EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
En la foto de cabecera se ve al Recreativo que se enfrentó al Gimnástico de Valencia en el campo madrileño de El Parral, 21 de febrero de 1934. De pie: Sosa, Tomé, Calderón, Luque, Itarte, Carrera, Victorio y Tabales; agachados: Gomar, Morales y Herranz.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



domingo, 8 de junio de 2008

JUNIO BRILLANTE, AÑO ABUNDANTE


Las manos sin guantes –pocos porteros los usaban- de Iríbar parecen a punto de atrapar un balón sin complicaciones para cualquier guardameta, y menos para alguien de la talla (futbolística y de la otra) del “Chopo”, muchísimos años portero titular de la Selección y ya leyenda viva del balompié patrio, que solía ser ovacionado en cada visita cuando al pisar los Cármenes se aproximaba al marco que le tocara defender. El rojiblanco que salta con él es Ureña, ariete granadinista natural de Pinos-Puente, incorporado la temporada anterior en la que fue pieza clave para la consecución del último ascenso a primera; directamente desde el seminario, después de arrumbar la sotana, llegó al Recreativo y en pocos partidos pasó a la primera plantilla para con sus goles ayudar a coronar con éxito la escalera de Joseíto. El otro granadinista que queda a la expectativa es Barrachina, zaidinero valladar en el centro de la defensa o en el marcaje en la zona ancha, en su penúltimo partido de rojiblanco, porque cuando acabe esta temporada será traspasado al Valencia y se convertirá en uno de los pocos granadinos que han llegado a vestir la elástica roja de la selección absoluta. Al fondo de la imagen se ve al bilbaitarra Igartua, uniformado de blanquiazul con la camiseta de respeto que en estos años usaba el At. Bilbao.

La grada, salta a la vista, es la popular y entrañable –para servidor- General del viejo Los Cármenes, abarrotada de público que en esta veraniega tarde de 1 de junio de 1969 asiste al partido de ida de semifinales de Copa del Generalísimo entre el Granada y el At. Bilbao. Por tercera vez alcanzaban los locales una semifinal de copa de España (45 y 59 eran los precedentes). Para llegar aquí habían caído a pies de los rojiblancos que dirigía Marcel Domingo, el Sabadell (3-0 en la ida allí, y 3-0 en la vuelta, con 1-0 a favor en partido de desempate en el Manzanares madrileño) y el Málaga (2-1 en Granada y 1-1 en la vuelta), en una competición del KO que disputaban sólo los primeras al concluir la liga.

Casi diez años justos después del mayor logro granadinista de su historia -el subcampeonato de Copa- a punto estuvo de repetir nuestro equipo la hazaña. Nunca se sabe pero, al menos en este partido, de no ser por el árbitro, Cardós, el resultado hubiera sido muy otro y no el empate a uno con que concluyó, goles de Noya y de Clemente. Este colegiado de mal recuerdo escamoteó un clarísimo penalti sobre Lara (la figura de aquel partido) y además anuló al Granada un gol totalmente válido.

La jugada del gol anulado es precisamente la que recoge la muy estética foto, que fue portada del álbum de cromos de la editorial Fher para la temporada siguiente. El balón viene bombeado desde el centro del campo y es claramente del guardameta. Pero, ya se sabe, el mejor escribano no está libre de que de vez en cuando se le escape un borrón. Y eso es justamente lo que ocurrió. El gran Iríbar tuvo un fallo de principiante y no sujetó este fácil balón, el cual se le escapó tontamente de las manos con la fortuna de que golpeó la nuca de Ureña, que había saltado limpiamente y, como se aprecia, de espaldas, y con esta carambola fue a alojarse mansísimamente en la portería bilbaína. Pero Cardós seguramente pensó que alguien como el “Chopo” no puede tener ese tipo de lapsus y estimó que el granadino había hecho falta al vasco, y sin encomendarse a diablo alguno anuló un gol perfectamente legal sin que valieran de nada las grandes protestas y la bronca del respetable. De un 3-1 posible se pasó a un empate que no sirvió porque en la vuelta cayó el Granada 2-0.

A los diez años de aquella mítica tarde en el Bernabéu podría el Granada haberse plantado de nuevo en una final, y en esta ocasión no le habría enfrentado al lanzado Barcelona de H.H. y Kubala, que aquel año había ganado también la liga, sino que su rival habría sido un mucho más asequible Elche, que se había deshecho de la R. Sociedad en la otra semifinal. Los ilicitanos habían quedado novenos en la liga recién concluida, empatados a puntos con el Granada, su predecesor inmediato. El doble enfrentamiento de ambos equipos en liga era claramente favorable al equipo rojiblanco, que había ganado tanto en Granada como en Elche (única victoria a domicilio de todo el campeonato). La copa acabó ganándola el Athletic. Es pura especulación, pero quién sabe lo que podría haber pasado si aquella tarde no hubieran faltado en la alineación hombres básicos como Martos y Barrios, lesionados y, sobre todo, Vicente, que estaba en Méjico para casarse. Y si además no hubiéramos tropezado con el nefasto Cardós quizás el Granada podría haber escrito aquel junio de 1969 la mejor página de su palmarés.

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