EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



viernes, 7 de julio de 2017

MUERTE DE ALBERTY


Millán, Albety y González, una de las mejores coberturas de toda la historia


Batalla ante el Sevilla

Después de apalizar al Barcelona en Los Cármenes y conseguir la primera victoria lejos de Granada de máxima categoría, en La Coruña, continúan los resultados positivos, enlazando por única vez en el campeonato tres victorias consecutivas al vencer en la siguiente jornada en Los Cármenes 3-2 al Sevilla. Fue un partido muy bien jugado en la primera mitad por el Granada, que se retiró al descanso venciendo 3-0 con dos goles de Trompi de cabeza y uno en propia puerta del sevillista Ricardo, pero que en la segunda parte se convirtió en un continuo encontronazo de jugadores de uno y otro bando, con palos de los sevillanos (según la prensa local) a discreción para todos, y terminado en medio de una bronca monumental.

Para los plumillas granadinos, el culpable de lo mucho reprochable que se vio fue el árbitro Ocaña, sevillano y ex jugador del Sevilla, que permitió a los forasteros, especialmente a Campanal, Ricardo y Salustiano, repartir todo lo que quisieron. Para Cirre en Patria, Salustiano y Campanal patearon a modo a Alberty cuando estaba caído sobre el césped hasta dejarlo inútil, con una pierna que arrastraba por el suelo ante la complacencia del referí; y el colmo fue cuando con el tiempo cumplido señaló el árbitro un penalti en contra del Granada en una falta que debía haberse señalado justamente al revés, dice Cirre; el disparo desde los once metros de Félix, ante el que nada puso hacer un inmovilizado Alberty, supuso el segundo tanto sevillano, y ahí acabó el partido, en medio de un pita descomunal y una lluvia de todo tipo de objetos.

El Comité de Competición de la Federación Española de Fútbol decidió días después imponer al Granada una multa de 5.000 ptas. «…por el comportamiento agresivo y hostil del público, que lanzó piedras y almohadillas contra el árbitro a la terminación del primer tiempo y durante la segunda parte, lo que motivó la suspensión temporal del juego; y por no haber adoptado el club las medidas necesarias para impedir el lamentable espectáculo de que el árbitro no pudiera abandonar el campo sino hasta tres horas después de finalizar el partido ante el peligro de ser nuevamente agredido. Además se pasa nota a la superioridad de la improcedente intervención de una autoridad extra-deportiva que irrumpió en el terreno de juego para formular observaciones al árbitro» (al parecer, se trataba del directivo Santiago Sánchez, delegado de campo).
 
 El Granada 3 Sevilla 2 versión Maolico Hincha
 

En cuadro para Oviedo

Después de la batalla frente al Sevilla, para viajar a Oviedo al domingo siguiente hay varios lesionados. Sierra y Liz están tocados, y el que más preocupa es Alberty, muy mermado, al que se tiene pensado someter a “corrientes” al paso por Madrid. Como no está muy claro que pueda jugar, viaja también Floro, que podría incluso actuar en Oviedo de extremo izquierdo si no se recupera Liz. Finalmente sí jugaron Alberty, Sierra y Liz, pero no pudieron evitar la derrota, 3-1, en el Buenavista ovetense.

La derrota en Oviedo fue la última de la liga, pero también fue aquel partido el último de su vida para Alberty. Pocos días después se publica que Alberty sufre fuertes fiebres, motivadas por un gran catarro, y que no jugará contra el Castellón, el siguiente rival en Los Cármenes, que vendrá dentro de dos semanas porque en medio hay un parón para que nuestra selección juegue un amistoso en Sevilla contra la Francia de Vichy.

 

Récord histórico

Para recibir a los de La Plana el club establece un suplemento de dos pesetas los socios de tribuna y una el resto para pagar la multa de 5.000 que dejó el partido frente al Sevilla. Arbitrará Escartín, por lo que la prensa aprovecha para recordar que fue el árbitro internacional el que inventó el apodo de “once fantasma” para referirse al Recreativo de 1934 en su columna semanal de la revista Campeón. Fue un mote que cayó bien en nuestra tierra y se utilizó con orgullo.
 
César soldado de Infantería y récord histórico con seis goles al Castellón
 

El partido frente al Castellón supuso otra victoria más por goleada, 7-3. Ese día, 22 de marzo de 1942, un jugador rojiblanco, César, consiguió un récord que sigue vigente en la actualidad, aunque en realidad César lo que hizo fue igualar una marca que databa de 1933 y que a día de hoy todavía no ha sido batida, la del mayor número de goles por un jugador rojiblanco en un partido: seis (Trompi hizo el otro). En esos momentos algunos se acordaron de los comentarios negativos que le dedicaron los plumillas locales en los primeros partidos del campeonato. Es un récord compartido por Carmona I y César. En 1933 Pepe Carmona marcó seis goles al Jerez (del total de 11) en el campo de las Tablas en un partido de liguilla de ascenso a Tercera División. En 1942 César hizo también seis goles del total de siete que se llevó el Castellón en la jornada 24 de la liga de Primera División, aunque en honor a la verdad hay que decir que, según Patria, fueron sólo cinco los que hizo “el pelucas”. Con sus seis goles volvió a colocarse el segundo en la tabla de goleadores, con 23, sólo superado en dos por el valencianista Mundo. Incluso su nombre sonó como posible seleccionable. Pero César ya no volvió a golear en los dos partidos que faltaban y como vicepichichi acabó la liga.

 

Empate en Bardín

La última salida en liga llevó al Granada al Bardín del Alicante (el Hércules), ocupando la plaza de descenso que quedaba libre; la otra, la de colista, ya se la había adjudicado en propiedad la R. Sociedad, descendido matemáticamente. El Granada llegó a tener una ventaja de 0-2, pero la furiosa reacción de los locales, que se jugaban la vida, determinó un empate final a dos goles. Con ese punto el Granada seguía ocupando el puesto 10º de la clasificación, cosa que no servía para dejar atrás al Oviedo, empatado a puntos con los nuestros pero con el golaveraje perdido, situado el 11º, en puesto de promoción, que era el único que todavía podía inquietarnos. Era necesario por tanto ganar en la última jornada al Español en Los Cármenes. La directiva volvió a decretar la concentración pre partido de los jugadores, esta vez en un hotel de la Alhambra, como cuando hacía ahora un año nos preparábamos para jugar liguilla de ascenso.
 
Los gnomos de la Alhambra esperando a recibir al Español, caricatura de López Sancho en Patria
 
Permanencia conseguida

Finalmente hasta la derrota hubiera valido para conservar la categoría sin más trámite ya que el Oviedo perdió su partido en La Coruña, pero un Granada que había llegado al sprint final pletórico consiguió una nueva goleada, 4-0 sobre el Español con que rematar brillantemente su primera participación en máxima categoría el domingo 5 de abril de 1942, al año justo menos un día de conseguir el ascenso a Primera en el Sequiol.

Las cosas no empezaron bien, con César pronto inutilizado al sufrir luxación de hombro y pasar del eje del ataque a un extremo, que era en aquellos tiempos sin posibles cambios de jugadores la solución más utilizada cuando alguien se lesionaba y quedaba como figura decorativa, situándosele donde menos estorbara a sus compañeros. Luis Marín, su relevo, volvió a ofrecer una magnífica actuación y como ariete consiguió dos goles (Bachiller y Liz completaron el score). Hubo fiesta en Los Cármenes y Paco Bru fue paseado a hombros entre las aclamaciones de la hinchada.
 
En Los Cármenes posan: Sosa, Trompi, Bonet, Muñoz, Cholín, Benítez y Floro; con Maside, Millán, Gárate y César
 

Muerte de Alberty

El mismo día del partido frente al Español los periódicos publicaban que Alberty estaba gravísimo, en estado desesperado, y le había sido administrado el Viático.

Desde hacía casi un mes, después del partido en Oviedo, el último de su vida (curiosamente su partido de debut rojiblanco fue también frente al Oviedo), se habían venido publicando en prensa noticias periódicas sobre el estado de salud del guardameta magiar. Primero se había dicho que lo que padecía era un fuerte catarro. Poco después conocíamos que su estado se había agravado y que existía peligro de peritonitis, y que ya no podría volver a jugar esta temporada en los dos partidos que faltaban. Todo en medio de noticias sobre ligeras mejorías y recaídas en su estado general. Así hasta que el 10 de abril nos desayunábamos con la triste noticia de que Alberty había muerto a las 6,25 de la tarde del día anterior en el hospital de la Purísima. No había resistido la congestión broncopulmonar que le sobrevino tras ser intervenido quirúrgicamente de la perforación intestinal que había sufrido. Según Patria, todo lo provocaron unas fiebres tifoideas.
 
Tumba de Alberty en el cementerio de San José, regalada a perpetuidad por Gallego Burín
 

Una enfermedad infecciosa de origen alimentario, fiebre tifoidea causada por la bacteria salmonella typhi o bacilo de Eberth, fue la causa de la muerte del guardameta Alberty. Sobre lo que no hay seguridad es sobre el agente que se la provocó. Todo parece indicar que la contrajo cuando viajó en solitario a Vigo para estar con su familia, adelantándose al resto de la expedición granadinista que tenía que jugar en La Coruña. En Vigo parece ser que consumió marisco contaminado con la bacteria y de allí se vino con la enfermedad en incubación, una enfermedad que, por otro lado, parece ser que tardó más de lo conveniente en serle diagnosticada y tratada. También hay quien dice que lo que provocó las fiebres fue el agua no clorada que se consumía en Granada antes de que la corriente llegara a toda la ciudad, como ocurría en aquellos años, un agua no potable que no afectaba a los granadinos, inmunizados, pero sí a los forasteros. A día de hoy es difícil que alguien que ha contraído la infección acabe muriéndose, pero la penicilina, que llegaría poco tiempo después, todavía no se conocía por estas tierras.

