campo).
 
 El Granada 3 Sevilla 2 versión Maolico Hincha
 

En cuadro para Oviedo

Después de la batalla frente al Sevilla, para viajar a Oviedo al domingo siguiente hay varios lesionados. Sierra y Liz están tocados, y el que más preocupa es Alberty, muy mermado, al que se tiene pensado someter a “corrientes” al paso por Madrid. Como no está muy claro que pueda jugar, viaja también Floro, que podría incluso actuar en Oviedo de extremo izquierdo si no se recupera Liz. Finalmente sí jugaron Alberty, Sierra y Liz, pero no pudieron evitar la derrota, 3-1, en el Buenavista ovetense.

La derrota en Oviedo fue la última de la liga, pero también fue aquel partido el último de su vida para Alberty. Pocos días después se publica que Alberty sufre fuertes fiebres, motivadas por un gran catarro, y que no jugará contra el Castellón, el siguiente rival en Los Cármenes, que vendrá dentro de dos semanas porque en medio hay un parón para que nuestra selección juegue un amistoso en Sevilla contra la Francia de Vichy.

 

Récord histórico

Para recibir a los de La Plana el club establece un suplemento de dos pesetas los socios de tribuna y una el resto para pagar la multa de 5.000 que dejó el partido frente al Sevilla. Arbitrará Escartín, por lo que la prensa aprovecha para recordar que fue el árbitro internacional el que inventó el apodo de “once fantasma” para referirse al Recreativo de 1934 en su columna semanal de la revista Campeón. Fue un mote que cayó bien en nuestra tierra y se utilizó con orgullo.
 
César soldado de Infantería y récord histórico con seis goles al Castellón
 

El partido frente al Castellón supuso otra victoria más por goleada, 7-3. Ese día, 22 de marzo de 1942, un jugador rojiblanco, César, consiguió un récord que sigue vigente en la actualidad, aunque en realidad César lo que hizo fue igualar una marca que databa de 1933 y que a día de hoy todavía no ha sido batida, la del mayor número de goles por un jugador rojiblanco en un partido: seis (Trompi hizo el otro). En esos momentos algunos se acordaron de los comentarios negativos que le dedicaron los plumillas locales en los primeros partidos del campeonato. Es un récord compartido por Carmona I y César. En 1933 Pepe Carmona marcó seis goles al Jerez (del total de 11) en el campo de las Tablas en un partido de liguilla de ascenso a Tercera División. En 1942 César hizo también seis goles del total de siete que se llevó el Castellón en la jornada 24 de la liga de Primera División, aunque en honor a la verdad hay que decir que, según Patria, fueron sólo cinco los que hizo “el pelucas”. Con sus seis goles volvió a colocarse el segundo en la tabla de goleadores, con 23, sólo superado en dos por el valencianista Mundo. Incluso su nombre sonó como posible seleccionable. Pero César ya no volvió a golear en los dos partidos que faltaban y como vicepichichi acabó la liga.

 

Empate en Bardín

La última salida en liga llevó al Granada al Bardín del Alicante (el Hércules), ocupando la plaza de descenso que quedaba libre; la otra, la de colista, ya se la había adjudicado en propiedad la R. Sociedad, descendido matemáticamente. El Granada llegó a tener una ventaja de 0-2, pero la furiosa reacción de los locales, que se jugaban la vida, determinó un empate final a dos goles. Con ese punto el Granada seguía ocupando el puesto 10º de la clasificación, cosa que no servía para dejar atrás al Oviedo, empatado a puntos con los nuestros pero con el golaveraje perdido, situado el 11º, en puesto de promoción, que era el único que todavía podía inquietarnos. Era necesario por tanto ganar en la última jornada al Español en Los Cármenes. La directiva volvió a decretar la concentración pre partido de los jugadores, esta vez en un hotel de la Alhambra, como cuando hacía ahora un año nos preparábamos para jugar liguilla de ascenso.
 
Los gnomos de la Alhambra esperando a recibir al Español, caricatura de López Sancho en Patria
 
Permanencia conseguida

Finalmente hasta la derrota hubiera valido para conservar la categoría sin más trámite ya que el Oviedo perdió su partido en La Coruña, pero un Granada que había llegado al sprint final pletórico consiguió una nueva goleada, 4-0 sobre el Español con que rematar brillantemente su primera participación en máxima categoría el domingo 5 de abril de 1942, al año justo menos un día de conseguir el ascenso a Primera en el Sequiol.

Las cosas no empezaron bien, con César pronto inutilizado al sufrir luxación de hombro y pasar del eje del ataque a un extremo, que era en aquellos tiempos sin posibles cambios de jugadores la solución más utilizada cuando alguien se lesionaba y quedaba como figura decorativa, situándosele donde menos estorbara a sus compañeros. Luis Marín, su relevo, volvió a ofrecer una magnífica actuación y como ariete consiguió dos goles (Bachiller y Liz completaron el score). Hubo fiesta en Los Cármenes y Paco Bru fue paseado a hombros entre las aclamaciones de la hinchada.
 
En Los Cármenes posan: Sosa, Trompi, Bonet, Muñoz, Cholín, Benítez y Floro; con Maside, Millán, Gárate y César
 

Muerte de Alberty

El mismo día del partido frente al Español los periódicos publicaban que Alberty estaba gravísimo, en estado desesperado, y le había sido administrado el Viático.

Desde hacía casi un mes, después del partido en Oviedo, el último de su vida (curiosamente su partido de debut rojiblanco fue también frente al Oviedo), se habían venido publicando en prensa noticias periódicas sobre el estado de salud del guardameta magiar. Primero se había dicho que lo que padecía era un fuerte catarro. Poco después conocíamos que su estado se había agravado y que existía peligro de peritonitis, y que ya no podría volver a jugar esta temporada en los dos partidos que faltaban. Todo en medio de noticias sobre ligeras mejorías y recaídas en su estado general. Así hasta que el 10 de abril nos desayunábamos con la triste noticia de que Alberty había muerto a las 6,25 de la tarde del día anterior en el hospital de la Purísima. No había resistido la congestión broncopulmonar que le sobrevino tras ser intervenido quirúrgicamente de la perforación intestinal que había sufrido. Según Patria, todo lo provocaron unas fiebres tifoideas.
 
