EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



domingo, 15 de abril de 2018

HISTÓRICA CLASIFICACIÓN

 Portada de Marca con el empate rojiblanco en el Metropolitano


El primer positivo
            La jornada 23 de la liga 43-44 llevaba al Granada al Metropolitano, sede del poderoso At. Aviación y escenario de sendas derrotas, la última por goleada, en las dos visitas precedentes. La gran diferencia con las citas anteriores era que en esta ocasión no se temía nada a lo que pudiera pasar porque el Granada comparecía cómodamente clasificado en novena posición, con cinco puntos sobre los puestos de promoción y siete sobre los de descenso directo cuando sólo faltaban cuatro jornadas para concluir el campeonato. La ventaja sobre promoción y descenso se redujo en un punto, pero los rojiblancos no se volvieron de vacío logrando un empate sin goles. Y es que este Granada había llegado a la fase decisiva de la liga en un magnífico momento de juego y de forma física y logró así prolongar su extraordinaria racha de ya cinco encuentros sin perder. E incluso pudo el Granada haberse traído los dos puntos, según Saucedo, de no ser porque hubo que improvisar el delantero centro, puesto en el que actuó Sosa por lesión de Nicola, y el canario no estuvo afortunado ya que lo suyo fue siempre la brega en el medio campo, y no hacer de ariete. Lo más destacado fue la sensacional actuación de la cobertura, Millán y -sobre todo- González, aunque la prensa madrileña se queja de su excesiva dureza.
                Es un empate doblemente histórico. Por primera vez el Granada lograba puntuar en la casa de este grande, más grande entonces que ahora. Y es así mismo histórico porque también por primera vez el Granada conseguía abrir su cuenta de positivos (uno) jugando en división de honor, un punto positivo que duró exactamente sólo una semana, la que transcurrió entre el 19 de marzo de 1944, cuando se jugó en el Metropilitano, y el domingo siguiente, 26, en que el Castellón arrancó un empate en Los Cármenes, pero positivo a fin de cuentas cuando lo normal de las estancias del Granada en máxima categoría es que se pase toda la liga cargado de negativos. Para ver otra vez al Granada con positivos en Primera habrá que dar un salto en el tiempo hasta la temporada 1959-60, cuando venció 0-2 precisamente en el mismo escenario, el estadio Metropolitano, al ya por entonces At. Madrid y ostentó durante una jornada dos positivos en su casillero. El At. Aviación, a falta de cuatro jornadas, marchaba segundo clasificado, a seis puntos del Valencia, y eran escasas sus posibilidades de darle caza. Quizás por eso el partido de los colchoneros fue malo.   

    Reportaje fotográfico de Marca sobre el At. Aviación 0 Granada 0         
    
El Castellón se lleva el positivo
Para recibir al Castellón en la siguiente jornada, ya la antepenúltima, volvían las bajas por lesión a cebarse con el equipo. Millán, Safont y Sosa no pudieron jugar, en su lugar se alinearon el canterano Díaz (en el único partido de liga en que vistió de rojiblanco), Conde y Aparicio; los tres llevaban muchas jornadas inactivos. Quizás por esas ausencias el partido del Granada fue bastante malo y el Castellón logró un empate a un tanto, volando así el único positivo con que contábamos.
                Saucedo en Patria, para explicar el insulso partido del Granada, hace referencia a un mal [sic] de fondo que existiría larvado en el seno de la plantilla. Fernández de Burgos en Ideal dice que la primera parte fue de tercera regional. Lo peor es que se perdió la oportunidad de dejar matemáticamente asegurada la permanencia ya que el Granada con sus 24 puntos quedaba definitivamente fuera de los puestos de descenso, pero todavía podía meterse en problemas porque ya sólo sacaba tres puntos al primero de los situados en zona de promoción y quedaban todavía dos jornadas.

El portero Martí


Martí al Betis


Desde hacía tres años, desde la 41-42, pertenecía al Granada el guardameta catalán Martí, fichado muy joven, con apenas 19 años. En su primera temporada sólo se alineó en algún amistoso porque una enfermedad le mantuvo de baja muchos meses. En la anterior, la 42-43, sí jugó un total de quince partidos oficiales, alternándose con Floro y con Pérez, y dejando la impresión de que ciertos fallos podrían corregirse por ser todavía muy joven. En la presente temporada se mantenía inédito, tan sólo había intervenido en amistosos al tener que residir fuera de Granada por estar cumpliendo el servicio militar, pero a mediados de marzo había vuelto licenciado a la disciplina rojiblanca.
                A primeros de abril el Betis, de segunda pero todavía con posibilidades de ascenso (que no consiguió), se dirigió al Granada solicitando la cesión de Martí para disputar los dos partidos que le faltaban para terminar la liga, por haberse lesionado su titular Paquillo. El Granada accedió a la petición bética y a Sevilla se marchó el que seguía siendo promesa de buen guardameta.                                  
                               
Derrota en Casa Rabia y vuelta a la zozobra
La penúltima jornada tocaba visitar Casa Rabia para jugar con el rival directo que era el Español, por debajo en la clasificación a tres puntos y ocupando la primera de las plazas que obligaban a disputar promoción para salvar la categoría. Para viajar a Barcelona nuevamente estaba el equipo diezmado por las lesiones e incluso se anunció que, ante la posible baja de Marín, Millán actuaría de interior derecho pasando Trompi al extremo y ocupando Sosa nuevamente la punta del adelante por la nueva ausencia de Nicola. Pero finalmente ni Millán ni Marín pudieron entrar en convocatoria, y en otro mal partido los rojiblancos fueron derrotados, 2-0. La ausencia de Millán volvió a doler más de la cuenta ya que su sustituto, el veterano Euskalduna en su único partido oficial de rojiblanco, lento y pesado, fracasó y tuvo la culpa de al menos uno de los goles. Lo mejor fue la gran actuación de Floro, que hasta detuvo un penalti, y por él no fue mayor la derrota. Todas las crónicas destacan al pequeño guardameta rojiblanco, que fue ovacionado en varias ocasiones por el respetable, unas reseñas –las forasteras- que vuelven a señalar que el Granada destacó más por su juego excesivamente duro, casi marrullero, que por sus virtudes futboleras («leñazo y tente tieso», que dice Mundo Deportivo). La crónica de Ideal, que firma Zubeldia como siempre que por estos años jugaban los rojiblancos en Barcelona, se inicia con un encendido y entrañable elogio del pequeño gran Florito y sus narizotas (todavía hay portero, dice el plumilla granadino-catalán).

El Granada que cayó derrotado 2-0 en el campo del Español: De pie: Floro, Safont, Mas, Aparicio, Trompi, Melito y Ramos; agachados: Sosa, Sierra, González y Euskalduna
La permanencia en Primera se había dado por lograda desde hacía varias jornadas, pero la derrota en Barcelona vino a complicarla. Sólo quedaba ya por jugarse la última jornada. Del descenso directo estábamos a salvo, pero el perder frente al Español supuso quedar a sólo un punto del primero de los puestos de promoción que ocupaba el Sabadell, empatado con el Español, así que el Granada estaba obligado a no dejarse sorprender en la última jornada en Los Cármenes. Lo positivo era que el rival que quedaba era el farolillo rojo y ya descendido desde hacía al menos cuatro domingos Celta de Vigo, muy descolgado y que en toda la temporada había ganado sólo dos partidos.  