Alberty fue a morir casi sobre el mismo terreno de juego, como aquel que dice, y esto hizo que sobre las causas de su muerte se trenzaran en el imaginario popular unas cuantas leyendas que carecen de fundamento pero que sustentaron cierta imagen del magiar como una especie de héroe romántico que se ha mantenido a lo largo de los años y ha llegado hasta los tiempos actuales. La que uno escuchó de pequeño más veces es la que mantenía que lo que llevó a Alberty a la tumba fue la bestialidad del stuka Campanal en aquel partido-batalla de Los Cármenes frente al Sevilla, que ganó el Granada 3-2 y en el que hubo palos para todos, el siguiente al de La Coruña, casi un mes justo antes de su muerte; en aquel partido en el que Alberty salió cojeando, el delantero sevillista Campanal, prototipo de ariete acometedor, tuvo numerosos choques con nuestro portero, que tampoco era un tipo que se arrugara, y a la postre, esos encontronazos habrían sido los que le causaran graves heridas internas de las que habría derivado el fatal desenlace. Una variedad de esta leyenda urbana dice que fueron, sí, las heridas internas las que le causaron la muerte, pero que esas heridas las habrían motivado los cañonazos que Campanal prodigaba y que Alberty rechazó con el cuerpo en no pocas ocasiones.

Otras leyendas menos épicas atribuyen la muerte de Alberty a un mal muy de la época junto a las terribles hambres (o a causa de ellas), el tifus exantemático, muy contagioso y causado por un parásito, el piojo verde o tabardillo, que era una auténtica epidemia en unos años de escaseces de todo tipo y en los que por no haber no había ni jabón que sirviera para prevenir este tipo de enfermedad, más propia del África profunda.
 
Alberty en el Sequiol de Castellón

Y es que Alberty tiene mucha “literatura”. Son varias, como vemos, las leyendas urbanas (como ahora se conocen los mitos) que nacieron cuando su muerte. Pero es que en el caso del húngaro no se detienen en esa defunción y sus causas, porque hay varias más que se refieren a su forma de desenvolverse dentro del terreno de juego: que si era un acróbata que volaba y que se subía al larguero para desde allí lanzarse a detener los penaltis en contra, que si era capaz de regatear a medio equipo contrario y llegar con el balón a la otra portería, como años después sí que vimos hacer a Ñito, que si podía beberse el zumo de cinco kilos de las naranjas con que los hinchas le obsequiaban, y otras.

En el momento de su muerte era Alberty muy popular en Granada, no sólo entre la gente futbolera, y se puede hablar de la gran conmoción que su fallecimiento provocó en toda la ciudad, que acudió en masa al funeral de dos días después en la iglesia de San Justo y Pastor. El Ayuntamiento tiempo después regaló a perpetuidad el nicho que en el cementerio de San José sigue hoy acogiendo sus restos.

Era tanta su popularidad y significó tal mazazo su muerte que en seguida se dieron a conocer distintas iniciativas para perpetuar su memoria. Entre ellas destacó la que un aficionado granadinista hizo llegar por carta a los diarios, proponiendo que detrás de la portería de la cárcel se plantara en su recuerdo un naranjo, ya que tanto le gustaban a Alberty las naranjas y era en esa portería donde mayor número recibía de la hinchada.
 
Esquela de Alberty
 
Pilar Primo de Rivera en Granada

El año 1942 se inició con la celebración en nuestra ciudad del VI Consejo Nacional de la Sección Femenina. Para tal evento viajó el día primero de enero a Granada Pilar Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, Delegada Nacional de la Sección Femenina de Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (todo eso). Las crónicas detallan cómo para recibir a la hermana de José Antonio Primo de Rivera y su séquito, el alcalde Gallego Burín se desplazó hasta la cuesta de las Cabezas y luego condujo a toda la expedición directamente a la basílica de las Angustias, donde fueron recibidas por el párroco, señor Fernández Arcoya, y allí asistieron a una salve cantada bajo la dirección del maestro Valentín Ruiz Aznar. Con una breve visita al camarín de la Virgen concluyó la bienvenida.

Al día siguiente, día de la Toma, la camarada Primo de Rivera presidió los actos solemnes conmemorativos de tan señalada fecha. Ya saben, la procesión cívica que cada año recorre la distancia entre el Ayuntamiento y la Capilla Real y tras las ceremonias religiosas ante la tumba de los Reyes Católicos, vuelta a la plaza del Carmen con la consiguiente tremolación del Pendón, pero sin disidentes que chiflen ni clac que aplauda mientras ambos grupos se cruzan insultos, que eso son cosas modernas y por entonces sólo se permitían las adhesiones inquebrantables a todo lo oficial. Ese mismo día pero ya por la tarde tuvo lugar la apertura del congreso de la Falange femenina en los salones recién habilitados del palacio de Carlos V, en esos momentos y por bastantes años más en continuas obras de reforma y restauración tras siglos de abandono.
 
Pilar Primo de Rivera en el VI Consejo de la SF
 

Este consejo o congreso de la cosa falangista en su versión femenil convocó a las delegadas de todas las provincias de España y se desarrolló durante una semana, del 2 al 9 de enero de 1942, en lo que se conocía entonces como palacio de Santo Domingo (actual colegio mayor Santa Cruz la Real) con sesiones encaminadas a hacer balance de lo conseguido en el año ido y plantear estrategias de cara al entrante en cada una de las facetas que abarcaba la organización mujeril: auxilio social, servicio social, coros y danzas, cátedras ambulantes, granjas escuela, vacunaciones, hospitales, etc. La ceremonia de clausura, presidida por el Ministro Secretario General de FE, José Luis Arrese, se llevó a cabo en el Santuario de la Virgen de la Cabeza, en Andújar.

Es de destacar en el desarrollo de las jornadas la presencia como conferenciantes de algunos intelectuales y teóricos del fascismo español, como Pedro Laín Entralgo, quien habló de la revolución nacional y proletaria pendiente, una revolución que debía conciliarse con la idea católica del hombre y la vida, de lo contrario de nada habrían servido ni los muertos del 18 de julio ni los de ahora mismo en Rusia -dijo-; y también estuvo Juilán Pemartín, amigo personal que fue de José Antonio Primo de Rivera, flamencólogo, poeta y escritor (es autor del cuento “Garbancito de la Mancha”), que habló sobre el concepto falangista de jerarquía y dijo que vendría a ser algo así como el busilis de la cosa nacionalsindicalista. También estuvo e intervino en las sesiones Alfonso Lafuente Chaos, que en sus tiempos, años veinte, fue medio del Atlético de Madrid y en los cincuenta ocupó la presidencia de la Federación Española de Fútbol. Y otro interviniente fue José Luna Meléndez, encargado de pronunciar el discurso de apertura de las sesiones del Consejo, que sólo unos meses después de estos actos sería expulsado de FE por su implicación en los famosos incidentes de Begoña, en una más de las ocasiones en que falangistas y sus socios a la fuerza, los requetés, acabaron a palos porque los segundos daban gritos tal que: ¡Viva el Rey!, ¡Abajo la Falange!, ¡Abajo el socialismo de estado!, incluso ¡¡¡Muera Franco…!!!

Leyendo las crónicas de las distintas sesiones del congreso se puede extraer que casi todas ellas fueron en general de un azul mahón subido de tono. Estábamos a principios de 1942 y todavía no se intuía la derrota de los fascismos ni habían apenas empezado las grandes purgas que se llevaron a cabo poco después dentro del partido único del franquismo. La mayoría de los intervinientes, camisas viejas (bolcheviques de camisa azul, se les consideraba en las filas tradicionalistas), fueron en sus exposiciones muy joseantonianos y en sus discursos abundaron términos como revolución pendiente, proletarización y justicia social. Después los acontecimientos irán atenuando bastante las fogosas ideas, y desde el poder (o sea, Franco) se irá quitando de en medio a todo aquel que no se avenga a atemperar su discurso y su proceder, que aquí y entonces la única revolución admitida era la de la obediencia.

La hermanísima Pilar Primo de Rivera y Sáenz de Heredia también fue camisa vieja. Ocupó la dirección de la Sección Femenina cuarenta años, es decir, todos los de su existencia, desde que ésta echó a andar, en 1937, hasta su desmantelamiento en 1977 junto con todos los otros organismos que se encuadraban en lo que se llamó el Movimiento. La Sección Femenina de Falange fue la versión española de la NSF nazi y su rama juvenil BDM, y se creó en plena Guerra Civil para encuadrar a todas las mujeres que, como tales, no eran miembros de pleno derecho en FE. Y no era la SF, al menos en sus comienzos, sino una traslación carpetovetónica de la Nationalsozialistische Frauenschaft (Organización de Mujeres Nacionalsocialistas) y de la Bund Deutscher Madel (Liga de Muchachas Alemanas), eso sí, con pololos (puchos en granaíno) -nada de practicar deporte como esas nibelungas que van casi desnudas- y camisa azul, pero con prácticamente las mismas consignas y objetivos de aquéllas, o sea, las tres K con las que el nazismo resumía el papel destinado a la mujer en su concepción de la sociedad: Küche, Kirche, Kinder (cocina, iglesia y niños). Las mujeres, excluidas de cualquier ámbito militar o político, debían dedicarse exclusivamente a eso, a lo que les era propio, a cuidar de sus maridos y de los niños, y a cumplir con los preceptos de la Santa Madre Iglesia. Dos perlas de Pilar: «Nosotras atendamos solamente a lo nuestro y dejemos a los hombres que sean los llamados a resolver todas las complicaciones que en sí lleva el gobierno de la nación»; y «Las mujeres nunca descubren nada, les falta el talento creador reservado por Dios para inteligencias varoniles».
 