Tumba de Alberty en el cementerio de San José, regalada a perpetuidad por Gallego Burín
 

Una enfermedad infecciosa de origen alimentario, fiebre tifoidea causada por la bacteria salmonella typhi o bacilo de Eberth, fue la causa de la muerte del guardameta Alberty. Sobre lo que no hay seguridad es sobre el agente que se la provocó. Todo parece indicar que la contrajo cuando viajó en solitario a Vigo para estar con su familia, adelantándose al resto de la expedición granadinista que tenía que jugar en La Coruña. En Vigo parece ser que consumió marisco contaminado con la bacteria y de allí se vino con la enfermedad en incubación, una enfermedad que, por otro lado, parece ser que tardó más de lo conveniente en serle diagnosticada y tratada. También hay quien dice que lo que provocó las fiebres fue el agua no clorada que se consumía en Granada antes de que la corriente llegara a toda la ciudad, como ocurría en aquellos años, un agua no potable que no afectaba a los granadinos, inmunizados, pero sí a los forasteros. A día de hoy es difícil que alguien que ha contraído la infección acabe muriéndose, pero la penicilina, que llegaría poco tiempo después, todavía no se conocía por estas tierras.

Alberty fue a morir casi sobre el mismo terreno de juego, como aquel que dice, y esto hizo que sobre las causas de su muerte se trenzaran en el imaginario popular unas cuantas leyendas que carecen de fundamento pero que sustentaron cierta imagen del magiar como una especie de héroe romántico que se ha mantenido a lo largo de los años y ha llegado hasta los tiempos actuales. La que uno escuchó de pequeño más veces es la que mantenía que lo que llevó a Alberty a la tumba fue la bestialidad del stuka Campanal en aquel partido-batalla de Los Cármenes frente al Sevilla, que ganó el Granada 3-2 y en el que hubo palos para todos, el siguiente al de La Coruña, casi un mes justo antes de su muerte; en aquel partido en el que Alberty salió cojeando, el delantero sevillista Campanal, prototipo de ariete acometedor, tuvo numerosos choques con nuestro portero, que tampoco era un tipo que se arrugara, y a la postre, esos encontronazos habrían sido los que le causaran graves heridas internas de las que habría derivado el fatal desenlace. Una variedad de esta leyenda urbana dice que fueron, sí, las heridas internas las que le causaron la muerte, pero que esas heridas las habrían motivado los cañonazos que Campanal prodigaba y que Alberty rechazó con el cuerpo en no pocas ocasiones.

Otras leyendas menos épicas atribuyen la muerte de Alberty a un mal muy de la época junto a las terribles hambres (o a causa de ellas), el tifus exantemático, muy contagioso y causado por un parásito, el piojo verde o tabardillo, que era una auténtica epidemia en unos años de escaseces de todo tipo y en los que por no haber no había ni jabón que sirviera para prevenir este tipo de enfermedad, más propia del África profunda.
 
Alberty en el Sequiol de Castellón

Y es que Alberty tiene mucha “literatura”. Son varias, como vemos, las leyendas urbanas (como ahora se conocen los mitos) que nacieron cuando su muerte. Pero es que en el caso del húngaro no se detienen en esa defunción y sus causas, porque hay varias más que se refieren a su forma de desenvolverse dentro del terreno de juego: que si era un acróbata que volaba y que se subía al larguero para desde allí lanzarse a detener los penaltis en contra, que si era capaz de regatear a medio equipo contrario y llegar con el balón a la otra portería, como años después sí que vimos hacer a Ñito, que si podía beberse el zumo de cinco kilos de las naranjas con que los hinchas le obsequiaban, y otras.

En el momento de su muerte era Alberty muy popular en Granada, no sólo entre la gente futbolera, y se puede hablar de la gran conmoción que su fallecimiento provocó en toda la ciudad, que acudió en masa al funeral de dos días después en la iglesia de San Justo y Pastor. El Ayuntamiento tiempo después regaló a perpetuidad el nicho que en el cementerio de San José sigue hoy acogiendo sus restos.

Era tanta su popularidad y significó tal mazazo su muerte que en seguida se dieron a conocer distintas iniciativas para perpetuar su memoria. Entre ellas destacó la que un aficionado granadinista hizo llegar por carta a los diarios, proponiendo que detrás de la portería de la cárcel se plantara en su recuerdo un naranjo, ya que tanto le gustaban a Alberty las naranjas y era en esa portería donde mayor número recibía de la hinchada.
 
Esquela de Alberty
 
Pilar Primo de Rivera en Granada

El año 1942 se inició con la celebración en nuestra ciudad del VI Consejo Nacional de la Sección Femenina. Para tal evento viajó el día primero de enero a Granada Pilar Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, Delegada Nacional de la Sección Femenina de Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (todo eso). Las crónicas detallan cómo para recibir a la hermana de José Antonio Primo de Rivera y su séquito, el alcalde Gallego Burín se desplazó hasta la cuesta de las Cabezas y luego condujo a toda la expedición directamente a la basílica de las Angustias, donde fueron recibidas por el párroco, señor Fernández Arcoya, y allí asistieron a una salve cantada bajo la dirección del maestro Valentín Ruiz Aznar. Con una breve visita al camarín de la Virgen concluyó la bienvenida.

Al día siguiente, día de la Toma, la camarada Primo de Rivera presidió los actos solemnes conmemorativos de tan señalada fecha. Ya saben, la procesión cívica que cada año recorre la distancia entre el Ayuntamiento y la Capilla Real y tras las ceremonias religiosas ante la tumba de los Reyes Católicos, vuelta a la plaza del Carmen con la consiguiente tremolación del Pendón, pero sin disidentes que chiflen ni clac que aplauda mientras ambos grupos se cruzan insultos, que eso son cosas modernas y por entonces sólo se permitían las adhesiones inquebrantables a todo lo oficial. Ese mismo día pero ya por la tarde tuvo lugar la apertura del congreso de la Falange femenina en los salones recién habilitados del palacio de Carlos V, en esos momentos y por bastantes años más en continuas obras de reforma y restauración tras siglos de abandono.
 
Pilar Primo de Rivera en el VI Consejo de la SF
 

Este consejo o congreso de la cosa falangista en su versión femenil convocó a las delegadas de todas las provincias de España y se desarrolló durante una semana, del 2 al 9 de enero de 1942, en lo que se conocía entonces como palacio de Santo Domingo (actual colegio mayor Santa Cruz la Real) con sesiones encaminadas a hacer balance de lo conseguido en el año ido y plantear estrategias de cara al entrante en cada una de las facetas que abarcaba la organización mujeril: auxilio social, servicio social, coros y danzas, cátedras ambulantes, granjas escuela, vacunaciones, hospitales, etc. La ceremonia de clausura, presidida por el Ministro Secretario General de FE, José Luis Arrese, se llevó a cabo en el Santuario de la Virgen de la Cabeza, en Andújar.