El pequeño gran Florito. Todavía hay portero para rato
                                           
Paliza en Sans
El viaje a Barcelona sirvió también para saldar una deuda, la que tenía el Granada contraída con el Sans (hoy Sants), de categoría regional, desde el fichaje a principios de temporada del extremo García, que pertenecía a este club. La expedición rojiblanca no volvió inmediatamente sino que se quedó en Barcelona y el martes 4 de abril, en el campo de la calle Galileo (hoy Galileu), disputó un amistoso siendo estrepitosamente derrotado 7-0. La única crónica de que disponemos, del diario barcelonés Mundo Deportivo, dice que los de regional parecían los rojiblancos, y que los nuestros hicieron poco honor a su prestigio de profesionales: «Tumbáronse a la bartola y a ¡vivir!, y uno tras otro fueron entrando por su meta siete goles como siete soles».
En el Granada actuaron a prueba -y no gustaron nada- el defensa Bayo (sustituido en la segunda parte por otro a prueba, un tal Gros), que después ficharía por el Sabadell, y el delantero muy veterano Rocasolano, que había pertenecido al Betis antes de la guerra, pero el resto, excepto el portero Casafont y el interior Leal, eran los mismos que dos días antes habían jugado en Sarriá, por lo que no tiene justificación la paliza, y es que los rojiblancos actuaron paseándose por el campo barcelonés, siempre según la crónica.

El delantero hispano-marroquí Melul

 
Ficha Melul
Cuando en la floja primera vuelta el Granada buscaba incesantemente refuerzos y vinieron varios a prueba, pretendió probar también a un delantero que había gustado desde la eliminatoria copera de la temporada anterior frente al Ceuta, Melul era su nombre y era hispano-marroquí, pero no pudo ser observado porque su club no lo autorizó. Ahora acababa de quedar libre en el Ceuta y se había ofrecido al Granada, así que por fin vino y se sometió a prueba, quedando fichado. No obstante, sólo será utilizado en tres partidos de Copa.
                                                  
 Récord de clasificación
Con concentración previa en un hotel de la Alhambra, como en anteriores y también cruciales ocasiones, el Granada preparó a conciencia el partido frente al Celta, sin confiarse a pesar de la mala situación de los gallegos, que fueron toda la liga colistas y estaban ya descendidos, pero seguían contando con jugadores de valía.
                Curiosamente el Granada terminó la temporada como la empezó, es decir, venciendo en Los Cármenes por el resultado de 5-2 y, también como en aquella ocasión (frente al Oviedo), jugando mal según las crónicas a pesar de lo abultado de la victoria. Recuperados Marín y Millán, ante medio aforo en Los Cármenes, el Granada no lo tuvo nada fácil ante el Celta a pesar del resultado. Se adelantaron los rojiblancos 2-0 pero antes del descanso dos remates del futuro granadinista Pahíño (empezando una sensacional carrera que lo llevaría años después al Madrid y a la selección) significaron el 2-2 en el marcador y el sufrimiento en la afición. En la segunda mitad el Granada se vio obligado a poner mucha más intensidad y así pudo hacerse con los dos puntos, pero el 4-2 que daba tranquilidad tardó mucho en llegar. Después de todo hasta la derrota hubiera servido para eludir la promoción porque el Español perdió en su visita al At. Aviación.

Permanencia conseguida y récord de clasificación con la victoria ante el Celta
                El Español y el Coruña fueron finalmente los promocionistas aunque ambos lograron la permanencia a partido único frente al Alcoyano y el Constancia de Inca respectivamente. Real Sociedad acompañó al Celta en el descenso.
                Los jugadores del Celta se emplearon a fondo a pesar de no tener ya nada que hacer, y es que -se dijo- llevaban 2.000 ptas. por barba de prima ofrecida por el Español y el Sabadell. Y quien más a fondo se empleó fue el viejo conocido defensa céltico Deva (el mismo que formaba la trinchera salvaje -que decía Martinenc- del Sevilla de antes de la guerra junto al granadinista Euskalduna) en la que fue su última aparición por Granada, donde siempre se significó por sus expeditivos métodos defensivos; resulta que después de haber repartido a diestro a siniestro a todo rojiblanco que encontraba, como era su costumbre, cercano al final protagonizó un incidente con el público por el que fue expulsado y que ocurrió más o menos de la siguiente forma: el defensa del Celta se disponía a sacar de puerta y el público coreaba su carrera hacía el balón tal que así: ¡eeeeeeh! (o eso cuentan las crónicas de este partido), por lo que en lugar de dar una patada al balón se frenaba y volvía a su posición inicial; nuevo amague de saque y nuevo coro del público, y otra vez Deva que se frena y no pone en juego el balón; así varias veces hasta que el árbitro murciano Moreno Almagro, debutante en Los Cármenes, le urge para que ponga en juego el esférico, y como el defensa discute con el trencilla éste acaba expulsándolo. Cuando esto ocurría ya estaba el partido resuelto a favor del Granada por lo que el incidente no tuvo más valor que el de quedar como anécdota. Nunca más volvió por Los Cármenes este veterano defensa (que llegó en una ocasión a vestir la camiseta del Granada a préstamo del Sevilla en un amistoso del Corpus de 1936), que siempre que actuó en Granada destacó como contumaz “leñador”. Pero todavía faltaba una última ocasión en que jugaría Deva frente a los rojiblancos, y sería un año después, en el neutral Metropolitano, enfrentándose los dos mismos oponentes de este último partido de la liga 43-44 y con la primera en juego.                             
Con los dos puntos de la victoria frente al Celta, el Granada acabó la liga en octava posición, 26 puntos, sin positivos ni negativos, y completó la que durante veintiocho años (1972, sexto) fue su mejor clasificación histórica. A un arranque de liga malo y una primera vuelta en puesto de descenso, lo que obligó al míster a cambiar su innovador sistema de la WM, la segunda vuelta granadinista fue bastante buena y en ella sólo perdió tres encuentros. Platko se ganó así la renovación, que todos vieron con agrado.

Una mala primera vuelta pero una sensacional segunda mitad de liga en este gráfico que publicó Patria

 
 Sangre en el burdel
El mismo día que el Castellón se llevaba de Los Cármenes el único positivo con que contábamos, 26 de marzo de 1944, ocurrió en Granada uno de esos sucesos que conmocionan y dan mucho que hablar a la población.
                En primera página de Patria del lunes 27 de marzo (por un error, en esa primera página del diario del Movimiento aparece como fecha «domingo 26 de marzo de 1944») se da cuenta de la muerte en acto de servicio del inspector de la Brigada Político-Social Julio Romero Funes, en lucha con una banda de atracadores. Según se cuenta en páginas interiores, por una confidencia, la policía sitió una casa de la placeta Piedra Santa (un burdel) donde se encontraban reunidos cuatro presuntos maquis en compañía de «mujeres de mala nota», instándoles a que se entregaran, pero en lugar de hacerlo respondieron éstos a tiro limpio y en la balacera resultaron muertos tres de los reclamados y el cuarto herido (murió días después en el hospital de San Juan de Dios), los cuatro con antecedentes por militancia en organizaciones izquierdistas y por distintos delitos de atraco y atentado. Romero Funes, que dirigía el operativo, gravemente herido, también murió horas después en el hospital.                                      
                El suceso es una de las acciones que se atribuyen falsamente a la famosa partida guerrillera de los hermanos Quero, que en la Granada de posguerra estuvieron activos hasta casi los años cincuenta. A estas alturas de 1944 los hermanos Quero, atípicos guerrilleros antifranquistas puesto que su ámbito de actuación fue preferentemente urbano, habían alcanzado la categoría de mito local y boca a boca se le atribuían innumerables hazañas que le conferían cierto halo romántico de bandoleros que robaban a los poderosos para distribuirlo entre los pobres. Sus actuaciones se circunscribían a Granada capital y pueblos cercanos y, aunque la prensa no daba noticias de sus golpes, toda Granada sabía de su audacia puesta de manifiesto en diversos atracos y secuestros realizados a plena luz del día que habían incrementado su fama de proscritos invulnerables a la acción policial. A la vez, también circulaban sobre los Quero infinidad de episodios y anécdotas, muchas de ellas más producto de la imaginación popular que de otra cosa: que si se paseaban por el centro de la ciudad sin adoptar precaución alguna y sin importarles ser reconocidos; que si una vez dejaron una propina de 500 ptas. (un dineral por entonces) en un restaurante donde almorzaron, y una nota en la que se leía «aquí estuvieron los Quero». Así, con frecuencia se le atribuían a la partida de los Quero acciones que en realidad no habían cometido, como la ocurrida unos meses antes, en octubre de 1943, en la que la víctima fue el presidente del Recreativo Granada entre 1932 y 1934, el pintor Gabriel Morcillo, a quien unos desconocidos armados secuestraron cerca de Quéntar, donde tenía propiedades, y no lo liberaron hasta que recibieron la suma de 22.000 ptas. Parece ser que este secuestro fue obra de la partida del también famoso Yatero, que actuaba preferentemente por aquella zona.