Coros y Danzas de la Sección Femenina
 

El franquismo acabó con cualquier atisbo de las libertades y los derechos civiles de la mujer que ésta había disfrutado mal que bien durante los años de la República, incluido el derecho a voto (bueno, éste fue suprimido para todo quisque), y sólo concebía a la mujer como eterna menor de edad, siempre sometida a un varón (otra perla de Pilar: «La vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera simular, o disimular, no es más que un eterno deseo de encontrar a quién someterse»; sin embargo, ella bien soltera que se quedó toda su larga vida). En casa y con la pata quebrá, que diría un castizo, sumisa y contenta era como el régimen las quería, y la Sección Femenina cumplió su labor de adoctrinamiento de la mujer española buscando su total sumisión a través de numerosos mecanismos. Uno de ellos era el Servicio Social, la mili de las mujeres, obligatorio hasta 1978 para toda soltera entre 17 y 35 años que quisiera acceder a un puesto de trabajo, obtener un título académico, conducir o simplemente viajar al extranjero; duraba seis meses y en ellos, aparte de tener que trabajar gratuitamente en comedores sociales, hospitales, oficinas del Estado o similares, se les proporcionaba a las reclutas la formación necesaria como futuras madres de familia: labores de hogar, cuidado de los niños, atención al marido y más. En ese sentido, ya en los años cincuenta, les era repartido a las “socializantas” un folleto denominado “Guía de la buena Esposa; 11 reglas para mantener a tu marido feliz”, todo un yacimiento perlífero en el que se leen cosas como: “Si tu marido te pide prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes"; o "Si él siente la necesidad de dormir, no le presiones o estimules la intimidad"; o "Si sugiere la unión, accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer. Cuando alcance el momento culminante, un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que hayas podido experimentar".

Desde luego, muy feminista no era la organización femenina de Falange, no al menos en el sentido actual del término. Pero no hay que perder de vista que, por grotesco que hoy pueda parecer, ese cuasi decálogo de la buena esposa pertenece a una mentalidad dominante y a unas circunstancias muy distintas a las actuales, y se podría asegurar que en aquel tiempo serían muy pocas las mujeres a las que este tipo de cosas les parecieran fuera de lugar. Por otro lado, aunque la Sección Femenina como organización pueda hoy parecer una especie de museo paleontológico y una secta destructiva que anula la libertad de las personas, tampoco habría que olvidar que, pese a ese afán típico de los totalitarismos de querer dirigir la vida de sus súbditos hasta cuando están en la intimidad, la SF desempeñó un importante papel desasnador y de auténtica utilidad social -sobre todo en sus dos primeras décadas de existencia- en una España rural analfabeta y hambrienta, en ruinas, misérrima y con una alta tasa de mortandad infantil. Y a la vez consiguió rescatar y salvar del completo olvido bastantes costumbres y usanzas, danzas y cantos, integrantes del acervo cultural español que quizás sin su labor se hubieran perdido para siempre.
 
Hernán Pérez del Pulgar, un Cid Campeador penibético
 

El Triunfo del Ave María

Las asistentes al Consejo Nacional de la Sección Femenina, como las buenas hormiguitas hacendosas que eran (según sus consignas), durante su estancia en Granada se dedicaron, claro está, principalmente a aquello que aquí las había traído, pero fuera de las maratonianas sesiones de mañana y tarde en que consistió fundamentalmente el evento, también hubo tiempo para lo social, como el reparto de más de cien canastillas a parturientas pobres que llevó a cabo la delegada nacional. Y tampoco faltaron sus ratos de ocio, con visitas a monumentos y algún sarao en forma de zambra sacromontana.

Entre sus esparcimientos estuvo, el mismo 2 de enero pero ya por la noche, la concurrencia de todo el mujerío falangista, con su jefa nacional al frente, Pilar Primo de Rivera, y toda la Granada azul empingorotada, incluidas jerarquías locales o de paso, al teatro Cervantes, adornado con tapices y numerosas banderas nacionales y del Movimiento, para asistir a la representación de El triunfo del Ave María, puesta en escena por el cuadro artístico de Educación y Descanso local en función de gala, con una banda amenizando los entreactos y con actuación de coros y danzas regionales, para terminar la velada con el cántico de himnos patrióticos. Para la ocasión se trajeron expresamente trajes de época del Teatro Nacional, de Madrid, y hasta un caballo de verdad anduvo entre los asientos del patio de butacas para darle más ambiente a la cosa.

Lo de organizar una función de teatro cada 2 de enero con El Triunfo del Ave María o la Toma de Granada (que ése es su nombre completo) como plato fuerte, era una tradición en Granada tan puntual como la de representar el Tenorio cada primero de noviembre en toda España. Todos los años, cada día de la Toma se representaba sin falta esta “Comedia Famosa de un Ingenio de la Corte”, de autor anónimo, función de moros y cristianos en verso que tiene como tema central la más sonada de las muchas hazañas del caballero Hernando del Pulgar (Hernán Pérez del Pulgar, conocido como “el de las hazañas”, un Cid Campeador penibético), quien en el asedio a la Granada nazarí de Boabdil entró con quince de los suyos de noche a la ciudad sin ser visto y siguiendo el curso del Darro llegó hasta la mezquita mayor (en el lugar en que hoy se levanta la iglesia del Sagrario) para incendiarla junto con la Alcaicería, en una acción de comando digna de Hollywood, pero al ser descubierto y no poder llevar a cabo su primer propósito, clavó con su daga en las mismísimas puertas del templo sarraceno un pergamino que traía con las palabras Ave María y una declaración por la que se proclamaba rendida Granada a la católica causa, volviendo después al campamento de Santa Fe escapando de la morisma a uña de caballo él y los que le acompañaban. También eran personajes de la representación los Reyes Católicos, Garcilaso de la Vega (no el célebre poeta sino un militar, su padre), el Conde de Cabra, el moro Tarfe (en el rol del villano que acaba derrotado y decapitado) y otros muchos.

Nunca tuve oportunidad de asistir a una de estas funciones, pero recuerdo oír hablar (y no acabar) a los mayores sobre aquellas veladas festivas en el Isabel la Católica de antes de la guerra. Muchas personas recitaban párrafos enteros de versos ripiosos pertenecientes al libreto de la obra que se sabían de memoria (…Penacho de ricas plumas / de nácar le daba al viento, / que en su cimera eran alas / y en su coraje ardimientos…), y siempre me llamó la atención una larguísima letanía de nombres que formaba parte del recitado y que terminaba tal que así: Lunas, Zúñigas, Mirandas, / Aragones y Cardonas / Palafoxes y Moncadas..., los apellidos de los nobles caballeros que participaron en el asedio. Navidad, vacaciones escolares, cercanía de Reyes. Los niños solían ocupar gran parte de las butacas del desaparecido teatro y, aunque no parece que el propósito del anónimo autor fuera componer una obra cómica, El Triunfo del Ave María o la Toma de Granada vino a ser cada año una especie de La venganza de Don Mendo a la granaína, y cuentan las crónicas que las funciones transcurrían entre las grandes risas y los comentarios en voz alta de la concurrencia, que a menudo interrumpía los parlamentos cuando apreciaba la introducción de alguna “morcilla” por los actores, porque muchos se sabían los versos de memoria y hasta se dice que algunos de esos versos se convirtieron en dichos o refranes populares granadinos castizos, hoy olvidados y en desuso, como la misma costumbre de representar esta comedia cada 2 de enero.
 
Cartelera de la función, cortesía de Eladio Fdez Nieto
 

Que el día de la Toma en algún teatro granadino se representara El Triunfo del Ave María fue una tradición muy popular y con más de un siglo de solera, en su tiempo una usanza tan granadina como la de tremolar el pendón de los Reyes Católicos o subir las mozas casaderas a tocar la campana de la Vela. Pero en 1942 era ya algo que pertenecía al pasado. No se puede decir que el contenido de la obra pudiera molestar a las nuevas autoridades, sin embargo, fue otra de las cosas que se acabaron con la Guerra Civil. Puede ser ésta la última vez que se cumplió la tradición granatensis, al menos en la forma en que se hizo en esta fecha, en el teatro principal y en función de gala. En 1935, la compañía madrileña de Carlos Díaz de Mendoza, que estaba en Granada de bolo de Pascuas, aprovechó el final de temporada para declararse en quiebra el 31 de diciembre y suspendió sus actuaciones, incluida la de la Toma de Granada que tenía anunciada, y así, por primera vez en muchísimos años, los granadinos se quedaron sin una de sus distracciones favoritas. En 1936 volvió a representarse en el teatro Isabel la Católica por la compañía del Teatro Fontalba de Madrid, en tres sesiones (5, 7 y 10,30) al precio de un duro en butaca, una peseta en general y 0,75 en paraíso. La reseña de El Defensor destaca sobre las demás la actuación del actor granadino Paquito Fuentes, en el rol del gracioso Calabaza. Después, en los tres años que duró la guerra, es de suponer que no estaba el horno para funciones de moros y cristianos, y menos cuando por las calles granadinas se veían a diario no pocos magrebíes de turbante y chilaba, pero de los de verdad, no de guardarropía, y como éstos eran amigos e, ironías de la historia, ahora se habían convertido en cruzados, imaginamos que no se consideró apropiado un espectáculo público en el que cristianos decapitan musulmanes. Después de terminada la guerra -que sepamos- hasta esta ocasión de 1942, representada por aficionados, no hubo función. Y en los años siguientes tampoco tenemos noticia de que volviera a escenificarse en Granada, al menos por actores profesionales.