Es de destacar en el desarrollo de las jornadas la presencia como conferenciantes de algunos intelectuales y teóricos del fascismo español, como Pedro Laín Entralgo, quien habló de la revolución nacional y proletaria pendiente, una revolución que debía conciliarse con la idea católica del hombre y la vida, de lo contrario de nada habrían servido ni los muertos del 18 de julio ni los de ahora mismo en Rusia -dijo-; y también estuvo Juilán Pemartín, amigo personal que fue de José Antonio Primo de Rivera, flamencólogo, poeta y escritor (es autor del cuento “Garbancito de la Mancha”), que habló sobre el concepto falangista de jerarquía y dijo que vendría a ser algo así como el busilis de la cosa nacionalsindicalista. También estuvo e intervino en las sesiones Alfonso Lafuente Chaos, que en sus tiempos, años veinte, fue medio del Atlético de Madrid y en los cincuenta ocupó la presidencia de la Federación Española de Fútbol. Y otro interviniente fue José Luna Meléndez, encargado de pronunciar el discurso de apertura de las sesiones del Consejo, que sólo unos meses después de estos actos sería expulsado de FE por su implicación en los famosos incidentes de Begoña, en una más de las ocasiones en que falangistas y sus socios a la fuerza, los requetés, acabaron a palos porque los segundos daban gritos tal que: ¡Viva el Rey!, ¡Abajo la Falange!, ¡Abajo el socialismo de estado!, incluso ¡¡¡Muera Franco…!!!

Leyendo las crónicas de las distintas sesiones del congreso se puede extraer que casi todas ellas fueron en general de un azul mahón subido de tono. Estábamos a principios de 1942 y todavía no se intuía la derrota de los fascismos ni habían apenas empezado las grandes purgas que se llevaron a cabo poco después dentro del partido único del franquismo. La mayoría de los intervinientes, camisas viejas (bolcheviques de camisa azul, se les consideraba en las filas tradicionalistas), fueron en sus exposiciones muy joseantonianos y en sus discursos abundaron términos como revolución pendiente, proletarización y justicia social. Después los acontecimientos irán atenuando bastante las fogosas ideas, y desde el poder (o sea, Franco) se irá quitando de en medio a todo aquel que no se avenga a atemperar su discurso y su proceder, que aquí y entonces la única revolución admitida era la de la obediencia.

La hermanísima Pilar Primo de Rivera y Sáenz de Heredia también fue camisa vieja. Ocupó la dirección de la Sección Femenina cuarenta años, es decir, todos los de su existencia, desde que ésta echó a andar, en 1937, hasta su desmantelamiento en 1977 junto con todos los otros organismos que se encuadraban en lo que se llamó el Movimiento. La Sección Femenina de Falange fue la versión española de la NSF nazi y su rama juvenil BDM, y se creó en plena Guerra Civil para encuadrar a todas las mujeres que, como tales, no eran miembros de pleno derecho en FE. Y no era la SF, al menos en sus comienzos, sino una traslación carpetovetónica de la Nationalsozialistische Frauenschaft (Organización de Mujeres Nacionalsocialistas) y de la Bund Deutscher Madel (Liga de Muchachas Alemanas), eso sí, con pololos (puchos en granaíno) -nada de practicar deporte como esas nibelungas que van casi desnudas- y camisa azul, pero con prácticamente las mismas consignas y objetivos de aquéllas, o sea, las tres K con las que el nazismo resumía el papel destinado a la mujer en su concepción de la sociedad: Küche, Kirche, Kinder (cocina, iglesia y niños). Las mujeres, excluidas de cualquier ámbito militar o político, debían dedicarse exclusivamente a eso, a lo que les era propio, a cuidar de sus maridos y de los niños, y a cumplir con los preceptos de la Santa Madre Iglesia. Dos perlas de Pilar: «Nosotras atendamos solamente a lo nuestro y dejemos a los hombres que sean los llamados a resolver todas las complicaciones que en sí lleva el gobierno de la nación»; y «Las mujeres nunca descubren nada, les falta el talento creador reservado por Dios para inteligencias varoniles».
 
Coros y Danzas de la Sección Femenina
 

El franquismo acabó con cualquier atisbo de las libertades y los derechos civiles de la mujer que ésta había disfrutado mal que bien durante los años de la República, incluido el derecho a voto (bueno, éste fue suprimido para todo quisque), y sólo concebía a la mujer como eterna menor de edad, siempre sometida a un varón (otra perla de Pilar: «La vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera simular, o disimular, no es más que un eterno deseo de encontrar a quién someterse»; sin embargo, ella bien soltera que se quedó toda su larga vida). En casa y con la pata quebrá, que diría un castizo, sumisa y contenta era como el régimen las quería, y la Sección Femenina cumplió su labor de adoctrinamiento de la mujer española buscando su total sumisión a través de numerosos mecanismos. Uno de ellos era el Servicio Social, la mili de las mujeres, obligatorio hasta 1978 para toda soltera entre 17 y 35 años que quisiera acceder a un puesto de trabajo, obtener un título académico, conducir o simplemente viajar al extranjero; duraba seis meses y en ellos, aparte de tener que trabajar gratuitamente en comedores sociales, hospitales, oficinas del Estado o similares, se les proporcionaba a las reclutas la formación necesaria como futuras madres de familia: labores de hogar, cuidado de los niños, atención al marido y más. En ese sentido, ya en los años cincuenta, les era repartido a las “socializantas” un folleto denominado “Guía de la buena Esposa; 11 reglas para mantener a tu marido feliz”, todo un yacimiento perlífero en el que se leen cosas como: “Si tu marido te pide prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes"; o "Si él siente la necesidad de dormir, no le presiones o estimules la intimidad"; o "Si sugiere la unión, accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer. Cuando alcance el momento culminante, un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que hayas podido experimentar".

Desde luego, muy feminista no era la organización femenina de Falange, no al menos en el sentido actual del término. Pero no hay que perder de vista que, por grotesco que hoy pueda parecer, ese cuasi decálogo de la buena esposa pertenece a una mentalidad dominante y a unas circunstancias muy distintas a las actuales, y se podría asegurar que en aquel tiempo serían muy pocas las mujeres a las que este tipo de cosas les parecieran fuera de lugar. Por otro lado, aunque la Sección Femenina como organización pueda hoy parecer una especie de museo paleontológico y una secta destructiva que anula la libertad de las personas, tampoco habría que olvidar que, pese a ese afán típico de los totalitarismos de querer dirigir la vida de sus súbditos hasta cuando están en la intimidad, la SF desempeñó un importante papel desasnador y de auténtica utilidad social -sobre todo en sus dos primeras décadas de existencia- en una España rural analfabeta y hambrienta, en ruinas, misérrima y con una alta tasa de mortandad infantil. Y a la vez consiguió rescatar y salvar del completo olvido bastantes costumbres y usanzas, danzas y cantos, integrantes del acervo cultural español que quizás sin su labor se hubieran perdido para siempre.
 
