EL ONCE FANTASMA

Pedro Escartín bautizó al Granada CF (el Recreativo Granada) con el apodo de "Once Fantasma" cuando este club era un recién llegado a la competición pero ya andaba codeándose con equipos de solera y aspiraba a lo máximo.
En este libro se narran las vicisitudes por las que atravesó el Recreativo en sus cinco primeros años de existencia y también se recogen los sucedidos ciudadanos más impactantes de aquella época revuelta que fue la de la II República.
En la foto de cabecera se ve al Recreativo que se enfrentó al Gimnástico de Valencia en el campo madrileño de El Parral, 21 de febrero de 1934. De pie: Sosa, Tomé, Calderón, Luque, Itarte, Carrera, Victorio y Tabales; agachados: Gomar, Morales y Herranz.
Para adquirir un ejemplar firmado y dedicado por el autor (20 €), dirigirse a
jlramostorres@gmail.com


Historia del Granada CF



domingo, 8 de junio de 2008

OTRA VEZ SERÁ, SÍ PERO CUÁNDO


El 21 de junio de 1998 en el mallorquín campo Luis Sitjar y ante diez mil espectadores Mallorca B y Granada ofrecieron un gran partido, un encuentro de esos para recordar. Se enfrentaban dos equipos de segunda B intentando dar el salto a la categoría inmediatamente superior, pero, por encima de todo, eran dos grandes equipos. El Mallorca, en lo mejor de su historia, además de contar con un primer equipo que jugaba en Europa, había conseguido reunir una promoción de jugadores única en su cantera: el más ilustre Albert Luque, hoy enrolado en las filas del Newcastle inglés y ocho veces internacional; junto a él otros como Martí, hoy en las filas de un Sevilla campeón de UEFA y aspirante al título de liga; y junto a los anteriores otros como Sastre, del Gijón, Rondo, del Vecindario, Gibanel, del Ciudad de Murcia y, cómo no, Josemi, ídolo de la afición rojiblanca y que jugó en equipos como el propio Mallorca de Primera División y también en el Lérida, el Levante o el Hércules. También contaba con más jugadores que no suenan tanto pero que jugaron después en segunda, como el meta César Gálvez o el defensa Raúl Valencia. Además integraban la plantilla, aunque no jugaron aquella tarde, Nené y Ramón.

El Granada y su perra suerte con las liguillas de ascenso fue a estrellarse contra ese conjunto en plena granazón. Y eso que el equipo granadinista es también de los mejores que se han podido ver mientras la categoría de los nuestros ha sido la Segunda B. Jugaron por el Granada: Notario en la puerta; con una línea defensiva a base de Javi García, Antonio, Corona y Quique Beltrán; con un doble pivote muy bueno como era el que formaban Edu García y Pascual; con Jesús Sierra por la derecha y la pierna sabia izquierda de Aguilar por su banda; y arriba Roberto Valverde y el mallorquín Manolo Moyá. Santaella sustituyó a Jesús Sierra a poco de empezar la segunda parte y faltando diez minutos Sergio Cruz hizo lo propio con Javi García, en un intento desesperado de nivelar un marcador adverso que dejaba a los rojiblancos fuera ya de cualquier opción. En esta alineación sólo faltaron dos jugadores que también fueron titulares durante la liga: Santi y Berruezo.