Con la que cae cada año en la plaza del Carmen el 2 de enero y adyacentes sobre la fiesta de la Toma, y con ese odio maurófobo de ahora mismo que algunos se empeñan en avivar y, sobre todo, que ya no se llevan este tipo de espectáculos, no parece que pueda volver esta inocente tradición que tanto divirtió a muchas generaciones de paisanos.

jueves, 1 de junio de 2017

PALIZÓN AL BARCELONA

Cartel del partido Valencia-Granada, jugado en Mestalla

Alberty no es infalible
La mejor racha de toda la liga, cuatro partidos sin perder, con victorias sobre Alicante y Madrid y empates a domicilio ante Español y Celta, acabó en la jornada 16, tercera de la segunda vuelta, en Mestalla, con la mayor derrota de toda la temporada, 5-0 a pies del Valencia, aunque era una derrota previsible porque se trataba de un gran Valencia que luchaba por los primeros puestos y que acabaría campeón de liga. Además, los resultados de los rivales directos dejaron al Granada en la misma posición en la tabla y por esa razón no dolió demasiado la paliza.                                 
Según las crónicas, esta vez Alberty, que había sido duda toda la semana por un golpe frente al Madrid, dio la de arena. En Patria e Ideal, con firma de periodistas valencianos (que siguen llamando a nuestro equipo Recreativo) lo culpan de al menos dos de los goles ches.

 Chiste de Miranda sobre Alberty y su actuación en el 5-0


Por fin puede jugar Conde
Para el siguiente partido, en casa frente a un rival directo, R. Sociedad, el Granada se vio reforzado con Antonio Conde. Era un futbolista veterano (32 años), nacido en Sagunto, cuyos mejores momentos los había dado en el Valencia de antes de la guerra. En el Granada había firmado a principios de la anterior temporada, la 40-41, en Segunda, para poco tiempo después quedar su contrato suspendido al alcanzarle de lleno la que se conoció como Ley Moscardó. Desde entonces había estado inactivo e inédito para el granadinismo.
Las nuevas autoridades, en su afán por controlarlo todo y por derrotar no sólo militarmente a sus oponentes, habían dispuesto un conjunto de normas depuradoras o purgativas de elementos desafectos (o sospechosos de serlo) al nuevo régimen político, que se inició con la Ley de Responsabilidades Políticas, dictada cuando el fin de la guerra era inminente y ya se sabía su desenlace, y se perfeccionó con un sinfín de normas menores para alcanzar hasta el último de los sectores de la sociedad, como esta Ley Moscardó, que impedía a los deportistas dedicarse a su profesión si durante la guerra o antes de la misma se habían significado como integrantes de organizaciones de izquierda o del ejército de la República, una norma que estaba redactada en unos términos tan ambiguos que podía afectar a cualquiera que simplemente hubiera permanecido en zona roja durante la guerra, aunque nunca se hubiera involucrado en nada político. Antonio Conde Aja, mucho más por razón de donde le sorprendió el alzamiento contra la República (su Valencia natal) que por razones ideológicas, pasó la Guerra Civil en las filas del ejército republicano, donde llegó a ser oficial de Intendencia. Después de la contienda había jugado en el Hércules, y ya había tenido problemas con esta ley represora e incluso había pisado la cárcel. En el verano de 1940 el Granada lo había fichado como refuerzo para intentar el ascenso a Primera, pero hasta el momento que narramos, esto es, enero de 1942, cuando por fin quedaron aclarados los cargos que contra Conde existían y fue autorizado, sólo los ociosos que acudían a los entrenamientos habían tenido oportunidad de apreciar sus magníficas dotes de medio centro organizador o interior en punta.

Antonio Conde
Casi por sorpresa llegó la autorización puesto que poco más de un mes antes se había publicado en prensa que su recurso ante el Comité Nacional de Deportes había sido nuevamente desestimado. Martín Campos y otros directivos afectos al Glorioso Movimiento Nacional, como exigía la legislación, habían avalado la declaración jurada de Conde de ser persona de orden y no haber participado en actos perseguibles, requisito indispensable para obtener la licencia federativa. El caso es que año y medio de trámites le había costado al valenciano el perdón de su pasado rojo.
Conde fue un oportuno e importante refuerzo. El Granada derrotó 3-1 al equipo donostiarra, el farolillo rojo, con el concurso de este veterano todo terreno, que se alineó de medio izquierdo en detrimento de Sierra. Su actuación fue buena, aunque acusó el mucho tiempo inactivo, según  las crónicas. En la siguiente jornada volverá al banquillo, pero a partir de la 19 se convertirá en insustituible por todos los partidos que quedan hasta el final más los seis de Copa que se jugarán a continuación, titularidad que continuará las dos siguientes temporadas.
La victoria ante los vascos fue muy importante, distanciándolos ya en siete puntos, lo que unido a la derrota del Barcelona frente al Madrid supuso establecer un colchón de cuatro sobre los dos puestos de descenso, aunque todavía estábamos inmersos en los de promoción.

El Granada que derrotó 3-1 a la R. Sociedad, 25 de enero de 1942. De pìe: Sosa, Alejandro, Alberty, Bonet, Conde, Liz, Bachiller y César; agachados: Millán, Trompi y Marín

Atlético Aviación
La siguiente jornada, la 18, toca jugarla nuevamente en casa. Es una prueba de fuego porque el rival es el equipo de moda de la época, el At. Aviación de Ricardo Zamora, el míster del verdadero equipo del régimen, campeón de las dos últimas ligas, título que este año no pudo convalidar. En Granada y provincias limítrofes creció una expectación como nunca se había visto por estas tierras y desde el mismo lunes anterior al partido se anunciaron trenes y autobuses botijos fletados desde Málaga, Almería y Jaén. El recibimiento dado a los uniformados militarmente jugadores colchoneros provocó atascos en la estación de Andaluces y en la puerta del hotel donde se alojaron.
                Con Los Cármenes repleto a reventar, el día de San Cecilio de 1942, domingo 1 de febrero, se jugó este histórico encuentro que sin embargo para nada respondió a la gran expectación concitada en cuanto al juego desarrollado por granadinos (de blanco entero) y madrileños, aunque sí que resultó un partido emocionante que pudo ganar cualquiera pero que se decidió a favor de los aviadores por un único gol de Campos, protestado por los locales por entender que hubo una mano previa del colchonero.   

 El míster aviador Ricardo Zamora conversando con los granadinistas Alejandro, Liz y Bonet 
                                                              
Alberty triunfador en San Mamés
A la jornada siguiente, un nuevo desplazamiento lleva al equipo a San Mamés. Es la primera vez en la historia que el Granada comparece en la Catedral y, como era tradicional para los visitantes primerizos, en los prolegómenos los rojiblancos granadinos (fueron los locales los que vistieron otra indumentaria, como era la costumbre de la época) depositaron un ramo de flores ante el busto  de Pichichi.
               Después, sobre el barrillo de San Mamés, los nuestros jugaron un bastante aceptable partido pero no pudieron evitar caer derrotados por un único gol de Zarra, por entonces un prometedor ariete, en un barullo ante la meta de Alberty, que completó la que quizás sea su mejor actuación de los únicos catorce partidos en que defendió la portería granadinista. El entendido público bilbaíno dedicó al húngaro una enorme ovación al terminar el encuentro.

