EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



jueves, 1 de junio de 2017

PALIZÓN AL BARCELONA

Cartel del partido Valencia-Granada, jugado en Mestalla

Alberty no es infalible
La mejor racha de toda la liga, cuatro partidos sin perder, con victorias sobre Alicante y Madrid y empates a domicilio ante Español y Celta, acabó en la jornada 16, tercera de la segunda vuelta, en Mestalla, con la mayor derrota de toda la temporada, 5-0 a pies del Valencia, aunque era una derrota previsible porque se trataba de un gran Valencia que luchaba por los primeros puestos y que acabaría campeón de liga. Además, los resultados de los rivales directos dejaron al Granada en la misma posición en la tabla y por esa razón no dolió demasiado la paliza.                                 
Según las crónicas, esta vez Alberty, que había sido duda toda la semana por un golpe frente al Madrid, dio la de arena. En Patria e Ideal, con firma de periodistas valencianos (que siguen llamando a nuestro equipo Recreativo) lo culpan de al menos dos de los goles ches.

 Chiste de Miranda sobre Alberty y su actuación en el 5-0


Por fin puede jugar Conde
Para el siguiente partido, en casa frente a un rival directo, R. Sociedad, el Granada se vio reforzado con Antonio Conde. Era un futbolista veterano (32 años), nacido en Sagunto, cuyos mejores momentos los había dado en el Valencia de antes de la guerra. En el Granada había firmado a principios de la anterior temporada, la 40-41, en Segunda, para poco tiempo después quedar su contrato suspendido al alcanzarle de lleno la que se conoció como Ley Moscardó. Desde entonces había estado inactivo e inédito para el granadinismo.
Las nuevas autoridades, en su afán por controlarlo todo y por derrotar no sólo militarmente a sus oponentes, habían dispuesto un conjunto de normas depuradoras o purgativas de elementos desafectos (o sospechosos de serlo) al nuevo régimen político, que se inició con la Ley de Responsabilidades Políticas, dictada cuando el fin de la guerra era inminente y ya se sabía su desenlace, y se perfeccionó con un sinfín de normas menores para alcanzar hasta el último de los sectores de la sociedad, como esta Ley Moscardó, que impedía a los deportistas dedicarse a su profesión si durante la guerra o antes de la misma se habían significado como integrantes de organizaciones de izquierda o del ejército de la República, una norma que estaba redactada en unos términos tan ambiguos que podía afectar a cualquiera que simplemente hubiera permanecido en zona roja durante la guerra, aunque nunca se hubiera involucrado en nada político. Antonio Conde Aja, mucho más por razón de donde le sorprendió el alzamiento contra la República (su Valencia natal) que por razones ideológicas, pasó la Guerra Civil en las filas del ejército republicano, donde llegó a ser oficial de Intendencia. Después de la contienda había jugado en el Hércules, y ya había tenido problemas con esta ley represora e incluso había pisado la cárcel. En el verano de 1940 el Granada lo había fichado como refuerzo para intentar el ascenso a Primera, pero hasta el momento que narramos, esto es, enero de 1942, cuando por fin quedaron aclarados los cargos que contra Conde existían y fue autorizado, sólo los ociosos que acudían a los entrenamientos habían tenido oportunidad de apreciar sus magníficas dotes de medio centro organizador o interior en punta.

Antonio Conde
Casi por sorpresa llegó la autorización puesto que poco más de un mes antes se había publicado en prensa que su recurso ante el Comité Nacional de Deportes había sido nuevamente desestimado. Martín Campos y otros directivos afectos al Glorioso Movimiento Nacional, como exigía la legislación, habían avalado la declaración jurada de Conde de ser persona de orden y no haber participado en actos perseguibles, requisito indispensable para obtener la licencia federativa. El caso es que año y medio de trámites le había costado al valenciano el perdón de su pasado rojo.
Conde fue un oportuno e importante refuerzo. El Granada derrotó 3-1 al equipo donostiarra, el farolillo rojo, con el concurso de este veterano todo terreno, que se alineó de medio izquierdo en detrimento de Sierra. Su actuación fue buena, aunque acusó el mucho tiempo inactivo, según  las crónicas. En la siguiente jornada volverá al banquillo, pero a partir de la 19 se convertirá en insustituible por todos los partidos que quedan hasta el final más los seis de Copa que se jugarán a continuación, titularidad que continuará las dos siguientes temporadas.
La victoria ante los vascos fue muy importante, distanciándolos ya en siete puntos, lo que unido a la derrota del Barcelona frente al Madrid supuso establecer un colchón de cuatro sobre los dos puestos de descenso, aunque todavía estábamos inmersos en los de promoción.

El Granada que derrotó 3-1 a la R. Sociedad, 25 de enero de 1942. De pìe: Sosa, Alejandro, Alberty, Bonet, Conde, Liz, Bachiller y César; agachados: Millán, Trompi y Marín

Atlético Aviación
La siguiente jornada, la 18, toca jugarla nuevamente en casa. Es una prueba de fuego porque el rival es el equipo de moda de la época, el At. Aviación de Ricardo Zamora, el míster del verdadero equipo del régimen, campeón de las dos últimas ligas, título que este año no pudo convalidar. En Granada y provincias limítrofes creció una expectación como nunca se había visto por estas tierras y desde el mismo lunes anterior al partido se anunciaron trenes y autobuses botijos fletados desde Málaga, Almería y Jaén. El recibimiento dado a los uniformados militarmente jugadores colchoneros provocó atascos en la estación de Andaluces y en la puerta del hotel donde se alojaron.
                Con Los Cármenes repleto a reventar, el día de San Cecilio de 1942, domingo 1 de febrero, se jugó este histórico encuentro que sin embargo para nada respondió a la gran expectación concitada en cuanto al juego desarrollado por granadinos (de blanco entero) y madrileños, aunque sí que resultó un partido emocionante que pudo ganar cualquiera pero que se decidió a favor de los aviadores por un único gol de Campos, protestado por los locales por entender que hubo una mano previa del colchonero.   

 El míster aviador Ricardo Zamora conversando con los granadinistas Alejandro, Liz y Bonet 
                                                              
Alberty triunfador en San Mamés
A la jornada siguiente, un nuevo desplazamiento lleva al equipo a San Mamés. Es la primera vez en la historia que el Granada comparece en la Catedral y, como era tradicional para los visitantes primerizos, en los prolegómenos los rojiblancos granadinos (fueron los locales los que vistieron otra indumentaria, como era la costumbre de la época) depositaron un ramo de flores ante el busto  de Pichichi.
               Después, sobre el barrillo de San Mamés, los nuestros jugaron un bastante aceptable partido pero no pudieron evitar caer derrotados por un único gol de Zarra, por entonces un prometedor ariete, en un barullo ante la meta de Alberty, que completó la que quizás sea su mejor actuación de los únicos catorce partidos en que defendió la portería granadinista. El entendido público bilbaíno dedicó al húngaro una enorme ovación al terminar el encuentro.