El inspector Julio Romero Funes, muerto en lucha contra la guerrilla

La muerte del inspector Romero  Funes es también otro suceso atribuido falsamente a los Quero. Lo que ocurrió en la placeta de Piedra Santa fue protagonizado por miembros de otras partidas de maquis de las que también actuaban en Granada y que se refugiaban en las sierras cercanas, que habían acudido a un prostíbulo a correrse una juerga y fueron delatados. Al parecer, eran de la partida de Antonio Velázquez Murillo, de Güéjar-Sierra, un antiguo componente de la cuadrilla de los Quero, de la que se escindió para formar la suya propia.
Al entierro de Romero Funes, efectuado al día siguiente partiendo desde la sede recién estrenada del Gobierno Civil en la Gran Vía, con el comercio cerrado por orden del gobernador y con la ciudad paralizada, acudió una gran multitud de personas y no faltó la banda municipal, que cerraba el cortejo. El Granada CF costeó una corona fúnebre. Para paliar la situación en que quedaron los cinco huérfanos de corta edad que dejó el policía fallecido se abrieron varias suscripciones populares y durante meses se publicaron en la prensa los nombres de los aportadores y el importe de sus donativos. El Granada CF contribuyó con 250 ptas.
                Aparte y aunque la prensa –obviamente- nada dice de esto, el finado inspector Romero Funes se había significado en Granada en la feroz represión que los sublevados desencadenaron en 1936 contra cualquiera que oliera aun de lejos a rojo durante los tres años de guerra y en los de la primera posguerra, y había formado parte de las tristemente célebres escuadras negras falangistas que al mando del  comandante Valdés, de quien era Romero su mano derecha, dieron el ”paseo” a no pocos inocentes. Incluso algunos autores también le atribuyen parte de responsabilidad en la muerte de García Lorca.



domingo, 1 de abril de 2018

GRAN SEGUNDA VUELTA ROJIBLANCA 43-44

 Floro; Millán González; Sosa, Melito, Ramos; Marín, Trompi, Nicola, Safont y Mas, la alineación titular del Granada de la segunda vuelta 1943-44




¿Trompi al R. Madrid?
Al comienzo de la segunda vuelta 43-44, después de una buena racha de tres victorias seguidas que sacaron al Granada de los puestos de descenso, truncada por una derrota en Oviedo en el primer partido de la segunda ronda, la siguiente jornada, la quince, se saldó con una nueva victoria rojiblanca, 2-1 sobre el Sabadell, debutante en máxima categoría y que marchaba en la tabla inmediatamente después del Granada aunque empatado a puntos. La diferencia con los anteriores partidos fue que pareció haberse agotado el buen juego y el entusiasmo, y al Granada le costó muchísimo trabajo hacerse con los dos puntos en un partido muy malo y aburrido (Saucedo en Patria confiesa que se durmió) a pesar de que desde los diez minutos los catalanes actuaron en inferioridad por lesión de su jugador Navarro. Con esta victoria la distancia con los puestos de descenso aumentó a cinco puntos.
            El siguiente rival, el Madrid, igual que la temporada pasada era también hogaño de “nuestra liga” -quién lo diría-, situado en la clasificación en el puesto inmediatamente anterior al Granada, octavo, a dos puntos. Los rojiblancos repitieron en Chamartín el resultado de la última vez que allí comparecieron, empate a dos goles (el mismo resultado del partido de la primera vuelta en Los Cármenes), y como si de un deja vu se tratara, igual que ocurrió en los dos choques anteriores entre los mismos equipos, también ahora el Granada mereció (y pudo) haber ganado el partido si no hubiera sido por un gol muy a última hora de los blancos que determinó la igualada final. La diferencia con los dos últimos partidos frente a los blancos fue que en esta ocasión no se pudo culpar al árbitro del empate madridista.
Justo a partir de esta fecha, el periódico Patria empezó a lanzar diariamente dos ediciones, mañana y tarde, y pasó a publicarse también los lunes, con un amplio contenido de información futbolera. En la sección de deportes del lunes 24 de enero de 1944 se lee en letras grandes: «El Gr recuperó en Chamartín el punto que arrebató Cruella», es el titular de Patria de la crónica del partido en Madrid, en alusión a lo que ocurrió en la primera vuelta en Los Cármenes, cuando el veterano árbitro Cruella anuló al Granada el tanto que le hubiera dado la victoria frente al Madrid. Ideal por su parte, ya el martes 25, abre su crónica con: «El Granada perdió un punto en Chamartín», y añade que los rojiblancos fueron superiores al Madrid en clase, fondo y entusiasmo. Para la prensa madrileña (ningún plumilla local viajaba), durante gran parte de los noventa minutos sólo existió un equipo, el Granada, pero las lesiones de Millán, González, Sosa y, sobre todo Conde (que ya sólo pudo jugar dos partidos más en toda la temporada) dejaron a los nuestros a merced de los locales, que lograron el empate a falta de sólo tres minutos para el final. De esta forma conseguía el Granada dejar a cero su cuenta de negativos, que llegó a estar en -5 después de la derrota en Los Cármenes frente al At. Aviación, seis jornadas atrás.

 Recorte de Marca sobre el R. Madrid 2 Granada 2

Nuevamente Marín y, sobre todo, Trompi estuvieron sensacionales y también nuevamente la prensa madrileña volvió a lamentar haberlos dejado marchar, haciéndolo extensivo a Sierra, otro ex madridista y también destacado. Así leemos en Pueblo que “el Trompi” «…es un artista genial. Subir con el cuero en los pies en regates llenos de gracia y soltura, servirlo a derecha e izquierda y tirar, todo eso hizo el fenomenal interior». Para Hoja del Lunes de Madrid, Trompi fue la figura del encuentro, el mejor de los 22. Para otros medios  Trompi no tiene nada que envidiar a auténticas figuras míticas del fútbol español como Luis Regueiro y Chus Alonso.
En Patria el propio Trompi, en entrevista con Saucedo, manifiesta que en Madrid le dijeron al finalizar el partido que la directiva merengue, que desde el comienzo de esta misma temporada presidía Santiago Bernabéu, ya había decidido ficharlo para la temporada siguiente. Su fichaje por el Madrid podría haber sido el broche de oro de una carrera futbolera sobresaliente como la del Trompi, por entonces en lo mejor de toda su trayectoria, pero nada se concretó y el pequeño y genial jugador, a pesar de su gran calidad y su enorme popularidad en todo el país, permanecerá en el Granada prácticamente toda su carrera, hasta 1950.

Trompi visto por López Sancho

 
Recaudación récord frente al Bilbao
Para el siguiente partido, visita a Los Cármenes del At. Bilbao, la directiva decretó día del club. Era el vigente campeón de liga y copa, pero con prácticamente la misma plantilla de la anterior, esta temporada no pudo repetir el doblete y aunque terminó revalidando su título de campeón de Copa del Generalísimo, anduvo toda la liga en puestos medios de la clasificación para acabar 10º, dos plazas por detrás del Granada. El buen momento granadinista unido a que en aquellos años el Bilbao era el equipo preferido de casi todas las aficiones de España, aseguraban el lleno en Los Cármenes.
                El Granada, vestido de camiseta azul con cuello blanco, consiguió un empate sin goles ante el Athletic  que supo a victoria en un partido muy bien jugado por los dos contendientes. Según la prensa fue el mejor partido del Granada en todo lo que iba de liga, pero -el  único pero- le faltó contundencia en el remate y además el portero bilbaíno Barrie estuvo sensacional y lo paró todo. La lesión de Conde en el anterior partido dio por fin ocasión de debutar a Melito, lesionado desde la pretemporada e inédito todavía, que junto a Sierra fue el mejor del Granada y que le hace escribir a Saucedo en Patria que en los medios, una línea soberbia, hubo viril energía, entusiasmado con los pases largos y precisos del canario, recuperado por completo de su lesión e importantísimo refuerzo del Granada para lo que quedaba de liga. El estadio se llenó a reventar y la recaudación fue de récord, 100.000 ptas., cifra por entonces muy sustanciosa.