El Granada, debutante en San Mamés, cumple con la tradición y deposita un ramo de flores ante el busto que recuerda al gran Pichichi. Granadinistas y bilbaínos posan en los prolegómenos del At. Bilbao 1 Granada 0. Los de rayas son los nuestros: Liz, Alberty, Sosa, César y Bonet a la izquierda de la imagen; Alejandro, Conde, Sierra, Millán (tapado) Bachiller y Gárate, a la derecha
Gran goleada al Barcelona
Las dos derrotas consecutivas ante los dos Atléticos no escocieron demasiado porque los dos eran equipos punteros. Pero el siguiente rival ya sí que era de nuestra liga, el Barcelona -quién lo diría-, que se presentaba por primera vez en Granada viviendo la que es la peor competición liguera de todo su palmarés, y que marchaba en la clasificación justo detrás del Granada, a dos puntos y ocupando la primera de las dos plazas de descenso directo. Por eso era importantísimo anotarse una nueva victoria que restaurara la cómoda diferencia de cuatro puntos sobre los catalanes anterior a las dos jornadas recién disputadas, y así los profesionales granadinistas quedaron concentrados en el hotel Suizo desde tres días antes del choque.
                Estamos ante otra cita histórica, la de 15 de febrero de 1942, jornada 20. El Barça opuso a: Miró; Anguera, Benito; Franco, Rosalench, Llácer; Valle, Gracia, Martín, Balmanya y Bravo. Alberty; Millán, Alejandro; Sosa, Bonet, Sierra; Marín, Conde, César, Bachiller y Liz jugaron de rojiblanco. Un palizón de 6-0 fue lo que se llevó de Granada el Barcelona en su primera visita a nuestra tierra, gran victoria rojiblanca que no debe minusvalorarse aunque llegara sobre el peor Barça, un Barcelona que alcanzó su más baja clasificación liguera, 12º (de 14), y tuvo que salvar la categoría en promoción frente al Murcia. El caso es que no sería tan malo este Barcelona ya que este mismo equipo azulgrana apenas tres meses después de su partido en Los Cármenes se proclamó campeón de Copa del Generalísimo 1942.
Fue un partido no muy bueno del Granada a pesar de la goleada. Lo que más destacó , como es norma en esta temporada, fue el gran acierto del adelante rojiblanco, el mejor de toda su historia, aun con la ausencia del pequeño gran Trompi, suplido por Conde. Era la cuarta goleada en lo que iba de liga; faltaban todavía otras cinco, tres en liga y dos en copa.

Liz, Bonet (cigarrillo en ristre) y Alberty entretienen el aburrimiento de la concentración pre partido frente al Barcelona en el hotel Suizo escribiendo a sus familias
«Con unas pocas quisquillas / y unas copas de aguardiente / va a deciros dos cosillas / tan claras como sencillas / el que es vuestro presidente.»   
La goleada sobre el equipo culé fue celebrada por todo lo alto por directiva y jugadores con una cena en el mismo hotel de concentración. El presidente Ricardo Martín Campos improvisó un brindis rimado y festivo que empezaba con la quintilla que va por delante y continuaba con párrafos como: …«¡Sí!, ¡sí! Igual que el comendador, / con cuchillo y tenedor, / dispuesto a todo, amigazos: / a comerme un asador, / a beberme un botellazo / y a fumarme un gran purazo. / Ya sabéis que todavía / nos quedan duras jornadas. / Tan duras como el alón / de este pollo solterón / que destroza el medio Sosa.» […] «Y otros domingos jugando / en nuestro campo esplendente, / si ganamos ¿cómo no? / nos aplaudirá la gente. / En fin, ¿a qué más hablar? / Habéis venido a cenar / y no es cosa de amargaros / este jamón tan salado / que Moisés ha regalado… / por el precio estipulado. / Alegraos, sí, alegraos / porque es noche de alegría. / De vosotros es el día. / Comeos hasta mi ración. / Pero si alguno queda / con algo de corazón / que me guarde en un cartucho / siquiera un melocotón. / Mirad el vino con lupa, / bebedlo con regadera / y el que escupa ¡por Dios!/ que no lo haga en la estera. / Un brindis por el Granada, / el equipo que se empeña / en no viajar en segunda. / ¡Vivan nuestros jugadores! / ¡Vivan los goleadores / que saben jugar horrores / contra equipos de cartón! /  ¡Y viva el jamón con habas / y los dátiles de postre, / y las copas de coñac / que, por cosas de la vida, / he dejado de tomar!».
Desde luego, no puede decirse que ese brindis jocoso y ripioso de D. Ricardo tuviera alguna pretensión lírica, pero nos ha parecido que viene aquí a cuento referir una faceta no muy conocida de Ricardo Martín Campos como es la de su vena poética de juventud. Así, sabemos que en 1918 en unión de otros fundó una revista literaria (Idearium se llamaba; se llegaron a publicar unos pocos números) en la que Martín Campos hizo sus pinitos líricos.

 

López Sancho en Patria caricaturiza al improvisado vate Ricardo Martín Campos

Concurso de pronósticos
            El diario Ideal junto a su hermano mayor Ya, de la Editorial Católica, puso en marcha para la segunda vuelta de la liga un concurso semanal de pronósticos para los siete partidos de Primera División de cada jornada en el que había que acertar el resultado de cada encuentro y el número total de goles, con premios de 500, 300 y 100 ptas. para quienes más se aproximaran. En la jornada 20, que se jugó el 15 de febrero de 1942 y en la que el Granada apalizó al Barcelona, el tercer premio lo consiguió Juan Herrera Catena.
              Seguramente este nombre no dirá nada a la mayoría de los que puedan leer estas semblanzas, pero sí significa algo para el que suscribe y también para varias generaciones de abogados granadinos ya que ese nombre corresponde a alguien que fue muchos años profesor de Derecho Civil en nuestra Universidad. A don Juan, que era muy futbolero, seguro que los veinte duros le vinieron fenomenalmente en sus tiempos de estudiante en la facultad. En esta ocasión le acompañó la suerte. Suerte que no tuvo años después, en agosto de 1988, poco tiempo después de jubilarse, en que le sorprendió una muerte absurda y muy peculiar, cuando participando en las fiestas de su pueblo, Mengíbar, la explosión de un cohete descontrolado en pleno rostro le causó unas terribles heridas de las que no pudo recuperarse.
Empieza a gestarse la tragedia
            Como el siguiente partido era en La Coruña, el portero Alberty pidió permiso -y se le concedió- para viajar por su cuenta a Vigo con objeto de atender sus negocios y estar con su familia, y para allá se fue el lunes siguiente a la victoria ante el Barcelona. Desde Vigo tenía previsto incorporarse a la expedición ya en La Coruña. Estaba empezando a gestarse la gran tragedia y la leyenda de este portero-mito en la historia del Granada CF.

Alberty


 Histórica victoria en La Coruña
            El domingo 22 de febrero de 1942 es otra fecha histórica granadinista en esta temporada tan pródiga en momentos para el recuerdo. Ese día consiguió el Granada su primera victoria a domicilio en máxima categoría, en La Coruña, donde venció 1-4. El Coruña era en esos momentos equipo de la zona templada de la clasificación, pero acabaría la liga en un más que meritorio -para un debutante- cuarto puesto y además contaba con varios internacionales, como el portero Acuña, que acababa de debutar con la selección. No obstante, parece que Acuña no tuvo una buena tarde y las crónicas lo culpan de los tres primeros goles rojiblancos.   
Alberty; Millán, Alejandro; Sosa, Conde, Sierra; Marín, Trompi, César, Bachiller y Liz, fueron los once rojiblancos que hicieron historia, con tres goles de César y uno de Bachiller y con arbitraje de Álvarez Corriols en un partido en el que pusieron gran entusiasmo y en el que, según Hoja del Lunes de La Coruña, «…los delanteros rojiblancos eran cinco saetas hacia el gol contrario…». El semanario gallego también destaca a los “viejos” Alberty, Alejandro y Marín, en especial éste último, del que dice que parece que por él no pasa el tiempo y que está ahora mejor que hace diez años.
La victoria dejaba al Granada el décimo y a seis puntos ya de los puestos de descenso directo faltando sólo cinco jornadas para terminar la liga, aunque todavía  la promoción seguía siendo una amenaza. 

A sus 35 años Marín fue el mejor fichaje de esta temporada

Auxilio Social
           
Para la visita del Madrid y del Barcelona y otros equipos a Los Cármenes no se puede hablar de suplemento a pagar (también los socios) por todo el que quisiera ver el partido como si fuera día del club (que todavía no se había inventado), pero, según informa Ideal, para poder acceder al campo será necesario adquirir previamente el emblema de Auxilio Social, que será exigido en la puerta y deben mostrarlo tanto los socios como los no socios.
                Los emblemas de Auxilio Social consistían en unos rectángulos de cartulina, de tamaño algo mayor que un sello de correos, que llevaban adheridos una solapa para poder fijarlos a la ropa de manera que estuvieran visibles. Cada quince días se llevaba a cabo una cuestación callejera de Auxilio Social en la que, a cambio de un mínimo óbolo se obtenía el emblema, obligatorio para todo el mundo (excepto obreros en paro) e imprescindible para poder acceder a espectáculos, restaurantes, bares y similares, negándose la entrada a quien no lo hubiera adquirido. Con los 30 o 50 céntimos o una peseta que costaba cada uno de esos emblemas, conocidos popularmente como “chapas”, se financiaba Auxilio Social (la versión española del nazi Auxilio de Invierno), una institución asistencial y de beneficencia creada durante la Guerra Civil y que pertenecía a la Sección Femenina de Falange. Su fin era atender a los muchos menesterosos que dejó la contienda.
                En la actualidad estos emblemas son objeto de colección, como puedan serlo los sellos de correos o las monedas, ya que durante aquellos años se emitieron infinidad de modelos ilustrados con dibujos de colores que trataban de los más variados temas, a menudo relacionados con las distintas provincias españolas y su heráldica y folklore.