Hernán Pérez del Pulgar, un Cid Campeador penibético
 

El Triunfo del Ave María

Las asistentes al Consejo Nacional de la Sección Femenina, como las buenas hormiguitas hacendosas que eran (según sus consignas), durante su estancia en Granada se dedicaron, claro está, principalmente a aquello que aquí las había traído, pero fuera de las maratonianas sesiones de mañana y tarde en que consistió fundamentalmente el evento, también hubo tiempo para lo social, como el reparto de más de cien canastillas a parturientas pobres que llevó a cabo la delegada nacional. Y tampoco faltaron sus ratos de ocio, con visitas a monumentos y algún sarao en forma de zambra sacromontana.

Entre sus esparcimientos estuvo, el mismo 2 de enero pero ya por la noche, la concurrencia de todo el mujerío falangista, con su jefa nacional al frente, Pilar Primo de Rivera, y toda la Granada azul empingorotada, incluidas jerarquías locales o de paso, al teatro Cervantes, adornado con tapices y numerosas banderas nacionales y del Movimiento, para asistir a la representación de El triunfo del Ave María, puesta en escena por el cuadro artístico de Educación y Descanso local en función de gala, con una banda amenizando los entreactos y con actuación de coros y danzas regionales, para terminar la velada con el cántico de himnos patrióticos. Para la ocasión se trajeron expresamente trajes de época del Teatro Nacional, de Madrid, y hasta un caballo de verdad anduvo entre los asientos del patio de butacas para darle más ambiente a la cosa.

Lo de organizar una función de teatro cada 2 de enero con El Triunfo del Ave María o la Toma de Granada (que ése es su nombre completo) como plato fuerte, era una tradición en Granada tan puntual como la de representar el Tenorio cada primero de noviembre en toda España. Todos los años, cada día de la Toma se representaba sin falta esta “Comedia Famosa de un Ingenio de la Corte”, de autor anónimo, función de moros y cristianos en verso que tiene como tema central la más sonada de las muchas hazañas del caballero Hernando del Pulgar (Hernán Pérez del Pulgar, conocido como “el de las hazañas”, un Cid Campeador penibético), quien en el asedio a la Granada nazarí de Boabdil entró con quince de los suyos de noche a la ciudad sin ser visto y siguiendo el curso del Darro llegó hasta la mezquita mayor (en el lugar en que hoy se levanta la iglesia del Sagrario) para incendiarla junto con la Alcaicería, en una acción de comando digna de Hollywood, pero al ser descubierto y no poder llevar a cabo su primer propósito, clavó con su daga en las mismísimas puertas del templo sarraceno un pergamino que traía con las palabras Ave María y una declaración por la que se proclamaba rendida Granada a la católica causa, volviendo después al campamento de Santa Fe escapando de la morisma a uña de caballo él y los que le acompañaban. También eran personajes de la representación los Reyes Católicos, Garcilaso de la Vega (no el célebre poeta sino un militar, su padre), el Conde de Cabra, el moro Tarfe (en el rol del villano que acaba derrotado y decapitado) y otros muchos.

Nunca tuve oportunidad de asistir a una de estas funciones, pero recuerdo oír hablar (y no acabar) a los mayores sobre aquellas veladas festivas en el Isabel la Católica de antes de la guerra. Muchas personas recitaban párrafos enteros de versos ripiosos pertenecientes al libreto de la obra que se sabían de memoria (…Penacho de ricas plumas / de nácar le daba al viento, / que en su cimera eran alas / y en su coraje ardimientos…), y siempre me llamó la atención una larguísima letanía de nombres que formaba parte del recitado y que terminaba tal que así: Lunas, Zúñigas, Mirandas, / Aragones y Cardonas / Palafoxes y Moncadas..., los apellidos de los nobles caballeros que participaron en el asedio. Navidad, vacaciones escolares, cercanía de Reyes. Los niños solían ocupar gran parte de las butacas del desaparecido teatro y, aunque no parece que el propósito del anónimo autor fuera componer una obra cómica, El Triunfo del Ave María o la Toma de Granada vino a ser cada año una especie de La venganza de Don Mendo a la granaína, y cuentan las crónicas que las funciones transcurrían entre las grandes risas y los comentarios en voz alta de la concurrencia, que a menudo interrumpía los parlamentos cuando apreciaba la introducción de alguna “morcilla” por los actores, porque muchos se sabían los versos de memoria y hasta se dice que algunos de esos versos se convirtieron en dichos o refranes populares granadinos castizos, hoy olvidados y en desuso, como la misma costumbre de representar esta comedia cada 2 de enero.
 
Cartelera de la función, cortesía de Eladio Fdez Nieto
 

Que el día de la Toma en algún teatro granadino se representara El Triunfo del Ave María fue una tradición muy popular y con más de un siglo de solera, en su tiempo una usanza tan granadina como la de tremolar el pendón de los Reyes Católicos o subir las mozas casaderas a tocar la campana de la Vela. Pero en 1942 era ya algo que pertenecía al pasado. No se puede decir que el contenido de la obra pudiera molestar a las nuevas autoridades, sin embargo, fue otra de las cosas que se acabaron con la Guerra Civil. Puede ser ésta la última vez que se cumplió la tradición granatensis, al menos en la forma en que se hizo en esta fecha, en el teatro principal y en función de gala. En 1935, la compañía madrileña de Carlos Díaz de Mendoza, que estaba en Granada de bolo de Pascuas, aprovechó el final de temporada para declararse en quiebra el 31 de diciembre y suspendió sus actuaciones, incluida la de la Toma de Granada que tenía anunciada, y así, por primera vez en muchísimos años, los granadinos se quedaron sin una de sus distracciones favoritas. En 1936 volvió a representarse en el teatro Isabel la Católica por la compañía del Teatro Fontalba de Madrid, en tres sesiones (5, 7 y 10,30) al precio de un duro en butaca, una peseta en general y 0,75 en paraíso. La reseña de El Defensor destaca sobre las demás la actuación del actor granadino Paquito Fuentes, en el rol del gracioso Calabaza. Después, en los tres años que duró la guerra, es de suponer que no estaba el horno para funciones de moros y cristianos, y menos cuando por las calles granadinas se veían a diario no pocos magrebíes de turbante y chilaba, pero de los de verdad, no de guardarropía, y como éstos eran amigos e, ironías de la historia, ahora se habían convertido en cruzados, imaginamos que no se consideró apropiado un espectáculo público en el que cristianos decapitan musulmanes. Después de terminada la guerra -que sepamos- hasta esta ocasión de 1942, representada por aficionados, no hubo función. Y en los años siguientes tampoco tenemos noticia de que volviera a escenificarse en Granada, al menos por actores profesionales.