El Granada, debutante en San Mamés, cumple con la tradición y deposita un ramo de flores ante el busto que recuerda al gran Pichichi. Granadinistas y bilbaínos posan en los prolegómenos del At. Bilbao 1 Granada 0. Los de rayas son los nuestros: Liz, Alberty, Sosa, César y Bonet a la izquierda de la imagen; Alejandro, Conde, Sierra, Millán (tapado) Bachiller y Gárate, a la derecha
Gran goleada al Barcelona
Las dos derrotas consecutivas ante los dos Atléticos no escocieron demasiado porque los dos eran equipos punteros. Pero el siguiente rival ya sí que era de nuestra liga, el Barcelona -quién lo diría-, que se presentaba por primera vez en Granada viviendo la que es la peor competición liguera de todo su palmarés, y que marchaba en la clasificación justo detrás del Granada, a dos puntos y ocupando la primera de las dos plazas de descenso directo. Por eso era importantísimo anotarse una nueva victoria que restaurara la cómoda diferencia de cuatro puntos sobre los catalanes anterior a las dos jornadas recién disputadas, y así los profesionales granadinistas quedaron concentrados en el hotel Suizo desde tres días antes del choque.
                Estamos ante otra cita histórica, la de 15 de febrero de 1942, jornada 20. El Barça opuso a: Miró; Anguera, Benito; Franco, Rosalench, Llácer; Valle, Gracia, Martín, Balmanya y Bravo. Alberty; Millán, Alejandro; Sosa, Bonet, Sierra; Marín, Conde, César, Bachiller y Liz jugaron de rojiblanco. Un palizón de 6-0 fue lo que se llevó de Granada el Barcelona en su primera visita a nuestra tierra, gran victoria rojiblanca que no debe minusvalorarse aunque llegara sobre el peor Barça, un Barcelona que alcanzó su más baja clasificación liguera, 12º (de 14), y tuvo que salvar la categoría en promoción frente al Murcia. El caso es que no sería tan malo este Barcelona ya que este mismo equipo azulgrana apenas tres meses después de su partido en Los Cármenes se proclamó campeón de Copa del Generalísimo 1942.
Fue un partido no muy bueno del Granada a pesar de la goleada. Lo que más destacó , como es norma en esta temporada, fue el gran acierto del adelante rojiblanco, el mejor de toda su historia, aun con la ausencia del pequeño gran Trompi, suplido por Conde. Era la cuarta goleada en lo que iba de liga; faltaban todavía otras cinco, tres en liga y dos en copa.

Liz, Bonet (cigarrillo en ristre) y Alberty entretienen el aburrimiento de la concentración pre partido frente al Barcelona en el hotel Suizo escribiendo a sus familias
«Con unas pocas quisquillas / y unas copas de aguardiente / va a deciros dos cosillas / tan claras como sencillas / el que es vuestro presidente.»   
La goleada sobre el equipo culé fue celebrada por todo lo alto por directiva y jugadores con una cena en el mismo hotel de concentración. El presidente Ricardo Martín Campos improvisó un brindis rimado y festivo que empezaba con la quintilla que va por delante y continuaba con párrafos como: …«¡Sí!, ¡sí! Igual que el comendador, / con cuchillo y tenedor, / dispuesto a todo, amigazos: / a comerme un asador, / a beberme un botellazo / y a fumarme un gran purazo. / Ya sabéis que todavía / nos quedan duras jornadas. / Tan duras como el alón / de este pollo solterón / que destroza el medio Sosa.» […] «Y otros domingos jugando / en nuestro campo esplendente, / si ganamos ¿cómo no? / nos aplaudirá la gente. / En fin, ¿a qué más hablar? / Habéis venido a cenar / y no es cosa de amargaros / este jamón tan salado / que Moisés ha regalado… / por el precio estipulado. / Alegraos, sí, alegraos / porque es noche de alegría. / De vosotros es el día. / Comeos hasta mi ración. / Pero si alguno queda / con algo de corazón / que me guarde en un cartucho / siquiera un melocotón. / Mirad el vino con lupa, / bebedlo con regadera / y el que escupa ¡por Dios!/ que no lo haga en la estera. / Un brindis por el Granada, / el equipo que se empeña / en no viajar en segunda. / ¡Vivan nuestros jugadores! / ¡Vivan los goleadores / que saben jugar horrores / contra equipos de cartón! /  ¡Y viva el jamón con habas / y los dátiles de postre, / y las copas de coñac / que, por cosas de la vida, / he dejado de tomar!».
Desde luego, no puede decirse que ese brindis jocoso y ripioso de D. Ricardo tuviera alguna pretensión lírica, pero nos ha parecido que viene aquí a cuento referir una faceta no muy conocida de Ricardo Martín Campos como es la de su vena poética de juventud. Así, sabemos que en 1918 en unión de otros fundó una revista literaria (Idearium se llamaba; se llegaron a publicar unos pocos números) en la que Martín Campos hizo sus pinitos líricos.

 

López Sancho en Patria caricaturiza al improvisado vate Ricardo Martín Campos

Concurso de pronósticos
            El diario Ideal junto a su hermano mayor Ya, de la Editorial Católica, puso en marcha para la segunda vuelta de la liga un concurso semanal de pronósticos para los siete partidos de Primera División de cada jornada en el que había que acertar el resultado de cada encuentro y el número total de goles, con premios de 500, 300 y 100 ptas. para quienes más se aproximaran. En la jornada 20, que se jugó el 15 de febrero de 1942 y en la que el Granada apalizó al Barcelona, el tercer premio lo consiguió Juan Herrera Catena.
              Seguramente este nombre no dirá nada a la mayoría de los que puedan leer estas semblanzas, pero sí significa algo para el que suscribe y también para varias generaciones de abogados granadinos ya que ese nombre corresponde a alguien que fue muchos años profesor de Derecho Civil en nuestra Universidad. A don Juan, que era muy futbolero, seguro que los veinte duros le vinieron fenomenalmente en sus tiempos de estudiante en la facultad. En esta ocasión le acompañó la suerte. Suerte que no tuvo años después, en agosto de 1988, poco tiempo después de jubilarse, en que le sorprendió una muerte absurda y muy peculiar, cuando participando en las fiestas de su pueblo, Mengíbar, la explosión de un cohete descontrolado en pleno rostro le causó unas terribles heridas de las que no pudo recuperarse.
Empieza a gestarse la tragedia
            Como el siguiente partido era en La Coruña, el portero Alberty pidió permiso -y se le concedió- para viajar por su cuenta a Vigo con objeto de atender sus negocios y estar con su familia, y para allá se fue el lunes siguiente a la victoria ante el Barcelona. Desde Vigo tenía previsto incorporarse a la expedición ya en La Coruña. Estaba empezando a gestarse la gran tragedia y la leyenda de este portero-mito en la historia del Granada CF.

Alberty


 Histórica victoria en La Coruña
            El domingo 22 de febrero de 1942 es otra fecha histórica granadinista en esta temporada tan pródiga en momentos para el recuerdo. Ese día consiguió el Granada su primera victoria a domicilio en máxima categoría, en La Coruña, donde venció 1-4. El Coruña era en esos momentos equipo de la zona templada de la clasificación, pero acabaría la liga en un más que meritorio -para un debutante- cuarto puesto y además contaba con varios internacionales, como el portero Acuña, que acababa de debutar con la selección. No obstante, parece que Acuña no tuvo una buena tarde y las crónicas lo culpan de los tres primeros goles rojiblancos.   
Alberty; Millán, Alejandro; Sosa, Conde, Sierra; Marín, Trompi, César, Bachiller y Liz, fueron los once rojiblancos que hicieron historia, con tres goles de César y uno de Bachiller y con arbitraje de Álvarez Corriols en un partido en el que pusieron gran entusiasmo y en el que, según Hoja del Lunes de La Coruña, «…los delanteros rojiblancos eran cinco saetas hacia el gol contrario…». El semanario gallego también destaca a los “viejos” Alberty, Alejandro y Marín, en especial éste último, del que dice que parece que por él no pasa el tiempo y que está ahora mejor que hace diez años.
La victoria dejaba al Granada el décimo y a seis puntos ya de los puestos de descenso directo faltando sólo cinco jornadas para terminar la liga, aunque todavía  la promoción seguía siendo una amenaza. 