Distintos emblemas de Auxilio Social. Sin ellos no había fútbol

                Otra forma de financiarse Auxilio Social era la llamada “Ficha Azul”, que consistía en una suscripción voluntaria por la que empresas o personas bien situadas económicamente se comprometían a entregar una cantidad fija todos los meses. Pero la voluntariedad primera devino andando el tiempo en obligatoria, y así, cuando los suscriptores se hacían los remolones a la hora de retratarse, venían las sanciones impuestas por el gobernador civil y publicadas en prensa para escarnio de los agarraos. Ejemplo es lo que publica Ideal el 19 de marzo de 1942: «Nota del Gobierno Civil de la Provincia: Por negarse a pagar la Ficha Azul que voluntariamente tienen suscrita, no obstante disfrutar de desahogada posición económica, han sido sancionados con las multas que se indican los siguientes vecinos de La Peza…», y viene a continuación una relación en la que aparecen más de veinte nombres a los que se han impuesto sanciones que oscilan entre las 80 y las 40 pesetas.
            En principio no había sido previsto como fuente de financiación de Auxilio Social pero andando el tiempo también acabó siéndolo -al menos en parte- lo que se conoció como “día del plato único” y su segunda versión, el “día sin postre”. En esos días las familias en sus comidas se abstenían de una parte de su condumio y la suma así ahorrada debían entregarla al Estado para que éste lo dedicara a fines asistenciales. A imitación de la Alemania nazi, en plena guerra y como subsidio al combatiente había sido instaurado el día del plato único al principio sólo para los restaurantes y casas de comidas, que los días 1 y 15 de cada mes servían en sus menús un único plato, aunque cobraban como si hubiera sido completo, y lo cobrado de más tenían obligatoriamente que ingresarlo en las oficinas establecidas a tal fin en los gobiernos civiles de cada provincia. Este ayuno impuesto y su correspondiente traducción a dinero ingresable en oficinas estatales, andando el tiempo fue también obligatorio para los domicilios particulares, y en su recaudación puerta a puerta se empleó en algunas poblaciones a los serenos o a los alevines de camisa azul conocidos como flechas y pelayos. Tratar de escaquearse del pago de esta casera alcabala nacionalsindicalista, como de cualquiera de las muchas otras establecidas, podía resultar caro al engurruñío de turno, que se exponía, además de a una sanción económica del 50 % sobre lo escamoteado, a la posibilidad de ser expuesto a la vergüenza pública con nombre y apellidos o, peor aún, a quedar inscrito en las muchas listas negras de desafectos al régimen que circulaban.
            Por otra parte, no deja de tener una gran carga sarcástica el hecho de existir en los hambrientos primeros años cuarenta y para todas las familias de España, sin distinción de poderío económico, un día en el que estaban obligadas a comer sólo un plato, porque para la inmensa mayoría de las familias españolas, día del plato único eran todos y cada uno de los que componían el calendario... y eso si es que tenían suerte o eran gentes de posibles para comprar de estraperlo. Incluso en bastantes hogares eran muchos los días en que los probos padres de familia hubieran vendido su alma al diablo por tener algo que echarse a la andorga, aunque hubiera sido un único plato. Quizás por esa razón  en enero de 1942 quedó abolido el día del plato único.      

Recibo de haber abonado lo debido por el Plato Único

Raza
            A los cuatro días de la gran victoria 6-0 del Granada sobre el Barcelona, el 19 de febrero de 1942, algo más de un mes después de su estreno en Madrid llegaba a Granada, al teatro Cervantes, la película Raza, dirigida por José Luis Sáenz de Heredia y protagonizada por Alfredo Mayo y Ana Mariscal.
                Desde semanas antes los diarios locales venían anunciando su exhibición en función de estreno patrocinada por la Asociación de la Prensa a la que estaba invitada la mejor sociedad granadina, rogando a los asistentes acudir de etiqueta o uniforme militar de gala. La cinta se presentaba como «la película nacional por excelencia» porque «destaca y exalta nuestras virtudes de sangre nunca mancilladas».
                El teatro-cine Cervantes lució su mejor decoración a base de tapices, macetas, banderas y gallardetes y grandes rótulos formados con bombillas con la leyenda ¡Franco! ¡Franco! ¡Franco! ¡Arriba España! Fue un gran acontecimiento de la Granada azul nacionalsindicalista (la única posible, por otra parte).
La película cuenta la vida de una familia, los Churruca, y las vicisitudes por las que atraviesa según los distintos momentos históricos que le toca vivir, desde la Guerra de Cuba hasta el final de la Guerra Civil, y es una maniquea exaltación de las virtudes de la raza hispana, la de los buenos españoles, católicos y patriotas, que tras verse amenazada finalmente triunfa frente a los malos españoles, los que se han dejado influir por masones, liberales y marxistas, y asesinan curas y queman iglesias.

Anuncio en prensa de la película Raza

Lo que no encontramos en la prensa de entonces, ni en los abundantes anuncios del estreno ni tampoco en la extensa y entusiasta reseña de ese estreno que en Patria firma C. Fernández, es mención alguna al autor del guión de la película. Y no figura el nombre del guionista porque este detalle no se dio a conocer al público hasta bien entrados los años sesenta. Y resultó que ese guionista no fue otro que el mismísimo Franco en persona y estilográfica Parker (y algún negro), puesto que se trata de la puesta en escena de la novela que con el mismo título, Raza, el Caudillo escribió bajo el seudónimo de Jaime de Andrade. Es una novela que tiene (o pretende tener) bastante de autobiográfica. Los Churruca son en realidad los Franco, sin que falte el hermano tarambana (trasunto de Ramón Franco) que al final se redime y muere heroicamente.
Y es que el Generalísimo tuvo también su vena literaria. Veinte años antes, en 1922, cuando sólo era el “comandantín” Franco, firmando con su nombre y apellidos ya había publicado un librillo sobre la Legión y la guerra de África que se tituló “Diario de una Bandera”, escrito así, en forma de diario, con prólogo de Millán Astray y que, como el propio Franco definió, no era ficción, sino que era el «conciso y verídico relato del Historial de una Bandera» de la Legión, la misma que él como comandante tenía a su cargo, entre el otoño de 1920, recién fundado el Tercio, y la primavera de 1922, tras la reconquista de los territorios marroquíes perdidos en el que se llamó Desastre de Annual.  Además también firmando con nombre y apellido fueron numerosas sus colaboraciones en Revista de Tropas Coloniales, publicación fundada por Franco y Queipo de Llano en 1924.
 Por razones obvias, ya no usaría más su auténtico nombre para sus pinitos literarios o periodísticos. Así, aparte del seudónimo de Jaime de Andrade con el que firmó Raza, en los años cincuenta y bajo el alias de Jakin Boor (el seudónimo está inspirado por las dos columnas que adornan los locales de las logias masónicas y que se señalan con las iniciales J y B) dio a imprenta otro libro con el título “Masonería”, que es en realidad una recopilación de artículos aparecidos con esa firma en el diario Arriba, verdaderas y furibundas soflamas contra los agentes del mal que de siempre presidieron sus mejores pesadillas: los masones. Unos masones que en esos momentos, muy a su pesar, gobernaban países o presidían organismos internacionales. Tampoco se olvidaba el Caudillo en estos escritos de sus otras obsesiones favoritas: judíos, demócratas, liberales, comunistas, todos conchabados contra España, a la que querían destruir y mantenían en el aislamiento. 
Otro alias que alguna vez usó Franco, también en los años cincuenta, fue el de Macaulay, en este caso para arremeter desde las páginas de Arriba contra la “pérfida Albión” y la visita de la reina Isabel II a Gibraltar. Otro más fue Hispánicus, también en sus combativos años cincuenta, ahora para cargar contra los dirigentes franceses, cuando se estaba fraguando la descolonización del Protectorado marroquí.
Por último también sabemos de otro seudónimo usado por el Generalísimo, éste mucho más doméstico y que desde luego nada tiene que ver con los anteriores. Fue el de Francisco Cofran, que era el nick con el que firmaba semanalmente desde su mesa camilla de El Pardo los boletos de quinielas de fútbol que después un propio se encargaba de sellar en el despacho de apuestas correspondiente. Con su proverbial baraka, hasta dos veces consiguió un premio importante, se dice.

Portada de la novela Raza que firma Jaime de Andrade 


viernes, 5 de mayo de 2017

LLEGA ALBERTY


Marcador con el resultado de la primera victoria del Granada Cf en Primera División
Primera victoria

Disputadas las cinco primeras jornadas de la temporada 1941-42, nuestro Granada ocupa el puesto 11º (de 14) merced a sus dos únicos puntos de sendos empates, ante el Celta en el debut y ante la R. Sociedad a domicilio. Por detrás, con un punto, Barcelona, Oviedo y R. Sociedad. Y nada mejora la situación al diputarse las jornadas seis y siete, que se saldan con dos nuevas derrotas, aunque previsibles ya que se producen frente al At. Bilbao, 1-3 en Los Cármenes, y 4-0 en Les Corts, porque aunque ésta sea la peor temporada culé de su historia, el sólo nombre del Barcelona y el escenario en el que disputa sus partidos imponen bastante, y más para un debutante en la categoría. Así, tras jugarse la jornada siete los rojiblancos son vicecolistas, empatados con el Oviedo pero con mejor golaveraje general, y aún no conocen la victoria. Claro, que hay que tener en cuenta que en esas siete jornadas iniciales ha tenido que enfrentarse con todos los favoritos. El calendario más propicio que comienza a partir de ahora se espera que traiga mejores números para los nuestros.