La temporada 97-98 empezó con algunos altibajos para un Granada dirigido desde el banquillo por Lucas Alcaraz por tercer año consecutivo y con un equipo muy poco renovado con respecto a la plantilla de la anterior temporada. Las principales novedades las constituyeron Notario y Aguilar, y junto a ellos, la consagración en la alineación titular de tres hombres de la cantera que empezaban: Jesús Sierra, Javi García y Sergio Cruz. Como refuerzos en el mercado de invierno vinieron Santaella, Diego López y Corona, éste cedido por el Sevilla. La primera vuelta fue aceptable ya que el equipo, sin meterse en ellos, nunca perdió la conexión con los puestos de liguilla. Pero los comienzos de la segunda vuelta supusieron el perder comba. Así, en la jornada 26 y tras perder en Los Cármenes frente a un Betis B liderado por Capi y con el defensa internacional Juanito de goleador, Alcaraz fue despedido por Jimena, que se trajo a Aguirre Suárez. Pero como el argentino no tenía título suficiente para entrenar en España y después de una búsqueda nacional de alguien que pusiera el carné (incluido un taxista de Fuengirola, esto para la antología del esperpento) pero no dirigiera, finalmente la cosa se solucionó echando mano de un desconocido Juanjo Enríquez el cual no transigió con que se le relegase a un mero papel de aportador de carné. El resultado fue que Aguirre Suárez se volvió por donde había venido tras ocupar el banquillo dos jornadas de resultados negativos y Enríquez se hizo cargo de la dirección técnica en solitario. Quedaban nueve jornadas y en ellas el equipo echó el resto, consiguiendo seis victorias, dos empates y una derrota. Todos los aficionados recordarán aquella emocionantísima última jornada en un nuevo Los Cármenes, que por primera vez se llenaba para ver a los rojiblancos, frente a un Lorca que, lo mismo que el Granada, necesitaba los tres puntos; en el caso de los murcianos, para no descender y en el de los granadinos para meterse cuarto clasificado y aspirar al ascenso. Es este partido también de los que siempre se recuerdan, más que por el buen juego, que de éste no hubo mucho, por la victoria que se consiguió y con ella la clasificación para liguilla, y sobre todo por la angustia que se pasó para conseguirla después de que a falta de más de diez minutos y con el marcador en empate a cero Notario fuera expulsado y tuviera que ocupar su puesto el defensa Corona. El éxtasis rojiblanco llegó a poco más de cinco minutos para el final cuando Aguilar transformó el penalti que supuso el único gol del partido.

La liguilla empezó muy bien, con dos victorias, en Cáceres y en Granada, ante el filial del At. de Bilbao esta segunda. Pero a la tercera llegó una inmerecida e inocente derrota en el campo de los bilbaínos merced a un penalti tontorrón de Javi García. Lo peor sucedió en la cuarta jornada donde en Los Cármenes los rojiblancos se autoderrotaron frente a un inferior Cacereño, que sólo tuvo que aprovechar los regalos locales de un Notario muy nervioso. Mientras tanto, el último rival que quedaba, el Mallorca B, había ganado sus cuatro compromisos, por lo que le valía con un solo punto más.

Con todo, el Granada compareció en el Luis Sitjar dispuesto a llevarse los tres puntos y en todo momento plantó cara al filial balear, al que por dos veces logró empatar un marcador adverso, con los goles de Manolo frente a los locales de Sastre y Rondo. Con el dos a dos el Granada, según la crónica, se hizo con el mando y arrinconó a los bermellones y dispuso de grandes ocasiones de golear, perdonando cosas de las que no se pueden fallar y a la vez dejando grandes claros atrás. Y claro, el filial mallorquinista contaba con hombres de gran calidad que en sendos alados contragolpes consiguieron dos goles más, ambos con la firma de un joven y prometedor Josemi. Sergio Cruz consiguió un último gol para los nuestros que de nada sirvió. El último partido en un vacío Los Cármenes fue un mero trámite que concluyó con la victoria del Granada por 2-0 (Manolo y Corona) como maldito colofón a la tercera liguilla de ascenso frustrada.

«Granada, otro año será», reza el titular de Marca de 22 de junio de 1998. Pues eso, que otra vez habrá de ser. Lo que no dice es cuándo. Esta era la tercera liguilla que nos dejaba con dos palmos de narices. Aún faltaba la cuarta y mucho más frustrante de dos años después. Sin llegar al récord del Baracaldo, que ha jugado ocho liguillas de ascenso a Segunda A, todas sin premio, lo cierto es que mientras se siga manteniendo el absurdo de que sea más fácil subir a Primera que a Segunda, sólo queda seguir esperando a que el gafe por fin se aleje. ¿Será el año que viene?

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