A sus 35 años Marín fue el mejor fichaje de esta temporada

Auxilio Social
           
Para la visita del Madrid y del Barcelona y otros equipos a Los Cármenes no se puede hablar de suplemento a pagar (también los socios) por todo el que quisiera ver el partido como si fuera día del club (que todavía no se había inventado), pero, según informa Ideal, para poder acceder al campo será necesario adquirir previamente el emblema de Auxilio Social, que será exigido en la puerta y deben mostrarlo tanto los socios como los no socios.
                Los emblemas de Auxilio Social consistían en unos rectángulos de cartulina, de tamaño algo mayor que un sello de correos, que llevaban adheridos una solapa para poder fijarlos a la ropa de manera que estuvieran visibles. Cada quince días se llevaba a cabo una cuestación callejera de Auxilio Social en la que, a cambio de un mínimo óbolo se obtenía el emblema, obligatorio para todo el mundo (excepto obreros en paro) e imprescindible para poder acceder a espectáculos, restaurantes, bares y similares, negándose la entrada a quien no lo hubiera adquirido. Con los 30 o 50 céntimos o una peseta que costaba cada uno de esos emblemas, conocidos popularmente como “chapas”, se financiaba Auxilio Social (la versión española del nazi Auxilio de Invierno), una institución asistencial y de beneficencia creada durante la Guerra Civil y que pertenecía a la Sección Femenina de Falange. Su fin era atender a los muchos menesterosos que dejó la contienda.
                En la actualidad estos emblemas son objeto de colección, como puedan serlo los sellos de correos o las monedas, ya que durante aquellos años se emitieron infinidad de modelos ilustrados con dibujos de colores que trataban de los más variados temas, a menudo relacionados con las distintas provincias españolas y su heráldica y folklore.

Distintos emblemas de Auxilio Social. Sin ellos no había fútbol

                Otra forma de financiarse Auxilio Social era la llamada “Ficha Azul”, que consistía en una suscripción voluntaria por la que empresas o personas bien situadas económicamente se comprometían a entregar una cantidad fija todos los meses. Pero la voluntariedad primera devino andando el tiempo en obligatoria, y así, cuando los suscriptores se hacían los remolones a la hora de retratarse, venían las sanciones impuestas por el gobernador civil y publicadas en prensa para escarnio de los agarraos. Ejemplo es lo que publica Ideal el 19 de marzo de 1942: «Nota del Gobierno Civil de la Provincia: Por negarse a pagar la Ficha Azul que voluntariamente tienen suscrita, no obstante disfrutar de desahogada posición económica, han sido sancionados con las multas que se indican los siguientes vecinos de La Peza…», y viene a continuación una relación en la que aparecen más de veinte nombres a los que se han impuesto sanciones que oscilan entre las 80 y las 40 pesetas.
            En principio no había sido previsto como fuente de financiación de Auxilio Social pero andando el tiempo también acabó siéndolo -al menos en parte- lo que se conoció como “día del plato único” y su segunda versión, el “día sin postre”. En esos días las familias en sus comidas se abstenían de una parte de su condumio y la suma así ahorrada debían entregarla al Estado para que éste lo dedicara a fines asistenciales. A imitación de la Alemania nazi, en plena guerra y como subsidio al combatiente había sido instaurado el día del plato único al principio sólo para los restaurantes y casas de comidas, que los días 1 y 15 de cada mes servían en sus menús un único plato, aunque cobraban como si hubiera sido completo, y lo cobrado de más tenían obligatoriamente que ingresarlo en las oficinas establecidas a tal fin en los gobiernos civiles de cada provincia. Este ayuno impuesto y su correspondiente traducción a dinero ingresable en oficinas estatales, andando el tiempo fue también obligatorio para los domicilios particulares, y en su recaudación puerta a puerta se empleó en algunas poblaciones a los serenos o a los alevines de camisa azul conocidos como flechas y pelayos. Tratar de escaquearse del pago de esta casera alcabala nacionalsindicalista, como de cualquiera de las muchas otras establecidas, podía resultar caro al engurruñío de turno, que se exponía, además de a una sanción económica del 50 % sobre lo escamoteado, a la posibilidad de ser expuesto a la vergüenza pública con nombre y apellidos o, peor aún, a quedar inscrito en las muchas listas negras de desafectos al régimen que circulaban.
            Por otra parte, no deja de tener una gran carga sarcástica el hecho de existir en los hambrientos primeros años cuarenta y para todas las familias de España, sin distinción de poderío económico, un día en el que estaban obligadas a comer sólo un plato, porque para la inmensa mayoría de las familias españolas, día del plato único eran todos y cada uno de los que componían el calendario... y eso si es que tenían suerte o eran gentes de posibles para comprar de estraperlo. Incluso en bastantes hogares eran muchos los días en que los probos padres de familia hubieran vendido su alma al diablo por tener algo que echarse a la andorga, aunque hubiera sido un único plato. Quizás por esa razón  en enero de 1942 quedó abolido el día del plato único.      

Recibo de haber abonado lo debido por el Plato Único

Raza
            A los cuatro días de la gran victoria 6-0 del Granada sobre el Barcelona, el 19 de febrero de 1942, algo más de un mes después de su estreno en Madrid llegaba a Granada, al teatro Cervantes, la película Raza, dirigida por José Luis Sáenz de Heredia y protagonizada por Alfredo Mayo y Ana Mariscal.
                Desde semanas antes los diarios locales venían anunciando su exhibición en función de estreno patrocinada por la Asociación de la Prensa a la que estaba invitada la mejor sociedad granadina, rogando a los asistentes acudir de etiqueta o uniforme militar de gala. La cinta se presentaba como «la película nacional por excelencia» porque «destaca y exalta nuestras virtudes de sangre nunca mancilladas».
                El teatro-cine Cervantes lució su mejor decoración a base de tapices, macetas, banderas y gallardetes y grandes rótulos formados con bombillas con la leyenda ¡Franco! ¡Franco! ¡Franco! ¡Arriba España! Fue un gran acontecimiento de la Granada azul nacionalsindicalista (la única posible, por otra parte).
La película cuenta la vida de una familia, los Churruca, y las vicisitudes por las que atraviesa según los distintos momentos históricos que le toca vivir, desde la Guerra de Cuba hasta el final de la Guerra Civil, y es una maniquea exaltación de las virtudes de la raza hispana, la de los buenos españoles, católicos y patriotas, que tras verse amenazada finalmente triunfa frente a los malos españoles, los que se han dejado influir por masones, liberales y marxistas, y asesinan curas y queman iglesias.