Efectivamente, gracias a una menor cualificación de los adversarios y cuando empezaba a cundir el nerviosismo, llega oportunamente la primera victoria del Granada en máxima categoría. El 16 de noviembre de 1941 se convierte así en otra fecha histórica a recordar. Esa tarde de domingo, en la jornada ocho y, en Los Cármenes, el Granada venció 4-1 al Coruña. Jugaron: Floro; González, Benítez; Sosa, Bonet, Sierra; Marín, César, Cholín, Bachiller y Liz. De los cinco atacantes todos marcaron un gol excepto Marín, si bien el segundo tanto se puede decir que lo consiguió al alimón con Bachiller.

El Coruña era, como el Granada, debutante en máxima categoría, pero ni mucho menos fue una comparsa en esta liga y consiguió acabar cuarto clasificado. Venía con los veteranos y muy ilustres ex internacionales Cuqui Bienzobas, Elícegui y Chacho, con los que se había reforzado para su debut. Y además jugó también el guardameta Acuña, el mejor de los gallegos, seguido desde las gradas de Los Cármenes por el mismísimo seleccionador nacional, Eduardo Teus, quien a pesar de los cuatro goles encajados haría debutar con la Roja al portero coruñés sólo un mes después de este partido.

La prensa gallega y la granadina reconocieron la superioridad rojiblanca y la justicia del resultado, y también coincidieron en la opinión de que de no ser por Acuña el tanteador seguramente habría sido aún más amplio. Fue un completo partido el del Granada en el que brilló especialmente la línea media. La victoria dio un respiro y supuso ganar dos puestos en la tabla, dejando por detrás al Barcelona, con un punto menos, y al Oviedo, con dos.

De poco sirvió el fichaje de José Marín o Marín II

Ficha Marín II

Mientras tanto se siguen buscando refuerzos, y así, después de probar a un sinfín de futbolistas y de mil tiras y aflojas, ficha el canario José Marín o Marín II, de alias “el toro”, delantero centro de 23 años que llega en diciembre procedente del equipo canario del Victoria (uno de los clubes que años después se fusionarían en la UD Las Palmas) y hasta ahora sólo ha jugado en categoría regional. Para su fichaje, un directivo ha viajado a las islas y ha estado más de una semana espiando a numerosos posibles refuerzos, entre los que ha sonado Domingo, ariete que esta misma temporada acabará fichando por el At Aviación. Este Marín II Costó 40.000 ptas. (un dineral en la época) y fichó por tres temporadas, pero lejos de ser el refuerzo que se buscaba, no llegaría a alinearse en un partido oficial y en abril, antes de concluir la temporada en curso, estará de vuelta en su tierra


Relevo en la secretaría técnica

El fichaje del canario Marín II hay que apuntárselo a Ricardo Martín Campos, el presidente que, sin delegar su cargo, se ha metido también a patrón de pesca y desde mediados de noviembre viene desempeñando las funciones de secretario técnico, unas funciones que no le son del todo desconocidas puesto que ya las había desempeñado en el Recreativo de antes de la Guerra. Recordemos que Paco Bru fue fichado a principios de temporada con el doble cargo de entrenador y secretario técnico, pero a partir de este momento va a quedar únicamente como entrenador.

Una de las primeras medidas del presidente-secretario técnico fue la de imponer sanciones económicas por bajo rendimiento a los futbolistas, especialmente a los que perdieron 4-0 en el campo del Barcelona, y establecer medidas de vigilancia sobre la vida fuera de los terrenos de juego de determinados elementos.

Compatibilizando los cargos de presidente y secretario técnico estuvo Martín Campos más de dos meses, hasta que en enero traspasó los trastos de la secretaría técnica a Paco Cristiá, quien también había ocupado el cargo en el Recreativo de la República.
 
Paco Cristiá, muchos años ligado al GCF
 
Ficha Alberty

La jornada nueve no supone continuidad en el buen juego desplegado frente al Coruña y depara una nueva derrota, 3-0 en el campo del Sevilla, y con ella el volver a ser vicecolistas, sólo por encima del Barcelona, con un punto menos.

La mala clasificación hace que se sigan buscando refuerzos y a finales de noviembre ficha el Granada a un futbolista llamado a convertirse en leyenda, el portero húngaro Gyula Alberty. Hacía un mes que había quedado en libertad al rescindir el contrato que tenía con el Celta y estaba sin equipo en esos momentos. De él se dijo en un medio nacional que aunque húngaro de nacimiento era ya más castizo que el Chato de Lavapiés, por sus años en el Madrid de la República, cuando desbancó de la titularidad merengue a un Ricardo Zamora cercano a la retirada, y era famoso por sus acrobacias y sus salidas fuera del área. Había estado en tratos con el Sevilla y con el Valencia, pero el Granada con su flamante secretario técnico y presidente Martín Campos fue más rápido y fichó a este excelente guardameta ofreciéndole un contrato por un año a razón de 25.000 ptas. y 5.000 más al finalizar la temporada.

Casi sin tiempo para conocer a sus nuevos compañeros, el recién incorporado Alberty debutaba como portero del Granada en otra fecha histórica, la de 30 de noviembre de 1941, histórica no tanto por el debut del húngaro como por el hecho de que ese día estableció el Granada un récord todavía vigente: su segunda victoria en máxima categoría es a día de hoy también su mayor victoria como equipo de Primera División, 8 a 0 al Oviedo, que además era un rival directo en la lucha por escapar del descenso. Jugaron luciendo crespón negro por la muerte de una hermana del presidente Martín Campos: Alberty; Millán, Benítez; Sosa, Bonet, Sierra; Marín, Trompi, César, Bachiller y Liz.
 
 Gyula Alberty Kiscelik
El quinteto de ataque, el adelante -en un término muy de la época- de aquel buen equipo (Marín, Trompi, César, Bachiller y Liz), es el mejor de toda la historia rojiblanca por su gran poder goleador, pero hasta el momento sólo se le había podido ver en tres partidos de los ya jugados, los tres de la primera fase de esta liga, cuando el Granada todavía evidenciaba falta de acoplamiento. Además, de las tres veces en que se alinearon juntos, sólo un partido de esos tres se había jugado en Los Cármenes, el de la derrota ante el Valencia 1-3 de la tercera jornada. En esta ocasión deleitaron a la concurrencia (escasa por la mala clasificación) y funcionando a la perfección apabullaron al Oviedo repartiéndose los ocho goles a razón de dos cada uno Marín, César y Bachiller, y uno por barba Trompi y Liz. Pero aunque el gran mérito se lo llevó la delantera, lo mejor de los rojiblancos, como en el partido contra el Coruña, estuvo realmente en la media, también recién recompuesta como aquel que dice, porque Sosa, Bonet y Sierra apenas llevaban dos partidos jugando juntos debido a que Valentín Sosa se había incorporado con la temporada ya avanzada.

Los ovetenses tuvieron también sus opciones, pero el debutante Alberty paró todo lo que le tiraban y fue otro de los triunfadores de la tarde a pesar de algunos fallos iniciales. Cirre en Patria dice de él que es muy ágil y sobre todo, que se trata de un «guardameta de cartel».
 
Crónica de Ideal del Granada 8 Oviedo 0
 
Mejor racha de la temporada

Tras cosechar una nueva derrota, en Castellón, 3-2, a mediados de diciembre sólo quedan dos partidos para concluir la primera vuelta en esta corta liga de Primera formada por sólo catorce conjuntos. En la primera de las citas el Granada vuelve a deleitar a sus hinchas con otro palizón, ahora sobre el Hércules, 7-2, que en esta temporada se hacía llamar Alicante y era otro rival directo en la lucha por huir del descenso. A pesar del escardón, dice José Cirre en Patria que nuestros delanteros no ligaron juego. En esta ocasión el único del quinteto atacante que se quedó sin mojar fue Liz, mientras que César consiguió tres (y ya llevaba 10), Marín dos y Trompi y Bachiller uno cada uno. El portero del Alicante era Pérez, a quien veremos defendiendo la portería rojiblanca esta misma temporada, a partir de abril, y también la siguiente; Pérez se lesionó antes de la media hora de partido, con 3-0 en el marcador y hubo de ser sustituido por su compañero Tatono, medio izquierdo, pues por entonces no se permitía cambiar ni a un portero lesionado.
 
El Granada que derrotó 7-2 al Alicante. De pie: Sosa, Bachiller, Liz, Bonet, Alberty, Trompi y Benítez; agachados: Marín, Sierra, César y González. Los rojiblancos lucen lazos de luto por la muerte del padre de Millán, ocurrida la misma mañana del partido
Vinieron a continuación dos empates a domicilio: 1-1 en Can Rabia (Sarriá), muy meritorio pues el Español marchaba el tercero, en el último partido de la primera vuelta; y en Balaídos 3-3, ante el también gallito Celta, donde se desperdició una renta de 0-2 y Liz falló un penalti a poco del final; todo completado con una nueva victoria, 3-1 en Los Cármenes frente al R. Madrid, que supuso la mejor racha de toda la temporada, cuatro partidos seguidos sin perder, que llevaron al equipo hasta el puesto 11º de la clasificación aunque todavía sin poder respirar a salvo pero a dos puntos de los puestos de descenso directo que ocupaban R. Sociedad y Barcelona.
 
Luis Marín marcando el 3-0 al Alicante, cuya portería defendía Pérez
Victoria sobre el R. Madrid

El Madrid siempre ha sido el Madrid, aunque todavía estaba lejos de convertirse en lo que fue a partir de los años cincuenta, cuando empezó a ganar ligas españolas y copas de Europa como si nada. Pero su venida a Granada por primera vez en partido oficial puso larguísimas colas en la sede del club en Recogidas.