Con la que cae cada año en la plaza del Carmen el 2 de enero y adyacentes sobre la fiesta de la Toma, y con ese odio maurófobo de ahora mismo que algunos se empeñan en avivar y, sobre todo, que ya no se llevan este tipo de espectáculos, no parece que pueda volver esta inocente tradición que tanto divirtió a muchas generaciones de paisanos.

jueves, 1 de junio de 2017

PALIZÓN AL BARCELONA

Cartel del partido Valencia-Granada, jugado en Mestalla

Alberty no es infalible
La mejor racha de toda la liga, cuatro partidos sin perder, con victorias sobre Alicante y Madrid y empates a domicilio ante Español y Celta, acabó en la jornada 16, tercera de la segunda vuelta, en Mestalla, con la mayor derrota de toda la temporada, 5-0 a pies del Valencia, aunque era una derrota previsible porque se trataba de un gran Valencia que luchaba por los primeros puestos y que acabaría campeón de liga. Además, los resultados de los rivales directos dejaron al Granada en la misma posición en la tabla y por esa razón no dolió demasiado la paliza.                                 
Según las crónicas, esta vez Alberty, que había sido duda toda la semana por un golpe frente al Madrid, dio la de arena. En Patria e Ideal, con firma de periodistas valencianos (que siguen llamando a nuestro equipo Recreativo) lo culpan de al menos dos de los goles ches.

 Chiste de Miranda sobre Alberty y su actuación en el 5-0


Por fin puede jugar Conde
Para el siguiente partido, en casa frente a un rival directo, R. Sociedad, el Granada se vio reforzado con Antonio Conde. Era un futbolista veterano (32 años), nacido en Sagunto, cuyos mejores momentos los había dado en el Valencia de antes de la guerra. En el Granada había firmado a principios de la anterior temporada, la 40-41, en Segunda, para poco tiempo después quedar su contrato suspendido al alcanzarle de lleno la que se conoció como Ley Moscardó. Desde entonces había estado inactivo e inédito para el granadinismo.
Las nuevas autoridades, en su afán por controlarlo todo y por derrotar no sólo militarmente a sus oponentes, habían dispuesto un conjunto de normas depuradoras o purgativas de elementos desafectos (o sospechosos de serlo) al nuevo régimen político, que se inició con la Ley de Responsabilidades Políticas, dictada cuando el fin de la guerra era inminente y ya se sabía su desenlace, y se perfeccionó con un sinfín de normas menores para alcanzar hasta el último de los sectores de la sociedad, como esta Ley Moscardó, que impedía a los deportistas dedicarse a su profesión si durante la guerra o antes de la misma se habían significado como integrantes de organizaciones de izquierda o del ejército de la República, una norma que estaba redactada en unos términos tan ambiguos que podía afectar a cualquiera que simplemente hubiera permanecido en zona roja durante la guerra, aunque nunca se hubiera involucrado en nada político. Antonio Conde Aja, mucho más por razón de donde le sorprendió el alzamiento contra la República (su Valencia natal) que por razones ideológicas, pasó la Guerra Civil en las filas del ejército republicano, donde llegó a ser oficial de Intendencia. Después de la contienda había jugado en el Hércules, y ya había tenido problemas con esta ley represora e incluso había pisado la cárcel. En el verano de 1940 el Granada lo había fichado como refuerzo para intentar el ascenso a Primera, pero hasta el momento que narramos, esto es, enero de 1942, cuando por fin quedaron aclarados los cargos que contra Conde existían y fue autorizado, sólo los ociosos que acudían a los entrenamientos habían tenido oportunidad de apreciar sus magníficas dotes de medio centro organizador o interior en punta.

Antonio Conde
Casi por sorpresa llegó la autorización puesto que poco más de un mes antes se había publicado en prensa que su recurso ante el Comité Nacional de Deportes había sido nuevamente desestimado. Martín Campos y otros directivos afectos al Glorioso Movimiento Nacional, como exigía la legislación, habían avalado la declaración jurada de Conde de ser persona de orden y no haber participado en actos perseguibles, requisito indispensable para obtener la licencia federativa. El caso es que año y medio de trámites le había costado al valenciano el perdón de su pasado rojo.
Conde fue un oportuno e importante refuerzo. El Granada derrotó 3-1 al equipo donostiarra, el farolillo rojo, con el concurso de este veterano todo terreno, que se alineó de medio izquierdo en detrimento de Sierra. Su actuación fue buena, aunque acusó el mucho tiempo inactivo, según  las crónicas. En la siguiente jornada volverá al banquillo, pero a partir de la 19 se convertirá en insustituible por todos los partidos que quedan hasta el final más los seis de Copa que se jugarán a continuación, titularidad que continuará las dos siguientes temporadas.
La victoria ante los vascos fue muy importante, distanciándolos ya en siete puntos, lo que unido a la derrota del Barcelona frente al Madrid supuso establecer un colchón de cuatro sobre los dos puestos de descenso, aunque todavía estábamos inmersos en los de promoción.

El Granada que derrotó 3-1 a la R. Sociedad, 25 de enero de 1942. De pìe: Sosa, Alejandro, Alberty, Bonet, Conde, Liz, Bachiller y César; agachados: Millán, Trompi y Marín

Atlético Aviación
La siguiente jornada, la 18, toca jugarla nuevamente en casa. Es una prueba de fuego porque el rival es el equipo de moda de la época, el At. Aviación de Ricardo Zamora, el míster del verdadero equipo del régimen, campeón de las dos últimas ligas, título que este año no pudo convalidar. En Granada y provincias limítrofes creció una expectación como nunca se había visto por estas tierras y desde el mismo lunes anterior al partido se anunciaron trenes y autobuses botijos fletados desde Málaga, Almería y Jaén. El recibimiento dado a los uniformados militarmente jugadores colchoneros provocó atascos en la estación de Andaluces y en la puerta del hotel donde se alojaron.
                Con Los Cármenes repleto a reventar, el día de San Cecilio de 1942, domingo 1 de febrero, se jugó este histórico encuentro que sin embargo para nada respondió a la gran expectación concitada en cuanto al juego desarrollado por granadinos (de blanco entero) y madrileños, aunque sí que resultó un partido emocionante que pudo ganar cualquiera pero que se decidió a favor de los aviadores por un único gol de Campos, protestado por los locales por entender que hubo una mano previa del colchonero.   