Anuncio en prensa de la película Raza

Lo que no encontramos en la prensa de entonces, ni en los abundantes anuncios del estreno ni tampoco en la extensa y entusiasta reseña de ese estreno que en Patria firma C. Fernández, es mención alguna al autor del guión de la película. Y no figura el nombre del guionista porque este detalle no se dio a conocer al público hasta bien entrados los años sesenta. Y resultó que ese guionista no fue otro que el mismísimo Franco en persona y estilográfica Parker (y algún negro), puesto que se trata de la puesta en escena de la novela que con el mismo título, Raza, el Caudillo escribió bajo el seudónimo de Jaime de Andrade. Es una novela que tiene (o pretende tener) bastante de autobiográfica. Los Churruca son en realidad los Franco, sin que falte el hermano tarambana (trasunto de Ramón Franco) que al final se redime y muere heroicamente.
Y es que el Generalísimo tuvo también su vena literaria. Veinte años antes, en 1922, cuando sólo era el “comandantín” Franco, firmando con su nombre y apellidos ya había publicado un librillo sobre la Legión y la guerra de África que se tituló “Diario de una Bandera”, escrito así, en forma de diario, con prólogo de Millán Astray y que, como el propio Franco definió, no era ficción, sino que era el «conciso y verídico relato del Historial de una Bandera» de la Legión, la misma que él como comandante tenía a su cargo, entre el otoño de 1920, recién fundado el Tercio, y la primavera de 1922, tras la reconquista de los territorios marroquíes perdidos en el que se llamó Desastre de Annual.  Además también firmando con nombre y apellido fueron numerosas sus colaboraciones en Revista de Tropas Coloniales, publicación fundada por Franco y Queipo de Llano en 1924.
 Por razones obvias, ya no usaría más su auténtico nombre para sus pinitos literarios o periodísticos. Así, aparte del seudónimo de Jaime de Andrade con el que firmó Raza, en los años cincuenta y bajo el alias de Jakin Boor (el seudónimo está inspirado por las dos columnas que adornan los locales de las logias masónicas y que se señalan con las iniciales J y B) dio a imprenta otro libro con el título “Masonería”, que es en realidad una recopilación de artículos aparecidos con esa firma en el diario Arriba, verdaderas y furibundas soflamas contra los agentes del mal que de siempre presidieron sus mejores pesadillas: los masones. Unos masones que en esos momentos, muy a su pesar, gobernaban países o presidían organismos internacionales. Tampoco se olvidaba el Caudillo en estos escritos de sus otras obsesiones favoritas: judíos, demócratas, liberales, comunistas, todos conchabados contra España, a la que querían destruir y mantenían en el aislamiento. 
Otro alias que alguna vez usó Franco, también en los años cincuenta, fue el de Macaulay, en este caso para arremeter desde las páginas de Arriba contra la “pérfida Albión” y la visita de la reina Isabel II a Gibraltar. Otro más fue Hispánicus, también en sus combativos años cincuenta, ahora para cargar contra los dirigentes franceses, cuando se estaba fraguando la descolonización del Protectorado marroquí.
Por último también sabemos de otro seudónimo usado por el Generalísimo, éste mucho más doméstico y que desde luego nada tiene que ver con los anteriores. Fue el de Francisco Cofran, que era el nick con el que firmaba semanalmente desde su mesa camilla de El Pardo los boletos de quinielas de fútbol que después un propio se encargaba de sellar en el despacho de apuestas correspondiente. Con su proverbial baraka, hasta dos veces consiguió un premio importante, se dice.

Portada de la novela Raza que firma Jaime de Andrade 


viernes, 5 de mayo de 2017

LLEGA ALBERTY


Marcador con el resultado de la primera victoria del Granada Cf en Primera División
Primera victoria

Disputadas las cinco primeras jornadas de la temporada 1941-42, nuestro Granada ocupa el puesto 11º (de 14) merced a sus dos únicos puntos de sendos empates, ante el Celta en el debut y ante la R. Sociedad a domicilio. Por detrás, con un punto, Barcelona, Oviedo y R. Sociedad. Y nada mejora la situación al diputarse las jornadas seis y siete, que se saldan con dos nuevas derrotas, aunque previsibles ya que se producen frente al At. Bilbao, 1-3 en Los Cármenes, y 4-0 en Les Corts, porque aunque ésta sea la peor temporada culé de su historia, el sólo nombre del Barcelona y el escenario en el que disputa sus partidos imponen bastante, y más para un debutante en la categoría. Así, tras jugarse la jornada siete los rojiblancos son vicecolistas, empatados con el Oviedo pero con mejor golaveraje general, y aún no conocen la victoria. Claro, que hay que tener en cuenta que en esas siete jornadas iniciales ha tenido que enfrentarse con todos los favoritos. El calendario más propicio que comienza a partir de ahora se espera que traiga mejores números para los nuestros.

Efectivamente, gracias a una menor cualificación de los adversarios y cuando empezaba a cundir el nerviosismo, llega oportunamente la primera victoria del Granada en máxima categoría. El 16 de noviembre de 1941 se convierte así en otra fecha histórica a recordar. Esa tarde de domingo, en la jornada ocho y, en Los Cármenes, el Granada venció 4-1 al Coruña. Jugaron: Floro; González, Benítez; Sosa, Bonet, Sierra; Marín, César, Cholín, Bachiller y Liz. De los cinco atacantes todos marcaron un gol excepto Marín, si bien el segundo tanto se puede decir que lo consiguió al alimón con Bachiller.

El Coruña era, como el Granada, debutante en máxima categoría, pero ni mucho menos fue una comparsa en esta liga y consiguió acabar cuarto clasificado. Venía con los veteranos y muy ilustres ex internacionales Cuqui Bienzobas, Elícegui y Chacho, con los que se había reforzado para su debut. Y además jugó también el guardameta Acuña, el mejor de los gallegos, seguido desde las gradas de Los Cármenes por el mismísimo seleccionador nacional, Eduardo Teus, quien a pesar de los cuatro goles encajados haría debutar con la Roja al portero coruñés sólo un mes después de este partido.

La prensa gallega y la granadina reconocieron la superioridad rojiblanca y la justicia del resultado, y también coincidieron en la opinión de que de no ser por Acuña el tanteador seguramente habría sido aún más amplio. Fue un completo partido el del Granada en el que brilló especialmente la línea media. La victoria dio un respiro y supuso ganar dos puestos en la tabla, dejando por detrás al Barcelona, con un punto menos, y al Oviedo, con dos.

De poco sirvió el fichaje de José Marín o Marín II

Ficha Marín II

Mientras tanto se siguen buscando refuerzos, y así, después de probar a un sinfín de futbolistas y de mil tiras y aflojas, ficha el canario José Marín o Marín II, de alias “el toro”, delantero centro de 23 años que llega en diciembre procedente del equipo canario del Victoria (uno de los clubes que años después se fusionarían en la UD Las Palmas) y hasta ahora sólo ha jugado en categoría regional. Para su fichaje, un directivo ha viajado a las islas y ha estado más de una semana espiando a numerosos posibles refuerzos, entre los que ha sonado Domingo, ariete que esta misma temporada acabará fichando por el At Aviación. Este Marín II Costó 40.000 ptas. (un dineral en la época) y fichó por tres temporadas, pero lejos de ser el refuerzo que se buscaba, no llegaría a alinearse en un partido oficial y en abril, antes de concluir la temporada en curso, estará de vuelta en su tierra


Relevo en la secretaría técnica

El fichaje del canario Marín II hay que apuntárselo a Ricardo Martín Campos, el presidente que, sin delegar su cargo, se ha metido también a patrón de pesca y desde mediados de noviembre viene desempeñando las funciones de secretario técnico, unas funciones que no le son del todo desconocidas puesto que ya las había desempeñado en el Recreativo de antes de la Guerra. Recordemos que Paco Bru fue fichado a principios de temporada con el doble cargo de entrenador y secretario técnico, pero a partir de este momento va a quedar únicamente como entrenador.

Una de las primeras medidas del presidente-secretario técnico fue la de imponer sanciones económicas por bajo rendimiento a los futbolistas, especialmente a los que perdieron 4-0 en el campo del Barcelona, y establecer medidas de vigilancia sobre la vida fuera de los terrenos de juego de determinados elementos.

Compatibilizando los cargos de presidente y secretario técnico estuvo Martín Campos más de dos meses, hasta que en enero traspasó los trastos de la secretaría técnica a Paco Cristiá, quien también había ocupado el cargo en el Recreativo de la República.
 
Paco Cristiá, muchos años ligado al GCF
 
Ficha Alberty

La jornada nueve no supone continuidad en el buen juego desplegado frente al Coruña y depara una nueva derrota, 3-0 en el campo del Sevilla, y con ella el volver a ser vicecolistas, sólo por encima del Barcelona, con un punto menos.