Jugaron por el Madrid: Marzá; Olivares, Mardones; Huete, Ipiña, Lecue; Alsúa, Alonso, Alday, Bélmar y Botella. Y por el Granada: Alberty; Millán, Alejandro; Sosa, Bonet, Sierra; Gárate, Trompi, César, Bachiller y Liz.

Y sucedió que el Madrid, igual que el Barcelona, en su primera visita oficial a Granada salió derrotado. En una tarde magnífica de fútbol, con Los Cármenes a rebosar y con actuaciones sobresalientes de Alberty, Millán, Liz y César, el Granada derrochando entusiasmo anuló «el juego matemático, medido y desconcertante del Madrid» (Fernández de Burgos en Ideal). Los blancos aspiraban al campeonato y fueron mejores técnicamente que los nuestros, pero los rojiblancos hicieron un partido serio y se impusieron 3-1 a base de correr más y no perder la concentración.
 
La alineación del Granada que derrotó 3-1 al R. Madrid en una colección de cromos
 
Guerrilleros abatidos

En la misma página de Ideal de 7 de diciembre en la que se informa del partido que esa tarde juega el Granada en Castellón, aparece la noticia breve de que cinco delincuentes resultaron muertos y otro más herido al tirotearse con la fuerza pública en el Molinillo, término de Huétor-Santillán, y a continuación aparecen relacionados los nombres y alias de los seis, todos de la zona de Guadix.

Esto ya no lo decía Ideal en su escueta nota pero sabemos que se trataba de una partida de huidos al monte, de maquis, de las de aquellos primeros años cuarenta en que tanto proliferaron por todas las sierras granadinas. Por las distintas obras que se han ocupado del fenómeno guerrillero de posguerra en Granada sabemos que los seis venían huyendo desde Benalúa de Guadix, donde pocos días antes habían mantenido un enfrentamiento con la fuerza pública. Un chivatazo había llevado a la Guardia Civil a la cueva en el Molinillo donde se escondían y allí fueron rodeados y abatidos excepto uno, herido, que se entregó y dos más, que lograron escapar. Algunos habían pertenecido antes a la partida del famoso Yatero.
 
El palacete de los Muller en la Gran Vía hacia 1920
 
Nueva sede del Gobierno Civil

A principios de diciembre de 1941 y por el precio de 1.500.000 pesetas, incluyendo gran parte de los muebles que en él se encuentran, el Estado compra a la familia Muller el palacete de su propiedad ubicado en la Gran Vía y construido entre 1913 y 1916. Su destino será servir de sede del Gobierno Civil de la provincia, abandonando así el vetusto caserón que venía ocupando en la calle Duquesa, que servirá a su vez para ampliar las instalaciones de la Universidad.

Por la noticia que publica Ideal sabemos que en su día costó 800.000 ptas. y tuvo como primer propietario a Manuel González de la Cámara, y el arquitecto responsable de su construcción fue Ángel Casas Vílchez. Se trata de una singular construcción en un estilo ecléctico, pero sin duda alguna muy digna de conservarse por lo que de representativo de una época granadina tiene. De no haber sido adquirida por el Estado es muy posible que desde hace tiempo no existiera, como desgraciadamente sucedió con otras fincas granadinas similares hoy desaparecidas. No llegó a alcanzar esa categoría tan castiza y popular de “casa del miedo”, más bien reservada en Granada para inmuebles con fama de ser contenedores de sucesos paranormales o ultratumbanos, pero también tiene este palacio su propia leyenda negra según la cual quienes lo poseen atraen sobre sí la mala suerte, y así se habla de algún suicidio entre sus paredes.

En un mes se espera que entre en funcionamiento, pero su ocupante ya no va a ser Antonio Gallego Burín, quien recientemente ha cesado como gobernador civil de Granada, un cargo en el que parece que no se encontraba muy a sus anchas, y ha vuelto a ocupar la alcaldía de la ciudad, vacante desde la muerte de Rafael Acosta Inglott, algo bastante más de su agrado y que le permitirá continuar con su labor de reforma y embellecimiento de Granada. Su sustituto en el Gobierno Civil es Manuel Pizarro Cenjor, general de la Guardia Civil, traído para intensificar la lucha contra la guerrilla antifranquista.
 
Luis Seco de Lucena Escalada retratado por Gabriel Morcillo
Seco de Lucena

El 22 de diciembre de 1941 moría a la edad de 85 años Luis Seco de Lucena Escalada. Era natural de Tarifa, pero llevaba viviendo en Granada más de sesenta años y había sido nombrado oficialmente hijo adoptivo de nuestra ciudad. A Granada llegó en 1876 y en 1880 fundó El Defensor de Granada, periódico del que fue director y propietario hasta 1915, el diario más popular durante muchísimos años y que en 1936 fue clausurado por los militares sublevados. Desde las páginas del Defensor, Seco de Lucena impulsó con vehemencia campañas de concienciación y propaganda que podían redundar en beneficio de la ciudad y sus pobladores y en ese sentido es de destacar su papel de difusor a nivel nacional del gran desastre que supuso el terremoto de la navidad de 1884, con epicentro en Arenas del Rey, que sirvió para allegar ayudas a sus muchísimas víctimas y gracias a su labor se evitaron más sufrimientos a la población de la comarca. Además era autor de numerosas obras divulgativas sobre Granada y sus monumentos, y ostentó el título de “Vulgarizador de la Alhambra”, que le fue otorgado por Eduardo Dato en 1918, cuando éste era presidente del Consejo de Ministros (o sea, primer ministro o Jefe del Gobierno), para dar a conocer el monumento a la población menos ilustrada -el vulgo- mediante publicaciones fácilmente asequibles por su precio y exposición y mediante charlas y conferencias y otras iniciativas.

Entre todas sus publicaciones merece destacarse la última puesta al papel, que llevó por título Mis memorias de Granada. Es casi su testamento literario puesto que se publicó apenas una semana antes de su muerte. Se trata de un sabroso y muy ameno libro para quienes se interesan por todo lo granadino donde se retratan estampas y costumbres, muchas de ellas desaparecidas con el siglo XIX, y donde relata Seco cómo vivió en primera persona determinados acontecimientos importantes en la historia de la ciudad: el derribo de la puerta de Bib-Rambla, los terremotos de 1884-85, la epidemia de cólera de 1885 que mató a varios miles de paisanos, la coronación de Zorrilla como Poeta Nacional (que fue idea suya) en el Corpus de 1889, o lo que significó la conmemoración del cuarto centenario del descubrimiento de América y el desaire de la Familia Real hacia la ciudad de Granada, a la que dejaron compuesta y sin su presencia, provocando al conocerse la noticia de su no comparecencia un motín en el que ardieron los varios arcos de triunfo levantados ex profeso por toda la ciudad para darles la bienvenida, amén de la tribuna erigida en el Salón para ser ocupada por Dª. Mª. Cristina junto a su hijo de seis años, el Rey Alfonso XIII, y su hija mayor, Dª. Mª. de las Mercedes, Princesa de Asturias, en la inauguración del monumento a Isabel la Católica y Colón de Benlliure, monumento que fue inaugurado sin solemnidad de ningún tipo y a las bravas, esto es, por el procedimiento de descorrer a tirones los lienzos que lo cubrían.
 
Arco de triunfo, ejemplo de arquitectura efímera, levantado en 1892 a la entrada de la Carrera del Genil para dar la bienvenida a la Familia Real
La parte más extensa de Mis memorias de Granada y su razón de ser es la que se ocupa de lo que Seco de Lucena llama el “Entresuelo” de Granada. Textualmente: «Dicen muchos granadinos que […] si bien es cierto que Granada posee un cielo luminoso y azul de brillantez incomparable y un suelo fecundo y embellecido por indescriptibles panoramas y matizado de flores y monumentos de gran mérito artístico y espléndida hermosura, el entresuelo, o sea, la masa de población que ellos mismos constituyen, no puede ser más detestable». El entresuelo de Granada a que se refiere Seco no es otra cosa que sus gentes, los granadinos de nacimiento o adopción que destacaron antaño u hogaño en alguna actividad artística, literaria, profesional, política o económica, tratando así de desmontar ese lugar común según el cual los que pueblan este lugar a la vera de la Penibética no estarían a la altura de tanta maravilla como les rodea. Por otra parte, como Mis memorias de Granada se escribió en 1940, hay algunas sangrantes ausencias en esa relación de notables granadinos por estar los omitidos afectados de malditismo en aquellos azules e intolerantes años. Por ejemplo, no hay en el libro mención alguna, ni siquiera una cita a pie de página, en la que aparezca el nombre de Federico García Lorca ni tampoco el de Manuel de Falla. 

Como ocurrió en los entierros de otros próceres, el gobernador civil autorizó que la conducción del cadáver de Seco de Lucena se hiciera a través de los bosques de la Alhambra, requisito indispensable sin el cual cualquier entierro tenía obligatoriamente que discurrir subiendo bien por la cuesta de los Chinos (del Rey Chico) o bien por el Camino Nuevo del Cementerio (Barranco del Abogado). Toda Granada acudió a despedirlo, con las autoridades al frente y con la guardia municipal en traje de gala. La comitiva partió de la plaza del Campillo, donde estaba la sede de la Asociación de la Prensa, cuyos locales sirvieron de capilla ardiente.
 
Portada de Mis memorias de Granada