 El míster aviador Ricardo Zamora conversando con los granadinistas Alejandro, Liz y Bonet 
                                                              
Alberty triunfador en San Mamés
A la jornada siguiente, un nuevo desplazamiento lleva al equipo a San Mamés. Es la primera vez en la historia que el Granada comparece en la Catedral y, como era tradicional para los visitantes primerizos, en los prolegómenos los rojiblancos granadinos (fueron los locales los que vistieron otra indumentaria, como era la costumbre de la época) depositaron un ramo de flores ante el busto  de Pichichi.
               Después, sobre el barrillo de San Mamés, los nuestros jugaron un bastante aceptable partido pero no pudieron evitar caer derrotados por un único gol de Zarra, por entonces un prometedor ariete, en un barullo ante la meta de Alberty, que completó la que quizás sea su mejor actuación de los únicos catorce partidos en que defendió la portería granadinista. El entendido público bilbaíno dedicó al húngaro una enorme ovación al terminar el encuentro.

El Granada, debutante en San Mamés, cumple con la tradición y deposita un ramo de flores ante el busto que recuerda al gran Pichichi. Granadinistas y bilbaínos posan en los prolegómenos del At. Bilbao 1 Granada 0. Los de rayas son los nuestros: Liz, Alberty, Sosa, César y Bonet a la izquierda de la imagen; Alejandro, Conde, Sierra, Millán (tapado) Bachiller y Gárate, a la derecha
Gran goleada al Barcelona
Las dos derrotas consecutivas ante los dos Atléticos no escocieron demasiado porque los dos eran equipos punteros. Pero el siguiente rival ya sí que era de nuestra liga, el Barcelona -quién lo diría-, que se presentaba por primera vez en Granada viviendo la que es la peor competición liguera de todo su palmarés, y que marchaba en la clasificación justo detrás del Granada, a dos puntos y ocupando la primera de las dos plazas de descenso directo. Por eso era importantísimo anotarse una nueva victoria que restaurara la cómoda diferencia de cuatro puntos sobre los catalanes anterior a las dos jornadas recién disputadas, y así los profesionales granadinistas quedaron concentrados en el hotel Suizo desde tres días antes del choque.
                Estamos ante otra cita histórica, la de 15 de febrero de 1942, jornada 20. El Barça opuso a: Miró; Anguera, Benito; Franco, Rosalench, Llácer; Valle, Gracia, Martín, Balmanya y Bravo. Alberty; Millán, Alejandro; Sosa, Bonet, Sierra; Marín, Conde, César, Bachiller y Liz jugaron de rojiblanco. Un palizón de 6-0 fue lo que se llevó de Granada el Barcelona en su primera visita a nuestra tierra, gran victoria rojiblanca que no debe minusvalorarse aunque llegara sobre el peor Barça, un Barcelona que alcanzó su más baja clasificación liguera, 12º (de 14), y tuvo que salvar la categoría en promoción frente al Murcia. El caso es que no sería tan malo este Barcelona ya que este mismo equipo azulgrana apenas tres meses después de su partido en Los Cármenes se proclamó campeón de Copa del Generalísimo 1942.
Fue un partido no muy bueno del Granada a pesar de la goleada. Lo que más destacó , como es norma en esta temporada, fue el gran acierto del adelante rojiblanco, el mejor de toda su historia, aun con la ausencia del pequeño gran Trompi, suplido por Conde. Era la cuarta goleada en lo que iba de liga; faltaban todavía otras cinco, tres en liga y dos en copa.

Liz, Bonet (cigarrillo en ristre) y Alberty entretienen el aburrimiento de la concentración pre partido frente al Barcelona en el hotel Suizo escribiendo a sus familias
«Con unas pocas quisquillas / y unas copas de aguardiente / va a deciros dos cosillas / tan claras como sencillas / el que es vuestro presidente.»   
La goleada sobre el equipo culé fue celebrada por todo lo alto por directiva y jugadores con una cena en el mismo hotel de concentración. El presidente Ricardo Martín Campos improvisó un brindis rimado y festivo que empezaba con la quintilla que va por delante y continuaba con párrafos como: …«¡Sí!, ¡sí! Igual que el comendador, / con cuchillo y tenedor, / dispuesto a todo, amigazos: / a comerme un asador, / a beberme un botellazo / y a fumarme un gran purazo. / Ya sabéis que todavía / nos quedan duras jornadas. / Tan duras como el alón / de este pollo solterón / que destroza el medio Sosa.» […] «Y otros domingos jugando / en nuestro campo esplendente, / si ganamos ¿cómo no? / nos aplaudirá la gente. / En fin, ¿a qué más hablar? / Habéis venido a cenar / y no es cosa de amargaros / este jamón tan salado / que Moisés ha regalado… / por el precio estipulado. / Alegraos, sí, alegraos / porque es noche de alegría. / De vosotros es el día. / Comeos hasta mi ración. / Pero si alguno queda / con algo de corazón / que me guarde en un cartucho / siquiera un melocotón. / Mirad el vino con lupa, / bebedlo con regadera / y el que escupa ¡por Dios!/ que no lo haga en la estera. / Un brindis por el Granada, / el equipo que se empeña / en no viajar en segunda. / ¡Vivan nuestros jugadores! / ¡Vivan los goleadores / que saben jugar horrores / contra equipos de cartón! /  ¡Y viva el jamón con habas / y los dátiles de postre, / y las copas de coñac / que, por cosas de la vida, / he dejado de tomar!».
Desde luego, no puede decirse que ese brindis jocoso y ripioso de D. Ricardo tuviera alguna pretensión lírica, pero nos ha parecido que viene aquí a cuento referir una faceta no muy conocida de Ricardo Martín Campos como es la de su vena poética de juventud. Así, sabemos que en 1918 en unión de otros fundó una revista literaria (Idearium se llamaba; se llegaron a publicar unos pocos números) en la que Martín Campos hizo sus pinitos líricos.