 Melito, importante refuerzo en el centro del campo para la segunda vuelta

Entre el público asistió el míster de las dos temporadas anteriores, Paco Bru, a la sazón entrenador del Málaga, de Tercera División, para el que el Granada mereció la victoria. Y en el palco presidencial estuvo presenciando el partido José Antonio Elola Olaso, de visita oficial en nuestra tierra, Delegado Nacional del Frente de Juventudes, cargo en el que había sustituido al legitimista Sancho Dávila, y que ocuparía hasta 1955, cuando en un homenaje en el Escorial a José Antonio Primo de Rivera en el aniversario de su muerte surgió de entre las miles de camisas azules el grito anónimo «¡No queremos reyes idiotas!», dirigido al Generalísimo, acto de insubordinación que hizo rodar algunas cabezas de jerarcas de la cosa azul Mahón, entre ellas la del muy franquista Elola.

 Fontana (a la izquierda), gobernador civil, y Elola Olaso, delegado del Frente de Juventudes, en el palco presidencial de Los Cármenes

 
Magnífica segunda vuelta
Ahora tocaba visitar al líder destacado, el Valencia, que acabaría ganando la liga. En Mestalla el Granada, muy inferior a los locales, sólo pudo cosechar una concluyente derrota 3-0 jugando bastante mal, según las crónicas. Lo bueno fue que ya sólo perdería el Granada un partido más de los nueve que faltaban, en una segunda vuelta sensacional y que le llevará a conseguir al final su mejor clasificación histórica por los siguientes 28 años. 
                Una racha de cuatro partidos sin perder (tres victorias y un empate) vino a continuación y dejó prácticamente asegurada la permanencia del Granada en máxima categoría. La primera victoria de esa racha es de las de recordar siempre pues fue otro extraordinario partido de los rojiblancos y llegó frente al Barcelona en Los Cármenes (2-0), segundo clasificado a la estela del Valencia, aunque ya a cuatro puntos de los ches. El Granada jugó con más entusiasmo y rapidez que sus oponentes (un fútbol “rápido y profundo” y sin florituras, que dice Saucedo en Patria), guardando su área y lanzando veloces contras que se tradujeron en los dos goles de Marín y Nicola, para lo cual resultó fundamental la recuperación de otro hombre básico en su plantilla: Paco Mas volvía a ocupar la banda izquierda, ausente por lesión desde pretemporada, desde los amistosos en el campo del Europa en agosto. Un pase medido suyo supuso el segundo gol rojiblanco. Con Mas y Melito resultó muy reforzado y fue otro, mucho mejor, el Granada de la segunda vuelta 43-44. 
El añorado César es uno de los culés destacados en las crónicas de aquel partido, aunque no marcó gracias al excelente trabajo defensivo de González y Millán. Sin embargo, en las declaraciones pospartido que recoge Patria, el míster azulgrana Nogués lo acusa de no querer rendir en Granada «por los motivos que fueren», y añade que le ha impuesto al ex granadinista una sanción económica por bajo rendimiento.
Siete jornadas faltaban por jugarse y el Granada había llegado a la fase decisiva en magnífico estado de forma. De esta manera la salida a La Coruña de la siguiente jornada supuso borrar el único punto negativo que arrastraba desde la visita del Bilbao y alcanzar un empate a dos goles que tenía que haber sido una nueva victoria pero un gol en propia puerta de González impidió traerse los dos puntos. Para Hoja del Lunes de La Coruña, Marín, a sus 37  largos, corre como hace veinte años y le da al balón mejor que entonces.

 El gran Paco Mas portada del extra  de Marca

 
Marín-Trompi, pareja de moda
Después del partido en La Coruña hubo parón en la liga, aprovechado para que se jugara la primera eliminatoria de Copa del Generalísimo, que disputaban sólo los equipos de Tercera División, por lo que fue una jornada de descanso para el Granada. Muchos clubes aprovecharon para organizar amistosos, como el Madrid, en homenaje a su ex jugador Sauto, que estaba a punto de retirarse, y para dicho amistoso solicitó del Granada la cesión de la pareja granadinista de moda y en su mejor momento de forma, Marín y Trompi, a los que se unió Bachiller, al que el Gijón había dejado en libertad desde hacía un mes y que al poco fichó por el R. Madrid. El combinado merengue perdió frente al Sevilla en Chamartín 2-3 y según cuentan los diarios madrileños, lo mejor del improvisado once merengue fue el ala Marín-Trompi. Como aperitivo al amistoso se celebró un partido de viejas glorias en el que también intervino otro ex madridista y ex granadinista (ex recreativista en este caso), Fidel del Campo, que no actuó de portero sino de delantero centro.

Se firma la paz con el Sevilla
El siguiente partido de liga, ya la jornada 21 (de 26), traía al potente Sevilla a Los Cármenes a primeros de marzo de 1944. Con tiempo, más de un mes antes, a mediados de enero, el presidente Becerra envió un telegrama a su homónimo del Sevilla, marqués de Contadero, rogándole que la expedición sevillista adelantara su viaje a Granada en un día con el fin de asistir a un homenaje al club blanco que el presidente recién estrenado en el cargo había tenido la buena idea de organizar para de esta manera tratar de echar pelillos a la mar y que se olvidaran las rencillas que venían presidiendo los enfrentamientos entre los dos equipos desde hacía dos temporadas, desde que en noviembre de 1941, en el año del debut rojiblanco en máxima categoría, en Nervión, González y el stuka Berrocal tuvieron algo más que palabras, resultando expulsado el delantero sevillista, contencioso que alcanzó su punto álgido a la vuelta, cuando Alberty, en el último partido de su vida en Los Cármenes, acabó para el arrastre ante las muy duras y aparatosas entradas del sevillista Campanal, a quien erróneamente muchos hinchas rojiblancos culparon por esa causa de la muerte del gran portero húngaro poco tiempo después. Con la intención de tratar de moderar el excesivo ambiente tenso que había caracterizado los choques entre el Granada y el Sevilla de las dos temporadas anteriores y de esta misma en la ida en Sevilla, se organizaron por parte de la directiva granadina unos actos de confraternización para antes y después del partido consistentes en visitas a nuestros monumentos y una fiesta en el Alhambra Palace, actos a los que estaban también invitados el presidente de la Federación Regional Sur, Antonio Calderón, toda la directiva del Sevilla y el secretario general de la Federación Española de Fútbol, Sánchez Ocaña. 
Después de varios meses de estar prohibido, otra vez volvieron a alquilarse almohadillas de la Cruz Roja en Los Cármenes, aunque fueron pocas las vendidas porque las gradas estaban muy mojadas como para sentarse. La directiva lo comunicó a la afición en nota oficial previa al encuentro, advirtiendo de paso que aquellas personas que arrojaran almohadillas u otros objetos al terreno de juego podrían ser castigadas con internamiento en un campo de concentración, como se había dispuesto por las autoridades poco tiempo antes.