La mala clasificación hace que se sigan buscando refuerzos y a finales de noviembre ficha el Granada a un futbolista llamado a convertirse en leyenda, el portero húngaro Gyula Alberty. Hacía un mes que había quedado en libertad al rescindir el contrato que tenía con el Celta y estaba sin equipo en esos momentos. De él se dijo en un medio nacional que aunque húngaro de nacimiento era ya más castizo que el Chato de Lavapiés, por sus años en el Madrid de la República, cuando desbancó de la titularidad merengue a un Ricardo Zamora cercano a la retirada, y era famoso por sus acrobacias y sus salidas fuera del área. Había estado en tratos con el Sevilla y con el Valencia, pero el Granada con su flamante secretario técnico y presidente Martín Campos fue más rápido y fichó a este excelente guardameta ofreciéndole un contrato por un año a razón de 25.000 ptas. y 5.000 más al finalizar la temporada.

Casi sin tiempo para conocer a sus nuevos compañeros, el recién incorporado Alberty debutaba como portero del Granada en otra fecha histórica, la de 30 de noviembre de 1941, histórica no tanto por el debut del húngaro como por el hecho de que ese día estableció el Granada un récord todavía vigente: su segunda victoria en máxima categoría es a día de hoy también su mayor victoria como equipo de Primera División, 8 a 0 al Oviedo, que además era un rival directo en la lucha por escapar del descenso. Jugaron luciendo crespón negro por la muerte de una hermana del presidente Martín Campos: Alberty; Millán, Benítez; Sosa, Bonet, Sierra; Marín, Trompi, César, Bachiller y Liz.
 
 Gyula Alberty Kiscelik
El quinteto de ataque, el adelante -en un término muy de la época- de aquel buen equipo (Marín, Trompi, César, Bachiller y Liz), es el mejor de toda la historia rojiblanca por su gran poder goleador, pero hasta el momento sólo se le había podido ver en tres partidos de los ya jugados, los tres de la primera fase de esta liga, cuando el Granada todavía evidenciaba falta de acoplamiento. Además, de las tres veces en que se alinearon juntos, sólo un partido de esos tres se había jugado en Los Cármenes, el de la derrota ante el Valencia 1-3 de la tercera jornada. En esta ocasión deleitaron a la concurrencia (escasa por la mala clasificación) y funcionando a la perfección apabullaron al Oviedo repartiéndose los ocho goles a razón de dos cada uno Marín, César y Bachiller, y uno por barba Trompi y Liz. Pero aunque el gran mérito se lo llevó la delantera, lo mejor de los rojiblancos, como en el partido contra el Coruña, estuvo realmente en la media, también recién recompuesta como aquel que dice, porque Sosa, Bonet y Sierra apenas llevaban dos partidos jugando juntos debido a que Valentín Sosa se había incorporado con la temporada ya avanzada.

Los ovetenses tuvieron también sus opciones, pero el debutante Alberty paró todo lo que le tiraban y fue otro de los triunfadores de la tarde a pesar de algunos fallos iniciales. Cirre en Patria dice de él que es muy ágil y sobre todo, que se trata de un «guardameta de cartel».
 
Crónica de Ideal del Granada 8 Oviedo 0
 
Mejor racha de la temporada

Tras cosechar una nueva derrota, en Castellón, 3-2, a mediados de diciembre sólo quedan dos partidos para concluir la primera vuelta en esta corta liga de Primera formada por sólo catorce conjuntos. En la primera de las citas el Granada vuelve a deleitar a sus hinchas con otro palizón, ahora sobre el Hércules, 7-2, que en esta temporada se hacía llamar Alicante y era otro rival directo en la lucha por huir del descenso. A pesar del escardón, dice José Cirre en Patria que nuestros delanteros no ligaron juego. En esta ocasión el único del quinteto atacante que se quedó sin mojar fue Liz, mientras que César consiguió tres (y ya llevaba 10), Marín dos y Trompi y Bachiller uno cada uno. El portero del Alicante era Pérez, a quien veremos defendiendo la portería rojiblanca esta misma temporada, a partir de abril, y también la siguiente; Pérez se lesionó antes de la media hora de partido, con 3-0 en el marcador y hubo de ser sustituido por su compañero Tatono, medio izquierdo, pues por entonces no se permitía cambiar ni a un portero lesionado.
 
El Granada que derrotó 7-2 al Alicante. De pie: Sosa, Bachiller, Liz, Bonet, Alberty, Trompi y Benítez; agachados: Marín, Sierra, César y González. Los rojiblancos lucen lazos de luto por la muerte del padre de Millán, ocurrida la misma mañana del partido
Vinieron a continuación dos empates a domicilio: 1-1 en Can Rabia (Sarriá), muy meritorio pues el Español marchaba el tercero, en el último partido de la primera vuelta; y en Balaídos 3-3, ante el también gallito Celta, donde se desperdició una renta de 0-2 y Liz falló un penalti a poco del final; todo completado con una nueva victoria, 3-1 en Los Cármenes frente al R. Madrid, que supuso la mejor racha de toda la temporada, cuatro partidos seguidos sin perder, que llevaron al equipo hasta el puesto 11º de la clasificación aunque todavía sin poder respirar a salvo pero a dos puntos de los puestos de descenso directo que ocupaban R. Sociedad y Barcelona.
 
Luis Marín marcando el 3-0 al Alicante, cuya portería defendía Pérez
Victoria sobre el R. Madrid

El Madrid siempre ha sido el Madrid, aunque todavía estaba lejos de convertirse en lo que fue a partir de los años cincuenta, cuando empezó a ganar ligas españolas y copas de Europa como si nada. Pero su venida a Granada por primera vez en partido oficial puso larguísimas colas en la sede del club en Recogidas.

Jugaron por el Madrid: Marzá; Olivares, Mardones; Huete, Ipiña, Lecue; Alsúa, Alonso, Alday, Bélmar y Botella. Y por el Granada: Alberty; Millán, Alejandro; Sosa, Bonet, Sierra; Gárate, Trompi, César, Bachiller y Liz.

Y sucedió que el Madrid, igual que el Barcelona, en su primera visita oficial a Granada salió derrotado. En una tarde magnífica de fútbol, con Los Cármenes a rebosar y con actuaciones sobresalientes de Alberty, Millán, Liz y César, el Granada derrochando entusiasmo anuló «el juego matemático, medido y desconcertante del Madrid» (Fernández de Burgos en Ideal). Los blancos aspiraban al campeonato y fueron mejores técnicamente que los nuestros, pero los rojiblancos hicieron un partido serio y se impusieron 3-1 a base de correr más y no perder la concentración.
 
La alineación del Granada que derrotó 3-1 al R. Madrid en una colección de cromos
 
Guerrilleros abatidos

En la misma página de Ideal de 7 de diciembre en la que se informa del partido que esa tarde juega el Granada en Castellón, aparece la noticia breve de que cinco delincuentes resultaron muertos y otro más herido al tirotearse con la fuerza pública en el Molinillo, término de Huétor-Santillán, y a continuación aparecen relacionados los nombres y alias de los seis, todos de la zona de Guadix.

Esto ya no lo decía Ideal en su escueta nota pero sabemos que se trataba de una partida de huidos al monte, de maquis, de las de aquellos primeros años cuarenta en que tanto proliferaron por todas las sierras granadinas. Por las distintas obras que se han ocupado del fenómeno guerrillero de posguerra en Granada sabemos que los seis venían huyendo desde Benalúa de Guadix, donde pocos días antes habían mantenido un enfrentamiento con la fuerza pública. Un chivatazo había llevado a la Guardia Civil a la cueva en el Molinillo donde se escondían y allí fueron rodeados y abatidos excepto uno, herido, que se entregó y dos más, que lograron escapar. Algunos habían pertenecido antes a la partida del famoso Yatero.
 
El palacete de los Muller en la Gran Vía hacia 1920
 
Nueva sede del Gobierno Civil

A principios de diciembre de 1941 y por el precio de 1.500.000 pesetas, incluyendo gran parte de los muebles que en él se encuentran, el Estado compra a la familia Muller el palacete de su propiedad ubicado en la Gran Vía y construido entre 1913 y 1916. Su destino será servir de sede del Gobierno Civil de la provincia, abandonando así el vetusto caserón que venía ocupando en la calle Duquesa, que servirá a su vez para ampliar las instalaciones de la Universidad.