 

López Sancho en Patria caricaturiza al improvisado vate Ricardo Martín Campos

Concurso de pronósticos
            El diario Ideal junto a su hermano mayor Ya, de la Editorial Católica, puso en marcha para la segunda vuelta de la liga un concurso semanal de pronósticos para los siete partidos de Primera División de cada jornada en el que había que acertar el resultado de cada encuentro y el número total de goles, con premios de 500, 300 y 100 ptas. para quienes más se aproximaran. En la jornada 20, que se jugó el 15 de febrero de 1942 y en la que el Granada apalizó al Barcelona, el tercer premio lo consiguió Juan Herrera Catena.
              Seguramente este nombre no dirá nada a la mayoría de los que puedan leer estas semblanzas, pero sí significa algo para el que suscribe y también para varias generaciones de abogados granadinos ya que ese nombre corresponde a alguien que fue muchos años profesor de Derecho Civil en nuestra Universidad. A don Juan, que era muy futbolero, seguro que los veinte duros le vinieron fenomenalmente en sus tiempos de estudiante en la facultad. En esta ocasión le acompañó la suerte. Suerte que no tuvo años después, en agosto de 1988, poco tiempo después de jubilarse, en que le sorprendió una muerte absurda y muy peculiar, cuando participando en las fiestas de su pueblo, Mengíbar, la explosión de un cohete descontrolado en pleno rostro le causó unas terribles heridas de las que no pudo recuperarse.
Empieza a gestarse la tragedia
            Como el siguiente partido era en La Coruña, el portero Alberty pidió permiso -y se le concedió- para viajar por su cuenta a Vigo con objeto de atender sus negocios y estar con su familia, y para allá se fue el lunes siguiente a la victoria ante el Barcelona. Desde Vigo tenía previsto incorporarse a la expedición ya en La Coruña. Estaba empezando a gestarse la gran tragedia y la leyenda de este portero-mito en la historia del Granada CF.

Alberty


 Histórica victoria en La Coruña
            El domingo 22 de febrero de 1942 es otra fecha histórica granadinista en esta temporada tan pródiga en momentos para el recuerdo. Ese día consiguió el Granada su primera victoria a domicilio en máxima categoría, en La Coruña, donde venció 1-4. El Coruña era en esos momentos equipo de la zona templada de la clasificación, pero acabaría la liga en un más que meritorio -para un debutante- cuarto puesto y además contaba con varios internacionales, como el portero Acuña, que acababa de debutar con la selección. No obstante, parece que Acuña no tuvo una buena tarde y las crónicas lo culpan de los tres primeros goles rojiblancos.   
Alberty; Millán, Alejandro; Sosa, Conde, Sierra; Marín, Trompi, César, Bachiller y Liz, fueron los once rojiblancos que hicieron historia, con tres goles de César y uno de Bachiller y con arbitraje de Álvarez Corriols en un partido en el que pusieron gran entusiasmo y en el que, según Hoja del Lunes de La Coruña, «…los delanteros rojiblancos eran cinco saetas hacia el gol contrario…». El semanario gallego también destaca a los “viejos” Alberty, Alejandro y Marín, en especial éste último, del que dice que parece que por él no pasa el tiempo y que está ahora mejor que hace diez años.
La victoria dejaba al Granada el décimo y a seis puntos ya de los puestos de descenso directo faltando sólo cinco jornadas para terminar la liga, aunque todavía  la promoción seguía siendo una amenaza. 

A sus 35 años Marín fue el mejor fichaje de esta temporada

Auxilio Social
           
Para la visita del Madrid y del Barcelona y otros equipos a Los Cármenes no se puede hablar de suplemento a pagar (también los socios) por todo el que quisiera ver el partido como si fuera día del club (que todavía no se había inventado), pero, según informa Ideal, para poder acceder al campo será necesario adquirir previamente el emblema de Auxilio Social, que será exigido en la puerta y deben mostrarlo tanto los socios como los no socios.
                Los emblemas de Auxilio Social consistían en unos rectángulos de cartulina, de tamaño algo mayor que un sello de correos, que llevaban adheridos una solapa para poder fijarlos a la ropa de manera que estuvieran visibles. Cada quince días se llevaba a cabo una cuestación callejera de Auxilio Social en la que, a cambio de un mínimo óbolo se obtenía el emblema, obligatorio para todo el mundo (excepto obreros en paro) e imprescindible para poder acceder a espectáculos, restaurantes, bares y similares, negándose la entrada a quien no lo hubiera adquirido. Con los 30 o 50 céntimos o una peseta que costaba cada uno de esos emblemas, conocidos popularmente como “chapas”, se financiaba Auxilio Social (la versión española del nazi Auxilio de Invierno), una institución asistencial y de beneficencia creada durante la Guerra Civil y que pertenecía a la Sección Femenina de Falange. Su fin era atender a los muchos menesterosos que dejó la contienda.
                En la actualidad estos emblemas son objeto de colección, como puedan serlo los sellos de correos o las monedas, ya que durante aquellos años se emitieron infinidad de modelos ilustrados con dibujos de colores que trataban de los más variados temas, a menudo relacionados con las distintas provincias españolas y su heráldica y folklore.

Distintos emblemas de Auxilio Social. Sin ellos no había fútbol

                Otra forma de financiarse Auxilio Social era la llamada “Ficha Azul”, que consistía en una suscripción voluntaria por la que empresas o personas bien situadas económicamente se comprometían a entregar una cantidad fija todos los meses. Pero la voluntariedad primera devino andando el tiempo en obligatoria, y así, cuando los suscriptores se hacían los remolones a la hora de retratarse, venían las sanciones impuestas por el gobernador civil y publicadas en prensa para escarnio de los agarraos. Ejemplo es lo que publica Ideal el 19 de marzo de 1942: «Nota del Gobierno Civil de la Provincia: Por negarse a pagar la Ficha Azul que voluntariamente tienen suscrita, no obstante disfrutar de desahogada posición económica, han sido sancionados con las multas que se indican los siguientes vecinos de La Peza…», y viene a continuación una relación en la que aparecen más de veinte nombres a los que se han impuesto sanciones que oscilan entre las 80 y las 40 pesetas.
            En principio no había sido previsto como fuente de financiación de Auxilio Social pero andando el tiempo también acabó siéndolo -al menos en parte- lo que se conoció como “día del plato único” y su segunda versión, el “día sin postre”. En esos días las familias en sus comidas se abstenían de una parte de su condumio y la suma así ahorrada debían entregarla al Estado para que éste lo dedicara a fines asistenciales. A imitación de la Alemania nazi, en plena guerra y como subsidio al combatiente había sido instaurado el día del plato único al principio sólo para los restaurantes y casas de comidas, que los días 1 y 15 de cada mes servían en sus menús un único plato, aunque cobraban como si hubiera sido completo, y lo cobrado de más tenían obligatoriamente que ingresarlo en las oficinas establecidas a tal fin en los gobiernos civiles de cada provincia. Este ayuno impuesto y su correspondiente traducción a dinero ingresable en oficinas estatales, andando el tiempo fue también obligatorio para los domicilios particulares, y en su recaudación puerta a puerta se empleó en algunas poblaciones a los serenos o a los alevines de camisa azul conocidos como flechas y pelayos. Tratar de escaquearse del pago de esta casera alcabala nacionalsindicalista, como de cualquiera de las muchas otras establecidas, podía resultar caro al engurruñío de turno, que se exponía, además de a una sanción económica del 50 % sobre lo escamoteado, a la posibilidad de ser expuesto a la vergüenza pública con nombre y apellidos o, peor aún, a quedar inscrito en las muchas listas negras de desafectos al régimen que circulaban.
            Por otra parte, no deja de tener una gran carga sarcástica el hecho de existir en los hambrientos primeros años cuarenta y para todas las familias de España, sin distinción de poderío económico, un día en el que estaban obligadas a comer sólo un plato, porque para la inmensa mayoría de las familias españolas, día del plato único eran todos y cada uno de los que componían el calendario... y eso si es que tenían suerte o eran gentes de posibles para comprar de estraperlo. Incluso en bastantes hogares eran muchos los días en que los probos padres de familia hubieran vendido su alma al diablo por tener algo que echarse a la andorga, aunque hubiera sido un único plato. Quizás por esa razón  en enero de 1942 quedó abolido el día del plato único.      