 El Sevilla FC años 40

                En medio del temporal de lluvia que venía durando ya más de una semana y que había dejado muy embarrado el terreno de Los Cármenes, el Granada logró una importante victoria, 2-1, con la que dejó casi asegurada la permanencia en Primera a falta ya de sólo cinco jornadas para el final, aumentando a cinco puntos la distancia tanto con los puestos de descenso como con los de promoción.
La anécdota del Granada-Sevilla la protagonizó el defensa sevillista Berridi, quien ingenuamente usó las dos manos dentro del área para detener el balón centrado desde la banda por Marín, por entender que había salido fuera y sin esperar a que el árbitro, Escartín, hiciera sonar su silbato. La acción del sevillista costó a su equipo un penalti en contra, pero el granadinista Sierra (que no era el que habitualmente lanzaba los penaltis), derrochando caballerosidad, envió fuera a propósito su lanzamiento desde los once metros, a pesar de que el marcador en ese momento señalaba una mínima diferencia de 2-1 a favor de los rojiblancos y faltaba poco para el final. Esto, lo de fallar adrede un penal, es algo que hoy suena a inconcebible para la hinchada de cualquier equipo, por muy meridianamente injusta que se considere su señalización y aunque se trate de un amistoso, sin embargo en aquellos años y en los anteriores era relativamente frecuente que en situaciones similares, bien motu proprio o a petición del respetable, el delantero lanzador prefiriera no aprovecharse de lo que se consideraba una injusticia. Eran otros tiempos, no cabe duda.
El árbitro de aquella tarde, el internacional y prestigioso Pedro Escartín, el mismo que acuñó aquello de Once Fantasma para referirse al Recreativo Granada de 1934, que además de trencilla era también ya por entonces considerado una autoridad en la materia de interpretación y aplicación de las reglas futboleras (era miembro de la Comisión de Reglas de la FIFA, además de columnista deportivo muy leído), como ya venía siendo tradicional cada vez que visitaba Granada, tuvo una actuación con algunos lunares de bulto, el que más el de no ver -y no conceder por tanto- un gol del Granada que hay que catalogar como “fantasma”. Con el marcador todavía a cero, en una contra rapidísima del Granada, el remate del extremo Mas traspasó la línea de gol en más de medio metro, sacando un defensa blanco el balón de dentro, pero al cuarentón Escartín, que venía jadeante y con la lengua fuera después de atravesar a la carrera todo el verde, le pilló la acción muy lejos y no vio el gol. Días después, en declaraciones a Patria reconocerá su error y pedirá perdón.
El partido comenzó con el intercambio de ramos de flores entre los capitanes González y Félix, y al terminar, los dos equipos con sus directivas en pleno más el árbitro Escartín, el presidente honorario Martín Campos, el gobernador civil y jefe provincial del Movimiento Fontana, y las autoridades federativas, se fueron a agasajarse en el hotel Alhambra Palace. Como remate presenciaron una zambra gitana.

Recorte de Ideal del Granada-Sevilla

 
Victoria ante R. Sociedad
Para dejar virtualmente asegurada la permanencia, a la siguiente jornada, nuevamente en Los Cármenes, dos puntos más cayeron en el zurrón rojiblanco, con la victoria 1-0 sobre la R. Sociedad, en lucha por huir del descenso. No obstante, no fue nada fácil la victoria ni el Granada dio sensación alguna de poder anotársela, sólo el magnífico trabajo del trío Floro-Millán-González y el acierto de Trompi, que marcó el único gol a falta de cinco minutos, impidieron el enfado final de la parroquia ante el mal partido del Granada.
                Tras disputarse esta jornada 22, Ideal publicó por primera vez las clasificaciones de Primera y Segunda haciendo indicación de los negativos o positivos de cada equipo. En la novedosa e ideal tabla vemos al Granada cómodamente clasificado en noveno lugar, el mismo que ocupaba en la realidad, y con 22 puntos y 0 (ni positivos ni negativos, único equipo de máxima categoría con esa puntuación), a cinco de los puestos de promoción y a siete de los de descenso directo cuando sólo faltaban por disputarse cuatro jornadas.   

  Sólo circula una bicicleta

Ni para un mechero
La gasolina hacía varios años que era un bien escasísimo y estaba muy racionada, pero a principios de 1944 se puede hablar de su total volatilización. En las mismas páginas de Ideal en que se muestran varias fotos de la gran victoria granadinista sobre el Barcelona, en la sección La Calle, última página, podemos ver esta foto tomada a mediodía del domingo 15 de febrero de 1944, en Puerta Real, en la que como toda muestra del tráfico rodado aparece una bicicleta. Y es que las restricciones de gasolina han alcanzado a las tres cuartas partes del parque automovilístico granadino y sólo pueden circular sin trabas los vehículos que se muevan a base de gasógeno.
A principios de febrero los periódicos publicaban una circular de la Comisaría de Carburantes líquidos en la que, apelando al espíritu patriótico de aquellos que han de sufrirlas para que las soporten con resignación, se anuncian nuevas y más drásticas restricciones en el suministro a la población civil, por culpa -dice el comunicado oficial- de las dificultades de abastecimiento y la supresión de cargas de productos petrolíferos motivados por la situación de guerra internacional. En consecuencia, queda suprimida durante el mes de febrero la circulación de turismos y motocicletas, a los que no se les facilitará cupo alguno; sólo podrán circular libremente aquellos vehículos que utilicen gasógenos. Los vehículos destinados a servicio público y a transportes sí tendrán cupo de gasolina y gas-oil, pero muy restringido respecto de lo que venía siendo habitual, circulando los taxis en días alternos según sus matrículas sean pares o impares.

 Viejos amigos

Nuestro país atravesaba en esos momentos por la que se llamó “batalla del wolframio”. La II Guerra Mundial seguía su curso y desde principios de 1943, España (es decir, Franco) había cambiado su posición oficial de “potencia no beligerante”, pero amiga del Eje Berlín-Roma-Tokio, por la de neutral a todos los efectos. Pero esa pretendida neutralidad, más que verdadera era un intento de lavado de cara hacia el exterior por la razón de que para entonces ya habían dejado de irle las cosas rodadas en la guerra a la que parecía invencible Alemania y se temía por la propia continuidad del Régimen en caso de ser derrotado Hitler. A pesar de su proclamada neutralidad, España (es decir, Franco), de tapadillo seguía suministrando wolframio (o tungsteno) a Alemania, mineral escaso pero abundante en Galicia y León y de gran valor estratégico, imprescindible para que las acerías alemanas pudieran seguir produciendo blindados y armamento; además todavía quedaban grandes contingentes de soldados españoles luchando en las estepas rusas encuadrados en la Wehrmacht, sin que se hubiera cumplido del todo la retirada, proclamada oficialmente, de la que se llamó División Azul; y, por si fuera poco, la Península era un nido de espías y saboteadores alemanes que disponían de carta blanca para moverse y actuar a sus anchas. Un incidente diplomático en octubre anterior, cuando el régimen franquista reconoció de facto al gobierno títere impuesto por los japoneses en Filipinas, sirvió de pretexto a Estados Unidos para decretar un nuevo embargo, más restrictivo, de petróleo a España (que se mantendrá hasta mayo) si no suprimía por completo sus exportaciones de wolframio a Alemania. Como Franco hizo caso omiso a las presiones aliadas, nuevas penalidades vinieron a unirse a las ya muchas que soportaba la población, éstas en forma de falta total de combustible, que dejó a España sin gasolina ni para un mechero de aquellos de martillo.
La controlada prensa nada informó acerca del verdadero motivo del embargo, pero sí que se sucedieron durante todo febrero los editoriales periodísticos proclamando la neutralidad de España “voluntariamente adoptada”. Finalmente, a finales de abril de 1944, haciendo de tripas corazón por lo que significaba de traición a un país amigo que tanto había ayudado al régimen y por tener que renunciar a la muy sustanciosa inyección económica que significaban las masivas exportaciones de wolframio, España (es decir, Franco), no tuvo más remedio que reducir al mínimo las ventas del mineral a Alemania y así acabó la llamada crisis del wolframio, ya en mayo.