Por la noticia que publica Ideal sabemos que en su día costó 800.000 ptas. y tuvo como primer propietario a Manuel González de la Cámara, y el arquitecto responsable de su construcción fue Ángel Casas Vílchez. Se trata de una singular construcción en un estilo ecléctico, pero sin duda alguna muy digna de conservarse por lo que de representativo de una época granadina tiene. De no haber sido adquirida por el Estado es muy posible que desde hace tiempo no existiera, como desgraciadamente sucedió con otras fincas granadinas similares hoy desaparecidas. No llegó a alcanzar esa categoría tan castiza y popular de “casa del miedo”, más bien reservada en Granada para inmuebles con fama de ser contenedores de sucesos paranormales o ultratumbanos, pero también tiene este palacio su propia leyenda negra según la cual quienes lo poseen atraen sobre sí la mala suerte, y así se habla de algún suicidio entre sus paredes.

En un mes se espera que entre en funcionamiento, pero su ocupante ya no va a ser Antonio Gallego Burín, quien recientemente ha cesado como gobernador civil de Granada, un cargo en el que parece que no se encontraba muy a sus anchas, y ha vuelto a ocupar la alcaldía de la ciudad, vacante desde la muerte de Rafael Acosta Inglott, algo bastante más de su agrado y que le permitirá continuar con su labor de reforma y embellecimiento de Granada. Su sustituto en el Gobierno Civil es Manuel Pizarro Cenjor, general de la Guardia Civil, traído para intensificar la lucha contra la guerrilla antifranquista.
 
Luis Seco de Lucena Escalada retratado por Gabriel Morcillo
Seco de Lucena

El 22 de diciembre de 1941 moría a la edad de 85 años Luis Seco de Lucena Escalada. Era natural de Tarifa, pero llevaba viviendo en Granada más de sesenta años y había sido nombrado oficialmente hijo adoptivo de nuestra ciudad. A Granada llegó en 1876 y en 1880 fundó El Defensor de Granada, periódico del que fue director y propietario hasta 1915, el diario más popular durante muchísimos años y que en 1936 fue clausurado por los militares sublevados. Desde las páginas del Defensor, Seco de Lucena impulsó con vehemencia campañas de concienciación y propaganda que podían redundar en beneficio de la ciudad y sus pobladores y en ese sentido es de destacar su papel de difusor a nivel nacional del gran desastre que supuso el terremoto de la navidad de 1884, con epicentro en Arenas del Rey, que sirvió para allegar ayudas a sus muchísimas víctimas y gracias a su labor se evitaron más sufrimientos a la población de la comarca. Además era autor de numerosas obras divulgativas sobre Granada y sus monumentos, y ostentó el título de “Vulgarizador de la Alhambra”, que le fue otorgado por Eduardo Dato en 1918, cuando éste era presidente del Consejo de Ministros (o sea, primer ministro o Jefe del Gobierno), para dar a conocer el monumento a la población menos ilustrada -el vulgo- mediante publicaciones fácilmente asequibles por su precio y exposición y mediante charlas y conferencias y otras iniciativas.

Entre todas sus publicaciones merece destacarse la última puesta al papel, que llevó por título Mis memorias de Granada. Es casi su testamento literario puesto que se publicó apenas una semana antes de su muerte. Se trata de un sabroso y muy ameno libro para quienes se interesan por todo lo granadino donde se retratan estampas y costumbres, muchas de ellas desaparecidas con el siglo XIX, y donde relata Seco cómo vivió en primera persona determinados acontecimientos importantes en la historia de la ciudad: el derribo de la puerta de Bib-Rambla, los terremotos de 1884-85, la epidemia de cólera de 1885 que mató a varios miles de paisanos, la coronación de Zorrilla como Poeta Nacional (que fue idea suya) en el Corpus de 1889, o lo que significó la conmemoración del cuarto centenario del descubrimiento de América y el desaire de la Familia Real hacia la ciudad de Granada, a la que dejaron compuesta y sin su presencia, provocando al conocerse la noticia de su no comparecencia un motín en el que ardieron los varios arcos de triunfo levantados ex profeso por toda la ciudad para darles la bienvenida, amén de la tribuna erigida en el Salón para ser ocupada por Dª. Mª. Cristina junto a su hijo de seis años, el Rey Alfonso XIII, y su hija mayor, Dª. Mª. de las Mercedes, Princesa de Asturias, en la inauguración del monumento a Isabel la Católica y Colón de Benlliure, monumento que fue inaugurado sin solemnidad de ningún tipo y a las bravas, esto es, por el procedimiento de descorrer a tirones los lienzos que lo cubrían.
 
Arco de triunfo, ejemplo de arquitectura efímera, levantado en 1892 a la entrada de la Carrera del Genil para dar la bienvenida a la Familia Real
La parte más extensa de Mis memorias de Granada y su razón de ser es la que se ocupa de lo que Seco de Lucena llama el “Entresuelo” de Granada. Textualmente: «Dicen muchos granadinos que […] si bien es cierto que Granada posee un cielo luminoso y azul de brillantez incomparable y un suelo fecundo y embellecido por indescriptibles panoramas y matizado de flores y monumentos de gran mérito artístico y espléndida hermosura, el entresuelo, o sea, la masa de población que ellos mismos constituyen, no puede ser más detestable». El entresuelo de Granada a que se refiere Seco no es otra cosa que sus gentes, los granadinos de nacimiento o adopción que destacaron antaño u hogaño en alguna actividad artística, literaria, profesional, política o económica, tratando así de desmontar ese lugar común según el cual los que pueblan este lugar a la vera de la Penibética no estarían a la altura de tanta maravilla como les rodea. Por otra parte, como Mis memorias de Granada se escribió en 1940, hay algunas sangrantes ausencias en esa relación de notables granadinos por estar los omitidos afectados de malditismo en aquellos azules e intolerantes años. Por ejemplo, no hay en el libro mención alguna, ni siquiera una cita a pie de página, en la que aparezca el nombre de Federico García Lorca ni tampoco el de Manuel de Falla. 

Como ocurrió en los entierros de otros próceres, el gobernador civil autorizó que la conducción del cadáver de Seco de Lucena se hiciera a través de los bosques de la Alhambra, requisito indispensable sin el cual cualquier entierro tenía obligatoriamente que discurrir subiendo bien por la cuesta de los Chinos (del Rey Chico) o bien por el Camino Nuevo del Cementerio (Barranco del Abogado). Toda Granada acudió a despedirlo, con las autoridades al frente y con la guardia municipal en traje de gala. La comitiva partió de la plaza del Campillo, donde estaba la sede de la Asociación de la Prensa, cuyos locales sirvieron de capilla ardiente.
 