Recibo de haber abonado lo debido por el Plato Único

Raza
            A los cuatro días de la gran victoria 6-0 del Granada sobre el Barcelona, el 19 de febrero de 1942, algo más de un mes después de su estreno en Madrid llegaba a Granada, al teatro Cervantes, la película Raza, dirigida por José Luis Sáenz de Heredia y protagonizada por Alfredo Mayo y Ana Mariscal.
                Desde semanas antes los diarios locales venían anunciando su exhibición en función de estreno patrocinada por la Asociación de la Prensa a la que estaba invitada la mejor sociedad granadina, rogando a los asistentes acudir de etiqueta o uniforme militar de gala. La cinta se presentaba como «la película nacional por excelencia» porque «destaca y exalta nuestras virtudes de sangre nunca mancilladas».
                El teatro-cine Cervantes lució su mejor decoración a base de tapices, macetas, banderas y gallardetes y grandes rótulos formados con bombillas con la leyenda ¡Franco! ¡Franco! ¡Franco! ¡Arriba España! Fue un gran acontecimiento de la Granada azul nacionalsindicalista (la única posible, por otra parte).
La película cuenta la vida de una familia, los Churruca, y las vicisitudes por las que atraviesa según los distintos momentos históricos que le toca vivir, desde la Guerra de Cuba hasta el final de la Guerra Civil, y es una maniquea exaltación de las virtudes de la raza hispana, la de los buenos españoles, católicos y patriotas, que tras verse amenazada finalmente triunfa frente a los malos españoles, los que se han dejado influir por masones, liberales y marxistas, y asesinan curas y queman iglesias.

Anuncio en prensa de la película Raza

Lo que no encontramos en la prensa de entonces, ni en los abundantes anuncios del estreno ni tampoco en la extensa y entusiasta reseña de ese estreno que en Patria firma C. Fernández, es mención alguna al autor del guión de la película. Y no figura el nombre del guionista porque este detalle no se dio a conocer al público hasta bien entrados los años sesenta. Y resultó que ese guionista no fue otro que el mismísimo Franco en persona y estilográfica Parker (y algún negro), puesto que se trata de la puesta en escena de la novela que con el mismo título, Raza, el Caudillo escribió bajo el seudónimo de Jaime de Andrade. Es una novela que tiene (o pretende tener) bastante de autobiográfica. Los Churruca son en realidad los Franco, sin que falte el hermano tarambana (trasunto de Ramón Franco) que al final se redime y muere heroicamente.
Y es que el Generalísimo tuvo también su vena literaria. Veinte años antes, en 1922, cuando sólo era el “comandantín” Franco, firmando con su nombre y apellidos ya había publicado un librillo sobre la Legión y la guerra de África que se tituló “Diario de una Bandera”, escrito así, en forma de diario, con prólogo de Millán Astray y que, como el propio Franco definió, no era ficción, sino que era el «conciso y verídico relato del Historial de una Bandera» de la Legión, la misma que él como comandante tenía a su cargo, entre el otoño de 1920, recién fundado el Tercio, y la primavera de 1922, tras la reconquista de los territorios marroquíes perdidos en el que se llamó Desastre de Annual.  Además también firmando con nombre y apellido fueron numerosas sus colaboraciones en Revista de Tropas Coloniales, publicación fundada por Franco y Queipo de Llano en 1924.
 Por razones obvias, ya no usaría más su auténtico nombre para sus pinitos literarios o periodísticos. Así, aparte del seudónimo de Jaime de Andrade con el que firmó Raza, en los años cincuenta y bajo el alias de Jakin Boor (el seudónimo está inspirado por las dos columnas que adornan los locales de las logias masónicas y que se señalan con las iniciales J y B) dio a imprenta otro libro con el título “Masonería”, que es en realidad una recopilación de artículos aparecidos con esa firma en el diario Arriba, verdaderas y furibundas soflamas contra los agentes del mal que de siempre presidieron sus mejores pesadillas: los masones. Unos masones que en esos momentos, muy a su pesar, gobernaban países o presidían organismos internacionales. Tampoco se olvidaba el Caudillo en estos escritos de sus otras obsesiones favoritas: judíos, demócratas, liberales, comunistas, todos conchabados contra España, a la que querían destruir y mantenían en el aislamiento. 
Otro alias que alguna vez usó Franco, también en los años cincuenta, fue el de Macaulay, en este caso para arremeter desde las páginas de Arriba contra la “pérfida Albión” y la visita de la reina Isabel II a Gibraltar. Otro más fue Hispánicus, también en sus combativos años cincuenta, ahora para cargar contra los dirigentes franceses, cuando se estaba fraguando la descolonización del Protectorado marroquí.
Por último también sabemos de otro seudónimo usado por el Generalísimo, éste mucho más doméstico y que desde luego nada tiene que ver con los anteriores. Fue el de Francisco Cofran, que era el nick con el que firmaba semanalmente desde su mesa camilla de El Pardo los boletos de quinielas de fútbol que después un propio se encargaba de sellar en el despacho de apuestas correspondiente. Con su proverbial baraka, hasta dos veces consiguió un premio importante, se dice.

Portada de la novela Raza que firma Jaime de Andrade