Granada volvía a ser sede de una Capitanía General

Se crea la IX Región Militar
El 1 de marzo de 1944 nacía oficialmente la IX Región Militar, con sede en Granada y un ámbito territorial que comprendía las provincias de Granada, Málaga y Almería. 
Si nada había dicho la prensa nacional acerca de la verdadera causa de la gran carestía de combustibles del momento, mucho menos se comentó que en esta encrucijada histórica, principios de 1944, el Caudillo atravesaba por los que quizás sean los momentos más comprometidos desde su subida al poder, cuando Estados Unidos, no totalmente conforme con el embargo de petróleo a España como única medida de castigo, presionaba a sus aliados para acabar definitivamente con el Caudillo y su régimen fascista (¡perdón!, nacionalsindicalista). Algunos tratados de historia cuentan que los yanquis, como despectivamente se refería a ellos la prensa española, tenían ya más que madurado su plan para una invasión de la Península que habría de llevarse a cabo por el sur. Sólo la proximidad de otro desembarco mucho más grande e importante que se preparaba, el del día D, habría determinado la postergación del plan yanqui. Una ley orgánica de 1942 había previsto la creación de la IX Región Militar, pero la coyuntura bélica y el temor a que los USA hicieran en la piel de toro lo mismo que ya habían hecho en la bota Italiana aceleró el proceso y así, a primeros de marzo de 1944, Granada volvió a ser sede de una Capitanía General para una mejor administración de los efectivos militares y para prevenir la defensa de un posible desembarco aliado en las costas andaluzas.
Durante varios siglos, desde el mismo momento de la Reconquista, había sido Granada sede de una Capitanía General con ámbito territorial idéntico al de la recién creada IX Región: las provincias de Granada, Málaga y Almería, es decir, los territorios que formaron el histórico Reino de Granada. Su principal función fue la defensa de las costas mediterráneas andaluzas del peligro que pudiera proceder de África en forma de una nueva invasión o de incursiones de los temidos piratas berberiscos, así como ejercer mayor control sobre la importante población morisca que se quedó por estas tierras después de que Boabdil y los suyos fueran derrotados. La Capitanía creada en 1492 recayó como cargo vitalicio y heredable en Íñigo López de Mendoza, conde de Tendilla y marqués de Mondéjar. Cuatro siglos, hasta 1893 duró la Capitanía granadina, en ese año una reforma militar la suprimió. Después de la Guerra Civil, 1939, España se organizó en lo castrense con la creación de ocho Regiones Militares, quedando Granada encuadrada en la II, que incluía toda Andalucía, con sede en Sevilla. Así hasta que en 1944 se segregaron las provincias andaluzas mediterráneas constituyendo la IX Región, aunque a la recién nacida se le dio un rango de segundo orden y podía estar a su frente un general de división. Así hasta que tiempo más tarde, en 1959, su jurisdicción se amplió incluyendo también la provincia de Jaén y se dispuso que el Capitán General tenía que ser obligatoriamente teniente general, y la IX Región adquirió el mismo rango que las otras ocho.
El pleno del Ayuntamiento de 3 de marzo de 1944 acordó mandar cartas de agradecimiento al Generalísimo y al ministro del Ejército por la recuperación de esta institución que tanto peso tuvo de siempre en la vida de la ciudad.
Cuarenta años después de su creación, en 1984, una nueva organización de la defensa suprimió la Capitanía IX y Granada volvió a depender de Sevilla en lo militar.
Cuando la Capitanía general granadina fue suprimida en 1984, que sepamos, ni una sola voz de protesta se alzó entre nuestros paisanos, cosa que contrasta fuertemente con lo que ocurrió casi un siglo antes, cuando en 1886 se anunció que el gobierno central iba a suprimir la Capitanía de Granada para trasladarla a Córdoba. Todas las fuerzas vivas penibéticas finiseculares, desde el arzobispo Messeguer, pasando por el alcalde Mariano Zayas y llegando a los  representantes de todos los gremios, se movilizaron inundando de cartas y telegramas de protesta el despacho del liberal Sagasta, presidente del Consejo de Ministros (presidente del gobierno), poniendo el acento en que la supresión de la Capitanía no era sino un nuevo castigo a esta «desdichada provincia», pues estaban muy recientes el terremoto de Alhama de 1884 y la gran epidemia de cólera de apenas un año antes, que tantas vidas de paisanos se llevaron por delante. Además, el 24 de noviembre de 1886 fue un auténtico día granadino de lucha ya que cerró el comercio y una gran manifestación de 40.000 almas  recorrió toda Granada (por entonces una ciudad de apenas 70.000 habitantes) y acabó en la puerta del Ayuntamiento. Hasta una comisión de damas de la nobleza granadina marchó a Madrid a entrevistarse con la reina regente María Cristina. El caso es que pocas semanas después el gobierno de Madrid se volvía atrás y decretaba que no se suprimía la Capitanía granadina, decisión que fue festejada en nuestra tierra por todo lo alto y con repique general de campanas. Siete años duró la felicidad porque en 1893, con D. Práxedes Mateo Sagasta nuevamente de presidente por aquello del turnismo, casi con nocturnidad y alevosía, sin que nadie tuviera conocimiento de lo que se preparaba, de un día para otro se reorganizó la distribución de las fuerzas armadas en España y Granada perdió su tetracentenaria Capitanía sin que diera tiempo siquiera a organizar una mínima protesta. Sólo un editorial en el diario El Defensor de Granada criticó la decisión una vez ésta ya consumada. Por cierto que el editorial de protesta del Defensor casi le cuesta a su director y propietario, Luis Seco de Lucena, un duelo a pistola (con sus padrinos y todo) con el duque de Abrantes y marqués de Sardoal, que había sido ministro de Fomento con Alfonso XII, a quien molestaron los términos usados en el suelto del diario granadino y se tomó la cuestión como una ofensa a su honor. Por entonces todavía se resolvían a tiro limpio o con florete en un descampado estas cosas de la honra. Todo lo cuenta en primera persona Luis Seco de Lucena en su sabroso libro Mis memorias de Granada.

Dibujo de la manifestación contra la supresión de la Capitanía granadina, 24 de noviembre de 1886


jueves, 15 de marzo de 2018

EL ALA JAMÓN

 Marín-Trompi, un “ala jamón”

  
Fin de la mala racha
Jugadas las diez primeras jornadas de la liga 43-44 y faltando sólo tres para terminar la primera vuelta, el Granada, que sólo había ganado un partido, el primero frente al Oviedo, ocupaba plaza de descenso directo a segunda. Los malos resultados habían traído la dimisión del presidente Martín Campos, sustituido por Antonio Becerra, y también la importante modificación del sistema de juego puesto en práctica por el entrenador Esteban Platko, que quiso ensayar algo diferente -la WM- pero se vio obligado a deshacer su intento de modernización y volver a lo tradicional (en aquellos momentos, desarrollar la WM suponía toda una innovación en el fútbol español). No era, desde luego, muy halagüeño el panorama granadinista a primeros de diciembre, pero a partir de la jornada 11 el Granada pondrá fin a la peor racha de toda la temporada (sólo tres puntos de 18 posibles y nueve partidos seguidos sin ganar) y va a encadenar tres victorias consecutivas, dos de ellas a domicilio, que van a aclarar bastante la situación y a devolver la sonrisa al granadinismo.
La primera de las tres fue en el Sequiol de Castellón, de donde nos trajimos un 0-2 en un sensacional partido de los rojiblancos (según Marín, el mejor desde que el Granada estaba en Primera) y con un Trompi, en un gran momento de forma, nuevamente como artista del regate, del malabarismo y de la asistencia al compañero mejor situado.
La principal novedad en la alineación rojiblanca en Castellón fue la vuelta de Floro, sustituyendo a Casafont, que había jugado todos los partidos desde que empezó la liga pero que en el anterior fue señalado como responsable de al menos dos de los tres goles del At. Aviación; Floro, será ya titular en todo lo que queda de temporada, tanto en liga como en copa, y el joven portero catalán Casafont, pese a que comenzaba a adquirir cierta nombradía y del que se había rumoreado que estaba a punto de fichar por el Sevilla, ya no volverá a jugar en el Granada en partido oficial hasta dos temporadas después, siendo en el intervalo cedido primero al Betis y después al Ceuta, ambos de segunda, mientras hacía la mili.  