Portada de Mis memorias de Granada

sábado, 15 de abril de 2017

ESTRENO EN PRIMERA

  Domingo 28 de septiembre de 1941, Los Cármenes, día de la Virgen de las Angustias, Granada 1 Celta 1 en el debut del Granada como equipo de 1ª División. Marín, Maside, Floro, Bonet, César, Cholín y Liz; agachados: González, Sierra, Trompi y Millán

 
Una fecha histórica: 28/09/1941
            El Granada CF quería que su estreno en primera tuviera lugar un lunes, el 29 de septiembre, San Miguel, fiesta local, y con bastante antelación la directiva rojiblanca hizo las gestiones pertinentes para evitar que coincidiera con la procesión de la Virgen de las Angustias, pero parece ser que no surtieron efecto esas gestiones. Así, el domingo 28 de septiembre de 1941, a las tres para que hubiera tiempo más que suficiente de acudir a la procesión, en una tarde ventosa y nublada, el Granada CF debutaba en el Campeonato de Liga de Primera División. Floro; Millán, González; Maside, Bonet, Sierra; Marín, Trompi, Cholín, César y Liz vistieron de rojiblanco. Sólo eran novedades en esa alineación Sierra y Marín. El rival, el Celta de Vigo, jugó con: Bermúdez; Cons, Deva (el mismo que con Euskalduna en el Sevilla de antes de la guerra formara la que el siempre vehemente y combativo Martinenc denominara trinchera salvaje); Alvarito (ex recreativista de la 35-36), Fuentes, Sabina; Venancio, Carletes, Del Pino, Agustín y Roig. Con Los Cármenes a rebosar y bajo la dirección del prestigioso árbitro internacional Ramón Melcón, el Granada en su debut primerdivisionista sólo pudo empatar a un gol, marcado por César en remate de cabeza en el undécimo saque de esquina que lanzaba el Granada, servido por Liz.
Según Hoja del Lunes de La Coruña, el juego en general fue de escasa calidad, y el Granada adoleció de falta de ligazón entre sus líneas y de entrenamiento, y añade que desentonaron el medio centro (Bonet), «un coladero», y el portero (Floro), muy mal e inseguro «hasta el extremo de escapársele el balón varias veces de las manos»; lo mejor César y los dos debutantes, Marín y Sierra.

  En Marca todavía no se han enterado del cambio de nombre del equipo
Para Cirre en Patria, «Ni llovió, ni hizo sol, ni vimos buen fútbol». Según el plumilla adscrito a los deportes tras la marcha de Zubeldia, lo poco que se vio, fases aisladas, momentos relámpago, obedeció más a acciones individuales que a juego de conjunto, y el público, que abarrotaba Los Cármenes, se aburrió bastante. Coincide Cirre con el cronista gallego en lo que se refiere a destacados y desafortunados, pero añade que lo mejor del Granada fue la pareja Millán-González.
También Fernández de Burgos para Ideal coincide en destacados y maletas. Dice que el fuerte viento impidió a los dos equipos realizar un juego preciso e incide en que el Granada está falto de forma y acoplamiento, y que la directiva iniciará de inmediato gestiones para reforzar el equipo. Según Fernández de Burgos, no tenemos un once para aspirar a los primeros puestos, pero con unos ligeros retoques y una mayor compenetración podemos hacer un papel discreto.
Fue una tarde de estrenos, el propio Granada CF, su estadio y la mayoría de sus jugadores se estrenaban como primerdivisionistas. Menos de diez años habían trascurrido desde el que es para la historia el primer partido oficial de nuestro equipo, el que se jugó (y se ganó 1-2) en Jaén, en el campo de Peñamefécit el 6 de diciembre de 1931. En aquella lejana fecha de 1931 la categoría del club era 3ª Regional, el último escalón del fútbol federado. Menos de diez años después disfrutábamos de la máxima categoría. Es desde luego algo digno de alabar y motivo de orgullo para el granadinismo.

Caso Bachiller
Como se ha visto, en la alineación granadinista debutante en Primera División faltaba el fino y científico interior izquierda nacido en Buenos Aires Cesáreo Bachiller, uno de los jugadores más importantes de la plantilla y básico en el equipo que consiguió el ascenso, formando junto a Liz una sensacional ala izquierda. Y es que a estas alturas todavía no había renovado ni se había incorporado a los entrenamientos, por lo que a menos de una semana para el comienzo de la liga, la directiva lo declaró en rebeldía. El Madrid quería ficharlo, se decía, de ahí su negativa a renovar. El Granada estaba dispuesto a dejarlo salir a cambio de la cesión del madridista Sabino Barinaga, que en esos momentos era un prometedor delantero de 19 años. Pero pocas semanas después se desmentía lo que no había pasado de la categoría de rumor y se podía leer en la prensa que el Madrid ni estaba interesado en Bachiller ni mucho menos quería desprenderse de Barinaga.


Bachiller finalmente acabó renovando para una temporada más, pero lo hizo con la condición de obtener la libertad al terminar la 41-42. Cuando la renovación se produjo ya se habían disputado las dos primeras jornadas de liga, y a partir de la jornada tres fue titular indiscutible y sólo se perdió los dos últimos partidos oficiales de la temporada, los de la eliminatoria copera frente al Valencia. Bachiller acabaría militando en el Real Madrid, pero esto fue dos temporadas después, en la 43-44, y sólo vistió de blanco en algún partido amistoso.

Críticas a César
Las jornadas segunda y tercera trajeron sendas derrotas, pero las dos eran previsibles por ser contra rivales grandes: en Chamartín (5-2) y en Los Cármenes, 1-2 frente al Valencia, y dejaron al Granada tercero por la cola. En la cuarta se produce el primer resultado positivo a domicilio de la máxima categoría y el segundo punto cosechado, al empatar a un gol en Atocha. Floro fue en esta ocasión la gran figura y responsable directo del positivo alcanzado, y con él la pareja defensiva Millán-González.
                Lo que más llama la atención es la crítica feroz que para los plumillas locales merece César y de rebote Paco Bru, que le hace decir a Cirre (que viajó con el equipo a San Sebastián) que seguimos sin delantero centro que dé profundidad y abra brecha, y que debía haber jugado Fernández (sólo se alineará en un partido en toda la temporada, y de medio izquierdo). Según Cirre, César perdió dos goles hechos. Fernández de Burgos (que no viajó pero siguió el partido por la radio), en Ideal, insinúa que César no lleva una vida de deportista y que el club debe tomar medidas con multas o reclusiones o por los procedimientos que sean. Y todo esto a pesar de que el gol del empate fue obra del propio César, su tercer gol en los cuatro partidos disputados hasta el momento.

 César versión López Sancho y en un cromo de colección donde aparece de blanquiazul
Reservas y amateur
Mientras el primer once jugaba en San Sebastián, en Los Cármenes se enfrentaba una selección de modestos granadinos con el equipo reserva del Granada, integrado por los no habituales en el equipo titular junto con otros del equipo amateur, filial que preparaba Enrique Juristo. La intención era captar a algún elemento interesante. Con arbitraje de Eloy Díaz jugaron por la selección de modestos: Sánchez; Notriles, Herranz; Abaijón, Juanele, Gómez; Quesada, Lazcano, Miguelín, Sevilla y Vigras. Y por el reserva: Sierra (alias Melenas); Rivero, Benítez; Linares, Donaire, Fattore; Gárate, Marqués, Moleón, Muñoz y Pareja. El reserva ganó  11-0. Ninguno de los que integraban la selección de modestos llegó a fichar, pero hay en esa formación un jugador que había militado en el Recreativo años 30, el Once Fantasma: Herranz.