Floro recuperó la titularidad en la jornada 11 y ya no la abandonó

Victoria ante el Español con el matasuegras de Fernández de Burgos
La jornada siguiente, penúltima de la primera vuelta, confirmó el buen momento rojiblanco. Una goleada por 4-0 fue lo que se llevó el Español de su visita a Los Cármenes, importante victoria porque el Español era un rival directo en la lucha por escapar de la quema, de manera que los dos puntos, que llegaban justo antes del parón navideño, sirvieron para abandonar los puestos de descenso directo y subir hasta el 11º.
Saucedo, para Patria, radiante de felicidad, celebra en su crónica que el Granada haya abandonado aquel sistema defensivo (la WM), pobre y atropellado, y que no le iba, y haya vuelto al juego alegre y de pase corto que fue el característico de sus mejores momentos. Fernández de Burgos, para Ideal, dice que el sistema reservón del tercer defensa ha fracasado absolutamente en el Granada, y se congratula de que se vuelva a la improvisación frente al encorsetamiento que significaba la forma de jugar anterior; para el plumilla es mejor la ausencia de táctica preconcebida y de esa manera los futbolistas se dejen llevar de la inspiración del momento y se lancen a la ofensiva o se replieguen a defender en masa; es lo que Fernández de Burgos denomina sistema del “matasuegras”.


                                                                            Recorte de Ideal acerca del 4-0 al Español
  


Marín-Trompi,
el “ala jamón”
Pasada la Navidad, el Granada tenía dos desplazamientos seguidos, a Vigo, con visita al colista Celta en el último partido de la primera ronda, y a Oviedo, clasificado en la zona media. Las infraestructuras ferroviarias españolas en estos primeros cuarenta seguían en muy precario estado y un desplazamiento a la otra esquina de España podía durar dos días con sus noches en el mejor de los casos, así que la expedición rojiblanca partió para tierras gallegas y se despidió hasta pasados dos domingos, ya que desde Vigo, en lugar de regresar a Granada, se trasladaría el equipo a Asturias, con parada intermedia en Ponferrada para jugar un amistoso y con lo recaudado por el bolo sufragar el coste del desplazamiento y los muchos días de estancia en tierras bercianas.
                El primero de los compromisos se saldó con una nueva victoria 0-1, la tercera de la buena racha, en Balaídos, en partido jugado el 2 de enero de 1944, casi a la vez que en Granada el dimitido Ricardo Martín Campos, como teniente de alcalde, portaba el Pendón en la tradicional procesión cívico-religiosa de la Toma. En Vigo, con presencia como delegado federativo solicitado por el Granada (así como jueces de línea neutrales) del secretario general de la Federación Española, Sánchez Ocaña, el único gol del partido fue de sombreros, en jugada individual de Aparicio, que dribló en un pañuelo a varios contrarios. Pero los verdaderos triunfadores fueron dos granadinistas en su mejor momento, el ala derecha que formaban Marín y Trompi. En el diario Pueblo se publicó lo siguiente sobre la victoria rojiblanca en Vigo: «Aquí, en Madrid, recordamos con frecuencia a los chicos de Los Cármenes. ¡Pensar que les hicimos el regalo de Marín y Trompi! Un ala derecha “jamón”». Por su parte, el ex seleccionador nacional Eduardo Teus, en su colaboración periodística semanal dijo de ellos que eran una pareja que borda el fútbol.
Era la tercera victoria consecutiva, las tres sobre rivales directos y sin encajar un solo gol, y de esta forma el Granada conseguía situarse noveno, tres puntos por encima de los puestos de descenso, y distanciar al colista Celta a seis puntos.    

El Granada 43-44 en otra colección de cromos

 
 
El Granada sano y salvo
Como queda dicho, las infraestructuras ferroviarias españolas de la primera posguerra dejaban mucho que desear y, aunque pasadas por el tamiz de la censura, eran frecuentes las noticias de accidentes ferroviarios. Unos días antes del viaje del Granada a tierras gallegas y asturianas había ocurrido en el pueblo almeriense de Fiñana un choque de trenes de mercancías que se saldó con una decena de muertos. Y al día siguiente de la victoria granadinista en Vigo, 3 de enero de 1944, ocurría la que a día de hoy sigue siendo la mayor tragedia del ferrocarril español (y según algunas fuentes, la tercera peor del mundo), el choque de trenes en el interior de un túnel (el Túnel 20) en Torre del Bierzo, León, que provocó un enorme incendio en el que se estima que murieron varios cientos de pasajeros de uno de los convoys accidentados, el expreso Madrid-La Coruña, formado entero con vagones de madera, aunque oficialmente la cifra de fallecidos se quedó en 83, más 64 heridos. El bestial choque y posterior incendio se debió a que el expreso Madrid-La Coruña, que acumulaba ya un retraso de más de dos horas, por falta de adecuado mantenimiento de un material ferroviario ya de por sí obsoleto, perdió los frenos en una pronunciada pendiente justo antes de llegar a la estación de Torre del Bierzo y fue a estrellarse con otro tren que maniobraba dentro del llamado túnel 20. La cifra exacta de fallecidos nunca se supo y se habla de entre 500 y 800. Sí que se sabe que el correo expreso viajaba abarrotado, cerca de mil personas, con pasajeros en los pasillos y en las plataformas exteriores ya que eran fechas navideñas, aunque parece más cercano a la realidad el  número de algo más de trescientas víctimas mortales.
                La gran tragedia ferroviaria tuvo su repercusión entre el futbolerismo local dado que se sabía que el Granada desde Vigo viajaría a una localidad muy cercana al lugar del siniestro, Ponferrada, la capital de la región del Bierzo, donde tenía concertado jugar un amistoso antes de comparecer en Oviedo para disputar la primera jornada de la segunda vuelta. Así, en primera instancia, surgió la duda de si la expedición rojiblanca podía ir a bordo de uno de los trenes siniestrados, como se supo que le había ocurrido al modesto Betanzos, que perdió a dos de sus jugadores en el accidente y varios más resultaron heridos. Pero Patria tranquilizó a la hinchada el 6 de enero al publicar la noticia de que el Granada había viajado a Ponferrada en otro tren y allí se encontraban todos sanos y salvos. En Ponferrada el día de Reyes el Granada venció al equipo local, de Tercera División, por 2-9.

Aparicio, autor en Balaídos de un gol de sombreros que servía para alejar el descenso 

 
En Oviedo se quebró la buena racha
            Desde Ponferrada nuestro equipo se desplazó a Oviedo para disputar en Buenavista el primer partido de la segunda vuelta. De la llegada a la capital asturiana informa Patria en crónica que firma Antonio Crovetto, periodista granadino al servicio del diario ovetense La Nueva España. En la reseña se duele el plumilla de que Conde, como capitán, se negó a estrechar su mano, resentido porque en la temporada anterior su crónica del partido Oviedo-Granada fue inadmisible, según Conde (en su crónica venía a decir Crovetto que no le había gustado el Granada y que en años anteriores había dado mejor imagen). Por su parte, el míster Platko, continúa doliéndose el periodista granadino-asturiano, quiso tomarle el pelo –dice- y al preguntarle por el once que jugaría al día siguiente le contestó con una alineación que en nada se parecía a la que tenía en mente, una alineación formada por Casafont, Euskalduna y otros que ni siquiera habían viajado con el equipo. La descortesía del míster Platko molestó al gremio de la prensa asturiana, que se lo recriminó en una nota oficial.
                En Oviedo, frente a otro rival directo, se cortó la buena racha del Granada y salimos derrotados 2-0 en un partido sin demasiada historia en el que defensa y media sobresalieron, no así la delantera. A pesar de la derrota siguió el Granada ocupando el noveno puesto de la tabla (posición que ocupará ya ininterrumpidamente hasta la antepenúltima jornada) y su distancia de tres puntos sobre el descenso directo.
Cuando partía el equipo de la estación ovetense fue a despedirlo el ex granadinista Bachiller, enrolado en el Gijón, de segunda, donde parece que no le iban demasiado bien las cosas. También estuvo en esa despedida el plumilla Crovetto, quedando olvidado con un apretón de manos el contencioso que con Conde existía.

 Antonio Conde Aja

 
Fontana por Pizarro
En enero de 1944 hay relevo en el Gobierno Civil y Jefatura Provincial del Movimiento de Granada. El camarada Fontana Tarrats sustituye al camarada Pizarro Cenjor. Presencia el acto de toma de posesión en la casa de Falange el camarada Sancho Dávila.
                Éste último, el aristócrata Sancho Dávila, legitimista opositor de Hedilla, primo y pasante de José Antonio Primo de Rivera, a quien aspiraba suceder, falangista del ala dura cuyo mayor “mérito” era haber dirigido a las órdenes de Queipo de Llano las brutales campañas de represión contra los desafectos al Movimiento en la retaguardia andaluza (y a quien muchos años después el cantaor Miguel de Molina señaló como uno de sus agresores en noviembre de 1939, por maricón), recientemente había sido aparcado en el cargo de Delegado Nacional de Provincias de la cosa de los 27 puntos (no precisamente de sutura), en calidad del cual había viajado ex profeso desde Madrid para apadrinar el acto de toma de posesión del nuevo gobernador civil. Sancho Dávila casi estaba estrenando su nueva sinecura con la que el Movimiento le agradecía los servicios prestados y al mismo tiempo lo apartaba de la política de primera fila relegándolo a un cargo burocrático como el de delegado de Provincias de FET de las JONS, lejos de la dirección y adoctrinamiento en los valores falangistas que había venido ejerciendo en su cargo anterior de delegado de la Organización Juvenil. Y es que los vientos que llegaban de Europa indicaban claramente que la que parecía invencible Alemania iba a ser derrotada y aniquilada en un corto plazo de tiempo, así que convenía al Régimen (es decir, a Franco) ir descabezando de los primeros puestos a todos los que se habían distinguido en sus furibundos amores hacia el Eje. En los años cincuenta disfrutará Sancho Dávila de otra sinecura como la de presidente de la Real Federación Española de Fútbol.

Sancho Dávila y Fontana Tarrats con Pizarro Cenjor saludando a la romana

El muy alto (1,90) José María Fontana Tarrats, de 32 años, catalán de Reus, iniciaba así su mandato como primera autoridad provincial. Estamos ante uno de los gobernadores civiles que más impronta dejaron en Granada. Su antecesor en el cargo, Pizarro Cenjor, un militar, se había preocupado durante sus tres años de mandato casi exclusivamente de la preservación del orden público y la lucha contra la guerrilla, por el contrario, Fontana, licenciado en Derecho y experto economista político, muy imbuido  del credo joseantoniano de primera hora, enseguida se involucrará en los problemas sociales y económicos de la provincia y así, de su paso por el palacete de Gran Vía también quedará huella en el ámbito del deporte. A su gestión hay que agradecer gran parte del hecho de que al poco tiempo de su llegada se dispusiera en Granada de unas modernas instalaciones deportivas que ya venía demandando la ciudad, como fueron las del Estadio de la Juventud. También sus gestiones dieron como resultado la realización de la proyectada y siempre postergada prolongación del tranvía de la Sierra hasta el Barranco de San Juan y la reconstrucción del albergue de la Sociedad Sierra Nevada en los llanos de Otero, destrozado durante la Guerra Civil. Además, en 1947 sería nombrado presidente de honor del Granada CF, al que ayudó como máxima autoridad provincial en momentos comprometidos para la continuidad del club.
El nuevo gobernador civil se alojará unos meses en el hotel Alhambra Palace, hasta que en marzo de 1944 estén listas las reformas de la nueva sede del Gobierno Civil, en el palacio de la Gran Vía que fue de los Müller, abandonando el caserón de la calle Duquesa, que servirá para ampliar las instalaciones de la Universidad.
Rara avis con camisa azul podríamos decir que fue Fontana. Era, antes que nada, un intelectual, autor de innumerables artículos de prensa y de varios ensayos políticos en los que exponía ciertas tesis que quizás puedan parecer chocantes por venir de un falangista convencido, por ejemplo, su defensa del federalismo como forma de organización del estado (¡¡¡en la españaunagrandelibre de Franco!!!) y la conveniencia de una doble capitalidad Madrid-Barcelona, como posibles soluciones al problema, siempre latente, del separatismo. Por sorprendente que resulte, mantener estas tesis, lejos de causarle algún problema le valieron el Premio Nacional de Literatura Francisco Franco en 1968.

 Abel en tierra de Caín, Premio Nacional de Literatura Francisco Franco

Cuando llegó a Granada era muy joven y ninguno de sus ensayos había sido publicado todavía, pero ya se había estrenado como articulista en Destino, revista falangista de la que fue uno de sus fundadores en 1937, y en la prensa local de Tarragona, y en nuestra tierra también cultivó su vena literaria con numerosos artículos de opinión que firmaba con el seudónimo “Juan Darro” y que insertaban los dos diarios granadinos. Lo que exponía en estos artículos, siempre muy subidos de tono azul mahón («Justicia Social dentro del orden»), parece ser que incomodaba a ciertos pesos pesados de la política y las instituciones locales, léase alcalde y rector magnífico, que casi desde primera hora mantuvieron una enemistad más o menos larvada con el nuevo gobernador civil. Eso unido a la política reformista que Fontana intentó llevar a cabo en sus tres años y medio granadinos (una política que propugnaba un cambio radical en las estructuras económicas y sociales, atacando en su raíz aquello que lastraba la economía provincial, incluida la estructura de la propiedad agraria) con el fin de sacar a la provincia de Granada del estado de postración en que se hallaba en lo económico, una política -la de Fontana- muy dentro de los cánones de la ortodoxia nacionalsindicalista pero que chirriaba (por eso mismo, por joseantoniana) en las mentalidades de las fuerzas vivas granatensis más inmovilistas, que  consideraban a Fontana poco menos que un bolchevique.
Hasta junio de 1947 se le toleraron sus “cosas” y su independencia de carácter, que le hacía aparecer más cercano del pueblo llano que de los poderes fácticos penibéticos. En esa fecha fue destituido y después apartado de la política activa.

 José María Fontana Tarrats

 
Nueva calle en La Manigua
La calle Ángel Ganivet, la primera que se abrió sobre los solares del desaparecido barrio chino o rojo de Granada que fue la Manigua, ya se llamaba oficialmente así, Ganivet, aunque la mayoría de la gente la conocía por calle Nueva. Unos meses después de la apertura y bautizo de esta calle principal, a primeros de 1944, empieza a perfilarse la segunda nueva calle del céntrico emplazamiento, una calle en escalera y que conecta plaza del Carmen con Ganivet. Se trata de la antigua calle Paso y Delgado, que antes del derribo de la Manigua enlazaba la plaza del Carmen con la Acera del Casino y Puerta Real. En la actualidad esta calle presenta la peculiaridad de tener dos nombres oficiales, con sus dos placas de cerámica correspondientes, ambas enfrentadas: en la esquina con la plaza del ayuntamiento, a la derecha, sobre la fachada de lo que fue el Club Taurino, se lee Paso y Delgado, y a la izquierda, justo enfrente, vemos otra placa, más moderna, donde se lee Escudo del Carmen.                         
                La noticia se inserta en la sección La Calle, que con regularidad venía apareciendo sin firma en la última página de Ideal. El reportero da cuenta del nacimiento de la nueva calle y al mismo tiempo carga las tintas en lo que le parece muy oportuna reforma del corazón mismo de Granada, aconsejando a los usuarios de la nueva vía que la desciendan rápidamente hacia Ganivet, y más rápidos aún, por razones higiénicas, «…sin mirar al frente y mucho menos a la izquierda, se lancen a Puerta Real…», y es que los derribos han dejado a la vista cosas que antes estaban ocultas y que es mejor no ver, «…se ha creado un foco pestilente-en todos los aspectos- en los solares que antes recataban de la mirada pública las tapias erigidas para la inauguración oficial de la nueva vía».


                                                                 Maqueta de cómo quedará la antigua Manigua