Un homenaje y una apuesta
Como la quinta jornada tocaba jugarla nuevamente a domicilio, en Madrid ante el Atlético Aviación, la expedición rojiblanca no volvió a Granada desde San Sebastián, un viaje que por las maltrechas infraestructuras ferroviarias de la época duraba más de un día, y se quedó en Donosti hasta el miércoles antes del partido en la capital, utilizando el campo de Atocha para sus entrenamientos. Aprovechando esa estancia en tierras vascas, el martes fueron nuestros jugadores y entrenador homenajeados por el Orfeón Donostiarra, en correspondencia por el magnífico trato recibido del pueblo granadino cuando estuvieron en Granada hacía algo más de un año, en las fiestas del Corpus 1940. Al acto asistieron el alcalde de San Sebastián con algunos concejales y una representación de la Real Sociedad.
Durante los varios días de estancia en San Sebastián nuestros futbolistas mataban el tiempo de mil maneras: paseos por La Concha, excursiones al monte Igueldo, partidas de dominó y también con otros pasatiempos que dieron lugar a la curiosa anécdota que cuenta José Cirre en Patria. Por lo visto en la bella Easo era una diversión nocturna de la época entre la gente joven desafiarse de dos en dos y apostar una cantidad de dinero a cruzar con los ojos vendados la estrecha acera del puente del Kursaal sobre el río Urumea sin tropezar a derecha ni izquierda con las barandillas. Resulta que González aceptó el desafío y allá que se fue derecho y sin rozar baranda alguna a lo largo de los 120 metros que mide el característico puente donostiarra de farolas art decó, cosa que su oponente no consiguió, así que ganó la apuesta dejando a todos sorprendidos pues esa noche nadie lo había logrado. Pero para sorpresa -y grande- la del defensa granadinista cuando una vez terminada la prueba descubrió que su rival era ni más ni menos que Paulino Uzcudun. Ante semejante ídolo y leyenda viva del boxeo español, varias veces campeón europeo de los pesos pesados, aunque ya estaba retirado (desde que en 1935 lo dejara KO por única vez en toda su carrera el mismísimo Joe Louis en el Madison Square Garden), González, anonadado, rehusó cobrar la apuesta ganada, pero sí que le dio a conocer el método que había seguido para conseguir el éxito, guiándose por el sonido del agua.

                                            Paulino Uzcudun

Gojenuri…
En la quinta jornada caen los nuestros derrotados 3-0 en Vallecas frente al todopoderoso At. Aviación. Nadie se rasga las vestiduras porque esa derrota ante el campeón de las dos ligas anteriores era del todo previsible. Pero hay no obstante grandes objeciones a la actuación del árbitro de aquel partido, el guipuzcoano Gojenuri.
                Era la primera vez que este referí se cruzaba en el camino del Granada. Después de este partido en Madrid nuestro equipo volvería a tropezarse con él en distintas ocasiones con mayor o menor fortuna, pero por Granada sólo apareció en una ocasión en toda su carrera arbitral este ya veterano trencilla, una especie de Guruceta de los 40. Fue seis años después y con los rojiblancos ya en Segunda División (en aquellos años los árbitros actuaban en las dos primeras categorías indistintamente). En Los Cármenes frente al Castellón en el primer partido de la 47-48, este Gojenuri de mal recuerdo protagonizará uno de los escándalos arbitrales más sonados que se recuerdan en nuestra tierra.

  José María Gojenuri Eguiluz, un árbitro poco amigo del Granada
En el primer tropiezo con Gojenuri la prensa granadina lo acusa de favorecer descaradamente a los de casa, de expulsar por que sí a Sierra y de permitir el juego excesivamente duro y marrullero del ariete aviador Fernández, que lesionó a Floro y a González. No obstante, Floro volvió a ser el héroe rojiblanco en Vallecas (el Metropolitano todavía estaba siendo reparado de los muchísimos destrozos que sufrió durante la guerra al estar en primera línea de fuego) y de él dice Cirre que es mucho mejor que el mítico Tabales, guardameta del Once Fantasma, el Recreativo de los años treinta, y que jugó ese partido como titular que era en esos momentos del At. Aviación.                                                             
                                
Sigue la reforma urbana
En el apartado ciudadano, en Granada continúan muy avanzados los numerosos trabajos de reforma urbana que se llevan a cabo en Puerta Real y el Embovedado, lugares casi intransitables mientras se lleva a cabo la demolición de la infecta Manigua (como la denomina Ideal), donde se empieza a vislumbrar la nueva calle, todavía sin nombre, y se rebaja en más de un metro la zona central de la bóveda del río Darro, la famosa y fea joroba que hacía que desde la Acera del Casino a la del Darro los transeúntes sólo se vieran las cabezas. También se procede al ensanche de la calle Fray Luis de Granada, comunicándola con la plaza de los Campos buscando dar una salida fluida al barrio del Realejo.


Con estas reformas ha aparecido en pleno centro del Embovedado una rotonda que genera todo tipo de comentarios y especulaciones y a Miranda le da pie para uno de sus famosos chistes. Sobre esa rotonda se levantará a partir de febrero de 1942 la fuente de las Batallas, otra de las fuentes granadinas viajeras, trasladada desde su emplazamiento entre los paseos del Salón y de la Bomba. También se llevan a cabo obras para traer por fin a toda la ciudad el agua corriente y el alcantarillado.
En el Embovedado ha surgido esta rotonda en la que pronto se alzará la fuente de las Batallas

El Aceyte Yngles
Aparte del piojo verde, transmisor del terrible tabardillo o tifus exantemático, otros piojos preocupaban también a la población en aquellos años de cochambre, aunque éstos, que se sepa, no causaban la muerte pero sí unos muy inconvenientes y contradictorios -por impúdicos- picores en las que por definición se conocen como partes pudendas. En este caso no se puede hablar de epidemia pero sí de mil y una  incomodidades que los contagios por vía venérea causaban al paisanaje.
                En Granada había censados más de ochenta prostíbulos a principios de los años cuarenta. Porque la España del nacionalcatolicismo a pesar de la estricta moral que imponía a sus súbditos practicaba la tolerancia en esta cuestión y hasta llegó a establecer una estadística de “descarriadas”. En estos templos del pecado se calculaba que podían desenvolverse cerca del millar de trabajadoras del sexo (“productoras” habría que llamarlas utilizando la terminología del Régimen), aunque en esa cifra no se incluían las mujeres que, empujadas por la necesidad y como única salida, ejercían la profesión de tapadillo o por libre o de forma esporádica, ni las menores de edad, que elevarían considerablemente ese número total. La falta generalizada de higiene y de medios preventivos hacía que abundaran las enfermedades de transmisión sexual.     

          

                Una de esas enfermedades llamadas secretas, la que provocaba el inconveniente bichillo phthirus pubis, vulgo ladilla o piojo del pubis, podía combatirse con el Aceyte Yngles, así, con esa grafía, una loción antiparasitaria y aliviadora de los terribles picores que a todas horas padecían los infestados, que se anunciaba en todos los diarios nacionales y que era un invento granadino. El producto se publicitaba usando distintos eslóganes y entre ellos uno que hizo especial fortuna en toda España y llegó a ser tremendamente popular: «Aceyte Yngles, todos saben para lo que es». Es creencia generalizada que el eslogan nació en estos años cuarenta, unos años en que determinadas cosas no se podían nombrar por su nombre y había que recurrir a los circunloquios y la insinuación, sin embargo el pareado es muy anterior y ya se usaba en los tiempos de la  República.
Todo hace indicar que, precisamente su gran popularidad y ese sobrentendido de tonos sicalípticos, trajeron la intervención de la omnipresente censura y que ésta obligó a sus fabricantes a suprimir un eslogan de tantísimo éxito. Así que desde mediados de 1942 desaparecerá de la publicidad aquello de “…todos saben para lo que es”  y ya sólo encontraremos el único eslogan que sobrevivió, el de «… ¡parásito que toca… muerto es!», también muy conocido y que llegó incluso hasta los años setenta. Sin embargo esa misma sacrosanta censura no tuvo inconveniente en seguir autorizando el diseño del rótulo de la marca comercial, de claras connotaciones sexuales, que cambia las íes latinas por griegas y obvia la tilde de la palabra inglés para que no quede lugar a la duda.
                El famosísimo Aceyte Yngles, otro icono de los terribles años de posguerra, lo fabricaba y distribuía una empresa granadina, Laboratorios Hazul, radicada en el Cerrillo de Maracena, que también fabricaba otro remedio muy popular por entonces y bastantes años después, el Bálsamo Hazul, un ungüento para las enfermedades de la piel y las quemaduras.       
 Publicidad en los periódicos del popular Aceyte Yngles